LA TELARAÑA

jueves, marzo 22

Ahora me revuelvo entre las sábanas. El sueño inquieto presagia un amanecer tormentoso. Al alba, mis primeros pasos intentan desandar el camino de Swann, pero se entretienen en el prisma de Alejandría. Justine me habla de Durrell, mientras intento apartar de mí los circunloquios del Marqués de Sade. Su desmesurado empeño de justificación a cualquier precio me parece grotesco, pero tampoco estaría fuera de lugar el adjetivo conmovedor. Ciertas dosis de pureza pueden atraernos, en efecto —pero una sobredosis nos convertiría finalmente en dóciles asesinos de ritual y máscara. Seres literarios. ¿Seres?

Hay un sendero oculto y contrario que, desde siempre, recorre la literatura por nosotros. No he escrito en lugar nuestro, sino por nosotros. Nosotros lo recorremos sin protagonizarlo, mientras el lenguaje nos envuelve con su capa. Lo que ocurre debajo, en ese río subterráneo, es exactamente lo que podría salvarnos y no lo hace. Material de olvido y reconocimiento final de un fracaso que nos da sentido. Lo sentimos nuestro. Lo es. ¿Podríamos ser más precisos? ¿Más locuaces? ¿Más palabras?

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1 Comments:

Blogger Orfeo Sin Eurídice said...

El escritor recorre la vida cubierto con una capa de lenguaje, pero es curioso que acaben riéndose los que caminan desnudos por la vida...

22 de marzo de 2007, 18:19  

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