LA TELARAÑA: Juguetes y adjetivos

viernes, diciembre 24

Juguetes y adjetivos

La Telaraña en El Mundo.


Juguetes y adjetivos



Un serpenteo nervioso recorre Palma estos días bajo 145.000 bombillas encendidas. Ignoro si las previsiones pesimistas de Afedeco se cumplirán o no. Entre tanto, vuelve a hablarse, como todas las navidades, de los juguetes educativos, sexistas, bélicos, creativos, clasistas, familiares y demás apelativos. Hasta puede que haya juguetes racistas y de violencia de género. Son cosas del mercado que, con un poco de sentido común, tienen fácil corrección. Yo no regalaría a nadie, por ejemplo, el libro del imán de Fuengirola, pero tampoco le metería en la cárcel por escribir unas cuantas sandeces sobre una cultura que nos es tan próxima como desconocida, quizá por culpa de personajes como este Mohamed Kamal Mustafa. Sería preocupante que acabásemos imitando a los ayatolás integristas que condenaron a muerte a Salman Rushdie. Vale, y sobra, con decir que sus libros eran muy malos. No hay peor castigo para un escritor.

¿Tan difícil resulta distinguir que una cosa es jugar, divertirse, pasar el rato y otra, bastante más compleja, educar y educarse? Por supuesto, que ambas facetas pueden coincidir en el tiempo, pero tampoco hay que sacar las cosas de quicio. Debieran descansar un poco más los sociólogos y los sicólogos y dejar de atribularnos con su afición a influir en la realidad de las cosas en vez de aceptar que hay códigos de conducta ocultos, que no necesitan ser desvelados. Me explicaré. Mi sobrina me pide un Dvd - ¿o debiera escribir devedé? - de “Bratz, Estrellas de la moda”, que imagino repletas de rimel y glamour, y mi sobrino la última de “Harry Potter” y un balón de fútbol, “de los de verdad”, eso me dijo. ¿Sexismo? No, me temo que es sólo simple normalidad genética. Algo que sólo tiene un valor estadístico y que debiera quedar al margen de los manipuladores culturalistas. También podría, estoy pensando muy seriamente en ello, intercambiarles a mis sobrinos los regalos pero, papelón al margen, ellos mismos se encargarían de deshacer el entuerto. Seguro.


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