LA TELARAÑA: abril 2007

lunes, abril 30

gaznápiros

La Telaraña en El Mundo.




Tocando mayo, abril se diluye como el azucarillo de una tormenta en un vaso de agua. ¿En qué estarían pensando los gaznápiros del Lobby per L´Independència, el otro día, con su tradicional boicot a la Feria de Abril, disfrazados de payeses con su burro catalán y sus chalecos y calzones a juego? Pensarían, acaso, en Cornelio Balbo, en Maimónides, en Lucano, en Columena, en Rodrigo Caro, en Góngora, en Fray Luis de Granada, en Blanco White, en Huidobro, en Juan Ramón, en Cansinos Asséns, en Lorca o Alberti, en Amador de los Ríos, en Edmundo de Ory, en Francisco Ayala, en Luis Rosales, en García Montero, en Caballero Bonald, en Alonso Cano, en Murillo, en Romero de Torres, en Picasso, en Fray Bartolomé de las Casas, en Cánovas del Castillo o Emilio Castelar. ¿Piensan en algo estos agitadores “tan nuestros” cuando piensan? Yo no sé si piensan. ¿Piensan? Porque resulta imposible no rasgarse de emoción las vestiduras ante una cultura tan vasta, exquisita, densa y universal como la andaluza.

Poco importa que no me guste –como a ellos- el baile por sevillanas y que el fino y la manzanilla me den acidez. Poco importa que igual me pase con el “ball de bot” y con las hierbas mezcladas. Estos pequeños inconvenientes del folclore no anulan la especial liturgia del conocimiento -su ritual disperso, sus horas muertas rondando por igual la introspección y la vigilia perpleja de lo ajeno- ni impiden que, en lo posible, uno deba hacer suyas todas las culturas. Todas juntas nos han ido haciendo y deshaciendo a todos con su voluntad lenta y nómada de reunión y cosecha sin exclusiones. A todos, hasta a los que no se enteran de nada. ¿Qué cultura reivindican Sastre y Palou? ¿La de Ramón Llull y Tòfol Serra? ¿La de Els Pets y Anegats? ¿La de la OCB y su quintacolumnismo? Pero, sobre todo, ay, ¿contra qué otra cultura la reivindican? Esta guerra trivial es de soldaditos de plomo, de ingenuos papirofléxicos iluminados. Su sudor mancha un rato el papel y luego se evapora.

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viernes, abril 27

la colmena

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El mundo es una colmena en crisis en el que hasta las abejas parecen espantadas y quejosas. Un panel tan poco fértil de ideas que hasta tiene que aparecer un energúmeno, ebrio de alcohol y cocaína, para recuperar, unos más que otros, la vieja quimera de soterrar el Paseo Marítimo. Tal como está el tráfico en Palma –y no me refiero al tráfico de influencias, que también- no parece mala idea soterrarlo. De momento hemos soterrado el acceso a la Universidad.

Poco importa que el metro me produzca claustrofobia, urticaria, vértigo, ansiedad, visión borrosa y hasta puede que halitosis. Mi viaje no es ese. Estamos, pues, de enhorabuena. Ya sólo falta soterrar el campus al completo y regresar, decididamente, a la época de las vanguardias sumergidas.

Del metro al Underground, que es lo suyo. Para eso nada mejor que subirse los cinco pisos de escaleras del Teatro Principal y encaramarse hasta la Sala Uetam, donde Brian Eno expone su 77Million Paintings. El título, sin duda, está a la altura de las pretensiones de Munar y por un instante confundí su foto de siempre, en el catálogo, con la implosión lisérgica de un agujero negro. Pero no. Brian Eno no estuvo, exactamente, en la corte de King Crimson, pero sí en sus alrededores flirteando con Robert Fripp y David Bowie, entre otros ilustres. Algo aprendió, aunque ahora se le recuerde casi en exclusiva por Roxy Music, que fue una gran banda comercial, pero sólo eso. Lástima que siempre se nos evoque por los desechos, por lo peor que hicimos. Lástima de memoria excrementicia. Eran las 13 horas y la sala estaba vacía. Nadie, ni un simple guardia de seguridad a la vista. Me senté ante las cinco pantallas de plasma que iban reconstruyendo viejas imágenes caleidoscópicas al ritmo lento de una música ambiental, sicodélica y ajena. Música de aeropuerto al pie de las cavernas. Paradojas así son las que generan gloriosos retortijones sobre la decadencia del arte. Luego vino el sopor. Sin duda, era el lugar adecuado.

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lunes, abril 23

la trinidad

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Pasado, presente y futuro son, poco más o menos, algo así como el mismísimo misterio de la Santísima Trinidad, un todo indisoluble con tres partes en continuo movimiento; a veces, inmersas en el empeño de aparentar diferencias, a veces confundiéndose y mezclándose hasta la completa indeterminación. La definitiva orgía. Esto pasa con la vida de cada uno y con la de los pueblos, con la cultura igual que con cualquier otro aspecto de la vida. Por eso, hay que tener bastante cuidado con los tópicos y manejarlos con prudencia. El tópico del futuro en inglés -que, en realidad, sí es el presente- o en chino -que es más bien una extrapolación futurista del antiguo miedo al peligro amarillo- tienen la horma de su herradura en el enorme desarrollo que está experimentando el español en el mundo.

Exageró Rajoy con su insistencia en el inglés como idioma preferencial. Ya no es así, y en los propios países de habla y cultura anglosajonas saben que el futuro inmediato será, simultáneamente, inglés y español. Por lo tanto va siendo hora de ocupar el exacto lugar que nos corresponde. Para ello, me parecen magníficas las políticas tendentes a consolidar el modelo educativo trilingüe en las Islas. Magníficas, en lo que tienen de pragmatismo útil y soberbias por su desmitificación étnico-religiosa de todos los estúpidos nacionalismos. De momento, nos vale el catalán por el chino. Ya veremos más adelante. ¿Es una broma? No.

Tampoco es ninguna broma ver salir a tanta gente, el viernes noche, del Teatro Principal con sus bolsas rojas repleta de diplomas o posters inmensos, tal vez de Munar, para empapelar el cuarto de los niños como hacíamos nosotros con alguna que otra monumental Harley Davidson. Los tiempos cambian. Hoy lunes, Román Piña firma ejemplares en El Corte Inglés de su libro A Barbie se le pudren los visones. Igual la foto de la portada, con Munar conduciendo una apisonadora, la deberían haber repartido en el Principal como si fuera una caricatura. ¿Lo es?

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viernes, abril 20

faroles y farolas

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Hay días que empiezan con cultura pero no se sabe cómo acaban. Me llega el último número de “Tripulantes”, la nueva entrega de las aventuras de “Vinalia Trippers” y debo reconocer que me siento a gusto entre tanto navegante a la deriva. A la propia deriva, por supuesto. La misma que me llevará esta tarde a la librería Ágora, donde la Editorial La Lucerna presenta el libro de Joan Buades, “Exportando Paraísos” que lleva por subtítulo “La colonización turística del planeta”. Seguro que no merece un Premio Planeta, pero es que sólo es un libro para ser leído. Nada menos.

Está alzando polvareda la inclusión de María de la Pau Janer en las listas electorales del Partido Popular. Me parece un tumulto inocuo, porque si ya el mismo Matas se sacó de la manga a su padre, Gabriel Janer, para dirigir una entidad tan “ilustre” como el IEB, no resulta raro que ahora confíe en su hija. El palo y la astilla, la baraja de faroles al completo. Pero lo cierto es que la niña se las sabe todas. No es fácil simultanear la contagiosa sonrisa y el aire miope, con el que habla o escribe de lo humano y lo divino, de la intelectualidad, de la cultura, de la política. Las grandes palabras se deshacen de gusto en su gran boca y ni chirrían, casi. Me recuerda la fortuna del conductor ebrio que desbarra, indemne, entre las curvas más peligrosas sin inmutarse.

Tiempo atrás, algunas mujeres socialistas la tacharon de florero y se defendió apelando a su currículo en Google, que es como la Biblia, pero a golpe de ratón y versículos machacados. El buscador tiene un gran fallo; aúna texto, hipertexto y publicidad sin atender a más parámetro que el del peso abrumador de la mayoría, sus tópicos, la estúpida posibilidad de que una mentira, millones de veces repetida, acabe pareciéndose muy mucho a la verdad. ¿Qué importa, pues, si Mari Pau se abraza con Artur Mas, con Matas o con ambos a la vez? Nada, y además, ya quisiera yo ser una farola. Por ganarme un abrazo seguro, claro.

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miércoles, abril 18

tripulantes





















Me ha llegado esta mañana el último número de “Tripulantes”, la nueva entrega de las aventuras de “Vinalia Trippers” y debo reconocer que me siento a gusto entre tanto navegante a la deriva. A la propia deriva, por supuesto.

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martes, abril 17

Aislados. La sensación de viaje sólo es sostenida por el recuerdo impreciso de las escalas puntuales. No existe el tiempo de tránsito. No existe la unidad capaz de medir la demora. El éxtasis, la idea brillante, la revelación presuntamente cegadora, el instante único e irrepetible… todas esas percepciones sobredimensionadas duran, por definición, muy poco. Si acaso lo que un parpadeo y, en ocasiones, ni eso. Se instalan en el lenguaje y, con más propiedad, en sus aposentos situados en algún lugar de la corteza cerebral y se evaporan. No hay memoria capaz de recrear su naturaleza fugaz de forma continuada ni de mantener el efecto creíble de su duración; resulta imposible retroceder en el tiempo y sentir, salvo en diferido, lo que ya se extinguió dejándonos, sí, un revuelo de pavesas, un rastro de placer o dolor perdidos, un eco irregular pero centelleante —que nunca regresa porque, entre otras cosas, no pertenece a este momento. ¡El desechable momento de la añoranza!

Este lógico resentimiento –la búsqueda de lo inalcanzable- define con exactitud el lenguaje; bien porque engrasa sus resortes dándoles una apariencia irreal de funcionamiento, bien porque, como el mismo aceite que aligera pero también pudre la integridad áspera del hierro, de igual forma, acaba atorando los mecanismos del pensamiento hasta la parálisis. Es entonces cuando, aterrados, apelamos a un lenguaje que primero nos muestre su propia descomposición y en ella –a su través, el ardid de la identificación como último agarradero de supervivencia- nuestras ruinas, su frágil arquitectura, su esqueleto deshilachado. Si pudiéramos auscultarlo percibiríamos nuestro romo aliento. El mito de la deconstrucción vuelto del revés. No hay nada que destruir. Todo está por hacer -y hacerse- desde el principio de los tiempos; es decir, desde este mismo –inquieto- instante, sumido en la podredumbre.

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lunes, abril 16

rumores

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sábado, abril 14

Los dioses nos dejaron a oscuras. A los alucinados del trasmundo: éste. No cabe mayor ofensa —pero podemos ser obstinados y pensar que no hicieron otra cosa que ser fieles a su propia naturaleza. La imitación curva el tiempo y nos devuelve al pensamiento único.

Su devenir está en entredicho. Si todo se repite, nada puede, en verdad, ser nuevo; pero si todo es único e irrepetible tampoco puede ser calificado de nuevo. La novedad se acaba en sí misma y se culmina. ¿En nosotros? Cuando la Historia busca una continuidad lógica se convierte en el anecdotario personal de cada uno. No es mala cosa. Así se escribe la historia de la Literatura, por ejemplo. La simplificación de la tribu nómada en el tiempo y en el espacio –con su trasiego de huídas y destierros, de fundaciones y naufragios- sigue pareciéndome una de las pocas ejemplificaciones de la verdad realmente didácticas, es decir filosóficas.

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viernes, abril 13

la selva urbana

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jueves, abril 12

Navegación en cabotaje. Prefiero hablar desde esa precaución que abandonarme a la posibilidad persistente de un viaje a la deriva. Aún así, el lenguaje busca muelles donde descargar su sustancia. Es posible entrever una dirección sostenida y consistente entre los abordajes pasajeros y casi siempre violentos de la razón. Sus impulsos –destructivos o constructivos- nos lanzan esporádicamente contra los arrecifes más inmediatos para recordarnos que, en algún lugar del camino, nos esperan los últimos rompientes, los que habrán de concluir el viaje con una metáfora de naufragio inevitable, con nuestros víveres y tesoros más preciados hundidos de manera plúmbea en el enigma. Ese lugar subterráneo del que, de vez en cuando, tenemos noticias por el cíclico movimiento de las mareas sobre las arenas húmedas y revueltas es el origen y el final del conocimiento.

[A veces recuperamos algunas monedas, algunos cequíes envueltos en óxido, algunas viejas astillas de madera podrida con un nombre grabado. El nombre nos es devuelto; no así su significado.]

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lunes, abril 9

de ayer a hoy

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viernes, abril 6

todo gratis

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lunes, abril 2

liturgias


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No sé si Palma da para catorce procesiones pero como ni los mismos cofrades lo llevan claro, lo mejor será guardar un discreto silencio. Los asuntos de la fe levantan, hoy en día, tantas pasiones como los de la lengua, pero no hay problema, el culto es libre y la liturgia caprichosa. Por eso tiene toda la razón el catedrático mallorquín de la UB Joan Veny Clar al afirmar –en el IV Congreso de la Lengua Española celebrado en Colombia- que “decir que en la actualidad el castellano está en peligro en Cataluña es una falacia”. Pues claro que lo es y además enorme, salvo que se refiera –no le creo tan sutil- a la integridad física o moral de los castellano-parlantes, que eso sí es, por desgracia, otro cantar.

Me importa poco el fasto de los congresos y su malsana costumbre de extraer conclusiones universales de una simple suma de opiniones más o menos jugosas y coincidentes. No obstante, resulta innegable que Cartagena de Indias ha sido, los días 26 al 29 de marzo, la capital mundial de la lengua española. Algo así querríamos para Palma y su futuro Palacio de Congresos. A este paso, igual nos lo cuelan entre los cristales velados de Gesa. Vivir para ver.
Pero al grano. El largo peregrinaje de la lengua española ya lleva tantos siglos de crecimiento, mestizaje y evolución que no pueden afectarle las ocurrencias de cuatro sectarios. El castellano goza de perfecta salud porque carece de límites territoriales y es tan fácil sentirlo como propio en la Cataluña medieval del tripartito como entre las tribus urbanas de los Estados Unidos, donde se empieza a simultanear, de forma cada vez más atrevida y renovadora, con el inglés. Se trata del “spanglish”, ese escándalo para los puristas, esa ráfaga de aire fresco para los que pensamos que lo esencial es entenderse y no la lengua o lenguas que se usen. Parece simple pero qué va. ¿Todo se reduce a llamar “grincar”, por “green card”, a la Tarjeta Verde o “Targeta Verda” balear? Más o menos. Pruébenlo, no muerde.

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domingo, abril 1

otra hoja y media

Un poema de mi libro

Duellum
La Lucerna Ediciones, 2006



Creyó verlo en el árbol de los ahorcados,
con sus frutos resecos
y sus raíces de túneles y penurias,
como una mano abierta y agrietada
quizá por el terror o la indigencia.

[ De sus ramas colgaban lentas
lágrimas de simiente: un murmullo
de hielo y hueso entremezclados
]

Creyó verlo en mitad del jardín húmedo,
junto a los pensamientos esparcidos
y la hojarasca estéril, que lo inundaba todo,
hasta el sombrío estanque
y los alrededores invisibles.

[ Creyó verlo junto a Edith y Elizabeth,
preguntando por ella entre los muertos
con la casaca ensangrentada
por todas las insignias y las cruces
de las tropas moldavas, rusas o rumanas,
búlgaras, alemanas, turcas,
judías o gagaúzas,
sus pieles como alfombras en las frías estepas
de Besarabia,
Basarabia o Besarabya
]

Creyó verlo en su cuerpo
cuando la lujuria encendió su vientre
y tuvo que doblarse
ante las persistentes sacudidas
de un placer solitario y extrañísimo.

Creyó verlo un instante
y así supo cuál era su destino:
un duelo fraternal,
solo, muy solo
y sin caricias.


Juan Planas Bennásar

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