LA TELARAÑA

martes, septiembre 1

El show de Ensenyat

 
La Telaraña en El Mundo.
 
 Por desgracia, también la democracia tiene sus efectos colaterales. Así, la retorcida contabilidad de los pactos postelectorales nos ha deparado en Baleares, al igual que en tantos otros sitios, la irresistible ascensión hasta la cúspide de la pirámide institucional del poder de gentes que atesoran, a la vez, una representatividad mínima y una preparación personal que no va más allá de la monótona letanía de sus tres o cuatro dogmas de fe, su breviario de ofensas y rencores, su catálogo esencial de banderías.
 Por eso no debiera extrañarnos que Miquel Ensenyat, a la primera entrevista seria que le han hecho desde que es presidente del CIM, vaya y la lie gorda, sin paliativos. Desde sus exabruptos sobre lo carísimo que nos resulta España hasta la grotesca fábula de los extremeños en sus gloriosos bares, todo el universo de Ensenyat se contrae, ceñudo, en un mar enrarecido de tópicos nacionalistas e independentistas, una trastienda de artefactos unidimensionales, planos, el áspero mensaje monolítico de las bandas callejeras y territoriales aplicado a una colectividad que ya sólo puede ser global o no ser. Definitivamente.
 Con todo, el paisaje extremo, que no extremeño, de los nacionalismos existe, va llenando de vallas de espinas y odio los confines de Europa y hasta es muy posible que logren llegar a su centro, a su alma, quizá al origen mismo de su espíritu. La noche de las tribus enloquecidas nos acecha con sus hogueras en llamas, su fatuo populismo y su alba aplazada hasta no se sabe cuándo. Vaya show.

 

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viernes, agosto 28

Nacionalidades


La Telaraña en El Mundo.
 
 Que Germà Gordó nos quiera regalar la nacionalidad catalana me parece de lo más normal, lógico y hasta consecuente del mundo. Es obvio que cada uno da lo que tiene o lo que cree que tiene o lo que cree, en fin, que va a tener y no cabe otra opción, entonces, que incluir en esas enormes expectativas futuras a los amables vecinos de las islas adyacentes, a esos simpáticos payeses (y no payeses) que hablan casi como nosotros, como ellos, aunque con acento rarito. Ya se les pasará. Se nos pasará.
 Debe ser por eso que el gobierno de Barceló, Armengol y la sombra de Jarabo, al revés que sus homólogos de Valencia o Aragón, apenas sí ha protestado por esta invasión de la privacidad que da en convertirnos en catalanes por la gracia de algún dios que aún no nos ha sido presentado. Paciencia. Todo a su tiempo.
 Lo ha explicado muy bien la portavoz de MÉS, Margalida Capellà, al observar que "una Cataluña independiente será soberana para conceder la nacionalidad a quien quiera, ¡sólo faltaría!". No me molesta que me regalen nacionalidades y sólo lamento que no me ofrezcan alguna más exótica y hasta más independiente, si pudiera ser. Se me ocurren varias. La norteamericana, por ejemplo. O la rusa, qué diablos. ¿La japonesa, la alemana? ¿Y por qué no las nórdicas que, amén de refrescantes, parecen tan livianas? Mientras tanto, hoy duermo en el lecho glacial de los bárbaros igual que doy vueltas entre las llamas bíblicas del ruedo hispano. Me da que ser español también tiene su aquel. Sobre todo a la hora de la siesta.
 

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martes, agosto 25

Fin de semana


La Telaraña en El Mundo.
 
 De repente, llega el fin de semana y un alud de acontecimientos acaba convirtiendo las horas en una imaginaria vigilia. En la familia, alguien había asistido la noche del viernes al concierto de David Guetta en Magaluf y no paraba de preguntarme, con gesto absorto y cariacontecido, sobre los efectos del alcohol y las pastillas entre la gente joven (y no tan joven) que asistió al evento. Algo habrá que tomarse para digerir este tipo de música, pensé en silencio y sólo para mí y casi que mirando a ninguna parte.
 Luego fue el Real Mallorca, cuando ya alboreaban las luces de neón de la noche sabatina, el que vino a sepultar mi curiosidad de este año por ver si el equipo del centenario era capaz de empezar con buen pie el largo y tortuoso camino hacia una primera división que nunca se debió de perder. Pues qué va. Me da que, ni aunque me hubiera dado al alcohol y a las pastillas, hubiera podido disfrutar del espantoso espectáculo de un equipo sin calidad ni espíritu. Algo tan desaliñado y desastroso que no dejaba de evocarme el estrafalario aspecto de Claassen, su presidente.
 El domingo dejé para mis restos el aburrido desfile de la Formula 1, el enésimo renacimiento de Federer (pensando, sobre todo, en Nadal) y los partidos de la Liga. Acabé exhausto y sudoroso. Podría decirse que roto en mil pedazos, pero a salvo de cualquier contingencia. Es lo que tiene tomarse las cosas sabiendo que el guión continuo de las televisiones es sólo un mal pretexto para no quedarse a solas consigo mismo. O con los demás.

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viernes, agosto 21

La lengua única


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 Repaso la página web del Ayuntamiento de Palma como quien intenta perderse por las callejuelas del casco antiguo sin conseguirlo. Tarde o temprano, aparecen las murallas y las torres o atalayas de los vigías, el mar o el mar enlatado con su geiser de broma, la Catedral o el grito silencioso de sus gárgolas para acabar revelándonos alguna de las salidas, para confirmarnos, en fin, las limitaciones físicas de un laberinto que ya no sé si existe por sí mismo o sólo para seguir recogiendo mis pasos y ser fiel a bastantes de mis recuerdos. Quizá los mejores.
 Recaigo en el área de Cultura, como quien busca un oasis sólo por confirmar el desierto de la inteligencia, y me encuentro con que ahora es de Cultura, Patrimonio, Memoria histórica y Política lingüística. Tantos nombres no presagian nada bueno, salvo la sumisión de la cultura a las perversiones ideológicas habituales: los vínculos entre la lengua y el territorio o entre la memoria y el viento gélido de la muerte silbando por entre las celosías de la fosa común (que no sé si de todos) de la historia.
 Pero a lo que iba. Como era de prever, porque ya estaba anunciado, han vuelto a cargarse los Premios Ciutat de Palma de poesía o novela en castellano. Podría fingir malestar o rabia, rencor o hasta cólera, pero no lo haré, porque no lo siento. Una cultura en las manos (al cuello) de la ideología es sólo una cultura sobrevalorada y teledirigida, un pasatiempo publicitario al que no hay que prestar ni caso. Con su pan se coman su lengua única y sus canonjías.
 

 

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martes, agosto 18

Las diadas


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 Supongo que todos los pueblos han de tener (quizá por inercia o mercantilismo, por suscripción popular o sólo por presumir de afinidades) sus propias celebraciones y efemérides, su íntima dosis de autoafirmación más o menos orgiástica, oficial y hasta histórica, su personal e intransferible catarsis, su colmena enmarañada de símbolos, su colección atmosférica de himnos triunfales, sus refulgentes joyas de la corona, su teatro medieval (o postmoderno) del horror y su libro abierto de las vanidades.

 Toda esta sucesión de síntomas no debe alarmarnos, porque no deja de ser un apunte del natural, una inocente extrapolación de lo que sucede cada año, el 12 de septiembre o el 31 de diciembre, cuando a unos o a otros les da por acordarse de Jaume II, su carta de franquicias y privilegios del Reino de Mallorca, en el primer caso, y la hiperbólica introducción de la lengua catalana y sus infecciones colaterales, en el segundo caso. La isla, al fondo, sigue palpitando su calma o bullicio ancestral, su apatía o discreción, su mirar de cerca como si fuera de lejos. O viceversa.

 Se trata, pues, de ajustar la mirada sobre las razones que mueven al econacionalista (o así) Miquel Ensenyat, presidente del CIM, a impulsar campañas ciudadanas como “Repensar Mallorca” en pro de la diada catalanista y del propio Consell. Como era de prever, las consultas formalmente asamblearias acaban convirtiéndose, siempre, en el mejor cauce de la manipulación ideológica. Hace siglos que no celebro diada alguna y así va a seguir siendo.

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viernes, agosto 14

Las larvas


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 Estoy esperando que llamen a la puerta de casa, pero deberé ser paciente. No es fácil encontrar un técnico capaz de arreglar la nevera que compré hace muy poco más de dos años y que, naturalmente, dejó de enfriar ayer mismo. Creo que en su interior se está formando una especie de agujero negro donde la realidad se pudre a marchas forzadas, mientras paseo nervioso por los pasillos, recalo un instante en esta página y regreso a la cocina. Abro el frigorífico, palpo sus costuras y me desespero del calor y la bruma, del frío que no llega y de la realidad que se descompone en un mar de moho y larvas. Las larvas siempre me parecieron repugnantes.
 Puede que hurgar en las diferencias entre la realidad y la ficción (o viceversa) no sea más que un ejercicio de estilo, un juego dialéctico donde la vida y el lenguaje, las acciones y las palabras, se esfuerzan en tener identidad propia sin acabar, por desgracia, de conseguirlo. Estoy esperando que llamen a la puerta, pero no llaman. Me temo que algo muy gordo se cuece aquí al lado.
 Visito la web donde el Govern expone, con el visto bueno de Podemos, los currículos de los nuevos asesores. No sé si hacerme cruces ante tantos méritos reunidos o si seguir a lo mío. A esperar que llamen y que una corriente de aire me devuelva a la vida y me aleje del lugar viciado donde los taxidermistas exponen su catálogo de pruebas irrefutables, sus artículos de fe, su paupérrimo salón de trofeos. Creo que, al fin, están llamando a la puerta. Pero a la del frigorífico, pausadamente.

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martes, agosto 11

Contracorriente


La Telaraña en El Mundo.

 Hay cosas que no tienen ningún sentido, por mucho que nos empeñemos en buscarle alguna salida al punto muerto y hasta silencioso de las palabras, al atolladero con vistas al abismo de las ideas, al largo y ensortijado camino que nos ha de acabar conduciendo a ese desconocido lugar donde tenemos concertada una última cita a la que, por supuesto, no deseamos llegar a tiempo. Pero no hay mayor problema. Esa cita es inaplazable. Llegaremos.

 Hay cosas, insisto, que no tienen ningún sentido, como especular con el porvenir y dibujar países y hasta nuevas naciones con hombres viejos y, además, muy cansados, con almas que ya no saben manejar el lenguaje anacrónico de los que arrastran una resaca de siglos, una sucesión automática de generaciones reproduciéndose como clones en un laboratorio abierto a nuevas formas de vida, que no de conocimiento, no sólo muy inciertas, sino inefables. El futuro aún no tiene, pues, lenguaje que lo explique o describa, que lo calme, arrulle o avive, aunque es cierto que nos esmeramos en intentar inventarlo, construirlo, descubrirlo; por ahora, sin demasiado éxito. Lo reconocemos.

 A partir de ahí me da la misma risa desengañada con el exagerado revuelo alrededor del joven asesor áulico de Sanidad, sin más bagaje que sus gloriosos veinte años y unas fotos en los botellones de Facebook o Twitter, que con la perversa genialidad de Manuela Carmena buscándoles casas que ocupar a los «okupas». Es lamentable, pero se está perdiendo todo. Hasta el legítimo orgullo de ir contracorriente.

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viernes, agosto 7

La recepción real


La Telaraña en El Mundo.
 
 Andaba ayer, anteayer o hace sólo un rato, como suelo andar casi siempre, es decir, absorto y como ausente, dándole vueltas a las cosas, aunque sin acabar de voltearlas. Las cosas son y no son lo que parecen y hasta lo que imaginamos, lo que les echamos en falta y les otorgamos, porque llevamos hambre atrasada y las cosas lo saben, se aprovechan y nos torean, nos llevan a su infierno personal, ese lugar donde los nombres no acaban de cuajar, porque todo es volátil, circunstancial y efímero. Allí se mezclan el sudor y la brillantina, las sonrisas del deseo y las miradas oblicuas; ese peculiar ser mallorquín sin saber muy bien si ese talante existe. Puede que no exista.
 Mientras tanto, repaso el álbum de las fotos de la recepción real en La Almudaina y convengo en que ser de provincias impone cierto estilo y no menos distanciamiento, cierta elegancia natural y escepticismo, cierto toque de indiscutible clase que si no quita el aliento sí que nos reconcilia, al menos, con nosotros mismos equilibrando nuestra ancestral atracción por la barbarie con nuestra añeja educación turística.
 No obstante, nos quedan fuera de rango un pequeño grupito que prefirieron posar en otra parte, en la parte oscura y salvaje o fúnebre de la separación y el abandono, ese no lugar donde el nacionalismo y el populismo (Més y Podemos) se entremezclan hasta prender fuego a la cortesía y la cordura. Deberían aprender de Miquel Ensenyat, Maite Salord y Xelo Huertas que supieron, al menos, estar a la altura de sus devaluados cargos.

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martes, agosto 4

La letra pequeña


La Telaraña en El Mundo.
 
 Que me sigan hablando, a estas alturas tan indecisas de la fiesta, del nivel 33 se me antoja una redundancia fuera de lugar. Otra más, tal que si me hablaran del Área 51 en plena época de drones convertidos en espías, la silenciosa avanzadilla de una invasión donde se mezclan las leyes de John W. Campbell e Isaac Asimov, la letra pequeña de todos los tratados internacionales y el tortuoso debate sobre esa extrapolación llamada la inteligencia artificial. Un gran problema, cuando lo que no sabemos es si existe la inteligencia natural; es decir, la nuestra. Nos faltan pruebas.
 Ante la confusión recurro, pues, no a mi memoria, sino a la memoria artificial de mis archivos. Allí releo un email de Xavier Pericay felicitándose de que “el nuevo Govern haya decidido suprimir el polémico nivel 33 después de que C´s presentase, el pasado 16 de julio, una Proposición de Ley en el Parlament en este mismo sentido.” Sin duda, bien hecho, queridos.
 No obstante, parece que el Govern nunca acaba de hacer lo que dice que hace. O la letra pequeña sigue haciendo de las suyas y el muro de la realidad tiene demasiadas grietas como para apuntalarla con algunos parches. Sólo así se entiende que Antoni Verger, ex concejal del PSM, haya solicitado el cobro del nivel 33 al reincorporarse a su plaza de funcionario. Se trata, créanlo, de un incorruptible defensor de su eliminación; será por eso que exige cobrarlo. Nada mejor, contra la incoherencia, que el castigo cruel de una ración doble en la propia cuenta corriente. Dónde si no.

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viernes, julio 31

«Blue Screen of Death»


La Telaraña en El Mundo.
 
 Tengo todo el arsenal informático (y hasta telefónico) de la casa sumido en una especie de alerta roja, un estado de alboroto digital que prende en sus entrañas y les obliga a ingresar, prietas las filas, en la cola impaciente de Windows 10. Es cierto que estas chorradas informáticas me gustan y que, además, les tengo cariño, porque me vienen aconteciendo cada tres años desde mediados de los ochenta, aunque me temo que no volverán a sucederme. Una lástima.
 Resulta que Microsoft, al parecer, no va a sacar más sistemas operativos y que este Windows amenaza con ser el último y con evolucionar sin grandes saltos ni tampoco aspavientos, de forma tal vez parsimoniosa, pero constante. Quizá esa lentitud y estabilidad no sean ninguna mala idea, en absoluto.
 Por lo demás, la informática sirve para lo que sirve. Para recordar las ruidosas máquinas de escribir que ya no poseo. Para leer los libros que tampoco podría, de hecho, almacenar en las estanterías de casa. Para emular el pasado y el futuro: los juegos de 8 y 16 bits, las películas en versión original subtitulada, el hallazgo de la propia opinión en el espejismo, cómplice o delator, del tiempo. Sirve para escribir estas líneas en las que tuve la tentación de glosar la invencible modernidad de Palma, ahora que es ciudad antitaurina, y no pude, porque me atraganté al saber que Cort tiene una regidora de Ecología, Agricultura y Bienestar Animal. Esto último es tan emocionante como una pantalla azul de la muerte, una genuina BSOD de Windows. Neus Truyol, vaya.

martes, julio 28

Sobrevivir


La Telaraña en El Mundo.

 Sigue haciendo calor y las noches se me hacen largas. Voy de las sábanas pegajosas del lecho al sofá del salón como el que busca la evasión o la victoria, el salto espectacular, no sé si en el espacio o el tiempo, que me devuelva el pulso y me seque el sudor. No es fácil lograrlo. El éxito de cualquier artificio dura lo que la propia fe lo mantiene vivo; al rato, la ficción cede a la realidad y no hay otra forma de sobrevivir que acomodarse, de la mejor manera posible, en el estrecho callejón sin salida de la asfixia. El lugar no es tan malo como parece.
 
 Enciendo ordenadores, tabletas y demás artilugios contra la pantalla de nieve de la televisión. Proyecto ahí la versión original de algunos sueños o pesadillas que me rondan. Proyecto ahí las revisiones de algunos de mis textos preferidos. «El día de los trífidos» de John Wyndham, adaptada por la BBC, o la búsqueda compulsiva y cruzada de referencias, por ejemplo, entre la coreografía de La Fura dels Baus en los JJOO de Barcelona, 1992, y la última entrega de Mad Max. Se trata de sobrevivir al calor y al insomnio.
 
 Sobrevivir, pues, parece la palabra y también la clave. Repasar la actualidad y distinguir, pese a todo, entre lo fundamental y lo accesorio. Las ofensas. Las provocaciones. Saberse en una especie de inestable balanza donde se arremolinan la estupidez y la cordura, las rutinas simbólicas del pasado y el abismo insondable del futuro. Sólo nos queda asumir que la realidad empieza a agriarse y que habría que evitar que se corte. De cuajo, vaya.

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viernes, julio 24

Espantapájaros


La Telaraña en El Mundo.
 
 El mejor gobierno es el que no existe. Hace tres décadas yo hubiera suscrito, sin ningún rubor, esta afirmación tan llamativa como sesgada, tan valiente como suicida, tan irreflexiva como utópica. La hubiera suscrito, pero ya no. Pasa el tiempo y nos damos cuenta de que no somos, por desgracia, autosuficientes, que precisamos de la ayuda de los demás, igual que los demás nos necesitan, que algo o alguien ha de poner cierto orden en el comportamiento humano, cierta justicia más allá de la fuerza bruta o la inercia totalitaria del número, cierta equidistante objetividad en esa reyerta de intereses, ideales y pasiones que somos y fuimos, que seguimos siendo.
 El mejor gobierno, en cualquier caso, nos lo empieza a parecer el que logre sus objetivos sin apenas molestarnos. El que nos deje hacer, porque el camino ya está más o menos insinuado y lo que corresponde, al fin, es que la imaginación, el talento o el esfuerzo individual vayan puliendo los aspectos mejorables de la enorme colmena global en que vivimos.
 Aquí no caben, pues, gobiernos como el de Artur Mas y sus elecciones que no son elecciones, sino referéndums o vaya usted a saber qué. Aquí tampoco caben gobiernos como el liderado (sólo nominalmente) por Francina Armengol, incapaz de otra cosa que no sea marear la perdiz de la financiación, regresar al Ramon Llull o reunirse con la OCB, colocar a sus docentes más adictos y regresarnos al pasado en que ya fuimos súbditos de la gran farsa nacionalista. Su corte de bufones, su club de espantapájaros.

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martes, julio 21

El parpadeo


La Telaraña en El Mundo.
 
 No parece que las cosas de la vida nos afecten de la misma manera a todos. Muy al contrario, nuestros gustos y aficiones coinciden de vez en cuando, en efecto, pero también divergen muy a menudo y merodeamos, entonces, parajes absolutamente distintos, separados y ajenos los unos de los otros. Supongo que en eso consiste, precisamente, estar vivos; en saber afrontar la realidad según la vamos sintiendo. A veces, con rabia o miedo y, a veces, con una balsámica indiferencia.
 No podemos, pese a todo, abarcar tanta humanidad como, quizá, nos gustaría, pero esto no constituye ningún problema. La humanidad no acaba de ser ninguna suma, resta, multiplicación o división de partes mejor o peor avenidas; más bien se asemeja a la visión repentina de algún espejismo, a la aparición reveladora de algún extraño efecto cromático, al instante milagroso e improbable en que cuaja el puzle de la realidad y alcanzamos, entonces, a ver esa imagen única que, tal vez, nunca más volveremos a ver.
 No sé muy bien de lo que hablo, porque hablo de cosas intangibles y hasta indemostrables, a las que vamos poniendo nombre según se nos aparecen. O según las inventamos. Diríase que formamos parte de algún mecanismo de relojería que, al igual que nos mide el paso del tiempo, también es capaz de detenerlo. Es entonces cuando miramos alrededor y todo parece inmóvil y no hay otra música que la del espíritu; y es, en ese mismo instante, que parpadeamos y todo desaparece y regresamos a la locura, la ignorancia y el vértigo habituales.

 

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viernes, julio 17

La ceremonia de la confusión


 
La Telaraña en El Mundo.
 
 La sobredosis informativa me abruma, porque una cosa son los sentimientos y otra, muy distinta, el análisis forense de la realidad. Nos sabemos, pues, incapaces de llegar a conclusiones que incorporen las variables que ignoramos. Hay que ser honestos. El mundo es demasiado turbio como para aclararlo con unas frases. Se nos desvanece su perfil y también su pulso; tan indistinguible y ajeno, a la vez, del nuestro.
 Es en ese juego de distancias donde nos perdemos. El chisporroteo de las redes sociales no nos ayuda a vencer la inercia de los días dándole vueltas a lo mismo. La crisis económica, los cirros de la corrupción o el aura de los que luchan contra ella. La merma de identidad, los espejismos territoriales, la decadencia de las grandes ideas, la penuria literaria de los lugares comunes, el paulatino ir deshaciéndose todos en todas partes sin atender sino a alguna revancha o revolución pendiente. Alguna idea que, de tan fija, se nos pudre en los anaqueles de la vida.
 Pienso en Grecia o Cataluña, dos palabras que se me mueren en el paladar, sin que pase nada. Hace siglos que se me murió España; y Europa, como Baleares, aún no me ha nacido en parte alguna. Rescato, no obstante, una última evidencia. Ante el colapso económico o la pérdida, tal vez, de los ahorros de toda una vida, lo mejor es que esta ceremonia de la confusión en que vivimos se eternice. Sólo los que no tienen nada y los que lo tienen todo (en otra parte, se supone) pueden darse el lujo de discrepar. Y hasta discrepan, por cierto.
 

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martes, julio 14

Terrazas y espejismos


La Telaraña en El Mundo.
 
 Pasan los días y las noches y no hay forma de evitar que la ola de calor se convierta, casi, en un modo de vida. No es de extrañar, pues, que en casa no dejemos de abrir ventanales, galerías y hasta ventanucos virtuales que no conducen a ninguna parte, en busca del lugar donde se arremolinan todos los vientos. En esa privilegiada encrucijada nos acabamos instalando, aunque nos cueste respirar. Estiramos los brazos, mientras tanto, como si fuéramos los espantapájaros de un desierto de dunas, sol y espejismos. Muchos espejismos nos rodean, en efecto.
 Pero hay una ciudad ahí afuera y no conviene perderla de vista, no sea que nos la cambien o mutilen. Aurora Jhardi, por ejemplo, no tiene reparo alguno en inaugurar su labor como teniente de alcalde en Cort con la promesa o con la amenaza de limpiar el Paseo del Borne de terrazas y devolverlo así, según nos afirma, a la ciudadanía.
 No sé cómo auscultan, estos ilustrados de nuevo cuño, las relaciones que se establecen entre una ciudad y sus moradores. No sé si saben de los carruajes de niebla, de los serenos fantasmales y sus manojos de llaves maestras e incandescentes. Hago memoria y, al igual que recuerdo un Borne repleto de bares, restaurantes y terrazas (Miami, Antonio, Baleares, Yate Ritz y los adyacentes Granja Reus o Formentor), también recuerdo un Borne, inmediatamente anterior al actual, donde los únicos que campaban a sus anchas eran las ruidosas bandas del monopatín o el skate. Igual es esa la participación ciudadana que conoce y añora Jhardi.

 

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viernes, julio 10

La marea al poder


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 La falta de autoridad, no sé si moral o política, del desnortado gobierno del PP, durante la pasada legislatura, ha convertido a varios funcionarios públicos (a los que solemos llamar docentes, sin saber muy bien por qué) en pequeños héroes de andar por casa. De andar por la media casa, entre nacionalista e iconoclasta, que nos gobierna y que ya ha empezado a ponerles en el lugar que les corresponde; es decir, bajo palio del escaparate solemne de la lengua única. ¿Dónde si no?
 Así, por ejemplo, Jaume March, que fuera expedientado de mentirijillas, ya digo, por la desidia del PP, ha sido nombrado jefe de planificación o algo similar en la Conserjería de Educación. Un cargo de libre nombramiento, por supuesto. Con March andarán Antonio Morante, Jaume Ribas, Mª Antònia Serra y Jordi Escudero, nada menos. Sólo nos falta saber qué cargo ocupará, por ejemplo, Iñaki Aicart o, como bien apunta el colectivo PLIS, el ínclito Jaume Sastre que, al margen de su gusto por los barcos de rejilla, atesora gran experiencia en huelgas de hambre sin que el barrigón se resienta. Un milagro.
 Está claro, pues, que el gobierno de Més, bajo la mirada, no sé si risueña o ceñuda, de Podemos y la decorativa presidencia de Francina Armengol (le hacía mucha ilusión ser presidenta, qué se le va a hacer) está dispuesto a convertir la educación insular en el paraíso de la inmersión lingüística y el adoctrinamiento ideológico. Es lo que pasa siempre. Si no se avanza cuando se puede, cuando no se puede, se retrocede el doble. O más.
 

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martes, julio 7

#Grexit


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 Está bien. Grecia vota no y sólo podemos encogernos de hombros y mirar hacia adelante. El paisaje parece resquebrajarse en mil pedazos, que no acertamos a vislumbrar con claridad porque una densa polvareda nos lo impide. No es la hora, sin embargo, de dejarse llevar por el pánico, pese al revuelo insoportable de las ruidosas alarmas; esas grietas existieron siempre y llevamos siglos respirando esa asfixiante humareda.
 No es la hora, tampoco, de hacerle el juego a la euforia tuitera de Nicolás Maduro, Marine Le Pen o Pablo Iglesias. Su alegría nos importa poco. Los extremos del abanico se pliegan igual que se despliegan, pero hace un calor horrible y casi que lo único que vale es que corra el aire, que despeje el olor a cloaca, que clarifique este cónclave de acreedores y deudores que no parecen negociar sino retorcidas posturas retóricas y políticas. Hay que pagar. Hay que cobrar. O mandarlo todo a la mierda.
 No obstante, reconozcámoslo. Propinarle un simbólico zas en toda la boca a la mismísima troika puede resultar muy gratificante. Lo malo es acostarse con ese grito de aniñada felicidad en el rostro y levantarse con una resaca de siglos. Hay que dejar atrás la bruma virtual del referéndum y afrontar la semana con la suficiente entereza como para mirarle los colmillos a la realidad de los días eternos del corralito y las negociaciones gélidas al filo del abismo, el previsible, casi inevitable, desahucio de Europa y sus instituciones, de Europa y su fuliginoso futuro. Su moneda de humo y sus ruinas griegas.
 

 

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viernes, julio 3

La barbarie


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 Tenemos fe, pero no mucha. Tenemos esperanzas, pero no demasiadas. Es así que, con el paso de los años, nos vamos despojando de las innumerables certezas, cada vez menos firmes y mucho más renqueantes, con las que nos hemos ido moldeando y, a cambio, nos aprovisionamos de incertidumbres y vacilaciones, de ese mirar la realidad como quien ausculta un deseo y lo hace con tiento, porque teme romperlo y sabe que no tiene mucho más, que es muy difícil reponer las ilusiones rotas y que lo que se pierde a cada instante se acaba volviendo inexpugnable, inalcanzable, rigurosamente ajeno.
 Pero todo tiene un límite. No podemos vaciarnos por completo. La vida es una celebración, pero también un ritual plagado de lugares y oraciones comunes. La vida es la forma en que vivimos, la minuciosa rutina que nos lleva a repetir, una y otra vez, el método heurístico de la prueba y el error, ese ir avanzando y conociendo sin alcanzar a entender por qué los misterios que vamos aprehendiendo son, también, los que no logramos desentrañar.
 Quiero decir, pues, que la vida se convierte en otra cosa cuando se sobrepasan ciertos límites. No es posible aceptar que el gobierno de las cosas nos conduzca a situaciones como se viven en Grecia. Me refiero a las colas de los jubilados para hacerse, sin éxito, con su propio dinero. Hablo de una sucesión de gobiernos nefastos culminados por otro todavía peor, catastrófico. Como si a la gestión terrorífica e infame del PP y el PSOE les sucediera, en España, la barbarie de Podemos, por ejemplo.
 

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martes, junio 30

En vivo y en directo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Abro una ventana de YouTube en una esquina del monitor, no al clamor impreciso del aire libre, sino a la irreal y solemne sesión de investidura de Francina Armengol como nueva presidenta del Govern, y dejo que me invada su primer discurso, ávido de transparencias y atestado, en cambio, de tópicos, su catálogo de servidumbres puramente retóricas, su precaria exhibición de prioridades y retos, su desordenado cúmulo de fábulas, consignas y mitos, su funambulismo de fe ensortijada en un par solitario de conceptos y un abigarrado frente común.
 Quiere ser, viene a decir o dice, la presidenta de la gente del pueblo o algo así de trascendental y decisivo, mientras sobre la frente le cae en cascada, vertical y ruidosa, el flequillo lacio, limpio y hasta recién peinado. Cita a Espriu y concluye. Comienzan los aplausos escépticos, indiferentes o apasionados de la cámara y se hace, poco a poco, el silencio. Siempre se acaba haciendo el silencio.
 Regreso, pues, a la hoja en blanco y la miro con fijeza y ternura. Se trata de entreverle las entrañas y las costuras a una realidad general que parece andar bastante desenfocada. Hoy (por ayer) los bancos cerraron en Grecia, pero el drama griego es también la tragedia de Europa y nuestro fracaso. Es lo que tiene convertir las ágoras, donde filosofar era una forma de vida, en grotescas tertulias televisivas alrededor de la corrupción y el fariseísmo. Me da que habría que hacer algo realmente bueno con este paraíso efímero de la existencia antes de que nos expulsen. Vaya que sí.
 

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viernes, junio 26

Francina


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 Resulta inconsistente y de muy mal gusto juzgar a la gente por su aspecto físico. Me lo digo mientras repaso las primeras fotografías de Xelo Huertas, la flamante presidenta del Parlament balear. Me lo repito, asimismo, mientras me miro en los espejos y compruebo que el paso del tiempo es una peligrosa arma de doble filo. En efecto. Hay que saber manejarse entre la realidad y el deseo, entre la resignación y el orgullo, entre la dolorosa certeza de que cada vez nos va gustando menos lo que vemos y la acuciante sospecha de que lo peor, posiblemente, aún esté por venir. Le daremos la bienvenida en cuanto llegue. Cómo no.
 Así las cosas, y aunque el paisaje nos parezca un páramo lunar, un desierto de lava o el espejismo de la bruma en una autopista al sol hacia ninguna parte, tendremos que volver a darle la bienvenida a Francina Armengol. Sin duda se la merece. No ha ganado ninguna contienda electoral, eso es cierto, pero sí que ha sabido manejarse con soltura, al parecer, entre las sonrisas esforzadas de los tahúres, el tira y afloja de los asesores de imagen y contenido, el regateo subterráneo en el zoco tropical de los pactos. Bienvenida.
 Con todo, hay que ser sinceros. Nos alegra librarnos de un nacionalista de bandera y manual, como Biel Barceló, en la presidencia del Govern. Nos alegra, también, que no nos gobierne, en primera persona, un político indefinido (y sin definir) como Alberto Jarabo. Nos aterra, en cambio, reconocer que Francina podría ser tan nacionalista e indefinida como ellos. O quizá más.
 

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martes, junio 23

Las generaciones


La Telaraña en El Mundo.
 
 A veces, regreso a la casa con jardín de la infancia y compruebo que los que ahora la habitan no conocen apenas ninguno de sus secretos, ignoran casi todo lo que allí se luchó, se amó o se dijo. Podría resumirlo, pero no lo haré. No tengo por qué dar ventajas a nadie. Me quedo, eso sí, con la terrible mirada de un joven gato doméstico, herido de muerte, junto a un matorral amarillo y blanco de margaritas. Ya conté esa vieja historia en alguno de mis poemas, o quizá en varios y desde muy distintos puntos de vista, pero tanto da. Ya no importa. Tampoco sería lo mismo.
 Nadie lee los poemas de los otros y, si los lee, no acaba de entenderlos, porque se le escapan los pequeños detalles y el pasado es un lugar real (o sea, de ficción) que no se puede revisitar sin perder de vista el mundo, sin asomarse tan adentro de uno, que es imposible no caer de bruces en ese pozo negro donde sólo existimos con nuestros recuerdos, con su anzuelo de hierro oxidado en nuestra garganta, con su tiempo detenido y vertical, anclado en nuestro frágil corazón palpitante.
 Así, o de forma muy similar, funciona el mundo o no funciona, pero persevera y hasta prevalece. Esta generación de ahora mismo sobre la tierra (como aquella a la que homenajeo con ternura por entre las luces y las sombras de la casa con jardín de la infancia) no verá satisfechas sus legítimas ilusiones y la próxima no sabrá reconocer el mérito de este ingrato trabajo, a contracorriente, de construir tan sólo a medias y destruir por completo. O de intentarlo, al menos.

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viernes, junio 19

El regreso de los troles


La Telaraña en El Mundo.
 
 Debo llevar unos quince años dando vueltas por internet. He navegado a pedales, a rastras y hasta en patera. He naufragado, pues, muchísimas veces sin darme por vencido, sin dejar de seguir buscando esas islas misteriosas, esos lugares paradisiacos (quizá fuera del espacio y el tiempo) donde reunirse con otros náufragos, compartir experiencias y aprender a sobrevivir, a dominar el lenguaje común del pensamiento y afrontar, así, la extraña conjunción del software y el hardware: el dilema alquímico de la forma y el contenido, la ética o la estética, que desde siempre he deseado resolver. En la literatura como en la vida.
 No existían, al principio, Facebook o Twitter y hasta el concepto mismo de las redes sociales era una quimera que apenas sí vislumbrábamos en nuestras refriegas contra el tiempo medido de las operadoras telefónicas. Vivíamos entre la empatía y el conflicto verbal de los grupos de noticias (o newsgroups) y la entrañable oscuridad de los canales del IRC Hispano.
 Vengo, pues, de un universo donde no había foro de discusión en que no cohabitaran los que daban lo mejor de sí mismos y los que sólo buscaban provocar y pescar, quizá, en el posterior río revuelto. Los troles eran, ya entonces, parte esencial de internet y, por lo visto, siguen siéndolo en nuestros días, ahora mismo. De momento, están haciendo estragos en el Ayuntamiento de Madrid. Habrá que ver cómo les va por Palma, la ciudad que ya rige José Hila, gracias al estar sin estar del todo, pero estando, de Podemos, sus marcas y asambleas.
 

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martes, junio 16

Pactos de pandereta


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé si dos medio alcaldes y un portavoz, que ya ha dimitido y se reconvertirá en primer teniente de alcalde o lo que las sucesivas asambleas de la marca Podemos vayan exigiendo, componen un paisaje consistorial a la altura de lo que una ciudad como Palma (de Mallorca, claro) necesita. El pacto entre PSIB, Més y Som Palma se ha revelado como un puzle donde lo esencial, más allá de los cortocircuitos ideológicos, ha sido marcar el territorio con los propios orines. Cómo humean, cómo hieden. No sé si nos merecemos esta izquierda y este nacionalismo de pandereta.
 Pero soy muy escéptico con las necesidades de las ciudades; sólo se trata, tal vez, de saber ordenar con un punto de humor y sentido común el tráfico y también las vistas, la línea difusa del horizonte recortada contra el mar y la marea de la especulación o la ineptitud, el grumo viandante de turistas y lugareños que surcan el cielo y el infierno que son todas las urbes y también Palma. Cómo no.
 Queda, sin embargo, lo más difícil. Saber driblarle el mal aliento a la crisis y, a la vez, aprovechar la inercia cuando el viento sople a favor de todos y lo mejor sea no intervenir, no molestar, y en esa dejación (en esa filosofía de burdel, ayuntamiento y civismo) encontrar el mejor y casi que el único antídoto contra las obsesiones ideológicas que dan en sacrificar el aquí y ahora de la existencia por los planes tribales de la lengua única, el tatuaje de las señas de identidad, la marca vergonzosa de la inteligencia, la educación y la libertad masacradas.

 

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viernes, junio 12

La receta de las urnas


La Telaraña en El Mundo.
 
 El acuerdo es que no hay acuerdo, pero como si lo hubiera. Podemos, Més y PSIB están a un paso de repartirse los cargos entre ellos o, en su defecto, de reintegrárselos al Partido Popular. Esto último, por supuesto, no sucederá bajo ningún concepto, porque se vertebre el no pacto que se vertebre, el primer y casi que único mandamiento común es descabalgar de las instituciones a las huestes, entre zombis y somnolientas, confusas y hasta insomnes, de Bauzá. Reconozcámoslo. Puede que la idea no sea muy brillante, en efecto, pero tampoco es ningún disparate. Bauzá y los suyos se lo tienen más que merecido.
 Es de esta manera, tan enrevesada y hasta literaria, que los catálogos y presupuestos ideológicos de nuestra mayoría nacionalista y de izquierdas (más allá del evidente absurdo de ese cóctel explosivo en el que ya ni reparamos, tal y como andan de desdibujadas las relaciones entre la realidad y el lenguaje) se calman y culminan, colman su propio balance y también su saldo. El poder es un ansiolítico milagroso que sólo precisa de la ilegible receta de las urnas.
 No sé muy bien, sin embargo, si ese mismo poder ansiolítico e ilegible podrá calmarnos también a nosotros. Nuestros balances no son los de la entregada y voluntariosa uniformidad nacionalista. Nuestros presupuestos son otros y si siempre estuvimos bajo mínimos, ahora mucho más. Será digno de ver, vernos a rastras por el subterráneo marginal de la existencia en busca de la verdad que no existe, salvo si crees en ella y no quieres ser apóstol de nada o nadie.
 

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martes, junio 9

La gente normal


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé muy bien qué significa ser normal o no serlo y ser, entonces, otra cosa; supongo que anormal, por así decirlo. Tendré que preguntárselo a Alberto Jarabo y a esa hipotética gente normal a la que encarna o dice encarnar. Leo una larga frase que la agencia Efe pone en su boca y casi que la silabeo con delectación sin intentar, por si acaso, deglutirla del todo. Tampoco quiero atragantarme. Dice o dicen que dice, porque podría ser una mala traducción del catalán: "Queremos un acuerdo de programa que nos debe convencer a todos y no un reparto de sillas, ya que somos gente normal que defiende a la gente normal en las instituciones más allá de a un partido".
 Me queda claro, pues, que la gente normal, según Jarabo y el doctrinario de Podemos, es la que crea un partido para defender a la gente normal y no a ese mismo partido. El viaje dialéctico no es muy sutil ni prolijo, sino todo lo contrario. Planea la dualidad conceptual del bien y el mal por entre las instituciones y los viejos conceptos de clase, ahora reconvertidos y simplificados hasta la caricatura. Viva la gente normal. Abajo la casta partidista, liberticida, burócrata, qué sé yo.
 Mientras tanto, observo el desolador panorama post electoral y, más allá de las secuelas apocalípticas del harapiento Mad Max, me quedo con la obviedad de que si, por ley, gobernase siempre el partido más votado nos ahorraríamos el denigrante espectáculo de estos pactos matemáticos entre perdedores más o menos ilustres y, tal vez, normales. Aunque eso es algo que nunca se sabe.

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viernes, junio 5

Poder y prepotencia


 
La Telaraña en El Mundo.
 
 Puede que el poder, así en abstracto, sea algo intangible. Una luz que nos proyecta contra el telón de los sueños o el muro de la realidad. Puede que el poder, así en abstracto, no sea más que un reparto de cargos, compromisos y retribuciones, una letanía moral sobre nuestros hábitos de comportamiento, la ancestral manera con que deshacemos los nudos de la vida o nos enredamos en ellos.
  La luz y los taquígrafos iban a dar paso, según el risueño Alberto Jarabo, a la minuciosa retransmisión en directo de las tortuosas, fidelísimas negociaciones de los pactos postelectorales. No ha sido así, pero tanto da. Es un alivio constatar que, para lo que hay que transmitir, ya les vale con Twitter y su mensajería ortopédica, su ortografía de urgencias y sus corolarios bajo mínimos. No queremos contagiarnos del estupor estoico de Armengol ante la prepotencia de Podemos. No queremos que nos venza la incredulidad de Biel Barceló ante la voluble teoría de las castas y el sí, pero no, transversal y ambiguo de los que buscan la ubicuidad ante todo.
 Pero así están las cosas. PSIB, Més y Podemos (o Som Palma, según corresponda) juegan a entenderse como si no fueran a hacerlo. Sus medidas de “coste cero” nos alegran, porque sería un crimen que nos tuviera que costar dinero convertir Palma, por ejemplo, en una ciudad antitaurina o en un paraíso del turismo gay. Nada menos. Ahora recuerdo que la única vez que estuve en nuestra Plaza de Toros fue cuando un mitin de Felipe González en pro de la OTAN. Hay que ver cómo cambian los tiempos.

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martes, junio 2

Libros, flores y tapas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Me parece que es muy de agradecer que este año los libros de la Fira del Llibre (los libros, pero también los libreros, los entes más o menos oficiales y pudientes y hasta los pobrecitos autores a la caza de algún fan despistado u enloquecido al que endosar, por fin, un afilado autógrafo) se hayan desparramado por entre los puestos de las flores y las terrazas de los bares de una punta a la otra de la Rambla en vez de apiñarse, como era casi una costumbre y también una especie de metáfora, unos con otros y todos entre sí. No hay nada peor que el espectáculo de la uniformidad convertido en escaparate, en simulacro de horizonte.
 Han cumplido, pues, los libros, los libreros, los entes más o menos oficiales y pudientes y hasta los pocos escritores que aún nos quedan, que son los de siempre diluidos, tal vez, por el espejismo de la discreción y el reemplazo voraz de las generaciones, han cumplido, decía, con el ritual de tender al sol su mercancía de ocio e introspección, de evasión o derrota contra el tedio, el ruido, la hermosa blasfemia de los mercados, el aroma (con lenguaje) de las flores, las tapas y los refrescos, la absenta cotidiana de quien viaja por abismos que empiezan donde el filo de las páginas convierte la tinta en sangre y el papel en piel, risa, clamor, nada.
 No se pierdan, el miércoles a las 18 horas, las presentaciones del Institut d´Estudis Balearics en honor de Cristóbal Serra. Por una vez que el IEB promociona algo que me interesa, no es cuestión de silenciarlo, sino todo lo contrario. Albricias.

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viernes, mayo 29

El gato de Cheshire


La Telaraña en El Mundo.

 El martes pasado les hablé de los pactos, de sus íntimas razones y su armazón, esa columna vertebral que todo lo aguanta, aunque sea a pedazos, retales, rotos. Pienso en una escultura de Calder o en un puente en ruinas de Calatrava. Voy de un extremo al otro y regreso. Me quedo pensando en el cadáver exquisito que somos y del que sólo nos libra alguna que otra sonrisa antropológica, la sonrisa del desencanto o la inteligencia, la sonrisa del gato de Cheshire, por ejemplo: ya no estamos nosotros ni está el felino, sólo resta en al aire una amplia sonrisa, la anónima sonrisa de todos.
 Vislumbramos, pues, lo más humano, cómico o trágico, de los pactos. Su ejecución a cara descubierta y sin más argumentos en la mano de los tahúres que una baraja de flores. En ese baile de máscaras se mezclan los números y conceptos, las fobias y filias, la siempre manipulable opinión de los electores. ¿Qué querremos nosotros, en fin, que los políticos dicen conocer y haber asumido?
 En las islas, el panorama pinta mal para todos, aunque peor para unos que para otros. Bauzá, por ejemplo, ha comprendido que su continuidad (a las duras y a las maduras, como repetía, sin pestañear, el domingo por la noche) no tenía ningún sentido. Cuando llega la hora de irse hay que marcharse, sin que se nos note el pánico. Armengol, en cambio, no parece haber entendido que su largo historial de alianzas con la ciénaga de la corrupción la ha inutilizado cara a un futuro que se desea regenerador y hasta brillante. Pese a lo que resulte de los pactos, claro.

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martes, mayo 26

Los pactos


La Telaraña en El Mundo.
 
 Nos guste o no, la vida es una sucesión melindrosa de pactos. Es cierto, no obstante, que muy a menudo querremos decir que no a todo y a todos, y que así lo haremos, en efecto, pero la rebelión nos durará poco, muy poco; al final, aunque sólo sea para sobrevivir, tendremos que pactar hasta con el mismísimo diablo para ir avanzando, mal que a trompicones y a tientas, en el alambicado universo de las cosas pequeñas, para ir reflotando, en fin, de tantas veces como acabamos zozobrando, de tantas ocasiones que nos estrellamos contra la realidad y sus fantasmas, la realidad y sus universos paralelos, la realidad y sus inexplicables espejismos.
 Es así, a base de pactos y componendas, como disfrazamos nuestras derrotas y las intentamos convertir en otra cosa. Sabemos desde casi siempre que, en la vida, lucen muchísimo las dianas fluorescentes, enormes y llamativas, como seductoras luces de neón en mitad de la noche más oscura; y es así como nos relucen en el horizonte las mayores abstracciones y los mejores artefactos conceptuales. No importa, en absoluto, que todo sea mentira. ¿Quién sabe, de hecho, lo que es verdad o mentira?
 Lo único cierto es que las urnas han dictado su inapelable sentencia política en las islas. La debacle del PP. El fracaso del PSIB. La ascensión de Podemos. La resurrección de MÉS. El fulgor del PI. El orto de Ciudadanos. Un paisaje, quizá ingobernable, que ahora deberán moldear unos y otros para que florezcan, voluptuosos y lascivos, los pactos; y que la fiesta de todos no decaiga. Sobre todo eso.
 

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viernes, mayo 22

Elecciones personales


La Telaraña en El Mundo.
 
 Repaso el calendario deportivo como si en el mando a distancia del televisor se escondiera algún mapa del tesoro, algún diagrama oculto, alguna revelación apocalíptica sobre la pasión o la indiferencia, sobre el enigma de la vida. Repaso sin prisas las hojas marcadas, minuciosamente, por la adrenalina o el cuajo de las diversas competiciones. El actual rugido afónico de la Fórmula 1. El desenlace matemático de la Liga. El deambular sudoroso del Real Mallorca. Las previsiones lógicas de la Champions. Roland Garros y Rafael Nadal. El Giro, el Tour, la Vuelta. Quizá, también, el Festival de Eurovisión. ¿Por qué no? Todo vale igual, cuando vale lo mismo.
 Pero lo bueno y hasta lo esencial de tanto acontecimiento más o menos deportivo o sinfónico, al margen de lo que nos pueda interesar personalmente, no es el hecho competitivo en sí mismo, sino su mecanismo cíclico y con vocación de eternidad. Los fracasos o éxitos de este año podrán ser vengados o ratificados, según corresponda, el año próximo y, si no, el siguiente o el otro. Indefinidamente.
 Repaso las columnas de la prensa, ese edificio en ruinas y en constante reconstrucción. Me asombra que algunos columnistas tengan el humor o la osadía de desvelar el sentido de su voto este 24 de mayo. Repaso las sucesivas elecciones de mi vida (que son todas las de la democracia, por supuesto) y no me encuentro con otra cosa que con decisiones personales de índole compulsiva y, quizá, azarosa. Apuestas un tanto suicidas por un futuro mejor que, a veces, se ganan y, a veces, no.

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martes, mayo 19

Dadaísmo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Repaso en la página web de este diario los encuentros electorales mantenidos con los candidatos de los partidos o agrupaciones que se presentan el 24 de mayo y así consigo, al fin, ubicar a los que aún se me resistían. «Guanyem» o «Som Palma», entre otros. Con lo que descubro gano muy poco. Me vence, eso sí, la recurrente sensación de que más de lo mismo es más de nada, nada que sumar y muy poco que perder cuando ya todo parece perdido.
 ¿Todo perdido? No creo. Cada cuatro años nos rencontramos con el hormigueo dialéctico de unos y otros. Con sus filigranas y cabriolas en el aire de todos. Con su vuelo bajo y nocturno, pero no indetectable. Sólo se trata, pues, de afinar las alarmas y permanecer vigilantes. De eso o de dormir a pierna suelta y que otros, nuestros hijos, por ejemplo, carguen con la pesadilla. Aún podemos elegir, pero no sé hasta cuándo.
 Con los partidos conocidos la situación no mejora. El goteo tísico de sus ideas nos aturde. Repiten regeneración y transparencia, anticorrupción, pacto social o renta básica como si balbucearan el «dadá» inicial del lenguaje. Podemos reírles las gracias o dejar que el paso del tiempo los delate y sepulte. Acumulan tantas promesas e incumplimientos que no sé cómo insisten en este esperpento de la verdad o la mentira convertidos en consigna, impostura, letanía, mantra. La soledad del corredor de fondo cuando le falla la brújula, en el caso de José Ramón Bauzá. O la añeja y sectaria sesión de frente populismo entre los gruesos labios de Francina Armengol. Es lo que hay.

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viernes, mayo 15

Orgías


La Telaraña en El Mundo.
 
 Cuando era muchísimo más joven y veraneaba, con la familia, en Cala Blava, tenía a la Playa de Palma por un lugar vulgar y ruidoso que, sin embargo, merecía la pena visitar, de vez en cuando, por aquello de las interminables fiestas que la lógica caprichosa del azar o, frívola, de la edad nos parecían tener siempre a punto. Las noches se nos alargaban tanto que hasta amanecían y la arena fresca y húmeda, entonces, nos recogía suavemente como a unos náufragos rotos de un tiempo que corría volátil y promiscuo, inconsciente, todavía, de sus límites y costuras.
 Pero es así, luego, en este instante de ahora, que recordamos las viejas historias pretéritas con varios signos de admiración, algún interrogante y no pocos puntos suspensivos. Nunca tuvimos conocimiento, por supuesto, de otra forma de diversión que no fuera fruto de nuestro esfuerzo, de nuestras propias ganas de comernos el mundo, de nuestro encanto (tan efímero, aunque aún lo ignorábamos) para cortejar todo lo que se moviese a nuestro alrededor, que no era poco.
 Debe ser por eso o, a fin de cuentas, porque algo hemos acabado aprendiendo con el paso marcial de los años, que se nos antoja sumamente repugnante y hasta vomitivo el cúmulo de revelaciones sobre las orgías de algunos policías y políticos o empresarios con cargo a la autoridad inmoral de los más fuertes y a la indefensión vergonzosa de los más débiles. Prostitutas. Menores. Sin papeles. O todo a la vez. Tanto en la Playa de Palma, como en Calviá, hay que hacer una limpieza tan ejemplar como higiénica.
 

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martes, mayo 12

Pablo y Albert


La Telaraña en El Mundo.
 
 
 Lo primero es situarse en las plácidas horas lentas de la noche en casa. La cena rápida de los niños: mañana aún hay cole si la huelga de la casta docente lo permite. En el mullido sofá virtual del espectáculo, que es una composición de lugar, un rebuscado plató televisivo con cámaras, acción, pocas luces y muchísimos efectos especiales, están sentados los hologramas de los líderes de Podemos y Ciudadanos; ellos no están, pero no importa. Esto es un juego litúrgico, un ejercicio de estilo donde lo que vale es enfrentar sus inmaculados perfiles estratégicos. Quizá, también, su aparente falta de hervor o su apetecible lógica suicida.
  De ambos se nos ofrece, sobre todo, su metódica y esforzada sonrisa, la que encandile a más gente aturdida o absorta, asombrada, abúlica, indignada o simplemente crítica con un discurso político que, cada vez, sostiene menos y peor la realidad que debiera arrullar y no arrulla. Será que no puede.
  A esos dos jovencitos relativos y treintañeros, Pablo Iglesias y Albert Rivera, uno los mira sin apenas ver casi nada. Parece mentira que ambos, con un discurso tan retórico y blandito, se hayan convertido, al parecer, en los personajes claves de un futuro político que se presagia convulso. Con tantas balas de fogueo, la realidad (o su parodia televisiva, su reflejo clónico en las redes sociales) se despereza para volver, enseguida, a la somnolencia. Es lo que tiene viajar hacia el futuro en un mullido sofá al que le chirrían los muelles y también las tripas. No hay viaje. No sé si hay futuro.

 

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viernes, mayo 8

Adán y Eva


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé si es algo común o sólo muy mío. Con los años, las pequeñas o grandes fobias y filias que reconocemos padecer y, sobre todo, haber padecido, parecen ir perdiendo peso y también entidad; se desdibujan y diluyen hasta convertirse en casi lo mismo. Sucede, pues, que acaba prevaleciendo, poco a poco, el principio de la terca realidad sobre el del fulgurante, volátil deseo y uno empieza a saberse situado en un mirador inverosímil y vertiginoso, en un balcón o puente colgante con las mejores vistas subjetivas del universo. Su espectáculo, no obstante, nos sobrecoge o aburre sin que sepamos muy bien por qué. Ni cómo.
 Miramos al mundo y se nos escapa, ahora, un indisimulable bostezo. Volvemos a mirar y, aunque nada haya cambiado, ahora la emoción nos desborda. Hablamos (o callamos) al margen de que casi nadie nos escuche, porque nosotros tampoco escuchamos a casi nadie y sólo pretendemos, tal vez, cumplir alguna que otra orden invencible que nos nace muy adentro, en algún lugar tan poderoso que no la podemos ignorar ni contradecir.
 Mientras tanto, leo que Adán y Eva han muerto. Eva, abatida y Adán, asfixiado, quizá. Son dos chimpancés. Dos antepasados escandalosamente próximos en la escala genética. Ellos también se descolgaron del viejo árbol bíblico del conocimiento del bien y el mal. Ellos tampoco recuerdan el lugar exacto donde la fruta prohibida nos abocó al hambre, la emoción o la abulia. A la pasión que nos hace semejantes, pero no iguales. Al miedo que nos convierte en asesinos y que, a la vez, nos asesina.

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martes, mayo 5

El disputado voto


La Telaraña en El Mundo.
 
 Si se confirma la dispersión general del voto, que presagian las encuestas, no es absurdo concluir que todos los partidos políticos de las islas (salvo UPyD, porque su antiguo líder, en el penúltimo momento, prefirió dimitir y dedicarse a la gloriosa complejidad estratégica del criquet o a los revolcones lingüísticos, en fin, de la filosofía pangermánica; y no sé si hizo bien o mal, ni me importa) tienen alguna que otra posibilidad de llegar, aunque sea por la vía interpuesta de los pactos y las componendas, las renuncias y las usurpaciones, a gobernar. O a disputar, al menos, su parcial, pero jugosa, subasta de cargos, su espejismo burocrático de vencedores y vencidos.
 Gobernar, ya se sabe, es tan sólo un pretencioso eufemismo dialéctico de otras muchas labores que no se citan, pero se sobrentienden, como son repartir y repartirse, a la vez, el pastel monstruoso, pero escaso, del dinero público y moldear, lo más ideológicamente que se pueda, el cada vez más globalizado (y sin embargo, uniforme: uniformado) espectro social de la existencia.
 La vida no avanza, me temo, hacia donde quisiéramos (sobre todo, si fuésemos capaces de formular correctamente ese deseo) sino hacia no sabemos dónde, porque tan sólo alcanzamos a seguirla de lejos y con la mirada. Nuestro tiempo es tan limitado e insuficiente que lo único que nos puede consolar, tal vez, es proyectar esa trayectoria desconocida en algún lugar remoto de nuestro cerebro y esperar que ahí nos podamos, algún día, reunir con el mundo. Y con nosotros mismos, claro.
 

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viernes, mayo 1

Catástrofes


La Telaraña en El Mundo.
 
 En no pocas ocasiones, observamos el lienzo ensangrentado y siempre vertiginoso de las numerosas tragedias que ocurren (y por cierto, no cesan) sin saber si el espectáculo del horror nos alcanza de lleno o si sólo nos roza. ¿Hasta dónde somos privilegiados espectadores y sólo eso? ¿Seremos capaces de subir al escenario cuando llegue la hora y alguien, quizá el destino o el azar, nos llame? No es fácil, en efecto, responder a este tipo de preguntas. No siempre nos será posible cuantificar un dolor aparentemente ajeno y quizá exótico y convertirlo, de alguna forma más o menos honesta, en una herida abierta en el propio costado. Cómo duele. O debería.
 Con todo, me da que lo único capaz de mudarnos la inexpresiva faz del mundo en convulsión y en agonía es añadirle algún que otro matiz de verosimilitud, un aire menos aleatorio y más reconocible, cercano, familiar. Será por eso, tal vez, que una tragedia obviamente menor (pero grave) como la del ferry «Sorrento», a muy pocas millas de nuestro presente y a menos, aún, de nuestro pasado, nos afecta incluso más que la devastación monstruosa e indescifrable en el lejano Nepal.
 Parece, pues, que los sentimientos se nos pegan como lapas a la piel y tiritan. Nos ponemos, entonces, su musculoso abrigo de frío y salimos a las calles a pasear tan desnudos y tan desvalidos que se nos trasparentan el hueso, el callo y hasta la vieja médula que da en sostenernos, una vez y otra, incluso cuando ya nos hemos caído y toca, cómo no, volver a intentar levantarse. Cuesta, pero no hay otra.

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martes, abril 28

El ombligo de los limbos


La Telaraña en El Mundo.

 Puede que lo intuyamos sin acabar de entenderlo. Vivimos al filo de una enorme burbuja que puede (y suele) explotar de vez en cuando. Así, por ejemplo, en mayo de 2010 un hombre, desde la soledad de su modesto adosado en los suburbios de Londres, empezó a colocar, mediante un programa informático de su cosecha, órdenes falsas en el mercado de Wall Street hasta provocar, en tan sólo cinco minutos, un cataclismo en la Bolsa de algo así como medio billón de dólares. No es mucho ni es poco, es sólo un síntoma.
 El imprudente pirata informático y ladrón de cuello blanco se llama Navinder Singh Sarao y es sólo una prueba viviente más (otra, aunque su futuro pinte entre rejas) de que la economía universal es como un viaje al limbo y a ninguna parte, un caligrama espantado de Mallarmé o Larrea, por ejemplo, coronado por un par de versos o exabruptos ilegibles de Antonin Artaud. Una especie de golpe de dados sísmico ordenado por un dios ebrio entre los sueños más profundos de los hombres. Nos cuesta muy mucho, al despertar, saber con exactitud qué cifras, cuáles, son las que nos definen y delimitan en este instante de aquí y ahora o de siempre.
 Voy, pues, de las abstracciones a las anécdotas y viceversa. Busco al azar de Google y me son devueltas algunas frases de Artaud que ya ni recordaba. Por ejemplo: «Allí donde unos exponen su obra, yo sólo pretendo mostrar mi espíritu». O «Toda escritura es una cochinada». Hay algo en esta escatología literaria que me reconcilia, a la vez, conmigo mismo y con el mundo. O sea, nosotros.

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viernes, abril 24

Las tablas de la OCB


La Telaraña en El Mundo.
 
 Parece que la Obra Cultural Balear se cree con derecho a algo más que voz y voto en el pozo mayúsculo y sin fondo de la política isleña. Les gusta enfocar la realidad con sus maltrechos prismáticos y exhibirnos sus alucinaciones como si sólo existiera el lodazal en el que viven, esa tullida caricatura de bochornosos intereses, ese empacho ideológico de países, más que imaginados, imaginarios, esa sonrisa cínica que cabalga gracias a la lluvia de comisiones y aranceles, sin olvidarnos de la inercia ancestral de quienes renegaron de sus singularidades históricas y culturales en aras del sol que más calienta. O así.
 No es de extrañar, pues, que la OCB demande a los partidos políticos que se posicionen, con vistas a las elecciones, sobre su abrasivo decálogo de compromisos lingüísticos. Hay que filtrar la voluntad política al hilo purificador de la sumisión a las sagradas tablas de la Ley de Normalización. Es decir, la institucionalización del catalán en todos los órdenes sociales.
 Así las cosas, es revelador que haya sido el PSIB de Francina Armengol el primer partido en firmar las tesis de la OCB. De Armengol ya se sabe lo que hay y, sobre todo, lo que no hay. Muy pronto, no obstante, otros vendrán a sumarse a la pira del fallido trilingüismo de Bauzá frente al monolingüismo identitario. Seguro que Més, PI, las marcas blancas de Podemos y hasta algunas facciones descarriadas del PP firmarán (o firmarían) muy a gusto. Sólo hay que atender, pues, y con no poca atención, a los que no firmen bajo ningún concepto. Ánimo.
 

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martes, abril 21

Larvas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Diríase, por desgracia, que la humanidad es una mala mezcla de gente con horribles monos naranjas y verdugos con aire marcial, dagas, puñales y capuchas negras. Los monos naranjas, en ocasiones, se transforman en harapos hechos trizas, en piel requemada al sol, en puro naufragio de sal y muerte anunciada frente a las costas, siempre lejanas y quizá ficticias, de la libertad o de sus sucedáneos. A su alrededor, los tiburones presienten la carnaza fresca y se arremolinan; hacen rechinar sus dientes, sus puños de metal o sus guantes blancos, blanquísimos, como parásitos en plena orgía de los sentidos, como buitres de una fe caníbal que sólo da en devorar la fe ajena y así hacerse fuerte.
 Observo el universo y casi que quisiera saltar del tren en llamas hacia ninguna parte; pero fuera del tren no parece haber ningún lugar exacto donde cobijarse, ningún claro de luz entre la humareda y las brasas donde reunirse, al fin, consigo mismos, ningún remanso donde dormir un breve sueño que no sea, necesariamente, el último. Mal lugar, también, ese lugar que no existe o que sólo nos vale como epitafio.
 Habría, pues, que huir por igual de las lápidas y de las sogas. De los puños de metal como de los guantes blancos, blanquísimos. Evitar el mercadillo infecto de los dioses menores y su dolorosa usura; su decrepitud de larvas que sólo pueden convertirse en monstruos, en lluvia torrencial y tóxica sobre las urbes donde, una vez, el hombre acertó a pensar y ya sólo balbucea cualquiera de sus múltiples y variadas ideologías de muerte.

 
 

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viernes, abril 17

El encierro electoral


La Telaraña en El Mundo.

 Resulta que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se asustó de veras, aunque sólo le llovieran los inofensivos confetis y las octavillas, quizá, de la ira, cuando una joven activista alemana se le subió de un salto a las barbas esquilmadas de los balances, al filo gélido de los saldos inverosímiles y las básculas manipuladas por el déficit de los grandes números frente a la debacle doméstica de los números pequeñitos, los guarismos mínimos del día a día, las cuentas sin acabar de cuadrar en la ruidosa alcancía de los trabajos y las horas.
 Parece, en fin, que nos gustan mucho estos simbólicos sobresaltos por lo que tienen, quizá, de ejemplares y, a la vez, de inútiles. Nos gustan por lo que quieren demostrar (aunque no sé si lo demuestran, pero ese es otro tema) de ética y de impaciencia; de joven voluntad humana decidida a enfrentarse al viejo fatalismo que encarnan los que parecen mover los hilos invisibles del poder, la economía sonámbula de los pueblos, el plan anual y malcarado de la miseria.
 Salto de la mesa de Draghi al balcón de esta especie de San Fermín, con las reses tullidas y los pitones recortados, que son las próximas elecciones del 24 de mayo. Aquí el encierro transcurre entre el viaje descontrolado de los tránsfugas (en busca de alguna lista en alguna marca blanca donde medrar, al fin) y el trote cochinero de los cabestros de siempre. Creo que no me va a quedar más remedio que seguir corriendo hasta la inalcanzable plaza de mis sueños. O hasta el mismísimo matadero y más allá, aún.

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martes, abril 14

Voluntad de poder


La Telaraña en El Mundo.
 
 Decido ponerme al día en los penúltimos escarceos tecnológicos (por así llamarlos) del cine compartido en la red y me encuentro, de la mano inocente de algunos comentarios en la prensa generalista, con Wovie.tv y Popcorn Time. Se trata de una web bastante surtida y de un programa de código tan abierto como dudoso. Nada nuevo bajo el sol, salvo las ganas o la necesidad de seguir burlando el arco de las taquillas y el sudoroso hedor de las palomitas de maíz en los apretados multicines de hoy en día. Quizá el cine ya no sea lo que era, porque casi todos los estrenos se me antojan de una vulgaridad aplastante.
 Pero tampoco la política es lo que era. O lo que debería ser y no fue nunca. Me resultan vulgares (y hasta insultantes) las fugas masivas de personal más o menos cualificado que se producen en los partidos señalados por el descalabro electoral en las tablas de la ley que, en la actualidad, son las encuestas. Aquí el éxito o el fracaso son un voluble estado de ánimo y una obsesiva voluntad de poder; un abismo que se abre para unos y se cierra para otros sin más solución a la vista que la abolición o el arribismo.
 Las elecciones se aproximan no sé si a paso marcial o de vértigo. El espacio alrededor del PP y el PSOE va a ser ocupado por las catervas y legiones de Podemos y Ciudadanos. Por las múltiples marcas blancas de una izquierda sin más referentes que algunas dictaduras más o menos enloquecidas y la enésima refundación de una derecha que no acaba de sentirse conforme, ay, consigo misma y con sus circunstancias.

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viernes, abril 10

La defunción de UPyD


La Telaraña en El Mundo.
 
 Voy leyendo los múltiples partes de defunción de UPyD y no puedo sino quedarme pensativo. ¿Cómo es posible? Tengo (o he tenido) amigos en esa formación. Gente que ha merecido, alguna que otra vez, mi voto y a la que podría volver a votar sin mayores reparos o remordimientos. Es cierto, eso sí, que Rosa Díez (tan ambarina y angulosa, ella) nunca me ha gustado, pero tampoco le veo al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, un porte o bagaje mucho mejor. Será que ya ha llovido desde aquel desnudo suyo en los carteles de una Cataluña que siempre prefirió el rococó nacionalista al minimalismo exento y, quizá, inmaculado.
 Conviene que aclare, no obstante, que mi voto no vale nada; mi sentido práctico de la realidad es nulo y no creo en ninguno de los dogmas que los partidos políticos esgrimen al llamarnos a urnas. La verdad es que ni la economía ni la sociología (como tampoco sus variantes dialécticas y ontológicas, televisivas, de género o sexo y hasta zoológicas) me importan un comino. Estoy seguro que mi amigo (de Facebook, al menos) y cabeza visible de UPyD en Baleares, Johannes A. Von Horrach sabrá entenderlo.
 Lo que no creo que nadie entienda es que el trabajo de años, de repente, no valga para nada y Ciudadanos venga a sustituir a UPyD sin más razones que el caprichoso azar de un sarpullido mediático. Es por eso (entre otras cosas) que siempre miento cuando al salir de los colegios electorales me interrogan sobre el tacto rugoso de la papeleta de mis sueños. Esa papeleta no existe. Lo sé y lo saben ustedes. O eso creo.

 

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martes, abril 7

Mercaderes y artistas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Suelo entrar en la Lonja igual que en un museo o un templo. Con cierto asombro y expectación. Como frotándome los ojos para que las imágenes se multipliquen y la mirada se me pierda por entre las ojivas góticas del cielo, las nubes de piedra y el aire a cónclave de mercaderes, a subasta de sudor y huesos. Ahí la humanidad intercambió sus dones y provocó, quizá, la ira de los más justos. Pero hace tiempo que ya no me recuerdo esa indignación en la sien, ese avivamiento interior, esa ebullición en el arco curvo y tenso, sostenido, de las palabras. Es una lástima, lo sé.
 Pero entro en la Lonja y me encuentro con una exposición (o instalación o lo que sea) de Rebecca Horn. Midiendo el cielo desde el fondo de un pozo. O “Glowing Core”. O unos espejos superpuestos. Varias calaveras deshabitadas. La vaga presencia teórica de Ramon Llull o de quien se quiera, en fin, sacar del sepulcro para dejar que se pudra al devenir de la tertulia, la representación o el artificio. Los muertos exquisitos siempre le dieron mucho juego al arte. O así.
 Pero vuelvo a entrar en la Lonja y me asomo a los pozos sin fondo no sé si del cielo, la tierra o de mí mismo y mido las distancias como quien se contempla sin verse y sabe que en los espejos no hay más ni menos que la propia vanidad; y sonrío o me aflijo con que el IEB se gaste, me dicen, veinte mil euros en esto y el cero metafísico del arte nos ocupe la Lonja durante seis meses como si la sangre se nos detuviera en las venas y a ver qué dice, entonces, nuestro maltrecho corazón. ¿Qué dice?
 

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