LA TELARAÑA

martes, febrero 9

La tormenta perfecta


La Telaraña en El Mundo.
 

 Blanco y dorado o azul y negro. Así se veía, según quien mirara, el mismo vestido en el carnavalesco escaparate de las redes sociales de hace un año. Pero ese vestido y esa anécdota, en concreto, ya están olvidados. Otros juegos visuales han ocupado su trono. Otra sucesión de malentendidos. No importa, ahora, si la controversia actual trata sobre la mala baba de unos titiriteros en busca de un público inverosímil o si lo que se discute es el sabor de una ensalada de siglas políticas sin más obligación que alcanzar el gobierno sin perder del todo la propia personalidad. No es fácil ser, a la vez, flexible e irrompible como un junco.
 El tema es que la realidad prende en la retina de cada uno sin que veamos lo mismo. ¿Deberíamos verlo? No estoy seguro. Puede que incorporemos algunos filtros biológicos y culturales que nos diferencian, nos hacen únicos en lo accesorio y en lo esencial, que es ir de frente por la vida pese a los malos humos, la asfixia, la crisis que no acaba de remontar y que amenaza con empeorar y eternizarse.
 Por eso no me preocupa no entender absolutamente nada de la gente que ha salido de las cloacas reparadoras y justicieras del 15M y que ha tomado, por asalto democrático, el poder en las grandes ciudades. Incluso en Palma, aunque sea desde la sombra. Me da que son el fruto bíblico de una corrupción y decadencia absolutas. Me da que son la pesadilla, la tormenta perfecta de una razón colectiva que, poco a poco, va perdiendo su identidad y hasta su discurso. Y sin discurso no hay vida.

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viernes, febrero 5

Mutantes

La Telaraña en El Mundo.

 Repaso los titulares sobre el virus del Zika, como quien mira un enorme paisaje -quizá un poema de Mallarmé, cuando lo que vuelve a estar de moda es la cínica provocación del dadaísmo, cien años después- para deslindar el todo de las partes. El río de la mano abierta, caligráfica, de los afluentes. La tierra, en llamas, de los desiertos del fuego, la boca seca y los espejismos. El arte y la cultura, sobre todo, de la opresión territorial y lingüística. La convivencia, en fin, de la plaga de los totalitarismos.

 Parece que el problema no es el virus en sí, sino la mutación que le rodea. Nos rodea a todos. Nos penetra. Hace calor cuando no debiera. O hace frío. Y todo lo bueno y lo malo viajan, juntos, a la velocidad de la luz, el tren o el avión, el vértigo. Hoy transito una utopía o unas sombras letales, escapo de un intento de linchamiento en alguna red social y busco, en el paisaje de todos, ese espacio virgen, desubicado, desconectado, donde tanto me gustaría estar y, sin embargo, no estoy. No estamos. No hay nadie en ese sitio.

 Pero mutamos, en efecto. Leo que en Francia han identificado a unos ocho mil radicales que ahora apoyan el yihadismo, cuando hace poco no eran ni la mitad, y pienso en el mal que anida en la pobreza y la ignorancia, la falta de oportunidades. Salgo a las calles de Palma y me pregunto cuántos de mis vecinos son, ahora, partidarios de la extraña mezcla de populismo y nacionalismo con que nos vamos convirtiendo en otra cosa. Siempre en otra. Hermosos mutantes, perfectos. Retóricos.

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martes, febrero 2

El desencanto


 
La Telaraña en El Mundo.
 
 Venimos de las tinieblas del pasado y puede que nos aguarden las del futuro. Mientras tanto, sentimos la ficción de la luz (y la deslumbrante promesa de las luces) en el único marco del que podemos dar fe: el escurridizo presente, ese resplandor que parpadea y crepita como el fuego sobre la cera, como la vida a través de los años, el vaivén de las ideas o el seductor naufragio con que nos recibe la tierra al nacer o nos despedirá, seguramente, al morir. Todo es dulce y, a la vez, siniestro.
 Así viajamos en la barcaza de la vida. Desde el embarcadero de una promesa y una ilusión, que creíamos invencibles, hasta dejarnos la piel en los arrecifes de un fracaso anunciado o de una penúltima quimera, según el optimismo y la fe, el humor de cada uno. Así toma cuerpo el viaje y nos convertimos en los refugiados que nunca dejaremos de ser. Visitaremos la arena de todos los naufragios.
 En uno de esos arenales de sudor y sangre o risa y llanto, en sus acequias repletas de tristeza y esperanza, andamos ahora. Andamos de naufragio como de compras por los pasillos vacíos de unos almacenes donde no hay forma de satisfacer ningún deseo, de paliar ninguna necesidad, de solucionar ningún problema. Estamos sin gobierno y sin brújula. Rodeados de sombras y alimañas que rugen. Puede que claree la hora terrible del alba, la hora crucial de hacerlo (o deshacerlo) todo. Pero me debo a una quietud antigua y a cierto pesimismo del que ya no sé desprenderme. Me conformo, pues, con observar el desastre y mecerme en el desencanto.

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viernes, enero 29

Basado en hechos reales


La Telaraña en El Mundo.
 
 Suelo decirle a mi mujer, medio en broma, que la mayoría de las películas que echan por televisión tratan de sicópatas. Me refiero, sobre todo, a esos telefilmes que repiten el peor de los guiones, el de una pareja en crisis, un hombre o una mujer infieles o una adolescente sometida a algún que otro tipo de acoso más o menos virtual, para acabar convirtiendo la acción en una enloquecida comedia bufa en la que nada es lo que parece y todo acaba siendo una burda parodia. Lo grave de estas ficciones es que suelen empezar con una fatal leyenda: se dicen basadas en hechos reales.

 Esto es lo que más me preocupa. No de los telefilmes, que sólo cumplen con su misión de rellenar el vacío de algunas horas, sino de la realidad, ese lugar y ese tiempo, tan escurridizos ambos, en que vivimos. Me preocupa que lo que intentamos hacer correctamente se nos acabe yendo por el sumidero general de una sociedad que igual no da para más que para el ridículo asesinato, por ejemplo, de Joaquin Phoenix en la última de Woody Allen. La razón, incluso la más filosófica, da para discursos así de endebles; y también para peores. Sin duda.
 Este es el instante, quizá, en el que me tendría que poner a hablar de Laura Camargo, su pin morado, y su terrible discurso equiparando la violencia machista con la discriminación del catalán respecto al castellano. Podría, pero no. No puedo competir con la inercia de unos tiempos que prefieren, al parecer, arrinconar la realidad y dedicarse a construir, en su lugar, una estúpida ficción tras otra.


 

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martes, enero 26

El laberinto de los días

La Telaraña en El Mundo.
 

 No tiene por qué ser algo necesariamente negativo, pero a algunos políticos se les nota más que a otros cuánto les gusta el poder. En ellos, la vieja voluntad de poder nietzscheana se convierte en una imperiosa comezón interior, una urgente necesidad física que sólo se calma cuando logran poseer el cetro de mando y ponerle, en fin, su propio rostro a la moneda mordida del gobierno de los días. Se olvidan, entonces, de las sudorosas timbas de los pactos o del inverosímil cénit surrealista de la vanidad. Desde arriba no se ve el mundo como desde el yermo erial donde parece pacer la manada. ¿Es así?
 Pienso, por ejemplo, en Francina Armengol y Pedro Sánchez. Ambos han llevado al partido socialista, cada uno en su respectivo ámbito, a los mayores descalabros electorales de la democracia. No obstante, Armengol supo pactar con quien le hizo falta para alcanzar el gobierno de las islas y Sánchez, si desde su propio entorno no lo remedian, puede acabar siendo presidente del gobierno de España. Suena raro, pero se dice pronto.
 Llegados a este punto, sólo nos queda hacer balance y mirar alrededor como a ninguna parte. La corrupción general y sistemática de los dos grandes partidos nacionales y, sobre todo, la crisis financiera y económica, la debacle global en que seguimos inmersos, nos han conducido al interior de un extraño laberinto del que sólo podemos intuir que las puertas de entrada son, también, las de salida. No hay otras. Habrá, pues, que desandar el camino y hacerlo todo al revés de cómo se hizo. O así.

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viernes, enero 22

La guerra y los premios

 

La Telaraña en El Mundo.
 
 El miércoles por la noche me quedé sin saber si la versión que emitió La 2 de "Las largas vacaciones del 36" -el film de Jaime Camino que se estrenó en 1976- incluía la censurada escena final de un batallón de soldados de origen magrebí, los llamados moros, asaltando un pequeño pueblo catalán. No sé qué me pasó. No sé si me dormí o si me fui al baño en el peor de los momentos, pero lo cierto es que cuando quise darme cuenta la película se había acabado. Estos lapsus tienen, hoy en día, fácil arreglo; pero lo primero es asumir que no siempre hacemos lo que deseamos o prevemos, lo que de verdad nos importa.
 Había en esas largas vacaciones la proyección de un miedo y un rencor antiguos, una inocencia echada a perder y el rumor tullido de una guerra fratricida que convertía a todos en víctimas y también en verdugos, traidores y delatores, payasos o mártires, héroes improvisados en mitad de una tragedia, que no deseamos revivir, pero quién sabe.
 Unas horas antes vi que en IB3 le daban bombo y platillo a los Premios Ciudad de Palma. O así. Resulta que el «Sant Sebastià Literari», que estos años pasados se celebraba en las catacumbas culturales de Can Alcover, ahora se celebra en el Teatro Principal. Ni lo grotesco de José Hila confesándonos su intención de convertir el viejo edificio de GESA en una especie de nuevo Faro de Alejandría ni toda la parafernalia sectaria, cavernícola e intolerante de la OCB, el Pen Català o la Institució de les Lletres Catalanes impedirán que felicite a los ganadores. Enhorabuena.



 

 

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martes, enero 19

La realidad

La Telaraña en El Mundo.

 Quizá la realidad sea como es y no, definitivamente, como queremos o nos gustaría que fuera. O puede, también, que tendamos a llamar realidad a lo que sólo es una mezcla de cuanto vemos y creemos ver, un espejismo bastante gamberro de la razón o la voluntad, una interpretación que dice mucho más de nosotros que del mundo enorme, complejo y repleto de matices, que intentamos, de continuo, aprehender. Con no demasiado éxito, por desgracia.

 Pasa que todo lo que nos rodea, el mundo, la realidad, la extraña materia donde intercambiamos tantas cosas y proyectamos todo cuanto somos o creemos ser, ha cambiado mucho de aspecto. Recibimos información desde cualquier parte del universo. Nos relacionamos con gente a la que no conoceremos jamás. Con personas que, tal vez, ni existen, salvo en exclusiva para nosotros o nuestra fantasía, nuestra debacle de la pasión o los sentidos. Quizá de la inteligencia.

 Resulta que hace tan sólo unos veinte años no teníamos Internet. No existían las redes sociales. Ni la Wikipedia, que ha cumplido quince años. No teníamos móvil ni puñetera falta que nos hacía. Yo escribía mis columnas en pesados folios blancos con una ruidosa Olivetti y los llevaba al periódico en mano. Pero, pese a las apariencias, la realidad de las cosas de ahora es similar a la de entonces. Su íntima razón de ser y hasta el balbuceante discurso que lo sostiene todo son exactamente los mismos, ahora, que antes. Igual de enigmáticos e indescifrables. Igual de seductora, nuestra inquisitiva ignorancia de siempre.

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viernes, enero 15

La cuesta de enero


La Telaraña en El Mundo.

 De repente, uno mira con desaliento y no poca curiosidad el frágil calendario de los días y cae en la cuenta de que ya estamos transitando una nueva cuesta de enero, con sus rampas infernales y sus falsos descansillos, sus precarios miradores desangelados y fuliginosos, sus vistas incomparables al abismo, su rosario interminable de perlas, como curvas negras y redondas, como alfileres de hueso y carne, como voluminosas lágrimas, tal vez, de grueso metal líquido y ardiente.
 Quiero decir, en fin, que con la llegada del nuevo año (tan recién nacido que anda entre pucheros y pañales) aún no he sido capaz de hacerle balance alguno al año anterior ni de poner en orden la acostumbrada ristra de proyectos con la que comienza cada nuevo año. Incluso éste, que asoma remolón y díscolo, complejo y apasionante, capcioso, teatral y hasta enloquecido. Buen ejemplo de cómo intentamos progresar sin ni siquiera movernos o, peor aún, sin tener la más remota idea de hacia dónde queremos ir. O de hacia dónde nos llevan.
 Supongo que todo este desconcierto inicial mío tiene mucho que ver, por no hablar de los decretazos de Armengol según le va soplando Podemos, con haber sido testigo de las esperpénticas constituciones de los parlamentos de Cataluña y España. Todas estas parodias, sin embargo, durarán muy poco, porque no se puede gobernar un país desde la dictadura coral de los platós televisivos y las redes sociales. El año no empieza, pues, como debiera, con un tierno vagido, sino con un largo e insoportable chirrido.

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martes, enero 12

La estrella negra

La Telaraña en El Mundo.
 

 Busco en los cielos alguna señal de optimismo, pero no la encuentro. Me llega, sin avisar, la noticia fulminante de la muerte de David Bowie y presiento el peso vertiginoso de las lágrimas. En la sien, en el pecho. Dejo que Blackstar, su último disco, me invada con su estrella negra, su jazz o su rock lascivamente entremezclados, su tono perseverante y crepuscular. Su íntima voluntad de perderlo todo y entregarlo, al fin, sin renunciar a nada.
 Pero de música entiendo poco. O nada. Tarareo los compases de mi vida y pierdo el hilo y hasta se me escapa la melodía. Su sentido. Su sinsentido. Danzo inmóvil, mientras me derrumbo y busco cobijo entre mis recuerdos como entre metáforas. Me sé, pues, un poco más huérfano que de costumbre, pero no importa. En esa banda sonora que siempre acaba siendo la vida, fui tantas veces feliz como fui desgraciado. Rectifico ahora que puedo. Nunca he sido desgraciado y nunca creí ser feliz del todo. Creo que hice bien.
 Ahora sigo buscando en los cielos alguna señal de optimismo, pero no la encuentro. Parpadea una estrella negra, quizá Ziggy Stardust regresando, como si fuera Lazarus, de entre los muertos. Hay un país en llamas, éste, un país a trozos y con varios nombres y múltiples conexiones sentimentales, Mallorca, Baleares, Valencia o Cataluña, España y también Europa, por ejemplo, y hay también un cielo de todos, un cielo cuajado de amenazas, un cielo absolutamente vacío donde, sin embargo, la vida y la muerte no hacen otra cosa que seducirnos, alternativa y fatalmente.

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viernes, enero 8

Un video porno

La Telaraña en El Mundo.
 
 Sólo tardé unos minutos en encontrar el polémico video de un alumno del IES Josep Maria Llompart que ha sido, a la vez, premiado por su profesora con un sobresaliente y vilipendiado por unas treinta mil personas que son las que, a día de hoy, ya han firmado en Hazteoir.org una carta al Conseller de Educación, Martí March, para que le aclare a la alucinada profesora que una cosa es el arte y otra la provocación hormonal. El video se titula "Yo soy maricón" y trata de eso. Obviamente.
 Con todo, hilar fino tiene sus servidumbres. Dos veces me tuve que tragar el videoclip de marras. La primera, para saber de qué iba. La segunda, porque no podía creerme que alguien fuese capaz de filmar algo tan repulsivo, superficial y chabacano. En efecto, chabacano rima con cristiano que, a su vez, rima con ano. Ya se me está pegando el estribillo.
 Aun así, no escandaliza quien quiere. Me alegra que el obispo de Mallorca (un hombre normal, con líos más o menos platónicos de faldas, pero no de faldillas) no haya, de momento, dicho esta boca es mía ante lo que no pasa de ser el video porno gay de un aprendiz de "Drag Queen" con muchísimas ganas de dar la nota. Pero aquí la nota la da un sistema educativo que confunde el culo con las témporas y la libertad de expresión con la tendenciosidad ideológica, la ofensa gratuita, rimada y soez. Mientras tanto, habrá que esperar a que al alumno le crezcan los pechos para poder tomarnos en serio sus contorsiones. También le aconsejaríamos, por favor, que se depile el culo. De nada.

 

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martes, enero 5

Las pancartas de Barceló


 
La Telaraña en El Mundo.
 
 Al Círculo Balear no le parece bien que Biel Barceló se manifieste, pancarta independentista en mano, con quienes desean cambiar el orden actual de las cosas hasta dejarlas, quizá, del todo irreconocibles. O hechas, en fin, unos zorros. Con quienes suelen acabar sus manifestaciones, tal y como ocurrió el treinta y uno en Palma, quemando alguna que otra bandera española. Con quienes apuestan por los países catalanes. Esa quimera o ese delirio.
 El Círculo Balear pide su dimisión porque no aprueba que un miembro destacadísimo del gobierno de las islas vaya de farra pancartera y pirómana con lo más granado de los antisistema locales, con ese grupito de gente, no sé si ciega o si visionaria, que no para de transmitir, con enorme fe y no menor entusiasmo, las directrices estratégicas del siempre persuasivo pancatalanismo político.
 Yo no sé si Barceló tiene derecho a exhibir, así, sus filias y fobias. Quiero pensar que todo un vicepresidente del gobierno es alguien muy integrado en la sociedad en que vive; que no es, en definitiva, un personaje políticamente alternativo o un antisistema de manual. Nada de eso. Pasa, sin embargo, que vivimos tiempos confusos en que se puede formar parte, incluso ejecutiva, de cierto tipo de Estado y dedicarse, en realidad, a intentar apuntalar proyectos alternativos, sociedades con nuevas banderas y dioses, con nuevos héroes mitológicos y leyendas en el frontispicio marmóreo de los sueños, las aberraciones y las pesadillas. La incurable insatisfacción colectiva de costumbre.

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martes, diciembre 29

Voluntad de poder


La Telaraña en El Mundo.

 Transcurre la Navidad entre un soporífero murmullo de rumores. Aun así, hemos sobrevivido a la primera parte de las fiestas con el ánimo disperso y casi que resignado. No es poco, porque no hay reunión a manteles que no incluya varios diagnósticos más o menos sombríos sobre el futuro que se nos viene encima, con su filo crispado y su perfil a vía muerta, a camino de no retorno, a corredor sin más salida que la repetición ciclotímica de los comicios electorales ante la imposibilidad, no sólo física, sino metafísica, de cuadrar una mayoría de consenso, aunque sea a regañadientes, por empatía o sentido común, por afición al juego o al riesgo, quizá por España.
 En el ruedo, mientras tanto, Pablo Iglesias le está poniendo con maestría estratégica el capote carmesí a Pedro Sánchez para que (si Susana Díaz se lo permite) se constriña, ruja y se encabrone, para que recule y piafe sobre la arena tullida, para que embista finalmente al vacío, al espejismo del poder, a la reparación de la derrota electoral por la vía rápida, pero suicida, de Fausto.
 Cuando la ideología estorba, siempre resta el oportuno pragmatismo. Así lo entendió nuestra presidenta, Francina Armengol; ahora sostenida, junto a su corte ecosoberanista, por una leve inercia en mitad de una nube de conceptos inútiles, el espacio y el tiempo amazacotados, el humo vertiginoso y poco edificante de la voluntad de poder girando, enloquecido, como si fuera un imparable tornado sin llegar a ser otra cosa que una infantil peonza. En manos ajenas, claro.


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martes, diciembre 22

La hora del diálogo

La Telaraña en El Mundo.
 
 Nada debiera ser ingobernable, si hay voluntad de gobierno. Con todo, puede que la realidad tienda a la ficción y que la ficción, a su vez, sólo exista para buscar una realidad donde plasmarse. Puede que cualquiera le valga o puede que no. Es en este juego de espejismos (y hasta quizá de tronos) en el que nos hallamos ahora: la España de las redes sociales y las sulfúricas tertulias ha extendido los sudorosos y mendicantes platós televisivos hasta los no menos sudorosos y mendicantes escaños del Parlamento. Ahí es nada.
 Entre tanto, y ante el fracaso de la aritmética y el desapego que le tenemos a las matemáticas superiores, se nos informa que hemos liquidado el bipartidismo, ese anacrónico sistema en el que siempre ganaba un partido y perdía otro, para sustituirlo por un sistema en el que todos los partidos pierden, porque ninguno, al parecer, va a poder gobernar. Ni en sueños.
 Así las cosas, lo único que está claro es que avanzamos y no poco. De una política a dos bandas claramente definidas hemos pasado, en un abrir y cerrar de urnas, a una auténtica desbandada general; de una realidad y una ficción sólidas e identificables (al menos, en el interior del gran artificio dialéctico en que vivimos) hemos pasado a una reunión vaporosa de conceptos más o menos filosóficos donde a los nuevos artistas de la democracia se les va a exigir el buen uso (y hasta el abuso) del diálogo, esa curiosa habilidad que tantos lustros llevaban sin practicar. Ahora veremos si están, o no, a la altura de las circunstancias.
 
 

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viernes, diciembre 18

Mafias

La Telaraña en El Mundo.

 Desde siempre hemos sabido que trabajar es una auténtica maldición bíblica. Un duro castigo por aquella desobediencia primera de la que no guardamos ningún recuerdo. En efecto, ya no hay árbol del conocimiento del bien y el mal bajo cuyas ramas buscar cobijo. Ya no hay paraíso al que regresar siquiera sea en la parte más inconsciente de nuestros mejores sueños. Nos queda, eso sí, atender al estruendo de las alarmas y sirenas, el aviso intermitente de los trabajos y los días, la mirada fija en esas ruedas, fieramente dentadas, con las que siempre acabamos comulgando sin darnos cuenta. Por necesidad, claro.
 Pero una cosa es asumir que hay que trabajar y otra distinta dejarse esclavizar por alguna mafia como la que estos días está siendo desmantelada en el centro mismo de Palma. A las mafias que ya conocíamos, como las de algunos partidos políticos y sus repugnantes redes clientelares en educación, cultura o sanidad, por ejemplo, se suma ahora la mafia de la restauración. Vale que son una minoría y que ni se representan a sí mismos, pero el asunto no tiene maldita la gracia.
 Uno mira alrededor y asume vivir rodeado de una infinidad de tramas muy dispares. Algunas lógicas, muchas incomprensibles. Uno mira adentro y, aunque no lo desee, se acaba reconociendo en algún aspecto de casi todas ellas. Uno cierra los ojos y comprende que toda esa nube asfixiante de corrupción y delincuencia organizada es la principal culpable de las mil y una crisis que sucesivamente nos afectan. Y nos seguirán afectando, me temo.

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martes, diciembre 15

Elecciones navideñas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Los hemos visto batirse en duelos televisivos a cuatro, a nueve, a tres y a dos bandas. Hasta de uno en uno, contra las propias limitaciones y el abismal desconocimiento de la realidad global o concreta en que vivimos. De hecho, los hemos visto sobreactuar a todas horas hasta convertir esta campaña electoral en la más superficial y fullera, quizá, de los últimos tiempos. Es lo que tiene mezclar la Navidad y las elecciones, que las manoseadas cartas de los políticos acaban cayendo en el mismo saco roto que las de Papá Noel o los Reyes Magos. Destinatario ausente o desconocido. Destino ficticio o, peor aún, inalcanzable.
 Con todo, la sensación es que, por razones de marketing y espectáculo, los líderes nacionales han eclipsado por completo a los locales. Apenas sí he visto en campaña a Isern o Socías, aunque del primero nos quede la magnífica Palma, repleta de terrazas y animación en las calles, que nos legó como alcalde y que aún sobrevive pese al actual desgobierno nacionalista. O de Hila. O de Jhardi. No sé muy bien ahora.
 A quienes sí pillé, creo que en Canal 4, fue a Juan Pedro Yllanes y a Fernando Navarro, los cabezas de lista de las llamadas formaciones emergentes, Podemos y Ciudadanos. En efecto, ambos partidos políticos emergen del mismo lodo primigenio para escapar, eso nos prometen, de la corrupción general. Me resultó curioso confrontar la verborrea desinhibida del mediático juez con el estoico semblante y la aparente timidez del candidato naranja. ¿El ruido frente a las nueces? Tal vez, sí.
 

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viernes, diciembre 11

Robocop y la libertad


La Telaraña en El Mundo.
 
 Supongo que no era posible viajar a París sin acercarse al lugar o a los lugares de la tragedia. Así lo hice, huyendo del puente más largo en España, como si fuera un turista o una víctima más. Tal vez ambas cosas. En la plaza de la República se arremolinaba la gente y se multiplicaban las coronas de flores, las velas encendidas, las banderas desgarradas u orgullosas, los poemas rotos, las fotografías silenciosas y los interminables mensajes de dolor y esperanza a los pies mismos de Marianne, la rencarnación de la madre patria francesa, y las estatuas de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad, en el epicentro simbólico, quizá, de los recientes atentados terroristas. Pero la plaza estaba tomada.
 En los alrededores, había decenas de furgones blindados y numerosas patrullas de policías rondaban la zona ataviados con unos espectaculares trajes de grueso metal oscuro, que casi parecían sacados, más que de la realidad, de la sastrería cinematográfica de la penúltima secuela de Robocop.
 Su aspecto, que acaso pretendía ser tranquilizador, me resultó terrorífico. Puede que nuestros conceptos de libertad y seguridad no acaben de ser compatibles. Aun así, París seguía siendo una fiesta. La gente ocupaba las terrazas de los bistrós mientras la policía seguía cumpliendo órdenes y el Frente Nacional de Marine Le Pen acababa de ganar la primera vuelta de las elecciones regionales de la república más civilizada sobre la tierra. La ciudad de la luz es la capital, también, de las sombras. Un crisol de contrastes.
 

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martes, diciembre 8

«No a la guerra»


La Telaraña en El Mundo.
 
 
 No me cabe la menor duda: muere demasiada gente en este mundo. Me refiero a muertes por culpa de la guerra de guerrillas que se ha eternizado en la mayor parte del planeta. O sin exageraciones, en los cinco continentes y los cinco océanos que hay sobre la Tierra. No existe, sin embargo, un único frente donde situar las coordenadas precisas de la batalla ni hay un único paisaje donde esperar el lento y desesperante recuento de las bajas. Por no haber tampoco hay un único y reconocible enemigo, sino que hay varios, que ahora parecen ser el mismo y luego resultan no serlo. Puede que ni nosotros mismos seamos siempre quienes somos.
 
 Es verdad, también, que la guerra establece extrañas, crueles conexiones. Paradojas morales absolutamente vergonzosas. Las armas que vende Occidente (y los tiranos que importa o exporta, según le conviene) regresan a casa recargadas con la peor de las municiones, con el odio inconcebible del que ya no concede otro valor a la vida que el de la eterna venganza.
 Anda buena parte de nuestra izquierda más tradicional o populista con la tentación de resucitar el «No a la guerra» entre los labios. Yo me sumo a ese No pacifista y terrenal sin ninguna reserva. Pero lo hago desde la íntima convicción de que, sin pertenecer activamente al actual Pacto Antiyihadista, no hay compromiso de paz que resista más allá de la frivolidad exhibicionista de las pancartas, el ruido de las manifestaciones o el desconocimiento suicida de cuál es nuestra cultura y quiénes nuestros auténticos aliados.

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viernes, diciembre 4

Los jardines de Marivent


La Telaraña en El Mundo.
 
 Deambulo por Palma. Bajo la luz navideña me apercibo de que se han puesto de moda los bulldogs franceses, esos perros de origen inglés, trote torpe y mirada ceñuda, pero inocua, simpática. Me los encuentro entre las precarias terrazas del Borne como si entre la geometría zen de los frondosos jardines de Marivent. La misma vivacidad, el mismo atolondramiento. Parece que el destino de esos jardines palaciegos ha obsesionado al Govern desde antes, incluso, de empezar su mandato. Pero ya se ha puesto a ello.
 Debe pensar el Govern que nos está devolviendo algo que nos había sido robado, vaya afrenta, al ofrecernos la oportunidad de visitar, al fin, los jardines de Marivent en un futuro tan próximo que casi ni nos hacemos a la idea. Que ilusión, qué lujo. Debe pensar el Govern que no tenemos nada mejor que hacer que pastorear por esos huertos reales como si fueran nuestros. O como si fueran el jardín del Edén y alguna maldición nos hubiera expulsado de su brisa marina y sus privilegiadas vistas. Pero no. En absoluto. Ese jardín nunca fue nuestro y además nos pilla muy lejos.
 Marivent tiene un largo historial de pleitos entre la Administración y los herederos de Juan de Saridakis. En realidad, no sé muy bien en qué quedó la cosa. Lo único cierto es que hasta 1988 las paredes de Marivent albergaban cuadros de Picasso, Sorolla, Zuloaga, Goya, Joaquim Mir o Camarasa, entre otros. Todo eso sí que se perdió en los tribunales y esa pérdida sí que es irreparable. Lo de los jardines debe ser tan sólo una broma.

 

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martes, diciembre 1

Rebajas y saldos


La Telaraña en El Mundo.
 
 Voy del Black Friday al Cyber Monday huyendo de las sudorosas aglomeraciones de la vida real, con los ojos como platos y alguna que otra escurridiza oferta en la diana virtual de mis propios deseos. Es cierto, me apasiona escrutar las reveladoras leyes de la oferta y la demanda, porque (aunque las sepa manipuladas por la usura de unos cuantos o lo que es peor, por la de todos) nos acaban explicando muchas cosas sobre nosotros mismos y nuestra curiosa forma de vida.
 Llevo varios días, pues, repasando con una más que evidente atención y demora las llamativas páginas webs repletas de ofertas flash, que duran sólo un rápido suspiro o un fulminante abrir y cerrar de ojos, tal vez el parpadeo fugaz o el guiño seductor que podría resumir toda una vida, pero que no lo hace, quizá la broma cuántica de saberse tan cerca y tan lejos de acceder, al fin, a ese sueño definitivo que siempre se nos deshace una vez creemos haberlo alcanzado. Puede que esa sea la auténtica naturaleza de nuestros deseos. O de nuestras necesidades.
 No nos hará falta acudir a Kant para descifrar que entre la necesidad y el deseo transcurre la vida. Transcurre exactamente la vida. El domingo me sacó a la calle el insoportable estruendo de los tambores de Tambors per la Pau y Sambad'akí. Tras ellos, sin embargo, venía otro estruendo peor, la inapelable amenaza de un cambio climático contra el que, en Palma, sólo se sumaron Es Racó de Ses Idees, Amics de la Terra, GOB, Podem, MÉS y GIRA España. Muchos menos, en definitiva, de los que deberían.
 

 

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viernes, noviembre 27

La escalera de color


La Telaraña en El Mundo.
 
 Uno quisiera, a todas horas, poner en orden el mundo, al menos en su cerebro y así en la voluptuosidad del papel, pero las palabras y los conceptos necesarios no siempre están a nuestro alcance. Sólo lo están a ratos, como si jugasen con nosotros al escondite: ahora aparecen y nos muestran, generosamente, el universo entero; ahora desaparecen y nos rodea, abrumadora y gélida, la niebla, el espeso velo de la ignorancia, la decepción o, quizá, el hastío.
 La diversión, con todo, parece garantizada. El mundo está tan en obras como pueda estarlo nuestro mal ubicado Palacio de Congresos, ahí tiritando medio desnudo frente al mar embravecido de los años, con sus ventanales como ojos de calavera y sus vergüenzas a la vista de todos: su limbo de certificaciones de obra, su rosario de penalizaciones judiciales, su futuro hipotecado, como el nuestro, en no se sabe qué maletines del dinero o del tiempo. O de ambos. Así no vamos a ninguna parte.
 Mientras tanto intento dibujar una metafórica escalera que vaya desde las cloacas del dinero del SOIB y las luchas del poder en IB3, por ejemplo, hasta la ingobernable ficción independentista de Cataluña, que salte hasta las colas de los refugiados, abocados ahora al abismo invernal de Europa y al rapto de Zeus, para concluir repasando un video en YouTube sobre el conflicto de Siria. La escalera (que iba para escalera de color y quedó en simple farolillo) acaba tan retorcida y rota que su vuelo parece el de una peonza que se nos ha escapado de las manos. Definitivamente.

 

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martes, noviembre 24

La guerra


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé si lo que nos conviene es andar buceando por entre la artificial ubicuidad de las redes sociales y la guerra en directo de las televisiones o si, por el contrario, deberíamos alejarnos del mundanal ruido y dedicarnos, en fin, a nosotros mismos; al menos mientras todavía se pueda. Que aún se puede. Abro las ventanas y las persianas verdes de casa y observo que ya están colgadas y hasta encendidas, de buena mañana, las pequeñas bombillas del alumbrado navideño.
 Las deben estar probando, pienso, y confirmo que así es, en efecto, cuando al rato las luces se apagan y queda balanceándose, sobre la ciudad húmeda y recién levantada, el armazón de plástico de la fiesta, el esqueleto de algunos de nuestros mejores sueños, la mueca desdentada de unos días que se suelen asociar con unos cuantos tópicos sentimentales, familiares y hasta religiosos que no sé yo, la verdad, si han resistido, indemnes, al paso del tiempo. Es posible que el tiempo siempre arrase con todo.
 Hace unos días, tras la masacre de París, el Papa Francisco nos avisó de que había comenzado la tercera guerra mundial. Puede que así sea y que la guerra, en definitiva, se haya convertido en una forma de vida. Deambulamos de un campo de batalla a otro sin saber en qué trinchera encontraremos paz o refugio. Deambulamos entre los taciturnos campos de cruces como entre los ruidosos bulevares de la libertad o la ira. Deambulamos como almas errantes buscándonos, en fin, a nosotros mismos como si nos fuera en ello la existencia. Quizá nos vaya.

 

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viernes, noviembre 20

Sectarios


La Telaraña en El Mundo.

 No hay nada como buscarse un decorador nacionalista (o un simple edil nacionalista, como Miquel Perelló, metido a decorador, para ser más exactos) y apechugar, después, con lo que acaezca. El magnífico salón de plenos de Cort, que conozco bien, porque ahí celebré mis segundas nupcias no hace aún un año, ha sufrido una intoxicación ideológica de alto calibre y ha empezado, definitivamente, a perder peso. Se le han evaporado un llamativo dosel decimonónico, un recargado crucifijo de lo más aparente y hasta el apolíneo e institucional busto de Felipe VI. Ahí es nada.
 Hay que ver cómo anda de destructivo o de higiénico, según se mire y valore, el ánimo de Cort. No les basta con demoler monolitos, contra el viento y la marea de la presión ciudadana y popular. No les basta con limpiar de terrazas el Borne y convertir Palma en un polvoriento erial donde no haya forma de tomarse, siquiera, un mínimo respiro. No les basta con no hacer nada realmente necesario o, al menos, útil. Les urge empreñar por sistema y dispararle, por supuesto, a todo lo que se mueva.
 La penúltima es el apoyo de Cort a unas trasnochadas, sectarias y hasta impresentables jornadas llamadas «Mallorca davant el centralisme». Las conferencias las organizan, con el fin de promocionar la independencia, colectivos afines al PSM y a ERC, con los incombustibles Sebastiá Serra y Mateu Morro a la cabeza. Me encanta saber que los viejos rockeros, casi zombis a estas alturas de la fiesta, siguen gozando de buena salud y, sobre todo, de mejor trabajo.

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martes, noviembre 17

París o Palma


La Telaraña en El Mundo.
 
 Hace algo más de treinta años fui testigo, en un comedor estudiantil de la Sorbona, de un violento tiroteo entre partidarios del ayatolá Jomeini y de Reza Pahlavi, el Sah de Persia. Siglos de cultura reconvertidos en minutos de barbarie. O algo así. De aquella rápida y confusa refriega sólo me queda, aparte del insoportable resplandor del miedo, un ligero, pero penetrante, olor a pólvora. El mundo siempre huele demasiado a pólvora.
 Pienso regresar a París en unos días y no me extrañaría que, siquiera metafóricamente, el mismo miedo y olor a pólvora me recibieran como a quien regresa a casa sin pretender otra cosa que reconocerse en los rincones polvorientos de la felicidad o el spleen. Hay que asumir que la vida se repite como si fuera un bucle de imágenes que rebobinamos mil veces porque le tememos a la oscuridad y al silencio, la quietud y la inacción.
 Llevo más de treinta años, también, viviendo en el mismo lugar de Palma. Alrededor hubo muchas librerías, cuando yo leía mucho y compraba muchos libros. Más tarde, las librerías cerraron y abrieron algún bar, que me fui muy útil para ir ordenando la vida por entre los cristales rotos. Ahora han abierto dos bazares, uno regentado por una joven pareja hindú y otro por un árabe taciturno, que cuelga versos del Corán donde antes pudo haber un reloj de pared o un crucifijo. Ambos colmados me son muy útiles cuando he olvidado comprar alguna cosa. Parece, pues, que la vida tiene que ver con hallarle la utilidad a lo que hay. A su devenir como a su decadencia.

 

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viernes, noviembre 13

Deshaciéndose


La Telaraña en El Mundo.
 
 De repente, uno viaja al único pasado pluscuamperfecto (que es el interior, el intimo) y decide, sin éxito pese a Google o Facebook, pasar lista a sus más antiguos recuerdos personales y descubre, por desgracia, que van menguando a la velocidad del rayo. Es cierto, los nombres se olvidan con facilidad y hasta los rostros, tan diáfanos en los mejores momentos, se difuminan de forma irreversible.
 ¿Dónde andarán, me he preguntado no pocas veces en los últimos años, aquellos primeros compañeros de estudios y residencia universitaria o, más tarde, de piso destartalado y polvoriento en Benimaclet, de días cortos y noches larguísimas, de conversaciones absurdas pero maravillosas, de vino áspero y dulce, de rosas tiernas y alucinógenas, de guitarras rotas y de mujeres, sobre todo, de mujeres mágicas, de asambleas y libros, de poemas y resacas?
 Puede que la lista de los recuerdos devenga una renqueante lista de bajas contra la que ya nada puedo hacer. Recito apodos y origen (Pedro de Sax, Caspa de Lleida, Tomás de Tortosa, Bondi de Alcoy, entre muchos otros) sabiendo que lo que me une a ellos es sólo el homenaje literario de este instante y la certeza de que todos deberíamos estar curados del enorme espanto de haber vivido aquellos días en que el mundo se iba haciendo a la vez que nosotros. O eso creíamos, cuando era, quizá, al revés; y el mundo y nosotros (y también España, que ya era el gran problema de nuestras vidas), todo se deshacía, porque aún no sabíamos hacer otra cosa y parece que seguimos sin saber.
 

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martes, noviembre 10

(Des)conexiones


La Telaraña en El Mundo.
 
 Mi catalán es infinitamente más pobre que el de Àngel Terrón; por eso leo los versos en prosa de su último poemario, «Els noms del cervell», como si traduciéndolos al castellano. En el ejercicio se me va la misma vida que las frases del amigo de toda la vida me devuelven con creces. Con refinada ironía y ternura, con el filtro personal de la química inorgánica y el revuelo ilustrado de siempre alrededor del cataclismo que surge de entre los labios (como desde los pliegues del cerebro) para dar nombre a las cosas y revelarlas más allá de la retórica y tantas otras artes menores y comunes.
 La actualidad, aquí al lado mismo de donde voy tecleando, sin prisas, estas líneas contra la soledad (o muy a favor de ella) me habla, casi a gritos, de la desconexión metafórica de Cataluña del resto de España. Es la hora de los recursos y los desplantes. El golpe del mazo sobre la mesa de la sala rota en mil pedazos. El ondear de las banderas convertidas, finalmente, en vendas sobre los ojos, en torniquetes sobre las heridas, en gélidas mortajas sobre los cadáveres.
 Es mucho más estéril, aunque más sencillo, traducir esa menguante realidad de aristas y crispaciones políticas, leguleyas y hasta sentimentales que afrontar la lenta y minuciosa deriva de la verdad en llamas con la que Terrón describe el mundo y lo recrea. «L´art innovador és com una poma verda. Quan es tasta l´obra o es mossega la fruita, esmussa». Ambos sabemos que siempre se acaba regresando al jardín del Edén, como a la conexión y desconexión primeras.
 

 

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viernes, noviembre 6

Franco ha muerto


La Telaraña en El Mundo.
 
 Hace tiempo que me quejo de la excesiva, vergonzante y hasta intempestiva presencia de Franco en la plana mayor de nuestra actualidad política. Parece haberse olvidado que este mes se cumplen cuarenta años del óbito del dictador y que buena parte de la gente no lo conoció en vida y basa sus referencias en lo que les contaron los supervivientes y en esa enorme metáfora organizada que hemos dado en llamar memoria colectica (o memoria histórica), que pasa por ser la memoria de todos e igual no es de nadie. Las sociedades no tienen memoria propia, porque no tienen una mente única ni una experiencia uniforme de la vida. Por fortuna, claro.
 En cosas así pensé, ayer, mientras devoraba los primeros capítulos de «Españoles, Franco ha muerto» el nuevo libro del historiador valenciano Justo Serna, editado por Punto de Vista. Se trata de un ensayo riguroso, diáfano y, sobre todo, irónico. Un viaje hacia donde se mezclan la historia de Franco y la sombra del franquismo, su oscurantismo económico, político y cultural, el complejo vía crucis de la transición democrática. En ese extraño lugar, síntesis de todas esas circunstancias, vivimos en la actualidad.
 Dice Serna en el libro: “Por un lado, la España de Franco es intervencionista, ordenancista, leguleya; por otro, ese país es también el del estraperlo, la corrupción y el nepotismo. Aparte de la dictadura, lo que lo hace repudiable es, precisamente, la suma de intervencionismo y corrupción”. Me temo que el diagnóstico, además de acertado, es tan actual que asusta.

 

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martes, noviembre 3

Los muertos


La Telaraña en El Mundo.
 
 Pasó el truco o trato promocionado de Halloween con la misma celeridad que ya dejamos atrás las flores de la Rambla y las lentas comitivas hacia los cementerios destemplados y casi siempre gélidos del día de Difuntos. O de todos los Santos. Lo grotesco de nuestras celebraciones más solemnes es que la muerte, su perfil deshabitado y absolutamente ajeno al fulgor de las máscaras, se nos suele colar de rondón cuando menos la esperamos.
 Será por eso, tal vez, que nunca hemos logrado asumir por completo ese vínculo inoportuno y terminal, ese instante que rompe la baraja y hasta los calendarios para acabar aboliendo todas nuestras relaciones temporales. Fuera del tiempo no hay discurso alguno y, por lo tanto, tampoco hay existencia.
 Hace años, pues, que ya no visito el cementerio de Palma. Compro los ramos de flores y en vez de depositarlas en las lápidas, me las llevo a casa, para que algún olor lejano me recuerde a los míos y también a mí mismo. Sin monolitos ni zanjas, sin historias ejemplares de crímenes, torturas o venganzas. Sin otro devenir más o menos reseñable que el de la ternura y la justicia interior; la que no sabe nada de guerras civiles, héroes o traidores, la que sólo busca lodo, viento y arenas movedizas donde enraizarse y hacerse fuerte. Hasta disolverse. Yo soy todos mis antepasados, ahora mismo. Soy todos ellos palpitando en algún lugar de la memoria donde arden la fe o la pasión incombustibles, pero no el raciocinio. Las ideas, por desgracia, acostumbran a ser pasto fácil de las llamas.
 

 

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viernes, octubre 30

El golpe de estado


La Telaraña en El Mundo.
 
 El panorama puede no gustarnos, pero es interesante. El órdago de los representantes de la burguesía catalana (de su 3%, especialmente) junto a la izquierda republicana de siempre, bajo la tutela y, sobre todo, la vanguardia de un rabioso grupo antisistema, no tiene desperdicio. Es cierto que el gobierno de Rajoy va repartiendo silencios sin aclararse, pero es que los demás grupos tampoco afinan demasiado.
 Pedro Sánchez, por ejemplo, apuesta por una vaga reforma de la Constitución, pero olvida que lo que quieren los independentistas no cabrá en ninguna constitución que no sea la suya propia. Pablo Iglesias, mientras tanto, juega al fuego cruzado del sí al derecho a decidir y del no a la independencia, lo que no deja de ser un magnífico callejón sin salida. Sólo nos queda, tal vez, la baza de Albert Rivera, que lleva años metido de lleno (y a contracorriente) en la jauría nacionalista y que podría encabezar la mal avenida mayoría constitucional que debe seguir existiendo en este país llamado España. O eso creo.
 Abro el correo y me topo con la propuesta de UPyD de que el Govern balear condene el golpe de estado (sic) en Cataluña. Tanto optimismo constituye una pérdida de tiempo. No cabe pedirle a Biel Barceló que deje de ser nacionalista y hasta independentista catalán, si procede. No cabe pedirle nada a los chicos de Podemos, porque además de no estar en el gobierno, no están en ninguna parte. No cabe pedirle nada a Armengol, porque lo suyo es sólo ostentar el poder y lavarse las manos, de vez en cuando.

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martes, octubre 27

La ecotasa de París


La Telaraña en El Mundo.
 
 Acabo de reservar unas cuantas noches en un hotel de París, para diciembre, que es cuando los puentes se eternizan y podemos recorrer los cincos continentes con sólo saltar de isla en isla y de festivo en festivo, sin más peligro que darse de bruces con alguna pachanga de las elecciones del 20-D o con las propias, en fin, de la Navidad; ya saben, los arbolillos de luces parpadeando sobre la nieve y las hogueras, los gélidos mercadillos de la solidaridad, las colas sombrías de los refugiados, el largo viaje de cada año hasta el lugar donde nos acaban dando las doce campanadas de esa simbólica renovación anual que, sin embargo, nunca acaba de cuajar. Nunca.
 Pero a lo que iba. Además del varapalo de la habitación vamos a tener que pagar, en concepto de impuestos municipales, la cantidad de 2.48 euros por persona y noche. Hago cuentas y resulta un buen pico. Tampoco me consuela que lo llamen impuestos municipales y no ecotasa o cualquier otro grosero eufemismo que nos prometa el cielo de la eficiencia, la justicia o el bienestar social a cambio, tan sólo, de unas pocas monedas.
 No me gustan las justificaciones ni, tampoco, los rodeos conceptuales. Duele que nos tomen por idiotas. El dinero es sólo dinero y si el mundo se empeña en ser una enorme alcancía, lo que hay que hacer es agitarla, por ver si revienta. Mientras tanto, espero que las autoridades parisinas hagan el mejor uso posible de mi peculio, pero si no es así y lo dilapidan en caprichos, me va a dar igual. Me va a fastidiar exactamente lo mismo.
 

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viernes, octubre 23

Regreso al futuro


La Telaraña en El Mundo.
 
 Revivo la asombrosa sucesión de asambleas a las que asistí en las aulas universitarias de Valencia allá por el tobogán de los años setenta, recién muerto Franco, y en pañales la frágil democracia que nos iba a traer, a trancas y barrancas o en volandas, según se mire, hasta donde estamos, aquí y ahora, cuarenta años después, desvalijado, quizá, el cuerpo, pero atento el espíritu, dispersas las filas y decididos a seguir siendo razonablemente libres, pese a los que nos gobiernan con sus fabulaciones ideológicas, históricas o lingüísticas. De todo hay en el retablo de los días.
 Refulge una lágrima sobre un fondo gris de tierra reseca. Unos reflejos asesinados bajo el cielo azul. O plúmbeo. O maniqueo. La terrible sospecha de hallarse en un laberinto de ficción. Nos miramos adentro, entonces, y nos asola la certeza de que no existe el vacío que nos aterra, sino sólo el lenguaje que se nos escapa, porque no lo domamos. Nos desborda. El lenguaje.
 Vuelvo, pues, al escurridizo presente (como si de regreso al futuro, porque ya lo hemos vivido otras veces) y en varios centros de atención primaria y Son Espases los pasquines sobre los muros me ponen al día de las magníficas relaciones que embargan a funcionarios y médicos con Armengol. Pareciera, y casi que me duele el retórico panorama, que el gobierno de la izquierda nacionalista, con la venia de Podemos, sólo diera para rebuscar en las exhumaciones de las fosas ese mismo pasado en que tuvieron, tal vez, ideas gloriosas que ya nadie recuerda. Salvo ellos, ay.

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martes, octubre 20

Euros y pesetas


La Telaraña en El Mundo.

 No hace tanto tiempo (o sí, porque el tiempo pasa rápido y los recuerdos tienden al vapor y al capricho, a la mutación y la deformidad óptica) que, cuando la peseta manejaba nuestras vidas, cien mil pesetas venían a ser la frontera no escrita entre un sueldo aceptable y uno insuficiente. En la actualidad, cuando ya sabemos que la precariedad es el estado natural del ser humano, esos seiscientos euros de antaño se han convertido en unos mil y esa cantidad es, ahora, el nuevo paradigma de una pobreza económica que te va agarrando de los pies como si vivieras sobre arenas movedizas. Mal asunto que te trague la tierra. Casi tan malo como que el cielo se te desplome encima.
 El tiempo podrá, pues, haber pasado deprisa, pero la situación sigue siendo la misma. O peor. Sigue sin ser fácil vivir de la propia vocación y esfuerzo, porque la inmensa mayoría del género humano (al margen de unos pocos ricos, muy ricos, con los que, cíclica y periódicamente, todos queremos ajustar cuentas sin éxito) no hace sino repartirse la miseria a manos llenas. En esas estamos, absolutamente pringados.
 Es entonces que en el vertiginoso «prime time» televisivo de la noche se nos cuelan, de rondón, Albert Rivera y Pablo Iglesias como si estuvieran predestinados a ser los nuevos gestores de tanta miseria. Puede que así sea. Voy del neoliberalismo de uno al marxismo sin acabar de cuajar del otro. Mis preferencias poco importan, porque lo que más me llama la atención, en el fondo, es la singular sonrisa de Jordi Évole. No la soporto.

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viernes, octubre 16

La tempestad interior


La Telaraña en El Mundo.

 Es muy posible, siguiendo a Próspero, el personaje de Shakespeare en «La Tempestad», que estemos hechos de la misma materia de los sueños y que nuestra breve vida cierre su círculo con otro sueño. Este tipo de metáforas, nebulosas y radiales, suelen tener el éxito asegurado, aunque realmente no acaben de decir nada y presuman, sin embargo, de haberlo dicho todo. O casi todo. En efecto, es así que nos vamos acostumbrando al fuego abrasador de la verdad o de la mentira; es así, en definitiva, que nos arrastra el vertiginoso torrente de la duda y nos aproximamos a ese muro final donde nos acabaremos estrellando, porque no nos está permitido ir más allá ni, sobre todo, volver para contarlo.
 A veces, no obstante, me asola el perturbador ánimo caprichoso de algunos recuerdos. De algunos más que otros, aunque no haya forma de saber cuáles son más frágiles y cuáles más obsesivos y hasta, quizá, penetrantes. Son un misterio casi indescifrable, los sueños, como la vida misma.
 En algo así pensaba, días atrás, mientras revisionaba por televisión «La Colmena» de Mario Camus y Camilo José Cela y veía desfilar por la pantalla a casi todos los actores y actrices más o menos importantes o reconocibles de mi propia vida. En algo así pensaba, hace tan sólo un rato, mientras jugaba a ponerle rostro a mis mejores y peores sueños y todos, absolutamente todos, tenían mi mismo rostro y no otro; y yo los miraba a todos como si fuera Narciso a punto de desaparecer en las profundas y tenebrosas aguas de la belleza o del horror.

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martes, octubre 13

12 de octubre


La Telaraña en El Mundo.

 Escribo estas líneas en pleno 12 de octubre. Afuera, el rumor indeciso de la calle me indica que el día avanza despacio, porque es festivo y hay ganas de demorarse en mil y una cosas antes de dejarse engullir por la rutina. Es festivo y observo, a la vez aliviado y cariacontecido, las celdillas vacías de mi agenda y las infinitas bandejas desiertas (del spam y otras publicidades más o menos encubiertas) de mis cuentas de correo electrónico; en efecto, no me han invitado a ninguna recepción real, ningún concierto, ningún desfile.
 No me han invitado a nada, pues, salvo a distraerme con la levedad de las cosas y con el desapego moral que da estar lejos y saberse, en realidad, muy lejos. Como de vuelta de todo, sin ni siquiera haberse movido. O así.
 Debe ser por ello que, igual que no celebro las diadas chiquititas y menores o mínimas del 12 de septiembre o del 31 de diciembre (aquí somos como somos y hasta nos podemos dar el gusto de elegir qué diada nos ha de helar el corazón), tampoco celebraré esta indiscutible Diada de las diadas (si obviamos las de Kim Jong-un, por supuesto) que viene a ser la Fiesta Nacional, también llamada Día de la Raza o de la Hispanidad (también de la hispanidad genocida, según descubro en un nauseabundo libelo de un diario en catalán de las islas). No hay nada como tener nombres y adjetivos al alcance de la mano para ir descubriendo, palmo a palmo, la solidez o la decrepitud del mundo, sus arenas movedizas, sus paraísos sumergidos y sus inmensas llanuras plagadas de espejismos.

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viernes, octubre 9

La conga del Govern


La Telaraña en El Mundo.

 Le han pasado por encima, por debajo o, quizá, de refilón los primeros cien días al nuevo Govern del Pacte y la verdad es que no se les puede juzgar sin perderse por los arrabales metafóricos de lo anecdótico y banal. Resulta, en fin, que todas las promesas de regeneración política y social se han visto reducidas a unas pocas salvas simbólicas donde lo único obvio es la perseverante y ruidosa levedad del ser. Del querer ser lo que no se acaba de ser, en este caso.
 De momento, nos quedamos sin toros y sin la “España rancia” que representan. Es bueno librarse de este tipo de estigmas. Nos ganaremos la ecotasa y, con ella, el cielo turístico de la excelencia. O así. A cambio, perderemos el monolito de Sa Feixina, el inglés en las aulas y hasta el poco castellano que aún nos quedaba, pero no pasa nada. Siempre se regresa al lugar donde se fue feliz.
 Con todo, el Govern está en buena forma física. Da gusto verles bailando la conga a la salida del Parlament como si fueran unos colegiales celebrando, quizá, el examen de sus vidas; en efecto, habían derogado la Ley de Símbolos, que viene a ser algo así como derogar la ley más inútil y redundante del mundo. Si la libertad de expresión se resume en poder airear, en lugares públicos, las señeras, las camisetas y hasta las banderas de otros países, tiempos y repúblicas, lo cierto es que la euforia de sus valedores sólo puede traslucir el peor y más barriobajero de los ánimos, el de revancha. Hasta que se les pase, mejor que sigan bailando y que no paren, por favor.

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martes, octubre 6

El nacionalismo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Hay ideologías que, de tan infecciosas, acaban resultándonos familiares. Se transmiten por proximidad y casi sin esfuerzo; dejándose vencer, pues, por la desidia o la inercia que parecen venir de serie en el código cifrado del arsenal biológico, en la lista vacía de la inteligencia, en el arcén endogámico donde se congelan las pulsaciones y se arremolina la niebla. Con todo, no hace falta pensar mucho para edificar un cobertizo sostenible alrededor nuestro y recrearnos, así, en los espejos deformes de la miopía o el narcisismo.
 Llevamos desde siempre padeciendo la lacra del nacionalismo y su camaleónica ceguera, adaptada a la realidad cultural de cada instante. Es como si lo nuestro (convertido en bagaje y unidad de destino) viajara a través del tiempo sirviéndonos, a la vez, de medio de transporte y bandera; de blasón en llamas con el que identificar nuestra pureza frente al infierno contaminado de los otros. Ah, los otros.
 Así las cosas, uno observa el paisaje y advierte el nacionalismo nuclear del PSM de Barceló con cierto hastío. Son pocos o muy pocos, pero su insignificancia se convierte en otra cosa al observar el rastro de su infección. Están en esa cola de infectos el PSIB de Armengol y también el PI de no recuerdo ahora quién. Les atienden, tan solícitas como ubicuas, las huestes de la OCB. Les apoyan las cúpulas piramidales e ilustradas de la UIB. Les jalean los coros y danzas de la Assamblea de Docents y su ruidosa marcha verde. Con este panorama no sé si reír o llorar y seguir escribiendo.

 

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viernes, octubre 2

El ardor o la vida


La Telaraña en El Mundo.
 
 Aunque no voy a desgranar ningún catálogo de disquisiciones normativas (ya sean sociales, jurídicas o sólo biológicas) lo cierto es que para gobernar hace falta algo más que la flexibilidad metafórica del junco. Hace falta mucho más. No se puede gobernar la realidad sin ser, ante todo, absolutamente respetuosos con ella. Con ella, como con nosotros mismos.
 Se trata, pues, de saber ser indulgente hasta donde no serlo es inútil. Se trata, también, de saber limarle asperezas y aristas sin que nos duelan prendas ni tampoco anillos o alianzas; de abrirle hasta las entrañas por ver si en su interior late la vida o la muerte, esa especie de obra perfecta que no existe y que sólo se manifiesta en la suma inabarcable de nuestras imperfecciones: ese recurrente dibujo del paraíso perdido en que vivimos, porque aquí nos desterraron. Así de fácil.
 Luego uno observa el ánimo coercitivo, lerdo y hostil de nuestro Govern en funciones (nuestro Govern siempre está en funciones) y cae en la cuenta, por ejemplo, de que ya no puede ni alquilar, cuando le place, su propio apartamento, sin pagar el caprichoso peaje de algún plan turístico de orden superior. Lo único que el Govern conseguirá con tanta prohibición es que nos acaben maravillando los estúpidos monolitos de la concordia (y hasta el horror de los cosos taurinos) tan sólo porque nos fascina el antiguo resplandor del fuego en el que estos pirómanos iletrados están inmolando la libertad y la cultura. ¿Cómo explicarles que el ardor o la vida están siempre del otro lado?
 

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martes, septiembre 29

Ser o no ser


La Telaraña en El Mundo.
 
 Pongamos, pues, que hablo de Cataluña, como si ello fuera posible. No es fácil, en absoluto, escribir sobre una colectividad en crisis, un grupo humano al borde del llanto o la risa injustificables. No es fácil asistir a un desfile desquiciado de sonámbulos justo al filo del abismo, la bruma donde ya no se respira, la oscuridad que todo lo niega, sepulta y anula. No es fácil dejar de lado la emoción y los sentimientos, la proximidad y hasta la empatía, el alarido familiar del pasado o el presente, el rumor anodino de las horas que se van torciendo, poco a poco, como si un mal sueño se eternizara en nuestros adentros.

 Compartimos ese lugar malcarado (e interior) como si fuéramos los hooligans o los hinchas inasequibles al desaliento de unos y otros; en realidad de nadie, porque el aire que agita las diversas banderas de todos está viciado por el mismo grumo infeccioso, la misma torrencial confusión, el mismo temblor a colapso, a error irresoluble de cálculo, objetivo, discurso.

 La noche del domingo se me fue entre cánticos. Entre cantos y cantares. Los vencedores que no vencieron y los derrotados victoriosos. Todas las imágenes se me marchitan al unísono en la mínima palma de la mano, en la comisura del labio, en la íntima certeza de que, más allá de la resaca electoral y los lustros sin gobierno efectivo, debiera amanecer un tiempo de reinvención y calma, diálogo, introspección, de paso firme hacia ese orgullo indefinido de ser quienes somos y no quienes nos dicen que somos. Aproximadamente, al menos.
 

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viernes, septiembre 25

El Fin del Mundo


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé cuántos artefactos nucleares nos rondan por ahí afuera. Tampoco cuántos virus más o menos expansivos y letales burbujean en las hornacinas de algún laboratorio del infierno. Mientras tanto, el vals espacial de las constelaciones sigue dibujando trayectorias inverosímiles que sólo podemos disfrutar si somos capaces de olvidar la posibilidad estadística de la colisión, el colapso de los sentidos, el advenimiento cegador de alguna luz terrible y su oscuridad absoluta.
 Quiero decir, pues, que no me pilló por sorpresa el nuevo Fin del Mundo anunciado para el pasado miércoles, 23 de septiembre. Otra gran catástrofe que llevarme al gaznate y que sumar, como mínimo, al efecto dos mil del 2000, a la cabalística de Nostradamus en 2006 y a las profecías mayas en 2012. Ahora son Malaquías, la simbólica reunión de Francisco y Obama, las mutaciones del Gran Colisionador de Hadrones y algún que otro delirio sobre cometas errantes los que nos demuestran las ganas que tenemos de cambiarlo, de una vez, todo por nada y seguir, después, tan tranquilos. O no seguir.
 Me tenía, no obstante, preocupado que este fin del mundo tuviera la poca delicadeza de llegar a ocurrir y privarnos, así, de contemplar el gran advenimiento de la independencia en Cataluña. Hubiera sido una putada mayúscula que algún nacionalismo opresor, central y hasta cósmico tuviera la desfachatez de impedirnos descubrir que los catalanes, en definitiva, son como los escoceses. Una gente bastante civilizada con infinidad de matices. Como todos.
 

 

 

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martes, septiembre 22

El monolito


La Telaraña en El Mundo.
 
 En ocasiones, a un país le crecen hasta los enanos y, entonces, el espectáculo general se resiente. Llega al poder gente extraña con un más que extraño orden de prioridades en su mollera y la opinión pública acaba por no entender casi nada. No ayuda, tampoco, que el guión deba de pasar varias veces, inexorablemente, por el afiladísimo tamiz de las redes sociales y que lo poco que le sobrevive acabe destilando, tras los análisis, los exabruptos y los memes de Twitter o Facebook, un hedor a materia descompuesta que nos resulta  insoportable.
 Es entonces cuando, en el ámbito general, por ejemplo, a un director de cine como Fernando Trueba se le ocurre tirar de ego y abusar de su minuciosa mirada oblicua. Comprendemos que le sea muy útil el dinero y que con la euforia de los premios nacionales se le vaya España entera al sumidero. No hay peor tonto que el que se cree tan importante como para impartir cátedra sin que se lo pidan.
 Así las cosas, trasladarse al ámbito local tampoco mejora las cosas. El Govern de Barceló y Armengol, el Ayuntamiento de Hila, el Consell de Ensenyat y de nadie más, el grueso batiburrillo de Huertas y Jarabo van demoliendo la realidad como si su logística se circunscribiera a un monolito de piedra en Sa Faixina. Aina Calvo lo limpió hace años, pero tanto da. Nadie se cansa de amanecer en el pasado y observar el monolito del eterno retorno justo al lado; del lado de los sueños, las circunvalaciones del progreso, el estúpido error de creer en la verdad y, aun así, sentirse originales.

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viernes, septiembre 18

El cortijo de IB3


La Telaraña en El Mundo.
 
 Que PSIB, Podemos, MÉS per Mallorca y MÉS per Menorca (es decir, el Govern y todas sus circunstancias al completo) se pongan de acuerdo en algo, aparte de en la magnífica ficción de gobernar este archipiélago, dejado de la mano de Dios mucho menos que de la de los hombres, nos asombra. Casi que nos emociona. Nos parece notable que el gobierno sepa distinguir entre lo importante y lo accesorio, entre lo que se va acumulando en las esquinas lascivas del día a día y lo que se acaba diluyendo, inexorablemente, por los oscuros desagües de la existencia hacia no se sabe qué vacío, locura o abismo. ¿Dónde?
 No importa, pues, si existen divergencias sobre algo tan barroco como la regeneración política. Hay embrollos que no se desmadejan en dos días. Tampoco importan demasiado las vacilaciones y hasta los desencuentros en educación, urbanismo, trabajo, movilidad o política turística. Total, el mundo no se hizo en tres días y, además, no hay dinero para casi nada y la culpa, por supuesto, es del anterior ejecutivo. Faltaría más.
 En lo que sí están de acuerdo, al parecer, es en la importancia (no sé si política, educativa o espiritual; es decir, ni una cosa ni la otra) de la televisión pública en las islas. Lo ha dicho David Abril, tan locuaz como siempre, al criticar el nombramiento de Antoni Bauzá como nuevo director del ente: «IB3 no es cortijo de nadie». Esta opinión de Abril nos parece reveladora, porque no hace sino confirmarnos de quién quiere el Govern que sea el cortijo. Suyo y de nadie más. Por supuesto.
 

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martes, septiembre 15

Nómadas y carceleros


La Telaraña en El Mundo.
 
 En no pocas ocasiones he usado a los nómadas como metáfora para traspasar el artificio conceptual de las fronteras, sus aduanas y visados, su peaje territorial, su papeleo ensimismado de nombres, fechas, estirpes, etnias, la foto sellada en el pasaporte del alma como en las páginas escuálidas de las cartillas de racionamiento, las colas migratorias, el desembarco de los que no tienen otro lugar que el que usan, finalmente, para poner sus pies en polvorosa.
 Es muy posible, no obstante, que la vieja letanía romántica del nomadismo haya dejado de servirme, porque ya no quedan nómadas entre nosotros y las multitudes que buscan su paraíso perdido en el corazón maltrecho de Europa son gentes que huyen de la guerra y el hambre que está en todas partes, en sus países de origen y en sus lugares de destino, en el remolino de su interior, tan atormentado de quimeras como de decepciones. Así es, quizá, la vida; y la terrible exigencia de huir a tiempo y sin mirar atrás, para que ninguna maldición nos alcance y una gran mochila de sueños mutilados nos encorve la espalda.
 Pero no hace falta, de hecho, ninguna mochila para aplastarnos el ánimo. Nos basta con escuchar a Miquel Ensenyat, en su papel de cónsul máximo en plena diada del nacionalismo territorial más extremo, para concluir que ya no existe El Dorado. La sociedad actual en que vivimos, hasta la que presume de más civilizada, es sólo un laberinto de cárceles donde la libertad, por desgracia, se ha acabado convirtiendo en un estúpido y pesado manojo de llaves.
 

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viernes, septiembre 11

El infierno


La Telaraña en El Mundo.
 
 La situación sería cómica si no pudiera acabar, por desgracia, en tragedia. O en persistente drama, al menos. Hoy comienza la pantomima de la secesión en Cataluña y, aunque uno no crea en las revoluciones impuestas desde la ficción patológica del propio poder, tampoco se atreve a infravalorar la influencia del proselitismo, la educación sectaria y la inercia tribal convertida en seña única de identidad. En cántico. Bandera. Raíz. Hay todo un infierno tras esos pocos conceptos.
 Nuestro Govern, por ejemplo, también sabe lo que es el infierno. Si tanto PSIB como Més llevaban cuatro largos años enfundándose la camiseta verde contra el trilingüismo del PP, resulta desolador que esa misma camiseta se la enfunden, ahora, los recién llegados de Podemos, para mostrar su incomprensible apoyo al nacionalismo lingüístico (y los afilados intereses económicos) de la Assemblea de Docents, a la vez que para mantener en alerta a sus aliados, que no socios, de gobierno. Con aliados así no hace falta oposición alguna.
 Todo esto sucede (caos general, al margen) mientras los familiares y amigos de una u otra parte, tanto aquí como en Madrid, Barcelona o más allá, van colapsando las listas adjuntas al poder y la imagen misma del poder se va convirtiendo en algo como muy familiar y hasta entrañable; no sabemos si ese viejo nepotismo sigue siendo válido para humanizar la faz del poder y escapar de su infierno. Nos tememos que todo suele acabar regresando como en el reflujo de una pesadilla. Al menos, mientras no se despierta.

 

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martes, septiembre 8

El club del 27


La Telaraña en El Mundo.
 
 Supongo que la destrucción o la muerte nos fascinan igual que nos aterran. Me doy un baño doméstico de mitología y repaso algunos videos de Janis Joplin y Amy Winehouse. Ambas murieron por esa sobredosis de vida que constituye, a veces, la muerte, a la temprana edad de 27 años, pero tuvieron tiempo de cantar como diosas de un cielo que no llegó a existir para ellas, porque tampoco ha existido para nadie. Pero eso, quién lo sabe.
 No obstante, hemos de reconocer que acostumbramos a pasar momentos muy felices, instantes donde nada importa demasiado porque todo fluye sin que intentemos capturarlo. Es entonces que bordeamos el abismo de la inconsciencia, que es una forma como otra cualquiera de dejar que el mundo siga dando vueltas como siempre, es decir, sin nuestra intervención; nos encanta, cómo no, especular con la fragilidad y con nuestros límites y hasta jugar a traspasarlos como si se pudiera ir más allá y volver como si nada. Es posible que se pueda, pero nos echa muy atrás que nadie haya logrado emprender ese viaje y regresar, además, para contárnoslo.
 En estas, Septiembre empieza a exhibir sus cielos plúmbeos y la fecha del próximo día 27, otra vez ese número tan frágil, refulge con el color de las grandes ocasiones. Las últimas encuestas sobre las elecciones catalanas nos sitúan en el fiel mismo de una independencia que si se sube al escenario se encontrará con la voz rota de los espectros suicidas de Joplin o Winehouse y nos recordará, inequívocamente, a Kurt Cobain. El club de los 27 al completo.

 

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