LA TELARAÑA: El padre pródigo

sábado, julio 2

El padre pródigo

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Tiene derecho un padre que supuestamente abandonó a su hija a reclamar ahora la custodia?


Sí. Hay tantos padres deseando, metafóricamente, que sus hijos les abandonen de una vez por todas -porque ya tienen treinta años o cuarenta o los rondan y no tienen trabajo ni lo esperan y como en casa de los viejos no se vive ni se come ni se duerme en ninguna otra parte, sobre todo si esa otra parte no existe, porque el presente es un infierno y el futuro no existe y no hay otra que eternizarse en las sudorosas y abarrotadas trincheras del hogar familiar- que la propuesta inversa, la de que un padre biológico quiera recuperar a su hija, de cuatro años y pico, perdida en el áspero fragor, quizá, de la disipación, el error o la vida, casi que nos enternece. Pero no mucho ni tampoco del todo. Sólo se debiera poder abandonar a alguien una vez. Una sola vez y para siempre. Todo lo demás es metralla sentimental. O ardid. Usurpación. Quizá engaño. Querer y no poder. O buscar la luz donde ya no la encontramos porque no la hay ni la hubo nunca.
Pero, aun y así, seguimos teniendo dudas. Muchas y hasta quizá razonables dudas. Toneladas de urdimbre arremolinándosenos en las entrañas. No somos jueces ni queremos serlo. Sabemos tanto -y tan poco- de la complejidad humana como de su enorme debilidad y de su locura transitoria, ese paisaje que igual se degrada que se redime y se convierte, acaso, en otro. No sé yo. O sí. Porque me da que siempre es hora, todavía, de empezar de nuevo, de reintentarlo otra vez, de regresar al instante donde se nos torcieron las cosas y en esa encrucijada maldita y desconocida -quizá milagrosa- recuperar la brújula y la dignidad perdidas. O lo que encontremos que más se le parezca.
Vivimos en época de sucedáneos y de eufemismos. Es cierto. En días que nos taladran los tímpanos con su brisa de acero. Hay una niña abandonada y recogida. Unos padres adoptivos que se la han ganado a pulso y un padre de regreso, no se sabe de dónde ni hacia dónde. Hay una niña abandonada. Y los servicios del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales alrededor de todo y de todos. Y la infamia -y también las poderosas razones- de la propiedad privada campando sobre los terrenos afectivos o sanguíneos. Demasiada tortura administrativa en territorio tan virgen y frágil como una niña de cuatro años. No quisiera ser ella. No soy ella. Pero la veo en la foto abrazada a su padre biológico y me digo por qué no.

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2 Comments:

Blogger Pau Llanes said...

Estimado Juan… reconozco una enorme, inmensa, compasión en tus palabras… una conmovedora esperanza en ese último “me digo por qué no”… Me parece que este post te ha salido del alma y no puedo por menos que leerlo y entenderlo con las meninges del alma, sentirlo con el más común de los sentidos, con el corazón, escribirte con elocuentes silencios y sobreentendidos…

Uno tiene derecho a equivocarse tanto como el deber de reconocer en privado y en público sus errores y rectificar sin provocar mayor dolor que el original primero… o qué sé yo…

Y qué decir de los poderes públicos, sus administraciones, sus responsabilidades… ¿Cuándo intervenir? ¿Cómo rectificar? ¿Qué responsabilidades? Ah, esa insoportable intromisión de lo público en lo privado, de los servidores del poder en la vida y miserias de los ciudadanos, el autismo de sus verdugos…

Una sociedad, un país, una comunidad (aunque sea simplemente de vecinos) que multiplica sus leyes y reglamentos hasta el absurdo, que legisla casi en exclusividad prohibiciones, deberes y obligaciones, sanciones y multas hasta hacernos sentir culpables por el simple hecho de haber nacido y sobrevivir a duras penas, es una colectividad que ha perdido el derecho común y la dignidad de la libertad y estúpidamente cree poder sustituirla por un mecanismo más eficiente, esa especie de justicia social presuntamente democrática más arbitraria si cabe cuanto más contaminada de lo político y sus perversiones…

¿Cuántos miles de nuevas leyes-obligaciones-decretos de obligado cumplimiento, etc. han creado exnovo o añadido en estos últimos años al código civil, a los estatutos autonómicos, a las ordenanzas municipales, nuestros inefables gobiernos social-nacionalistas socialistas y nacionalistas de la ex-España postdemocrática? Hagamos un somero recuento, contabilicemos la histeria legisladora, apliquemos una ecuación inversa, y plash… ahí tenemos la cifra de nuestra extraviada libertad, nuestra presunta culpabilidad por existir ni más ni menos… No somos esclavos de nuestros errores, sino soberanos de nuestros arrepentimientos…

Siempre hay tiempo y oportunidades para pedir perdón sinceramente y rectificar los errores pasados… ¿Por qué no?

Un abrazo mientras tanto, Juan, a la espera de hablarnos algún día cara a cara, en la isla, a lo mejor en navidades… En mi exilio, tras el huracán, te saludo con complicidad…
Pau

2 de julio de 2011, 17:35  
Blogger Juan said...

No te miente el corazón, no... Nos vemos. Un abrazo!

2 de julio de 2011, 23:16  

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