LA TELARAÑA: E.M.Cioran - Escribir

martes, septiembre 13

E.M.Cioran - Escribir

A veces recibo emails, creo que no solicitados, que bien merecen ser reproducidos. Este me llega desde Argentina. Pues bueno.



E.M.Cioran ||| Escribir


Desgarradura :

El escritor auténtico escribe sobre los seres, las cosas y los acontecimientos, no sobre el hecho de escribir; se sirve de las palabras, pero no se demora en ellas, ni las hace el objeto de sus disquisiciones. Lo será todo, menos un anatomista del Verbo. La disección del lenguaje es la manía de quienes no teniendo nada que decir se confinan en el decir.

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Lo difícil no es tratar de resolver una de esas grandes cuestiones insolubles, sino escribir a alguien unas líneas llenas de delicadeza en las que se diga todo y nada.



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El aciago demiurgo :

Cuanto más se farfulla, más se empeña uno en escribir mejor. Así se venga uno de no haber podido ser orador. El tartamudo es un estilista nato.



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La tentación de existir :

Escribir libros no deja de tener alguna relación con el pecado original. Pues ¿qué es un libro, sino una pérdida de inocencia, un acto de agresión, una repetición de nuestra caída? ¡Publicar sus taras para divertir o exasperar! Una barbaridad para con nuestra intimidad una profanación, una mancilla. Y una tentación. Le hablo con conocimiento de causa. Por lo menos, tengo la excusa de odiar mis actos, de ejecutarlos sin creer en ellos. Usted es más honrado: usted escribirá libros y creerá en ellos, creerá en la realidad de las palabras, en esas ficciones pueriles e indecentes.



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Del inconveniente de haber nacido :

Cuando se rechaza el lirismo, emborronar una página se convierte en un infortunio: ¿qué sentido tiene escribir para decir exactamente lo que se tenía que decir?

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Sólo se deberían escribir libros para decir cosas que uno no se atrevería a confiar a nadie.

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¡Que no sea posible remontarse sobre el concepto, escribir a ras del sentir, registrar las variaciones ínfimas de lo que se toca, hacer lo que haría un reptil si se pusiera a escribir!

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Mientras más le perjudica a uno el tiempo, más se quiere huir de él. Escribir una página sin defecto, una frase solamente, le eleva a uno por encima del devenir y de sus corrupciones. Se trasciende la muerte por la búsqueda de lo indestructible a través del verbo, a través del símbolo mismo de la caducidad.

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El inconveniente de escribir en una lengua ajena es no tener derecho a cometer demasiados errores. Ahora bien, buscando la incorrección sin abusar de ella, rozando a cada momento el solecismo, es como se le da una apariencia de vida a la escritura.

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Siempre sorprende ver que los grandes místicos hayan producido tanto, que hayan dejado un número tan importante de tratados. Sin duda pretendían celebrar a Dios y nada más. Esto, en parte, es verdad, pero sólo en parte.

No se crea una obra sin apegarse a ella, sin convertirse en su esclavo. Escribir es el acto menos ascético que existe.

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Reflexionar sobre aquellos a quienes ya no les queda mucho tiempo, que saben que todo se les ha acabado, salvo el tiempo durante el cual se desarrolla el pensamiento de su fin. Dirigirse hacia ese tiempo. Escribir para gladiadores...

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Hubo un tiempo en que escribir me parecía una cosa importante. De todas mis supersticiones esa me parecía la más comprometedora y la incomprensible.



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Ejercicios de admiración :

Mendigos, hay cada vez más, pero ellos no se rebajan a escribir.

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Sólo tengo ganas de escribir cuando me encuentro en un estado explosivo, enfebrecido o crispado, en un estupor metamorfoseado en frenesí, en un clima de ajuste de cuentas en el que las invectivas sustituyen a las bofetadas y a los golpes. De ordinario, la cosa comienza así: un ligero temblor que se hace cada vez más fuerte, como tras un insulto que se ha soportado sin responder. Expresión equivale a réplica tardía o a agresión diferida: yo escribo para no pasar el acto, para evitar una crisis. La expresión es alivio, venganza indirecta del que no puede digerir una afrenta y se rebela con palabras contra sus semejantes y contra sí mismo. La indignación es menos un estado moral que un estado literario, es incluso el resorte de la inspiración. ¿Y la sabiduría? Es precisamente lo contrario. El sabio que hay en nosotros arruina todos nuestros ímpetus, es el saboteador que nos disminuye y paraliza, que acecha al loco que hay en nosotros para calmarle y comprometerle, para deshonrarle. ¿La inspiración? Un desequilibrio repentino, voluptuosidad irresistible de armarse o destruirse. Yo nunca he escrito una sola línea a mi temperatura normal. Y sin embargo, durante largos años, me consideré como el único individuo sin defectos. Ese orgullo me resultó benéfico: me permitió emborronar papel. He dejado prácticamente de escribir en el momento en que, al sosegarse mi delirio, me he convertido en la víctima de una modestia perniciosa, nefasta para esa febrilidad de la que emanan las intuiciones y las verdades. Sólo puedo escribir cuando, habiéndome repentinamente abandonado el sentido del ridículo, me considero el comienzo y el fin de todo.

Escribir es una provocación, una visión afortunadamente falsa de la realidad que nos coloca por encima de lo que existe y de lo que nos parece existir. Rivalizar con Dios, superarlo incluso mediante la sola virtud del lenguaje: ésa es la hazaña del escritor, espécimen ambiguo, desgarrado y engreído que, liberado de su condición natural, se ha abandonado a un vértigo magnífico, desconcertante siempre, a veces odioso. Nada más miserable que la palabra y sin embargo a través de ella uno se eleva a sensaciones de dicha, a una dilatación última en la que uno se halla totalmente solo, sin el menor sentimiento de opresión. ¡Lo supremo alcanzado mediante el vocablo, mediante el símbolo mismo de la fragilidad! Pero lo supremo se puede también alcanzar, curiosamente, a través de la ironía, a condición de que ésta, llegando hasta el extremo de su obra de demolición, dispense escalofríos de un dios autodestructor. Las palabras como agentes de un éxtasis al revés... Todo lo que es verdaderamente intenso participa del paraíso y del infierno, con la diferencia de que el primero sólo podemos entreverlo, mientras que el segundo tenemos la suerte de percibirlo y, más aún, de sentirlo. Existe una ventaja más notable aún, de la que el escritor posee el monopolio, la de poder desembarazarse de sus peligros. Sin la facultad de emborronar páginas, me pregunto qué hubiera sido de mí. Escribir es deshacerse de nuestros remordimientos y de nuestros rencores, es vomitar nuestros secretos. El escritor es un desequilibrado que utiliza esas ficciones que son las palabras para curarse. ¡Cuántos malestares, cuántos arrebatos siniestros no he superado yo gracias a ese remedio insustancial! Escribir es un vicio del que puede uno cansarse. A decir verdad, yo escribo cada vez menos, y acabaré sin duda por dejar de escribir totalmente, pues he dejado de encontrar el menor encanto a ese combate con los demás y conmigo mismo.

Cuando se aborda un tema, sea cual sea, se experimenta un sentimiento de plenitud, acompañado de una pizca de altivez. Fenómeno más extraño aún: esa sensación de superioridad cuando se evoca una figura que se admira. En medio de una frase, ¡con qué facilidad se cree uno el centro del mundo! Escribir y venerar se dan juntos: quiérase o no, hablar de Dios es mirarle desde arriba. La escritura es la revancha de la criatura y su respuesta a una Creación chapucera.

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Mi primer libro, de título rimbombante -En las cimas de la desesperación- lo escribí en rumano a los veintiún años, prometiéndome no volver a escribir nada más. Luego escribí otro, y me hice la misma promesa tras acabarlo. La comedia se ha repetido durante más de cuarenta años. ¿Por qué? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar de un año a otro, dado que las obsesiones expresadas se debilitan y se superan a medias. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar no lo es menos. Un libro que aparece es nuestra vida o una parte de nuestra vida que se convierte en algo externo, que deja de pertenecernos, que ha cesado de agobiarnos. La expresión nos disminuye, nos empobrece, nos descarga del peso de nosotros mismos, la expresión es pérdida de sustancia y liberación. Ella nos vacía, es decir, nos salva, nos despoja de una plétora que estorba. Cuando se execra a alguien hasta el punto de querer liquidarlo, lo mejor que se puede hacer es coger un folio y escribir un buen número de veces que es un canalla, un truhán, un monstruo; tras ello, se da uno cuenta de que se le odia menos y de que apenas se piensa ya en la venganza. Eso es más o menos lo que yo he hecho conmigo mismo y con el mundo. Extraje el Breviario de mis bajos fondos para injuriar a la vida e injuriarme. El resultado fue que me he soportado mejor como he soportado mejor la vida. Cada uno se cura como puede.



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Ese maldito yo :

Cambiar de idioma, para un escritor, es como escribir una carta de amor con un diccionario.

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Cuando se ha cedido a la tentación de escribir un libro, se piensa con admiración en aquel rabino hasídico que abandonó el proyecto de escribir uno por dudar de poder hacerlo exclusivamente para Su Creador.

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Las cartas que se reciben y en las que no se habla más que de luchas interiores y de interrogaciones metafísicas, cansan rápidamente. En todo, para lograr la impresión de lo verdadero, se necesita lo mezquino. Si los ángeles se pusieran a escribir, serían, a excepción de los caídos, ilegibles. La pureza es difícilmente comunicable, por incompatible con el aliento.

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No habría que escribir nunca sobre nadie. Tan convencido estoy de ello, que cada vez que no tengo más remedio que hacerlo, mi primer pensamiento es atacar, incluso si lo admiro, a aquel de quien debo hablar.

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2 Comments:

Blogger JQ - Cisne Negro said...

Joer, qué emails más largos te llegan... XD

14 de septiembre de 2005, 18:18  
Anonymous Anónimo said...

jajaja sip, pero este al menos es sustancioso ( no como la inmensa mayoría: viagra, rolex y phising bancario... parece increible pero alguien debe picar cuando hay tanto trajín:-) Qué cosas.

Saludos!!
Fx

14 de septiembre de 2005, 19:59  

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