LA TELARAÑA: Presentación de Oficio de Escritor - 1 º parte

jueves, febrero 19

Presentación de Oficio de Escritor - 1 º parte

 Lo que dijo José Ramón del Canto:


                 PRESENTACIÓN DEL LIBRO EL OFICIO DE ESCRIBIR

                 DE JUAN PLANAS  BENNASSAR  (Drac Mágic, 19.02.26)


    Empecemos por el título. El libro de Juan Planas quiere reflexionar sobre algo que está indisolublemente ligado a su vida: La escritura. Pero, más que hablar del “oficio” de escribir (recordemos que esta palabra viene de opus facere, “ejercer una obra” entendido como técnica, aunque hay referencias a este hecho en el libro), Planas reflexiona principalmente por la pregunta acerca de la esencia del escritor, acerca del misterio de la escritura y de la relación entre lenguaje, pensamiento y escritura. No intenta desvelar tanto el cómo, sino el qué.


   El libro empieza parafraseando al Evangelio de San Juan Evangelista: invocando al Logos:

Al principio fue la palabra -dice: (o el Verbo o la luz creadora o cualquier otro tipo de magia, de voluntad de poseer, de dejarse llevar, de logos reencarnado para aplacar el caos y las tinieblas).


  El Logos, la Palabra, es lo que nos salva del Caos (p. 11). Y en este proceso -resalta Planas-  lo importante es el principio, y no el final, que como sabemos siempre acaba mal.


    No tengo prisa, es cierto, en acabar este libro. ¿Por qué habría de tenerla? A cierta edad, casi a punto de alcanzar la séptima década de vida, uno ya no compite realmente contra el tiempo, sino que se deja mecer en su vorágine, se deja absorber por su poderoso vórtice, se deja vencer o convencer sabiendo que la existencia siempre acaba estando de parte de la suavidad, de la lentitud, incluso de la ternura, y que cualquier movimiento brusco, cualquier tipo de violencia irracional, podría desarbolarnos por completo. Ese naufragio, ese fracaso, en definitiva, no lo queremos atesorar en nuestro balance personal (nunca resuelto por completo) entre deseos cumplidos y deseos por cumplir. De los primeros surge la biografía, de los segundos, la bibliografía (p. 37.)


    “De nuevo -dice- otra vez- comienzo a escribir este libro” (p. 11). Y es que lo importante, como -decía Cavafis del viaje de Ulises- no es la meta, sino el camino. En él quiere Planas demorarse, como Penélope en su telar. p. 13; p. 37    Para su fin, el autor, no sigue la estructura principio, medio, final. Se deja llevar…


                                              ………………


    Algunas reflexiones sobre el Logos (y esto es una deformación profesional mía) pueden venir bien para situar la dimensión de este concepto: El amplísimo campo semántico de Logos puede rastrearse a partir de la raíz indoeuropea *leg, que significa, en un sentido general, «recoger (selectivamente)», “reunir”, “juntar”; por ejemplo, juntar piedrecillas para contar, y luego, propiamente contar. Y es así como de nuestro contar —de computare— por ejemplo números: uno, dos, tres, cuatro, etc., “contar” ha venido a significar contar cosas, narrar, “hablar”, «contar una historia”.


       El Lógos es el Lenguaje, y éste, a su vez, es la Razón, la Razón del Mundo. Por ello Logos se ha traducido a veces por “Verdad”, algo que, como la Naturaleza, decía el filósofo Heráclito, en el siglo VI a.C., “….gusta de esconderse” (fr. 35) pero que, paradójicamente, el Logos logra desvelar. En la busqueda de la verdad está presente este juego. Se trataría de un principio o norma universal según la cual todas las cosas del mundo acontecen según la palabra. … El Logos de Heráclito es algo que está en la realidad, que dice cómo es esa realidad, y que, por ser común y universal explica la realidad. Logos, por tanto, es tanto una explicación lingüística, como una entidad real.…  de ahí la pertinencia de su traducción al español por razón. Según Agustín García Calvo, es la razón razonando.  Miguel de Unamuno,  siempre tan atento a las palabras, era consciente de esta estrecha relación. Así decía:


     La lógica deriva de lógos, que quiere decir verbo, palabra. Y quiere decir razón. Y razón, de rationem, deriva de un verbo, reri, que significa hablar. Hoy todavía, en catalán, enraonar y raonar quiere decir hablar. Y hablar es razonar, pensar...

 

    Lo primero, pues, para Planas, es el Logos, el lenguaje- pensamiento. A partir de aquí se deduce un hecho: que escribir es un redoble, un desdoblamiento: ”escribir, dice Planas, detiene el pensamiento” (p. 23).  La pretensión de Planas es


  Escribir el libro, pensándolo, sin guión previo, sólo atendiendo a los conflictos y las circunstancia del oficio de escritor que coinciden conmigo (existencialmente, es decir, mientras escribo) en este instante de sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas en una página (y luego en otra) infestada de fieras solitarias, de plantas carnívoras, de conversaciones en las barras de alcohol de las tabernas donde me perdí igual que me encontré, donde me derrumbé igual que me reconstruí, empeñado en descifrar el críptico aullido de las alarmas de la soledad, la dorada lluvia primordial de los meteoritos fuera de órbita o las asfixiantes nubes tóxicas del tantas veces anunciado apocalipsis. Ah, el terrible apocalipsis, con sus jinetes y sus plagas, con sus laberintos perfectos y sus bestias ponzoñosas, sus profecías crípticas y sus tribus asustadas, encerradas en ellos.

                                                             …………..


      Pero en el lenguaje se esconde una gran paradoja que Planas señala certeramente: no hablamos el lenguaje, sino que es el lenguaje el que nos habla a nosotros (de manera parecida a como Conciencia -dice también- “no es hablar, sino oir” (p. 71). El autor, por ello, sigue una voz interior:


          Es curioso, de hecho no la oímos; sólo la pensamos o es ella la que nos piensa a nosotros, es difícil precisarlo, porque a veces parece de nuestro lado, como si fuera una especie de compañía amistosa, y, a veces, se nos rebela y parece disfrutar, entonces, llevándonos la contraria, reconviniéndonos duramente. (p. 65)


       (…) La voz interior (que también podríamos llamar la voz de la conciencia) carece, en efecto, de timbre acústico alguno, es solo un tipo de lenguaje que fluye en alguna parte de nosotros, una sucesión de ideas o pensamientos que acaban formando una estructura conceptual que parece crecer y desarrollarse, como si fuera un cuerpo físico, hasta alcanzar sus límites o su cenit y trascender o evaporarse… (p. 66)

                                                  ……………..


      Por otra parte, decía también Heráclito, que, aunque la razón es común, “viven los más como teniendo un pensamiento privado suyo” (fr, 4). Y de aquí surge un problema que Planas cuestiona: ¿Cómo el escritor puede interferir en el propio discurso de la Razón? Juan intenta situarse en esa zona sub-consciente, en el dictado del pensamiento, sin interferencias propias o pedantes. Al menos en la medida en que se puede:

   Un libro es un artificio hecho, sobre todo, con lenguaje, pero también con algunas ideas a modo de anzuelo, con espejos trucados, con frases trampa, con balas de fogueo, con juegos malabares, con capas de mentiras o verdades superpuestas, con filtros de luz casi imperceptibles, indetectables, para ofrecer, finalmente, un paisaje en apariencia lo más completo posible (p. 15.)


      El libro, más que un soliloquio, consiste en reflexiones y conversaciones del autor consigo mismo, por una parte dejándose llevar; por otra enmendándose.

                                                        ………………...


    Pero, siempre se escribe también para alguien. Por ello el autor no se olvida del lector: una vez escrito y lanzado a la lectura -dice- “el buen lector reescribe los libros mientras los lee, les hurga las costuras, les encuentra los defectos y también las virtudes, toma buena nota de los hallazgos”. Mediante la razón común y el sentido común la escritura pertenece también a los lectores:


    Es terrible enfrentarse al desconocido lector de un libro, de cualquier libro, de este mismo libro, por ejemplo. De hecho lo estoy escribiendo solo para mí mismo. ¿Es así? Creo que no, al menos no del todo, pero tengo serias dudas al respecto. Mi ego se hincha como un globo aerostático cuando sé que alguien lee mis libros y me gusta pensar, ya desde las alturas y bien a resguardo del vértigo, que alguien imagina, como si los estuviera viendo con sus ojos, los universos que describí o insinué con mis palabras. No obstante, es difícil coincidir en nuestras visiones finales, porque todos venimos de lugares distintos, tenemos experiencias diferentes y no esperamos lo mismo del paso lento o rápido de los días.      

      (…) ¿Cuántas veces habré vuelto sobre mis textos para comprobar que no describían lo que pensaba que describían, cuántas veces, en definitiva, tuve que rehacerlos porque me di cuenta de que ni yo mismo los entendía por completo! ¿Qué habrá querido decir en aquellos momentos de trance, de elevación, de vuelo fingido, pero vertiginoso, en que dejé fluir mis dedos sobre el teclado sin saber adónde me llevarían? (p. 16)


En todo caso: La escritura es la otra cara de la propia vida:


¡Cuánto se aprende, -dice- escribiendo y viviendo, a escribir y a vivir! ¡Cuánto se logra uno vaciar a la vez que se llena de sí mismo con los hallazgos que salen a su encuentro, como si fueran viejos amigos que ya lo olvidaron todo de sus vidas pasadas! p. 110

                                           

                                                                II


     Si tuviera que encontrar un parecido, por la cadencia, el tono confidencial y otras similaridades, este sería, para mí, El libro del Desasosiego de Fernando Pessoa. Por ejemplo, si comparamos los micromundos de la Calle Douradores, en la Baixa lisboeta, donde vivía y trabajaba el poeta, calle muy presente en su vida, y la Calle Olmos, donde vive y escribe Planas y a cuya ventanas se asoma. Dice Pessoa:

Ventanas de mi cuarto,

del cuarto de uno de los millones de seres a quien

nadie conoce , y si supieran quién es, ¿qué sabrían?

dais al misterio de una calle constantemente cruzada

por gente,

a una calle inaccesible a todos los pensamientos,

real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,

con el misterio de las cosas debajo de las piedras y los seres,

con la muerte poniendo humedad en las paredes y

cabellos blancos en los hombres,

con el Destino conduciendo la carroza de todo por la carretera de nada. TABACARIA


Se trata de un sitio de vida, arte y trabajo:

                                

Y, si la oficina de la Calle Doradores representa para mí la Vida, este segundo piso mío, donde vivo, en la misma Calle de los Doradores, representa para mi el Arte. Sí, el Arte, que vive en la misma calle que la Vida, aunque en un sitio diferente, el Arte que alivia de la Vida sin aliviar de vivir, que es tan monótono como la misma Vida, pero solo en un sitio diferente. Sí, en esta Calle de los Doradores comprende para mi todo el sentido de las cosas, la solución de todos los enigmas, salvo el de que existan los enigmas, que es lo que no puede tener solución.

 

Así describe la calle Pessoa, con sus objetos inertes y al tiempo vivos:


Los pormenores de la calle sin animación por la que muchos andan se me destacan con un alejamiento mental: los cajones apiñados en el carro, los sacos a la puerta del almacén del otro, y en el escaparate distante de la tienda de ultramarinos de la esquina, el vislumbre de las botellas de ese vino de Oporto que sueño que nadie puede comprar. Se me aísla el espíritu de la mitad de la materia. Investigo con imaginación. La gente que pasa por la calle es siempre la misma que ha pasado hace poco, es siempre el aspecto fluctuante de alguien, manchas de movimiento, voces de incertidumbre, cosas que pasan y no llegan a suceder.


Comparémoslo con estas palabras de Planas:


 Hay muchas personas extranjeras recorriendo la calle Olmos como si hubiera algo que ver en la calle Olmos. Tengo mis dudas al respecto, más allá de los cinco olmos, sucesivamente talados y replantados, según las necesidades del tráfico urbano a lo largo de los años. (p. 40)


                                     …………………….


La calle está, a veces, de fiesta. La engalanan, entonces, con las lágrimas de alguna virgen y la muchedumbre baila y bebe de este llanto prodigioso hasta que las horas se acaban y el camión de la basura se lleva todo a nadie sabe dónde. La calle, a veces, está demasiado atareada; parece, entonces, buscar descanso jugando a las chapas en Can Vinagre o languidecer sin disimulo alguno, profundamente, en las tiendas sin estanterías que los chinos han ido abriendo, una tras otra, sin atender a nungún análisis previo de mercado. Allí almacenan cajas con zapatos y zapatillas, con ropa de colores, con sombreros de paja, con algunos artilugios más increíbles e inútiles; cajas vacías que transportan de un lugar a otro sin que sepamos por qué lo hacen. Nunca nos lo dirán: dejaron su destino en otro lugar y empiezan a sospechar que nunca podrán regresar a casa. Esperando a Godot (o a Mr. Marshall)


Una calle que cumple la sentencia de Heráclito : “Camino arriba y camino abajo, es uno y el mismo:

           La calle viaja de abajo arriba o viceversa; parece una alfombra de ladrillos verdes por la que tengo que pasar cada día, a por el pan, a por el agua, a por la sonrisa de alguna niña, a por el desenlace de alguna conversación que dejé inconclusa: las palabras quietas, montadas en el aire, inmóviles, a la espera de la brisa, del viento, de la tempestad que agita el árbol de la vida.

                                            





                                                                III


    Este libro es una miscelánea donde cabe la memoria, o mejor dicho, la confesión (desde referencias a las discotecas a mitad de los 70’, donde el joven que descubría que no era bueno estar solo se disponía a chercher la femme a veces con resultados inesperados; o los Road Movie en seiscientos. Hay alusiones a Jacques Brel y Bruce Springsteen; especulaciones sobre la vejez y el Tempus fugit; alusiones a La Tierra Baldía de Eliot, Nietzsche y Lou Andreas Salomé o Bataille; Las bodas de Caná o de Camacho, Napoleón, Julio César o la Magdalena; hay también fragmentos en prosa que son pura poesía. Otras veces adopta el ensayo o el artículo periodístico de calidad (p. e. La vida en la isla, la Inteligencia Artificial, etc. Caben también las memorias de un bar (esa especie de habitación de nuestro hogar que todos tenemos, según decía Buñuel) -Un bar, para Planas, es una habitación propia: “porque acaba convirtiéndose en una especie de segundo hogar, una oficina informal, un lugar de acogida, un escritorio de urgencia, un refugio de supervivencia, un pequeño oasis en la selva diaria”; y hay otras memorias que son hijas del tiempo: en las que -dice- “ardo como el fuego” de manera parecida a como dice Antonio Gamoneda “arden las pérdidas”


METÁFORAS Y AFORISMOS


-Como  buen platónico exclama: “Uno no sueña con lo que tiene, sino con lo que le falta” (p. 55)


-No sólo somos animales, aunque también luchemos por aparearnos, somo algo más en la escala evolutiva, un par de muescas más allá en el humeante revólver de la conciencia (p. 87)


-El amor es un largo viaje en el que somos polizones escondidos en un camarote de lujo con vistas a un inmenso iceberg blanco como la nieve o la muerte (p. 96)


-Pensar es otra cosa, se parece más a nadar contracorriente que a jugar al billar con unas cuantas ideas encadenadas, se parece más a romper salvajemente el tapete verde de la existencia que a mezclase entre flores y tahúres (p. 126)


-“Escribir -dice- detiene el pensamiento. Es mirar atrás: “ahí sigue la mujer de Lot”


-Me siento el último prisionero sentimental de una guerra que ya no hace prisioneros (p. 42)

                                            …………………………

En último término, ¿Por qué se escribe?. Confiesa Planas:


Algunos escriben sólo por el placer de escribir; creo que son doblemente afortunados: escriben y, además, disfrutan haciéndolo. No se puede pedir mucho más en la vida. Otros, en cambio, escribimos porque sentimos la ineludible necesidad de hacerlo, porque enloqueceríamos si no lo hiciéramos y porque enloquecemos haciéndolo; pero ello no significa que siempre disfrutemos; en ocasiones, escribir nos duele como la peor de las heridas (p. 59)


                                                EPILOGO


¿Pero qué son los libros, sino proyectos artificiales siempre dispuestos (en realidad, sumamente predispuestos) a que un nuevo lector (o uno viejo, no hay ningún problema con eso) los relea, los haga mejores o peores, los reescriba, los plagie, les prenda fuego por malditos o los arrincone, incluso, en el desván polvoriento de los juguetes rotos? Todo va a parar, hasta las cenizas, a ese desván polvoriento, pero ese lugar no es el final definitivo o no tiene por qué serlo. Para nada. En absoluto.


  JOSÉ RAMÓN DEL CANTO.