LA TELARAÑA: el síndrome

lunes, septiembre 1

el síndrome

La Telaraña en El Mundo.


Esto es un desastre, un fracaso sin paliativos que me va costar tiempo y ayuda explicar. Pero lo intentaré. Hoy tenía intención de obsequiarles con unas líneas ansiolíticas, muy del estilo florido, ingenioso y gratuito, por poner un ejemplo pertinente, de Jorge Bucay o, también, por citar a alguien más impertinente, de Matías Vallés, esa especie de multinacional de la prosa con opinión y asiento en todas las secciones –pero esta coletilla la dejaré en suspenso, porque debería desmenuzarla con más hondura y ni mi verborrea o grafomanía actuales dan para tanto- y también, entre líneas, hubiera querido echarles la calderilla del optimismo mezclada con unas palmaditas de ayuda en la espalda o unos apretones en el pecho, ese lugar donde florecen, como la silicona, los malos aforismos, pero no voy a poder y bien que lo siento. Esto es un desastre, ya lo dije.

Sé que uno debiera mimar a sus lectores, incluso en el hipotético caso de que los tuviera. Pero no, las cosas son como son y siempre vencen los plazos y se cumplen los peores augurios. Ha llegado Septiembre y el síndrome post-vacacional me tiene aterrado, descompuesto y hecho unos zorros, con los colmillos desencajados, la cola alicaída, la piel erizada, el ánimo ausente, el cuerpo amoratado de aprehensiones y así, hasta los restos a trizas, pura casquería, de mis antiguos cinco sentidos, asemejan muñones amazacotados y dispersos –o mejor, pringados- en la manoseada agenda donde repaso el calendario de los días y deletreo, con dudosa fortuna, el mundo o, en su defecto, lo que queda de él y sobrevive a esta náusea. No es fácil deletrear el mundo ni ordeñar las ideas en estas condiciones. Qué mal me sabe.

Las mariconadas se pegan y si yo, que no he tenido vacaciones, estoy como les cuento, les imagino a ustedes arrastrándose como lagartijas hacia sus lugares de trabajo. Por eso, por una simple cuestión de solidaridad yo también me he arrastrado contra la fatiga hasta llegar al final soñado de esta columna. Qué alivio.

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3 Comments:

Blogger Enriqueta said...

Qué bueno, zorrón.
Yo también ando de puta madre, como tú.
Ajena al síndrome del que hablas. Mi recompensa ahora es disfrutar de las depresiones post vacacionales de los otros. Desde el mostrador he visto pasar el verano sin perder lustre. Día tras día.
Después, los encargos.
Tengo el infierno ganado, macho.
Un beso, tío!

1 de septiembre de 2008, 13:48  
Blogger Juan said...

El infierno es nuestro, eso seguro:-)
Un beso para ti.

1 de septiembre de 2008, 14:46  
Blogger David Morán said...

Vacaciones: un alivio para la mente, otro esfuerzo para el cuerpo.

Saludos.

2 de septiembre de 2008, 0:27  

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