LA TELARAÑA: la economía del horror

sábado, agosto 1

la economía del horror


La respuesta al debate del sábado en El Mundo: ¿Cree que la banda ETA cuenta con apoyo logístico en Mallorca?




Sí. Aunque pareciera, desde siempre, que el terrorismo nos pillaba muy lejos y a trasmano: algo así como una especie exótica de barbarie circunscrita al escaparate exhibicionista y terapéutico de las televisiones y prensas o a la necrológica envejecida y pálida del sentido común; lo cierto es que, día a día, han ido desapareciendo las distancias y menguando los sutiles lindes entre el terreno virgen, el acotado y también el protegido -salvo allí donde los vergonzosos pactos de Carod-Rovira siguen vigentes, claro- y así el paraíso y los infiernos se entremezclan y superponen, comparten su mismo veneno, su sabor a muerte irracional, su lluvia ácida de odio, su dialéctica abrasada de simplismo y pólvora, de comercio subterráneo, de instinto de secta o mafia, de herencia bastarda, de nacionalismo territorial y lingüístico como pretexto y viaje al vacío, al limbo -esa sala de espera sin esperanza-, a la inmersión, a la libertad bajo alerta, a la intemperie, al camposanto, al polvo, a la nada.

Pero antes que los cuerpos, mucho antes, murieron las ideas. Las ideas mueren fácil y sin dejar rastro alguno: quedan, eso sí, algunas frases sueltas, algún tópico, algún escorzo verbal, alguna soflama, muchas consignas y banderas y banderías, mucho eslogan cara al sol, mucha sandez y caos callejero y violencia hormonal, mucho alboroto y poco más. Un asco.

Aquí no cabe, pues, más logística que la de la economía sumergida, la corrupción y los intereses inconfesables. La economía del horror. La lógica brutal del desespero: ese trabajo remunerado como otro cualquiera en estos tiempos de civilizaciones en crisis o quizá en alianza -que es lo mismo-, de luto, de vergüenza, de infinita tristeza sin más lenguaje que las ondas expansivas de las explosiones y luego, finalmente, el silencio. Poca cosa.

O no tan poca. Porque sigue siendo, aún, un gran problema. Todo un entramado. Quizá un montaje selecto. Una reunión de células enfermas en un organismo ajeno. Un principio de cáncer. Algo que hay que extirpar con urgencia. Las conexiones de ETA en Mallorca existen aunque sea, por supuesto, en la sombra callada de la ficción y en el espectro más astroso del nacionalismo local. Yo no les veo, a nuestros nacionalistas, con la dinamita en las manos. Más me parece cuestión de dinero y delincuencia internacional. Pero eso habrá de rastrearlo la policía y no yo. Por supuesto.

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