LA TELARAÑA

lunes, julio 13

el show de la muerte

La Telaraña en El Mundo.




Anda la memoria –si anda- tan justa de entendederas, tan anecdótica y lisiada que, con el paso del tiempo –que es el más escurridizo de los lugares- todo acaba convirtiéndose en Memoria Histórica, en perífrasis urgida de enormes mayúsculas, en pretexto ideal para la demolición, sustitución y el inmediato recambio de los arquetipos. Otra simbología releva a la anterior con su misma y efímera vacuidad. Otro paradigma restablece las conciencias en cortocircuito y, entonces, los muertos rescatados del olvido recuperan la paz eterna. Qué hermoso.

Así, pues, no extraña que Aina Calvo, tras volatizar el obelisco –qué infamia de falo- de los veintinueve jinetes de Alcalá, haya encargado, aunque no creo que a Pricewaterhouse Coopers, un nuevo estudio técnico –otro- que le permita deshacerse del monolito –también muy fálico, no nos engañemos- en memoria de las víctimas del crucero «Baleares», hundido hace 71 años en aguas del Cabo de Palos. Hay que ver cuánto nos motiva la muerte. Es increíble.

Pero tampoco tanto. La televisión retransmite la muerte a todas horas. La muerte rápida de un corredor entre las astas de un toro igual que la muerte interminable –agónica, tumultuosa y ridícula- de Michael Jackson. Alguien ha dicho que el finado hubiera levitado con sus funerales. Sin duda. Sobre todo, porque ya llevaba muchos años levitando. Y al final todo acaba cayendo por su propio peso. O casi.


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sábado, julio 11

la miel y el asno

La respuesta al debate del sábado en El Mundo: ¿Conseguirá Antich que Baleares llegue a la media autonómica? (El password, que se puede ver en el enlace desde la web del Govern es passpresidenciaib . Sin comentarios)




No. Pero a veces conviene abrirse a las paradojas de la memoria y aliviar su madeja. Puede que ese simple juego no tenga mucho de útil pero sí, algo, de higiénico. Y si es así, ya me vale. Las putas de Ámsterdam espolvoreaban lágrimas rojas de salitre y vértigo en sus cuerpos, mientras agitaban –o eso creíamos- su sinuoso perfil, salpicándonos, aquí y allá, de lencería y antojos, de guiños, insinuaciones y rechazos. La vida, desde siempre, es sólo eso: una maniobra trémula de seducción a través de las lunas púrpuras de los escaparates, sus lujuriosas junglas y artísticos tinglados donde las apariencias se derriten como sonrisas o llantos furtivos, como moléculas deshidratadas de un diamante sin más aristas que las del fulgor o el deseo. La hondura de los espejos no explica el universo; sólo lo exhibe, sin pudor, como una incógnita de imposible resolución contable.

Eso pienso, ahora, de aquella visita al barrio De Wallen cuando aún era un chaval y mis ojos sólo veían lo que querían ver y confundían, con estrépito, la realidad y el deseo. Luego supe que el ayuntamiento local había comprado –como aquí con Sa Gerreria- esos lupanares para alzar respetables oficinas, hogares o galerías de arte. La política cree mediatizar la realidad, pero sólo la mutila y banaliza, la trocea y pervierte, la desmigaja con alevosía, sin imaginación, con usura.

Regreso al presente. Al pleito entre Elena Salgado y Francesc Antich. Al dédalo de las autonomías. Al fétido enjambre de la burocracia. Al exilio de la lógica. Aquí, en este inframundo, el armazón autonómico no tiene, por única seña de identidad, el mapa florido de su caos cultural o el laberinto, entre kitsch y turbulento, de su tropel identitario. Nada de eso.

Lo esencial es el trasiego mercantil de competencias volátiles y yuxtapuestas, de deudas históricas, inversiones homogenizadas, flujos muebles o inmuebles, saldos y déficits verticales u oblicuos, de balances con peor cuadratura que un círculo. Habría que saber álgebra y trigonometría, laberíntica y casuística, griego y latín, cuántica y mística, para plantear, siquiera, el problema. Dado que a Antich sólo le ocupan las eurorregiones y el catalán no creo que proceda concederle el beneficio de la duda. Lo suyo no es abordar el tema de la financiación. Tampoco es lo mío, pero qué se le va hacer. No se hizo la miel para la boca del asno. Ni viceversa.

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viernes, julio 10

la perversión cotidiana

La Telaraña en El Mundo. (El password, que se puede ver en el enlace desde la web del Govern es passpresidenciaib . Sin comentarios)

Si los campings veraniegos se convierten en subvencionadas colonias lingüísticas es que toca afrontar la perversión oficial y afilarle los dientes al lenguaje. Cuidado con morderse la lengua. «La sangre no es ningún espectáculo», claman los Maulets. Y así es. Su exhibición es tan indecorosa como la del despotismo y la estupidez. Acabo de entrar en la galería de los horrores e igual me cuesta salir. Me apetece intentarlo.

No me gusta el ritual del toreo, pero no pienso perder la cordura coartando la libertad ajena ni, tampoco, caer en la crispación de los que siempre están crispados. Con no emular a Hemingway me basta. Por eso, lo realmente obsceno y ruin es el afán prohibicionista de este tipo –categoría: inefable- de gente. Palma, como ciudad antitaurina, vale lo mismo que un corro de sardanas, una tribu de skinheads, un túmulo de zanjas al sol o un circuito de parques sin una sola sombra donde cobijarse… No vale nada. Los árboles de Calvo –como los de Cirer- son, siempre, injertos que nunca cuajan.

También está en obras la atormentada e insigne página web del Govern. Así, los antiguos enlaces al resumen diario de la prensa local han dejado de funcionar y los nuevos sólo son accesibles desde la propia web. Ni Google los alcanza. Espero –es un por decir- que estos genios de la peripecia arreglen el desaguisado. Porque de ahí a la invisibilidad general hay sólo un paso. Un clic.

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miércoles, julio 8

reposición

De Los Pliegues Ocultos (Calima, 2006)


[ El silencio del cielo me aterra. Igual que el dibujo caligráfico de algunas palabras con las que intento imitarlo — dibujar sus nubes, sin éxito ]

Siento miedo, igual que frío, calor o lujuria. Siento la enfermedad apurándose en agotar las múltiples escenificaciones de la asfixia. Es una exhibición tan cruel como irrelevante.

Siento la verdad como un tren que se aleja y el pánico como su único pasajero.

[ Te lo dije poco después de abrazarte y poco antes de partir de viaje. La miseria es un mal destino ]

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lunes, julio 6

la casa tomada



La Telaraña en El Mundo. (El enlace, desde aquí, no funciona, pero sí -qué cosas- rebuscando en la atormentada e insigne web del Govern Balear. A saber lo que están haciendo estos genios de la peripecia, aparte de inutilizar -espero (qué voy a esperar, pero en fin) que momentáneamente- todos los enlaces anteriores al 1 de Julio. Son de lo que ya no hay, ni queda:-)




La frivolidad nos abriga con su gélido manto de plomo. Casi prefería ignorar el tema y dejar que las sonrisas oficiales –las del Govern, el PEN catalán, el ICORN, las sectas más o menos culturales, Bárbara Galmés, la LEC y sus filias normalizadoras- sigan luciendo sus caries. Tanta demagogia es insuperable.

Resulta que Nanda Ramon y Eberhard Grosske le van a poner casa a alguien. Aún no sabemos a quién, pero no será a un anónimo cualquiera –por ejemplo, qué sé yo, a un parado sin remisión, un jubilado sin memoria ni paga o un colega de juventud, o del sindicato, en apuros-; no, nada de eso. Le van a poner piso, y también manutención, a un escritor perseguido en su país de origen, a un ilustre defensor de los derechos humanos allí donde no los hubiere –aquí o en Cataluña, creo que no vale-, a un paria ilustrado, a un ejemplo de civismo entre bárbaros, a un ser, pues, absolutamente excepcional. O sea, que igual nos traen a Salman Rushdie o a Saviano, que resucitan a Solzhenitsyn. La verdad es que no esperaba menos de ellos. Tampoco más.

De momento, Palma, como ciudad de acogida o, incluso, como puente bajo el que pernoctar y refugiarse del chaparrón en estos días de secesión lingüística, maniqueísmo febril y mediocridad etérea y rampante, no tiene desperdicio. No hay contenedor de basura -ni almacén celestial- capaz de asumir tanto cadáver exquisito y tanta delicatessen. Es inaudito.

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domingo, julio 5

inaugural de El bálsamo de la indiferencia (calima, 2008)



Recinto de Voces


I


[ Estaban los objetos esperando un nombre
y les fue dado aquél

-el abrazo del hule y desde entonces la asfixia
]

Hay en la piedra una llaga y en el labio un deseo
de besarla y decirnos, qué cercanos
estuvimos del mundo y sin embargo,
qué escurridizo el tacto, qué insensibles la piel
y la mirada, qué vacío el aire entre nosotros
y las hojas, las fuentes, los nidos insondables,
el vientre oval que surcan las palabras
antes de regresar al silencio y esconderse adentro.

Aquí nos convertimos en sombras horizontales
echadas como brasas en la tierra. Del fuego
honramos su ceniza y nos asombra
la oscuridad alible del agua cristalina.

[Nunca le dirigí un reproche. Su sonrisa
era el último Dios que me quedaba
]

Hay en la piedra una llama y en la luz un perfil
de muro vacilante, de yedra tenue,
de paisaje enfrentado al capricho y a las mutaciones.

[Desde siempre lo supe. Escribo
porque temo a la muerte

-callejear sus plazas desiertas y luego olvidarlas
]

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sábado, julio 4

Cuanta más luz, más sombras.


[Cuento las palabras del tiempo. Pero las sé desperdigadas en territorio familiar]


Ahora extiendo mi cuerpo sabiendo que se dormirá pronto, pero despertará acurrucado.

la payesía ilustrada

La respuesta al debate del sábado en El Mundo: ¿Es necesario que la compra del Mallorca la encabece un mallorquín?



Sí. Aunque pensemos que el tan trillado, indecoroso y maloliente, concepto de territoriedad es una perversión burguesa y nacionalista, un paso atrás en la sutil escala de la evolución a través del túnel del tiempo, un socavón en la superficie desleída de la inteligencia o un lunar putrefacto con mal diagnóstico; a veces -o siempre- conviene ser lo suficientemente flexibles como para que el estilizado junco de la realidad –esa maqueta de solares, arboledas, zanjas y pozos negros- no se nos acabe rompiendo. Es muy frágil ese tierno brote verde y más cuando hay tormenta alrededor. La hay. Nubes de gas. Colmenas de usura. Fanales de niebla. Arcas, sótanos y desvanes de vil, aunque preciado, metal.

Pero el tema viene de lejos. ¿Quién no recuerda al fontanero británico que anduvo cortejando a Grande –o viceversa- cuando aún las brevas no estaban maduras? Ahora ya lo están. Maduras y florecidas. Está Mateu Alemany deshojando una margarita que parece un trébol de no se sabe cuántos pétalos. A su acecho están Serra Ferrer y su séquito oculto y anónimo de capitalistas –esas dos cualidades son muy mallorquinas- y el madrileño Carlos González, de quién sólo sabemos su vieja afiliación a la corte de Lorenzo Sanz –un asiduo de los tribunales- y su reciente ridículo en la candidatura más “friki” que el Real Madrid tuvo nunca. No hay color. O sí. El color del dinero. ¿Púrpura como una túnica sagrada o verde como la esperanza, ese aliñado fajo de billetes por usar?

Así las cosas, todos sabemos que el dinero no sabe mucho de sentimientos y que el palco de cualquier club de fútbol suele convertirse en una lonja, una casa de subastas, un oasis de concesiones, encargos, adulaciones afectadas y sinecuras. Un comisionado no oficial de obras, contrataciones y servicios. La cueva de los cuarenta.

¿Cómo no ha desembarcado, pues, la plana mayor de UM, con Munar de presidenta natural, en Son Moix? No nos lo explicamos. Porque ese es el lugar natural de la payesía ilustrada en las nobles artes fenicias de la especulación y el regateo. La junta podrían completarla los sectores metalingüísticos y paramilitares del PSM y la OCB. Así, al perforar la meta ajena, le marcaríamos también un gol estruendoso al arco iris. Y es que no hay nada como hacer país y patria… al menos hasta que la grada agita, airada, sus pañuelos blancos de siempre. Y todo vuelve a recomenzar.

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viernes, julio 3

«Cavalls cap a la fosca»

La Telaraña en El Mundo.





Me despertó el acuciante campanilleo de un afilador de sueños. Pensé en el galope de los caballos en la sombra –descanse en paz, Baltasar Porcel- o en algún otro terror antiguo. El alba, como la actualidad, es ruidosa. Los monopolios me dan urticaria, pero las liberalizaciones son como bromas pesadas. Así, cuando la telefonía, el móvil e Internet, las ofertas se socarraban de continuo. Ante el hechizo de las incógnitas fingí que el parto me era ajeno. No hice nada. Vi desfilar cadáveres y jaleé –ávido o indiferente- al cortejo. Hoy sólo Telefónica –creo- aplica algún descuento a los parados. Será que advirtieron que sin el temblor virtual sólo les queda la farsa de los lunes al sol. Y el sol aprieta. Mucho.

Carles Manera lo sabe con lujo de detalles, aunque nos los quiera disimular. La recesión se ha instalado en las Islas con el mismo desparpajo con que desembarcan, en Santany, pateras de inmigrantes embutidos en ropa de marca. No sé si es la mejor forma de pasar desapercibidos en Mallorca. Cuánta idiotez y mitomanía genera el mercado. Cuánto naufragio.

Pero el ajetreo sigue. La luz y el gas tendrán nuevas etiquetas de origen. Seguro que, ante la duda, volveré a abstenerme y a soportar, en silencio, la hemorroidal verborrea telefónica de los proveedores. Les propondré, a cambio, el aire acondicionado que compré antes de saberme alérgico a la brisa reciclada. A ver qué me ofrecen.

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martes, junio 30

Focus -Once Paisajes para Eros-


Hoy, en Literanta, tuvo lugar la presentación del nuevo libro de Inés Matute. Focus -Once paisajes para Eros- (Editorial Baile del Sol). Lo presentaron la periodista Nuria Abad y el escritor Miguel Dalmau. Os recomiendo su lectura.



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lunes, junio 29

las glorietas de papel

La Telaraña en El Mundo.



Sucede que, ahora, Palma amanece sin quioscos. El siniestro durará lo que tarde Cort en elaborar un estudio de viabilidad –otro más- y sacarle punta, filo y flecos al concurso público que debiera devolvernos la imagen familiar de los papeles derritiéndose a la intemperie. Durará, pues, una eternidad entera y sin fisuras, en la que los ex fumadores reingresarán en los estancos, no para recuperar sus hebras perdidas sino el humilde periódico, esa ración diaria de tizne en las manos y de humanidad, a ráfagas, en la mollera.

Todo nace de algún conflicto de intereses. Así, por ejemplo, la SGAE ha puesto el grito en el cielo contra el canon que una gestora alemana quiere cobrar a los hoteleros de las Islas. Hombre, no. Hasta ahí podíamos llegar. El canon para quien se lo trabaja y ha de mantener el pabellón de la farándula, la deglución del sudor ajeno y el aura de unos royalties con los que fingir un aire, solemne, a eternidad versallesca.

Pero todo es ficción. Irrumpo en illesbalears.es y me topo con una web de publicidad, turismo y hasta cultura. Pero no mucha. Cambio el dominio por el punto cat y me acoge, con tintes más grises, el Govern en pleno, pese a que, en una esquina, el logo aguado de Miquel Barceló nos evoque la época –ahora revisable en la Fundación Pilar i Joan Miró- en la que pintaba, aún, por placer, pasión o ansias de saber. No sé si sigue siendo así. Pero se lo deseo.

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sábado, junio 27

las medusas asesinas

La respuesta al debate en El Mundo: ¿Debe Antich cesar a Leciñena por gastar 6.000 euros en el helicóptero?



No. Aunque Paco Rabanne no haya relanzado -como agitando pompas de jabón al salir de un inesperado letargo en una jacuzzi de aguas emulsivas y sales espumosas- sus augurios sobre el inminente fin del mundo, lo cierto es que hemos entrado de golpe –sin sorna ni desmayos, sin vacilaciones- en la era pre-apocalíptica. Se acerca, inexorable, el año 2012 y con él, la prueba de fuego definitiva para el merecido –pero hermético- prestigio de las siempre útiles y refrescantes profecías de Nostradamus.

Quizá por ello se suceden, una tras otra, las películas sobre el tema. El guión es –pueden elegir sin rubor- el que sigue. La luna acaba de salirse de órbita y amenaza con hacernos trizas. El sol ha entrado en erupción fotovoltaica y las llamas prenden en las copas de los olivos. Nos han invadido los marcianos pero se parecen tanto a nosotros que nadie sabe quién es quién. Las máquinas han tomado el control de la Generalitat. Irán ha hecho explotar una bomba nuclear en casa de Berlusconi. Palma se convierte en la primera ciudad mundial en celebrar el día del Orgullo Infantil (no, esto no va aquí, que esta sí es una noticia real). Y así podríamos seguir hasta el infinito. Pero no merece la pena.

Lo único que se repite en todas las situaciones es la convocatoria urgente, por parte del Presidente (normalmente el americano, pero Antich también nos puede valer), de todos los expertos sobre el tema a tratar. Y siempre, siempre, hay que salir a buscarlos en helicóptero porque los expertos suelen ser gente rara, adusta y esquiva, refugiada en lugares inhóspitos y terribles, quizá en mitad del vacío o en el polo opuesto al mundanal ruido. Pero los helicópteros van y los buscan, los encuentran y se los llevan o los secuestran, si se muestran remisos, y así la trama se va demorando unas tres horas –o más- hasta que, al final, como es de ley, el mundo se salva y aquí paz y después gloria. The End.

Así las cosas, si a la consejera de interior, María Leciñena (lo sé escribir, pero no pronunciar con soltura, todavía) le plantean una cuestión de estado sobre, por ejemplo, el sexo de las Carabelas Portuguesas –esa flota de medusas malcaradas- lo lógico es traerse al jefe de emergencias cómo, cuándo y de dónde sea. Y si hay que bajar dos veces al Mortitx se baja. ¿Qué carajo importan 6.000 euros cuando el mundo entero está en peligro? Pues nada, claro.

viernes, junio 26

Lo real y lo virtual

La Telaraña en El Mundo.


La vida, como simulación, es un buen laxante. Xico Tarrés ha puesto la primera piedra de una Oficina Turística –un puñado de píxeles- en «Second Life», la red virtual donde todo funciona a golpe de ratón y donde cada cual es quien quiere ser. Nada menos. Quizá sí podría, ahí, inaugurar Antich su Palacio de Congresos, su tren, su hospital, su enredada colmena de naufragios. Ya tarda, pero no sé si sería lo mismo. Hay muchas islas –como Ibiza o Mallorca, como Barataria- en ese dédalo donde se facturan millones de euros entre identidades de usar y tirar. Todo es reciclable. Qué alivio.

Pero hace mucho que ya no distingo entre lo real y lo virtual. Será que renuncié a los zocos sin salida y no quiero ir más allá del lugar ilocalizable, mutante, en el que digo estar y estoy. Pero no siempre. Pienso en Facebook. Allí convivo entre el lujo de las amistades y la tentación de darme de baja. Agustín Fernández Mallo, al contrario, lo tiene peor. Su página –de seguro, un ardid editorial- sólo acepta admiradores. El fetiche de la sumisión fascina a muchos. No creo que la idea sea suya.

Mientras tanto los bárbaros aúllan. Los guía la voz de Miquel Llonovoy entre las piedras llameantes de la muralla. También su eco o el paradigma de lo que nos quieren vender como real sin serlo. O siéndolo, porque esa barba y turbante postizos le iban como anillo al dedo. El aliento de los ayatolás estuvo con él.

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lunes, junio 22

confesión

Debiera empezar un nuevo poemario. He escrito empezar porque sé que ya no es la hora de las secuelas, de las prolongaciones, de pretender acabar lo inacabado, de revolcarme en aquellos versos que dejé resonando en algún renglón oculto entre los papeles arrugados de mi cuerpo. Empezar significa habitar, de nuevo, el punto de partida, el origen, el punto cero, el lugar vacío, el pliegue último donde las ruinas son sólo ceniza sin color ni olor. Sin evocación ni pasado.

Pero desde que acabé, primero, Resumen del Cuerpo (lo espero para este Noviembre en la Editorial Baile del Sol) y Tratado de las cosas sin nombre (para después del verano en Calima Ediciones), me he instalado en una espera tranquila de mí mismo, en una demora sin urgencias, en un simple atender a los versos que escribí, en este mismo blog, cuando presentí la situación actual, ahora confirmada.

Ahora ya puedo destrozar esta frase
y luego el mundo que la envuelve
y el que lleva escondido muy adentro
donde la piel tirita y se desgarra,
se hace sangre y amatista, biología
del aire, del espíritu y el silencio.


En esta destrucción encontraré el Génesis.

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espejismos a la vista

La Telaraña en El Mundo.




No es difícil crear una multitud. Basta con imaginarla. Me he cruzado con una pareja. Recorrían las Ramblas con paso caluroso. El hablaba por un móvil y ella por otro. Empecemos, pues, con los números. Salvo en el caso improbable –pero no imposible- de que hablasen entre sí –algunos se pirran por la voz mineral de los inalámbricos o el aullido de los microondas-, ya hay cuatro personas en liza. Luego estoy yo, fingiendo la trama. Y ustedes, los lectores de estas líneas a la deriva. Echo cuentas y ya somos un gentío unido por una anécdota sin más sostén que el serpenteo travieso de la palabra.

Todo es ficción sin dejar de ser real. Algo así pasa con La Obra –la OCB- y el lóbrego espacio conceptual en el que chapotea. Su ideario se asemeja al del Lobby del barco de rejilla. Pero en vez de ir de payeses a lomos de una somera van de pajes en calesas subvencionadas. ¿Pertenecen a la realidad o al inventario oficial de las perversiones inocuas y la sumisión rentable?

La realidad, con todo, tiene sus pautas de defensa. Tanto da si el Consejo Social de la Lengua ha reforzado la ley de normalización lingüística o si Jaume Mateu y Tomeu Martí gozan de bula gubernativa. Siempre se les puede mirar sin verlos, atender sin oírlos, ignorar sin despreciarlos. Hacer lo opuesto de Grosske con los crucifijos o los cosos taurinos. Saberlos tan familiares como invisibles. Pura imaginería. Espejismos.

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domingo, junio 21

me copio, sí, y además lo catalogo en creación, bueno, y qué: ese es el lugar único de la creación, el de las permutaciones de textos y contextos...



el de la desmitificación del Autor. Ese Dios de pega. Ese matemático ludópata, víctima incurable y, a la vez, verdugo siempre insatisfecho, de las infinitas combinaciones y variaciones del lenguaje.



El poeta nunca simplifica. Tampoco busca el nombre exacto de las cosas. Qué cosas, qué nombres. [Sobre la autoridad de Antonio Machado en literatura mejor callar, por prudencia, o citar sibilinamente a Borges y sonreír después] No todos vemos lo mismo ni, tampoco, lo vemos de la misma manera. ¡Por fortuna! apostillaría aquí si buscara recibir algún aprobado general... pero la nota me importa poco. No vemos las mismas cosas ni las decimos igual porque nuestra insuficiencia -o incapacidad- para nombrar el mundo es la que es: distinta en cada uno de nosotros, pero idéntica, esencial y finalmente, en todos. No hay derrota, sino una hermosa hecatombe. Un naufragio absoluto.

No creo, pues, que las cosas tengan un solo nombre, ni dos ni cien ni mil. Igual no tienen ninguno y no sé -o sí, pero bueno- por qué nos empeñamos en dárselo. [Para mayor inri, sobre las cosas sin nombre, tratará mi próximo poemario... Que no sé si saldrá antes o después del anterior, porque tengo dos en vísperas de imprenta, pero aún así seguirá siendo el último;-)]

Estoy algo fatigado. Algunas dolencias físicas -es decir, anímicas- me hacen desear, más que cualquier otra cosa, una retirada y un buen masaje reparador. [Aquí podría jugar con mis raíces mallorquinas y decir, tan ufano, que lo que necesito es una buena refriega, pero mis raíces no están enterradas en ningún lugar físico y así me va:-)]

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sábado, junio 20

El canto del gallo

La respuesta al debate de El Mundo: ¿Cree que la desidia del Govern ha influido en que Spanair deje Palma?


Sí. Desde que la Humanidad se bajó del árbol –algo inexplicable, por cierto- nuestro sudoroso, alargado, circular o elíptico, discurrir sobre la tierra –áspera en sus eriales, frondosa en sus vergeles, paradójica en sus glaciares, pintoresca en sus acantilados y mansa en sus orillas de sol, chiringuito y playa- ha devenido un continuo conflicto territorial, una guerra de legiones, barricadas y pretiles, un laberinto de torres, baluartes y murallas, un tatuaje criminal de fronteras y cercas, un gran campo de concentración para todo tipo de nómadas, al final reconvertidos en refugiados o inmigrantes, en turba residual y hacinada, de por vida, en los selectivos graneros de la tribu.

Así las cosas, darle vueltas a la actuación de Francesc Antich en un asunto tan pendenciero como el traslado de Spanair –más bien rapto, tocata y fuga: sálvese quien pueda- desde la terminal de Palma a la de Barcelona podría parecer ocioso pero no lo es. Si España ya tiene su compañía de bandera en Iberia, Cataluña no podía sino buscarse la suya, la de andar por casa y sobrevolar la ajena. Esa es la función mediática de Spanair: sumarse a la guerra de signos y símbolos propia de toda política expansiva e imperial. Nacionalista. Delirante. Fratricida. Irracional. La pura y simple, indisimulable, lógica del holocausto.

Pero recopilemos algunas anécdotas. Días atrás recibí un email, absolutamente festivo, de Spanair. Están celebrando, con una semana sin gastos de emisión, el estreno de la flamante T1 en el aeropuerto de El Prat. Más tarde, de noche, me topé con José Montilla en TVE defendiendo, en perfecto castellano, la política de inmersión lingüística de Cataluña. Estuvo espléndido en su papel de inmigrante con ínfulas al que, aún, le falta perfeccionar su catalán. Pero todo se andará. Lo dijo sin inmutarse. A crédito.

¿Quién tiene, pues, la culpa? Antich. No es de recibo que mientras Carod pasea 29 tarjetas de crédito –para su seguridad, esa cuestión nacional, dicen- no sepamos las que lleva nuestro presidente en la guantera. Si dejara de juguetear con los Tren-Tram y con esa maniobra de distracción que son las Eurorregiones y se ocupara, algo más, en seducir al personal con exhibiciones maniqueas otro gallo nos cantaría. Claro que cuando canta un gallo, para unos amanece sin remisión y para otros empieza la hora triste y opaca de las negaciones. Es así.


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viernes, junio 19

los brotes verdes

La Telaraña en El Mundo.




A veces, el muelle de la acción salta de repente y sus anillos metálicos se convierten en elipses y parábolas, en líneas abiertas hacia un punto impreciso del espacio y el tiempo, del enjambre en el que guardamos la memoria de las cosas pero también el túmulo de sus restos: el olvido gradual de los nombres, la progresiva incertidumbre de su significado.

Ahora el gesto nos mantiene cómodamente instalados. Todavía hay luz. La mano deja su firma en el lienzo y esparce sus huellas dactilares como si el cuerpo fuera el lugar único de la pasión. Quizá lo sea, pero también lo es del desarraigo que sentimos cuando no podemos soportar el aburrido guión del que se nos antojaba el mejor, y más valioso, de nuestros propios personajes.

Pero la identidad es una fábula oculta tras un telón de acero. Ignoramos quién maneja el mecanismo y sus palancas, quién nos acoge cuando cae la noche y, en pleno sueño, nos arranca del universo y nos lleva muy lejos o muy cerca, a un lugar aséptico donde no somos más que un pálido pezón de asfixia. Nota: Ahora recuerdo que iba a ocuparme de la fobia de Antoni Vallespir a Florentino y Son Espases o de los pocos brotes verdes que le afloran a Manera, pero se me cruzó la mosca que cazó Obama, al vuelo, en un plató televisivo y se me fue el aire. Eso sí que son reflejos. Pura –y tajante- acción. Zapatero no la hubiera abatido. Antich hubiera pactado con ella. Y así.



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lunes, junio 15

la sonrisa tragicómica

La Telaraña en El Mundo.




No recuerdo si, alguna vez, Chaplin me hizo reír. Puede que no. Para reír ya estaban Oliver Hardy y Stan Laurel. Quizá Harold Lloyd. O Buster Keaton. De ellos conservo la imagen tullida y selectiva de algunos gags en blanco y negro, alguna persecución ilustre, algún batacazo absurdo, algún gesto heroico y absolutamente desamparado, teatral, contra la imposibilidad –entonces, técnica y ahora, política- de la palabra.

Por eso no pude si no perderme entre las candilejas, las luces y sombras de la exposición, en CaixaForum, de «Chaplin en imágenes». Allí me reencontré con ese vagabundo de aspecto serio y triste, sin más hatillo que el desamor y el ingenio. Quizá Charlot no fue nunca, en verdad, un personaje cómico. Hay mucho de tragedia griega –de dolor incurable pero, también, de intensa compasión sin sorna- en su retrato del mundo. Y la sutil danza con el globo terráqueo en «El Gran Dictador» nos dice más sobre nuestras quimeras que toda la Memoria Histórica que, aún, quede por desentrañar.

Pero la realidad gusta de los juegos de espejos. Gracias a ellos vislumbramos cuánto ardid sumergido escondía la sonrisa de Vicens. Aún sonríe. Más difícil será colegir por qué la Fundación Gadeso sigue ejecutando sus diagramas a base de índices de victimización, desarraigo familiar y extranjería. Sus encuestas no explican nada. Ni las subvenciones que reciben. Pero así funciona todo. Por encargo.

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sábado, junio 13

viva el despilfarro

La respuesta al debate -¿Cree que es sostenible el despilfarro de IB3?- en El Mundo.


Sí. Ya sé que resulta difícil explicar algunos misterios del más allá –quizá porque huele a azufre, cuando no a beatitud rancia o a catalanidad monacal- y someterlos a las ecuaciones de la gramática, al peso de la dialéctica o a la levedad plomiza de la razón pura, pero aquí no se trata de eso. Aquí se trata de lidiar con entidades paranormales, con unidades de destino en lo universal, con avatares proféticos, con crisoles donde se entremezclan la realidad y el deseo, la étnica y la patafísica, los píxeles deformes y saturados de radicales –no sé si presos o libres, trágicos o cómicos- del voluntariado político y los balances de la economía postmoderna travestida en horda de depuración soterrada, el influjo de la liturgia metalingüística y el caos metafórico, la gaya ciencia de la ocupación territorial, el altar vacuo de los sentimientos, la simulación de no sé cuántas variables, muchas, la hostia en verso. Un complejo panorama por desbrozar.

Así las cosas –o sea, en su estado más lamentable y astroso- lo único exigible es saber distinguir entre churras y merinas. La identidad de la televisión balear no tiene nada que ver con las de Murcia, Asturias o Extremadura. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

No podemos comparar las sesudas razones de estado –o de nación, patria, país, espíritu, ectoplasma, soliloquio o exorcismo endogámico- que embargan a IB3 con los miserables –y sin duda, interesados- dictámenes sobre su grotesco saldo contable o su singular audiencia cero. IB3 no es de este mundo. Tampoco es una televisión, sino algo más. Es un ente de proyección onanista, selvática, nacionalista, tribal, un nido de honderos y glosadors, una procesión de dimonis y castellers, un correfoc, un café, una infusión, un laxante total, un purgante eterno por la lengua. ¡Cuántas cosas caben en IB3 y qué poco las apreciamos!

Obviemos, entonces, esa patraña del despilfarro. El gobierno necesita tanto –y además, por sextuplicado- de sus correveidiles, como otros su ración de calvario, de sumisión o de gloria. Un instante ante las cámaras vale por una vida cuando uno se conforma con menos que nada. Un pozo sin fondo es el mejor de los lugares para enterrar la realidad y convertirla, así, en un tesoro subterráneo. Y si además, como si de paso, se consigue dejarnos sin TV3 y sin Canal 9, pues, miel sobre hojuelas. ¿Hay que joderse? Sí. Bueno, pero y qué.

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viernes, junio 12

una colilla aplastada

La Telaraña en El Mundo.



Enciendo un cigarrillo. Tras el cristal, la maniquí pierde prendas según le vuelan, al calendario, las hojas. Con sus retales se visten las fachadas de Palma. Se vende piso, dicen. Y las colas del paro se estremecen como si el tsunami de Grosske ya hubiera llegado. Igual sí. Hace un calor raro en el que cuesta discernir dónde empieza la comunicación y dónde el aislamiento. ¿Son territorios antagónicos y hostiles o paisajes vecinos que se solapan de continuo? Lo ignoro.

Este cigarrillo empieza a saberme a rayos. En la UAB, la Selectividad ha ungido a Bibiana Aído como redactora de textos. El vacío nos asola con su escatología subterránea. No sé si la UIB pondrá el listón aún más bajo. Sólo es cuestión de proponérselo y de enterrar, del todo, la cultura. Algunos ya están en ello.

Pero apuraré este humo. La realidad es un cáliz, una jauría de impulsos, que no sabemos si van o vienen; sólo que regresan. La búsqueda de una verdad que no existe, porque no la encontramos o nos faltan agallas para afrontarla. Grosske mudará la ciudad en un edén de parques accesibles. Si Calvo los enlaza con carriles bici será el éxtasis. Ya lo rozamos, pero no tanto como Antich y sus 40 ONG´s acreedoras. ¿De dónde saldrán tantas? Se lo pediría a Miquel Nadal, pero anda liado manipulando los designios etéreos –una emisión desbocada de gases- de la gestora que rige UM. ¿Qué quedará al final? Lo del título.

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lunes, junio 8

los votos perdidos

La Telaraña en El Mundo.



La bahía de Palma es un polvorín. No lo digo por el alegórico espejeo de Gesa ni por las obras infinitas del Palacio de Congresos, sino porque la Unidad de Explosivos de la Armada ha encontrado munición sin detonar en sus aguas azul plomizo. Quizá de ahí su color. La metralla submarina, las minas y proyectiles con la espoleta calzada, la mugre de la muerte irradiando su manto y ocultando, así, su origen. Acaso una guerra de otro tiempo. O una por venir.

Todo tiende a la luz, aunque sea oscuro o quiera parecerlo. Obama mezcló el Califato de Córdoba del siglo X con la Inquisición del XV. No pasa nada. Los siglos se repiten como peldaños de una escalera de caracol; se repiten los procesos y se renuevan, estoicos, sus vínculos. Y si algo falla, siempre podemos apelar a la Memoria Histórica para reponer las lápidas y airearlas donde haga falta. El mundo es plural y casi perfecto. A mí me gusta la ciencia ficción y la poesía oculta en los pergaminos, y otros se pirran por los grafos color sepia y la lujuria de los recitales subvencionados. Todo se complementa.

La prueba final será el racimo de sesgadas interpretaciones, de unos y otros, sobre las elecciones de ayer. Escribo cuando el recuento aún no ha empezado. Cuando todo son deseos, votos en la guantera, papeletas rotas o en blanco. Votos perdidos en la sima oceánica de la conciencia. Ahí no llega ninguna unidad de buceo. Qué alivio.

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sábado, junio 6

los mil nombres de Munar

La respuesta al debate -¿Cree que la renuncia de Nadal a la presidencia de UM, perjudica al PP?- en El Mundo.


Sí. Pero esta farsa tiene tan poca gracia –ninguna- que escribo estas líneas sin intuir, siquiera, qué máscara habré de adoptar a medida que el texto avance, se bifurque, enrosque o volatice y, entonces, los circunloquios y las metáforas empiecen a fallarme, el aliento se me diluya como un azucarillo de naftalina en el arcón de los harapos y las palabras, abatidas, ya no puedan significar -ni significarse- contra la hipócrita secuencia de una realidad tan mediocre como mendicante, servil y genuflexa. Lo importante es que no se me note el cabreo. No sé si lo conseguiré. Pero mantengo mis esperanzas. Que yo recuerde, no me cabreo desde hace siglos. Más o menos.

Pero prima averiguar qué es lo que más puede perjudicar al Partido Popular en estas islas, sucesivamente ofuscadas -cuando no sometidas- por unos y por otros. Por nosotros mismos, finalmente. Habría, pues, que analizar si lo que más nos duele –a todos, en general- es nuestra inexplicable vocación de ombligo del mundo –un delirio excéntrico de grandeza o un enorme complejo de inferioridad- o si la herida auténtica es la punzante sospecha íntima de que vivimos, desde siempre, al abrigo precario del vaivén turístico, el abuso inmobiliario y, cómo no, de la usurpación bárbara, a ratos cultural y, siempre, lingüística. Donde se expanden los nacionalismos –y aquí el PP debiera ser muy crítico consigo mismo- se contrae la lógica y fenece el sentido común. Igual sólo somos territorio abonado a la llaga. A la infección.

Repasemos, ahora, la tramoya de la miseria. Bajo la capa desplegada de Munar –visón y grava, cajas de caudales y turbas leguleyas, sectarismo, juzgados y mazmorras- se sucede la purga entre familias, sectas y otras vías subterráneas de UM. Buils. Grimalt. O Nadal. Ahora Flaquer. Quién sabe quién después. Es el saldo expuesto del poder ambulante. La marca de una sociedad que sólo se entiende a través de sus arcanos menores. La tribu. Sus perversiones. Sus becerros de oro.

Parece que nos abruma perder un paraíso que ya hemos perdido (en esa misma bruma, por supuesto). Adiós, pues, al paraíso. Nos quedan, aún, otras muchas cosas. O eso creo. Pero habrá que buscarlas. Para ello bien haría el Partido Popular -como el PSIB- en negarse a cavilar sobre pactos futuros cuando, luego, esas milagrosas hipotecas les arruinan legislatura tras legislatura. Nos las arruinan a todos.

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viernes, junio 5

el poder y la palabra

La Telaraña en El Mundo.


Parece que nos gusta hablar, escribir, gimotear, sentar cátedra e, incluso, escamoteársela al vecino. Todo a la vez. Es como digerir el monólogo elíptico de los principales candidatos a las europeas con el mismo estado de ánimo –desolador- con que asistimos, sonrojados, a un duelo de glosadores en la hora estelar –la hora muerta, inexistente- de IB3. La palabra rumiada como un chicle, apaleada como lana dócil en el lecho lujurioso del silencio. Un naipe de flores y ambiciones cautivas.

Al margen está el discurso de unos pocos. Quizá de algunos intelectuales próximos a UPyD, pero no sólo de ellos. También me miro en el espejo y me sé repitiendo casi lo mismo desde siempre. El vía crucis de un pensamiento de izquierdas -o derechas- a un pensamiento libre es siempre doloroso e imperfecto. Demasiadas llagas incurables. Trasfondo sin depurar. Excesivo lastre para un viaje que se desea etéreo y acaba cerrando un conceptual círculo vicioso. Al menos nos queda su incertidumbre.

Donde no hay dudas es en la espiral del derroche. Biel Vicens confía más estudios técnicos que obras ejecuta. Bartomeu Vicens, al pairo, vigila con su indolente sonrisa el lento trámite de su anunciada ejecución civil y política. Antich cierra los ojos y Fina Santiago anuncia una ley que nos asegura no pasar hambre. Ya veremos qué nivel de catalán nos exige, luego, a la hora de encargar el menú. Mejor no pensarlo.

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lunes, junio 1

la lengua correccional

La Telaraña en El Mundo.


Ahora que el clamor contra la SGAE se ha convertido en una pandemia ya no tiene la menor gracia rebuscarle nuevos adjetivos a sus rapaces ínfulas versallescas. Es como denostar a Munar. Aburre. Es una pérdida de tiempo y un agobio. Su presencia en la foto de familia del nuevo engendro digital de IB3 y UM –reveladora pareja- sólo confirma la inocuidad de su aventura. Mucha mierda.

Nos queda, sin embargo, auscultar otras sandeces. Ibiza por el Cambio –una mezcla de ERC y del Lobby per la Independència: algo así como una incurable noche de éxtasis cirrótico entre las dunas de la ciudad blanca- quiere promocionar el catalán en las cárceles. No sé yo, pero sumarle a la falta de libertad el férreo candado de la imposición lingüística ya roza el delirio. ¿Qué digo que roza? Lo supera. Lástima de desolación en el más desolado de los paisajes.

Cambio de tercio. El pregón de Carlos Garrido –sobre la indigencia cultural, la usura subvencionada y la voluntad parasitaria de las sucesivas administraciones- resultó un buen aldabonazo para la Feria del Libro. Hay amistades basadas en el trato íntimo y voraz, que suelen acabar a palos, y amistades tranquilas y etéreas, sin más complicidad que el respeto desde siempre -y aquí siempre significa más de treinta años-, o el gesto cómplice y silencioso del saludo callejero. No es extrañar, pues, que le tenga aprecio a Carlos. Al menos, cuando no canta.

sábado, mayo 30


Al final estuve, siquiera unos instantes.


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de pirámides, palacios y sueños

La respuesta al debate -¿Cree que Cort y el Govern podrían haber evitado la paralización del Palacio de Congresos?- en El Mundo.




No. «Una tarde, camino de su casa, la niña pensó que tenía que protegerse de los bombardeos. Por eso abrió su paraguas», escribió Jesús Zomeño en Lengua Azul (V Premio Cafè Món, Editorial Sloper), y aunque nada diremos sobre el contexto de la frase –ni sobre sus derivaciones gramaticales o su hermosa ortopedia poética- sí podemos utilizar el previsible desenlace físico de la acción que se nos narra, como una metáfora urgente –una metáfora de guardia- para auscultar, aunque al trasluz, el singular talante de este gobierno que nos gobierna. Eso dicen.

Las ideas ajenas –máxime cuando son enormes y puede que, además, enormemente estúpidas- son sólo eso. Constelaciones en las que para inmiscuirse hacen falta una serie de requisitos previos; acaso un código secreto, un talismán identificativo o una percepción extrasensorial más allá de las leyes comunes. Nada de eso –ni un ápice- podemos exigirle a Antich o a Calvo. Tampoco al Grupo Barceló ni a los 300 trabajadores que están a punto de engrosar las filas del paro, esa quieta columna sobre la que el gobierno parece querer echar tupidos velos en forma de sesiones de risoterapia, cursillos de laicidad y demás ungüentos mágicos –o filológicos- en las canteras prehistóricas y acomodaticias de los sindicatos.

Y sin embargo, con un proyecto sólido, algo de intervención divina o alienígena y no poca añagaza esotérica –la fe no mueve montañas, pero sí escombros- se puede construir cualquier cosa. La Gran Pirámide, por ejemplo. Allí, al sol de la necrópolis de Guiza, unas veinte mil personas tuvieron trabajo –bastante trabajo- durante unos veinte años. O más. No sé si la orilla occidental del Nilo, esa fachada con vistas a la muerte, tiene mucho o poco que ver con la fachada marítima de Palma ni si la eternidad de los sueños de un mausoleo funerario rima de algún modo con los de un Palacio de Congresos. Quizá sí. ¿Quién sabe de qué material palpitan los sueños?

Construir sobre arenas movedizas tiene tanto encanto –y dificultad- como escribir en la arena. Poco importa si de improviso, tras un parpadeo o un golpe del azar, todo queda en material de derribo, en recuerdo o espejismo, en ruina, huella, nada. Ese es un desenlace lógico –y asumible- para un gobierno dado a los palos de ciego, las idas y venidas, los rodeos y las vacilaciones. La lujuria del quiero y no puedo. Puro material literario.

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viernes, mayo 29

ángeles y demonios

La Telaraña en El Mundo.


Hoy empieza una Feria del Libro donde la mayoría de la producción local es ingeniería de subvención y mercadeo lingüístico. Podría extenderme, pero no. Hoy deseo forzarle las costuras a estas líneas -verticales y entalladas- y dejar que las palabras oficien el noble arte del funambulismo. Sólo es una forma de reencontrarse entre la turba de inadaptados que rondan los aledaños de la realidad como si no fuera suya. ¿De quién es sino nuestra?

No creo que la vida, su mutación cultural, esté en manos de algunos «Illuminati», o Alumbrados, como se llamaron en España. Nada de eso. Aquí no hay ángeles ni demonios, sino una caterva de mediocres hilando sus cuentas con usura, mudando el dinero público en privado y el saber en un pueril y perverso copypaste de Google. Nunca la sandez estuvo tan al alcance de todos.

Pero extraigo más apuntes del turbio tintero donde la sociedad diluye sus renglones. O su pasión. Microsoft anidó en el Parc Bit. Habrá que releer la opinión del Bloc sobre el software libre. El jefe de bomberos no sabe asaz catalán. Qué gran problema cuando esto empieza a arder como un infierno. Las mujeres no quieren ser mujeres y los hombres ya no saben qué ser. La libertad en este juego de rol es una libertad menor y vigilada. La ciencia puede encender la paradoja de una luz tan brillante que nos ciegue a todos. No habrá consuelo, pero buscarlo será apasionante. Otra paradoja.

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lunes, mayo 25

la ciudad como terapia

La Telaraña en El Mundo.



Las ciudades se transforman de forma lenta, pero continua. Cambian con nosotros pero también, y sobre todo, en nuestra ausencia. Es entonces, cuando la memoria nos somete al juego de las diferencias y acabamos encogiendo los hombros, abrumados, quizá, por el paso del tiempo. Siempre pasa el tiempo y aunque sus días y noches se resuman en un conjunto de actividades más que repetidas, no es menos cierto que, por fortuna, en la vida hay algo más que inercia. Mucho más.

El tiempo se nos va de las manos o retoza en ellas, asimismo, gracias a extravagancias espontáneas y experimentos absurdos pero felices, a pasos en falso y saltos en zigzag, a elucubraciones que no quisiéramos tener que explicar y a costumbres rotas por el providencial deseo de un momento de inspiración cualquiera.

Las ciudades cambian sin que, en realidad, varíe cómo se vive en ellas. Donde antes tomaba café, hoy me sonríe un chino con la mirada más triste del universo. Donde antes vendían discos hoy insertan zarcillos. Pero qué importa eso. A Aina Calvo le ha dado por cambiar el modelo de ciudad. No la ciudad, sino su modelo. ¡Qué avance en la terapia del urbanismo! Lo malo es que si su perífrasis consiste, sólo, en abrir zanjas, reordenar aceras y calzadas, soterrar contenedores de basura y dibujar, aquí y allá, nuevos carriles, sólo va a conseguir que Palma se acabe pareciendo, una vez más, a sí misma. Una lástima.

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sábado, mayo 23

bienvenido, Míster Marshall

La respuesta a la pregunta del Debate -Ante la indefinición del Govern, ¿cree que Antich debe sumar los 500 euros para comprar un vehículo?- en El Mundo.


Sí. Pero ya, porque si Zapatero decide –en estos días de crisis, gripes y nacionalismos mutantes y ante la criba de las elecciones europeas- ayudarnos a convertir nuestros viejos autos locos en relucientes limusinas –por mí, como si le diera por promocionar sudaderas, frigoríficos, mondadientes o viajes pagados a Kosovo-, a Antich no le queda otra que sumarse a los festejos y enterrar sus sueños etéreos de trenes, bicis y tranvías –que a todo eso ya jugamos cuando el mundo era mucho más joven y nosotros unos chavales- y abandonarse, dócil, al placer subvencionado del transporte privado.

Debería, pues, removerse la niebla de la mollera y auscultar el blanco y negro con más contraste de nuestra historia colectiva. Reencarnarse en el inmenso Pepe Isbert de la película de Berlanga y tomar cumplida nota de nuestros deseos e ilusiones más íntimas y ocultas. Que no nos niegue ese instante de esperanza y éxtasis. No nos importa el desengaño final. Igual es que somos masoquistas.

Pero aquí estamos para darle ideas. ¿Para qué otra cosa si no? Y si le falta dinero, que suprima conserjerías y altos y medios y bajos cargos de confianza, que se aparte –como de los vapores sulfúricos- de la segregación lingüística de la OCB, IB3 o algunos departamentos de la UIB, que afine los presupuestos internacionales de Grosske o de su amigo Bayona. Y si no tiene a mano alguna Lolita Sevilla de pega, que pruebe con Munar. Lo folklórico siempre da mucho juego.

Dar juego. Ese es principal problema de Antich y de sus socios de gobierno, de pacto interesado y ecléctico, de asociación metapolítica, paralingüística y anticultural –o cultural tan sólo para los neutrales, parafraseando a Paco Ibáñez cuando, aún, podíamos reconocer su voz quebrada por el humo y su valor suicida y poético, enorme, al arrastrar hasta el limbo del infinito el eco palpitante y anacrónico de los versos de Celaya-, de grupo de presión y dispersión, de destacamento con mando en plaza pero sin sufragios morales ni contables, sin proyectos manejables ni, sobre todo, sostenibles cara al sol del futuro, sin accesos a Son Espases –el paraíso chapoteando sobre ruinas y en mitad de ninguna parte, como siempre-, sin ordenadores en las aulas, sin agallas ni torbellinos, sin ideas brillantes, sin apuestas de riesgo, sin sorpresas, sin destellos, sin nada. ¡Vengan esos 500 euros, hombre!

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viernes, mayo 22

ceremonia de la confusión

La Telaraña en El Mundo.



Hoy llevo un día silencioso, pero no sé si me durará. Para boberías ya están Leire Pajín y Bibiana Aído. A veces las confundo, pero no siempre. El pelo grasiento de una no puede competir con el gracejo de la otra. O de ambas. O al revés. Las confundo, pero no siempre. Ya lo dije. O quizá no. Quizá ellas intercambien sus guiones –y su faz- como si fueran la misma persona. O dos tan gemelas como una sola. O ninguna. Un feto de trece semanas, por ejemplo. Un ser vivo, pero no un ser humano. Un alien o algo así. La filosofía y sus sofismas en el tocador paritario. En las pizarras rasas, pero digitales, de Galmés o en los presupuestos reciclados de Carles Manera.

No podría escribir estas líneas –ni otras- escuchando a Vega. Más aún. Ya me falla hasta Leonard Cohen, aunque lo redimiré en el Palma Arena. La labia es una virtud ruidosa que me resulta muy ajena cuando no tengo, a mano, papel y lápiz o un rugiente portátil de esos que promociona el gobierno como si fueran coches.

Lo peor, no obstante, es el estruendo que inflige, con rigor prusiano, a los vecinos de Oms –la calle, no el predio de Munar- un músico callejero y su repetida melodía. Somática. Horrenda. Sinfónica. O lo que se le acerque un saxo con torsión electrónica adjunta. «Ya no estás más a mi lado, corazón». La letra la pongo yo. La sangre, no. Pero me animo leyendo “Citas criminales” de Joaquín Lloréns. No es para menos.

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jueves, mayo 21

ojo a la pornodetective Beatriz Segura

Se presentó en Literanta la novela de Joaquín Lloréns: Citas Criminales (Ed. Baile del Sol, 2009).






En la foto: Antonio Rigo y el autor en el concurrido y divertido evento.

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lunes, mayo 18

el fulgor y el rapto

La Telaraña en El Mundo.


Fechas atrás recibí un ejemplar de la revista Pasajes, editada por la Universidad de Valencia. Se trata de un serio esbozo de aproximación al pensamiento más contemporáneo, a Internet, la cultura digital, los procesos internos y externos de la escritura e, incluso, a la transgresión en el cine del mallorquín Agustí Villaronga. He buscado algo similar entre las publicaciones de la UIB, sin suerte. Pero no desespero. Sé que no es fácil acercarse a según qué cosas y que no hay peor exilio que el generado por un entorno autista para con todo aquello que no ronde sus alcancías.

Es lo que pasa –y no es poco- cuando la cultura se convierte en una variante snob de la publicidad, una prórroga del adoctrinamiento o un fetiche reciclable. El CIM acaba de convocar una nueva edición de los Premis Mallorca. No cuestionaré su exagerada dotación económica ni su nula repercusión artística o literaria; me sobra con su paupérrimo enfoque de miras. O su ceguera étnica, cerril y arcaica.

Este año los premios estarán contextualizados en el 70 aniversario del fin de la Guerra Civil y la cultura del exilio. No sé si, por tan gloriosa causa, resucitarán aquellas turbadoras emisiones de Radio París, si imprimirán -a modo de aviso- nuevas cartillas de racionamiento o si Joana Llüísa Mascaró presidirá los fastos ataviada de miliciana sacudida por el fulgor elíptico de un rayo en pleno rapto. Todo es posible.

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