LA TELARAÑA: el ángel caído

sábado, agosto 27

el ángel caído

(fragmento)


Este destierro del instante me permite la furia del absurdo. Sin coordenadas, me muevo por instinto y recuerdos, pero la rapidez o la levedad no lo son todo. Sigo deshilachado y vidrioso. Te invado fácil, como si fuera invisible y ocupo tu insólito lugar como si fueras mi hogar de siempre. Tú aprecias ciertas incomodidades - mala cenestesia, dices – pero sin pruebas físicas y concluyentes, sin evidencias palpables, te consuelas con saberte extraña. Me identificas como algo pasajero, sin equivocarte. Soy quebradizo.

[ La inquietud me transporta de cuerpo en cuerpo. Enloquecida cercandanza donde el conocimiento es un pretexto estéril. Pura cosmética. Y aunque la curiosidad sea insaciable y el placer se renueve con suma facilidad, acaba agotando encontrarse tantos distintos puntos de vista, siempre inmersos en las mismas turbulencias. Las conexiones parecen muertas. Bloqueadas. No hay salida en este encierro ]

Hubo un error al principio. El padre no pudo concebir este universo de clones empeñados en rebuscar sus señas de identidad perdidas. Algo falló en los procesos, algo pervirtió las células y malhirió los primeros embriones. Un error en cadena empezó en el fondo de los mares, en el lodo primordial y oscuro. Un desliz que, sin embargo, ha permitido mi existencia. Magnífico error porque yo no debiera de estar aquí y, sin embargo, llevo siglos atravesando multitud de rumores. Mi Gólgota es encontrar algún objeto simple - una aureola en tus muslos, un pliegue en tu pezón o un óvalo en tu sonrisa - que me resuma el mundo en una sola idea. Hablo de ti porque no existes; eres un arquetipo.

[ Tanta materia acumulada en siglos de solemne ignorancia no es comparable a los alaridos del hijo al nacer. El padre estaba borracho de lágrimas y sé que nunca volvió a sentir otra alegría comparable. Ni siquiera, similar.

A ratos, el mundo parece de ceniza. Y una pátina de niebla esconde su aguijón, desdibuja el paisaje: tengo en las manos tus ojos moribundos. Dejaré que se multipliquen como escamas de trigo. La sangre se demorará en las espinas de mi frente. Por eso soy el hijo pródigo, el que siempre retorna
]

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