LA TELARAÑA: Doce hombres sin piedad

sábado, agosto 8

Doce hombres sin piedad

La respuesta a la pregunta del sábado en El Mundo: ¿Cree acertado mantener en prisión a los imputados en el caso Palma Arena?




Sí. Decía Georges Bataille que «El espíritu más alejado de la virilidad necesaria para unir la violencia y la conciencia es el de la síntesis». La cita no es ningún capricho ocioso ni un simulacro verbal ni un escorzo teñido de veleidad. Tampoco es un exceso, ni una apostilla, un arabesco con ínfulas de erudición o una referencia elíptica. Es, tan sólo, lo que sería la pura verdad si, de alguna manera, en algún caso, bajo no se sabe qué extraordinarias circunstancias y sorprendentes revelaciones, la verdad pudiera ser pura. Pero no puede serlo. No lo es. ¿Por qué habría de serlo? ¿Hay algo puro en esta vida? Más bien todo lo contrario.

Así, la Verdad, ese filo enrojecido por la pasión o mutilado por la indiferencia, tiene vuelo y entereza propias, nos roza con sus alas y nos fascina o repele, según le apetece, con la representación parcial y tendenciosa de sus diagramas. Ahora la veo revolotear entre nosotros y desaparecer rauda, como tras un suspiro. La siento cerca y luego lejana. La sé mía y, a la vez, de otros. Percibo su calor y también su desdén, su frío paradójico de cortesana astuta, su aliento sobornable de ninfa, su perfil difícil de puta increíblemente hermosa, de inaccesible y cruel espejismo.

Pero hoy toca hablar de la Justicia como si tuviera algo que ver con la verdad. No es así. La Justicia -que es un Diosa antigua pero también anciana, mercantil, fatua, decrépita, solemne, prosaica, firme y azarosa; en definitiva, la síntesis perfecta de un mayúsculo altercado entre la realidad y el deseo- ha de velar para que, a través de las mitológicas vendas que cubren sus ojos, el fiel de la balanza se mantenga en perfecto equilibrio. Pero no sé yo si tanta oscuridad o claroscuro, tanta ceguera o visión parcial y sesgada, tanto enredo y disparidad de criterios pueden, en realidad, garantizar nada.

Los jueces han abierto los calabozos a buena parte del antiguo equipo de Matas. No le pasó lo mismo al siempre bien uniformado equipo de Munar ni le pasará, de momento, a los de Antich, Barceló, Llauger o Lladó. Tantos equipos auguran una gran cita olímpica. Para esclarecerla -es un por decir- los convocaría a todos -pero a todos- con sus respectivos jefes en el Palma Arena. Y que empiecen los juegos. Y que doce hombres y mujeres sin piedad les juzguen. Lo difícil será encontrar a esos doce valientes. ¿Por dónde andarán? Igual ni existen.

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2 Comments:

Blogger Contenedor Amarillo said...

La justicia es una farsa, un rimbombante teatrillo con mucho aparato de togas y puñetas para impresionar al incauto. Sólo sirve para que no podamos tomárnosla por nuestra mano cuando los que mandan salen absueltos porque nos dicen que eso sería una barbaridad. Otro dogma de fe.
Siempre te queda la opción al recurso, que es como una pataleta, hasta que te aburres, te cansan o te despluman los abogados. La justicia sólo es, por lo tanto, para ricos y... prejubilados. Ah, y un arma política como otra cualquiera, y una cámara legislativa bis o prima o, directamente, primera. Judicatura creativa como puede ser la ingeniería financiera. Filfa... y con rebabas para que encima se note. La justicia española es una pérdida de tiempo.

Salutaciones.

8 de agosto de 2009, 2:52  
Blogger Juan said...

Pues sip. Saludos!

8 de agosto de 2009, 15:36  

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