LA TELARAÑA

martes, julio 28

Sobrevivir


La Telaraña en El Mundo.

 Sigue haciendo calor y las noches se me hacen largas. Voy de las sábanas pegajosas del lecho al sofá del salón como el que busca la evasión o la victoria, el salto espectacular, no sé si en el espacio o el tiempo, que me devuelva el pulso y me seque el sudor. No es fácil lograrlo. El éxito de cualquier artificio dura lo que la propia fe lo mantiene vivo; al rato, la ficción cede a la realidad y no hay otra forma de sobrevivir que acomodarse, de la mejor manera posible, en el estrecho callejón sin salida de la asfixia. El lugar no es tan malo como parece.
 
 Enciendo ordenadores, tabletas y demás artilugios contra la pantalla de nieve de la televisión. Proyecto ahí la versión original de algunos sueños o pesadillas que me rondan. Proyecto ahí las revisiones de algunos de mis textos preferidos. «El día de los trífidos» de John Wyndham, adaptada por la BBC, o la búsqueda compulsiva y cruzada de referencias, por ejemplo, entre la coreografía de La Fura dels Baus en los JJOO de Barcelona, 1992, y la última entrega de Mad Max. Se trata de sobrevivir al calor y al insomnio.
 
 Sobrevivir, pues, parece la palabra y también la clave. Repasar la actualidad y distinguir, pese a todo, entre lo fundamental y lo accesorio. Las ofensas. Las provocaciones. Saberse en una especie de inestable balanza donde se arremolinan la estupidez y la cordura, las rutinas simbólicas del pasado y el abismo insondable del futuro. Sólo nos queda asumir que la realidad empieza a agriarse y que habría que evitar que se corte. De cuajo, vaya.

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viernes, julio 24

Espantapájaros


La Telaraña en El Mundo.
 
 El mejor gobierno es el que no existe. Hace tres décadas yo hubiera suscrito, sin ningún rubor, esta afirmación tan llamativa como sesgada, tan valiente como suicida, tan irreflexiva como utópica. La hubiera suscrito, pero ya no. Pasa el tiempo y nos damos cuenta de que no somos, por desgracia, autosuficientes, que precisamos de la ayuda de los demás, igual que los demás nos necesitan, que algo o alguien ha de poner cierto orden en el comportamiento humano, cierta justicia más allá de la fuerza bruta o la inercia totalitaria del número, cierta equidistante objetividad en esa reyerta de intereses, ideales y pasiones que somos y fuimos, que seguimos siendo.
 El mejor gobierno, en cualquier caso, nos lo empieza a parecer el que logre sus objetivos sin apenas molestarnos. El que nos deje hacer, porque el camino ya está más o menos insinuado y lo que corresponde, al fin, es que la imaginación, el talento o el esfuerzo individual vayan puliendo los aspectos mejorables de la enorme colmena global en que vivimos.
 Aquí no caben, pues, gobiernos como el de Artur Mas y sus elecciones que no son elecciones, sino referéndums o vaya usted a saber qué. Aquí tampoco caben gobiernos como el liderado (sólo nominalmente) por Francina Armengol, incapaz de otra cosa que no sea marear la perdiz de la financiación, regresar al Ramon Llull o reunirse con la OCB, colocar a sus docentes más adictos y regresarnos al pasado en que ya fuimos súbditos de la gran farsa nacionalista. Su corte de bufones, su club de espantapájaros.

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martes, julio 21

El parpadeo


La Telaraña en El Mundo.
 
 No parece que las cosas de la vida nos afecten de la misma manera a todos. Muy al contrario, nuestros gustos y aficiones coinciden de vez en cuando, en efecto, pero también divergen muy a menudo y merodeamos, entonces, parajes absolutamente distintos, separados y ajenos los unos de los otros. Supongo que en eso consiste, precisamente, estar vivos; en saber afrontar la realidad según la vamos sintiendo. A veces, con rabia o miedo y, a veces, con una balsámica indiferencia.
 No podemos, pese a todo, abarcar tanta humanidad como, quizá, nos gustaría, pero esto no constituye ningún problema. La humanidad no acaba de ser ninguna suma, resta, multiplicación o división de partes mejor o peor avenidas; más bien se asemeja a la visión repentina de algún espejismo, a la aparición reveladora de algún extraño efecto cromático, al instante milagroso e improbable en que cuaja el puzle de la realidad y alcanzamos, entonces, a ver esa imagen única que, tal vez, nunca más volveremos a ver.
 No sé muy bien de lo que hablo, porque hablo de cosas intangibles y hasta indemostrables, a las que vamos poniendo nombre según se nos aparecen. O según las inventamos. Diríase que formamos parte de algún mecanismo de relojería que, al igual que nos mide el paso del tiempo, también es capaz de detenerlo. Es entonces cuando miramos alrededor y todo parece inmóvil y no hay otra música que la del espíritu; y es, en ese mismo instante, que parpadeamos y todo desaparece y regresamos a la locura, la ignorancia y el vértigo habituales.

 

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viernes, julio 17

La ceremonia de la confusión


 
La Telaraña en El Mundo.
 
 La sobredosis informativa me abruma, porque una cosa son los sentimientos y otra, muy distinta, el análisis forense de la realidad. Nos sabemos, pues, incapaces de llegar a conclusiones que incorporen las variables que ignoramos. Hay que ser honestos. El mundo es demasiado turbio como para aclararlo con unas frases. Se nos desvanece su perfil y también su pulso; tan indistinguible y ajeno, a la vez, del nuestro.
 Es en ese juego de distancias donde nos perdemos. El chisporroteo de las redes sociales no nos ayuda a vencer la inercia de los días dándole vueltas a lo mismo. La crisis económica, los cirros de la corrupción o el aura de los que luchan contra ella. La merma de identidad, los espejismos territoriales, la decadencia de las grandes ideas, la penuria literaria de los lugares comunes, el paulatino ir deshaciéndose todos en todas partes sin atender sino a alguna revancha o revolución pendiente. Alguna idea que, de tan fija, se nos pudre en los anaqueles de la vida.
 Pienso en Grecia o Cataluña, dos palabras que se me mueren en el paladar, sin que pase nada. Hace siglos que se me murió España; y Europa, como Baleares, aún no me ha nacido en parte alguna. Rescato, no obstante, una última evidencia. Ante el colapso económico o la pérdida, tal vez, de los ahorros de toda una vida, lo mejor es que esta ceremonia de la confusión en que vivimos se eternice. Sólo los que no tienen nada y los que lo tienen todo (en otra parte, se supone) pueden darse el lujo de discrepar. Y hasta discrepan, por cierto.
 

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martes, julio 14

Terrazas y espejismos


La Telaraña en El Mundo.
 
 Pasan los días y las noches y no hay forma de evitar que la ola de calor se convierta, casi, en un modo de vida. No es de extrañar, pues, que en casa no dejemos de abrir ventanales, galerías y hasta ventanucos virtuales que no conducen a ninguna parte, en busca del lugar donde se arremolinan todos los vientos. En esa privilegiada encrucijada nos acabamos instalando, aunque nos cueste respirar. Estiramos los brazos, mientras tanto, como si fuéramos los espantapájaros de un desierto de dunas, sol y espejismos. Muchos espejismos nos rodean, en efecto.
 Pero hay una ciudad ahí afuera y no conviene perderla de vista, no sea que nos la cambien o mutilen. Aurora Jhardi, por ejemplo, no tiene reparo alguno en inaugurar su labor como teniente de alcalde en Cort con la promesa o con la amenaza de limpiar el Paseo del Borne de terrazas y devolverlo así, según nos afirma, a la ciudadanía.
 No sé cómo auscultan, estos ilustrados de nuevo cuño, las relaciones que se establecen entre una ciudad y sus moradores. No sé si saben de los carruajes de niebla, de los serenos fantasmales y sus manojos de llaves maestras e incandescentes. Hago memoria y, al igual que recuerdo un Borne repleto de bares, restaurantes y terrazas (Miami, Antonio, Baleares, Yate Ritz y los adyacentes Granja Reus o Formentor), también recuerdo un Borne, inmediatamente anterior al actual, donde los únicos que campaban a sus anchas eran las ruidosas bandas del monopatín o el skate. Igual es esa la participación ciudadana que conoce y añora Jhardi.

 

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viernes, julio 10

La marea al poder


La Telaraña en El Mundo.
 
 La falta de autoridad, no sé si moral o política, del desnortado gobierno del PP, durante la pasada legislatura, ha convertido a varios funcionarios públicos (a los que solemos llamar docentes, sin saber muy bien por qué) en pequeños héroes de andar por casa. De andar por la media casa, entre nacionalista e iconoclasta, que nos gobierna y que ya ha empezado a ponerles en el lugar que les corresponde; es decir, bajo palio del escaparate solemne de la lengua única. ¿Dónde si no?
 Así, por ejemplo, Jaume March, que fuera expedientado de mentirijillas, ya digo, por la desidia del PP, ha sido nombrado jefe de planificación o algo similar en la Conserjería de Educación. Un cargo de libre nombramiento, por supuesto. Con March andarán Antonio Morante, Jaume Ribas, Mª Antònia Serra y Jordi Escudero, nada menos. Sólo nos falta saber qué cargo ocupará, por ejemplo, Iñaki Aicart o, como bien apunta el colectivo PLIS, el ínclito Jaume Sastre que, al margen de su gusto por los barcos de rejilla, atesora gran experiencia en huelgas de hambre sin que el barrigón se resienta. Un milagro.
 Está claro, pues, que el gobierno de Més, bajo la mirada, no sé si risueña o ceñuda, de Podemos y la decorativa presidencia de Francina Armengol (le hacía mucha ilusión ser presidenta, qué se le va a hacer) está dispuesto a convertir la educación insular en el paraíso de la inmersión lingüística y el adoctrinamiento ideológico. Es lo que pasa siempre. Si no se avanza cuando se puede, cuando no se puede, se retrocede el doble. O más.
 

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martes, julio 7

#Grexit


La Telaraña en El Mundo.

 Está bien. Grecia vota no y sólo podemos encogernos de hombros y mirar hacia adelante. El paisaje parece resquebrajarse en mil pedazos, que no acertamos a vislumbrar con claridad porque una densa polvareda nos lo impide. No es la hora, sin embargo, de dejarse llevar por el pánico, pese al revuelo insoportable de las ruidosas alarmas; esas grietas existieron siempre y llevamos siglos respirando esa asfixiante humareda.
 No es la hora, tampoco, de hacerle el juego a la euforia tuitera de Nicolás Maduro, Marine Le Pen o Pablo Iglesias. Su alegría nos importa poco. Los extremos del abanico se pliegan igual que se despliegan, pero hace un calor horrible y casi que lo único que vale es que corra el aire, que despeje el olor a cloaca, que clarifique este cónclave de acreedores y deudores que no parecen negociar sino retorcidas posturas retóricas y políticas. Hay que pagar. Hay que cobrar. O mandarlo todo a la mierda.
 No obstante, reconozcámoslo. Propinarle un simbólico zas en toda la boca a la mismísima troika puede resultar muy gratificante. Lo malo es acostarse con ese grito de aniñada felicidad en el rostro y levantarse con una resaca de siglos. Hay que dejar atrás la bruma virtual del referéndum y afrontar la semana con la suficiente entereza como para mirarle los colmillos a la realidad de los días eternos del corralito y las negociaciones gélidas al filo del abismo, el previsible, casi inevitable, desahucio de Europa y sus instituciones, de Europa y su fuliginoso futuro. Su moneda de humo y sus ruinas griegas.
 

 

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viernes, julio 3

La barbarie


La Telaraña en El Mundo.
 
 Tenemos fe, pero no mucha. Tenemos esperanzas, pero no demasiadas. Es así que, con el paso de los años, nos vamos despojando de las innumerables certezas, cada vez menos firmes y mucho más renqueantes, con las que nos hemos ido moldeando y, a cambio, nos aprovisionamos de incertidumbres y vacilaciones, de ese mirar la realidad como quien ausculta un deseo y lo hace con tiento, porque teme romperlo y sabe que no tiene mucho más, que es muy difícil reponer las ilusiones rotas y que lo que se pierde a cada instante se acaba volviendo inexpugnable, inalcanzable, rigurosamente ajeno.
 Pero todo tiene un límite. No podemos vaciarnos por completo. La vida es una celebración, pero también un ritual plagado de lugares y oraciones comunes. La vida es la forma en que vivimos, la minuciosa rutina que nos lleva a repetir, una y otra vez, el método heurístico de la prueba y el error, ese ir avanzando y conociendo sin alcanzar a entender por qué los misterios que vamos aprehendiendo son, también, los que no logramos desentrañar.
 Quiero decir, pues, que la vida se convierte en otra cosa cuando se sobrepasan ciertos límites. No es posible aceptar que el gobierno de las cosas nos conduzca a situaciones como se viven en Grecia. Me refiero a las colas de los jubilados para hacerse, sin éxito, con su propio dinero. Hablo de una sucesión de gobiernos nefastos culminados por otro todavía peor, catastrófico. Como si a la gestión terrorífica e infame del PP y el PSOE les sucediera, en España, la barbarie de Podemos, por ejemplo.
 

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martes, junio 30

En vivo y en directo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Abro una ventana de YouTube en una esquina del monitor, no al clamor impreciso del aire libre, sino a la irreal y solemne sesión de investidura de Francina Armengol como nueva presidenta del Govern, y dejo que me invada su primer discurso, ávido de transparencias y atestado, en cambio, de tópicos, su catálogo de servidumbres puramente retóricas, su precaria exhibición de prioridades y retos, su desordenado cúmulo de fábulas, consignas y mitos, su funambulismo de fe ensortijada en un par solitario de conceptos y un abigarrado frente común.
 Quiere ser, viene a decir o dice, la presidenta de la gente del pueblo o algo así de trascendental y decisivo, mientras sobre la frente le cae en cascada, vertical y ruidosa, el flequillo lacio, limpio y hasta recién peinado. Cita a Espriu y concluye. Comienzan los aplausos escépticos, indiferentes o apasionados de la cámara y se hace, poco a poco, el silencio. Siempre se acaba haciendo el silencio.
 Regreso, pues, a la hoja en blanco y la miro con fijeza y ternura. Se trata de entreverle las entrañas y las costuras a una realidad general que parece andar bastante desenfocada. Hoy (por ayer) los bancos cerraron en Grecia, pero el drama griego es también la tragedia de Europa y nuestro fracaso. Es lo que tiene convertir las ágoras, donde filosofar era una forma de vida, en grotescas tertulias televisivas alrededor de la corrupción y el fariseísmo. Me da que habría que hacer algo realmente bueno con este paraíso efímero de la existencia antes de que nos expulsen. Vaya que sí.
 

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viernes, junio 26

Francina


La Telaraña en El Mundo.
 
 Resulta inconsistente y de muy mal gusto juzgar a la gente por su aspecto físico. Me lo digo mientras repaso las primeras fotografías de Xelo Huertas, la flamante presidenta del Parlament balear. Me lo repito, asimismo, mientras me miro en los espejos y compruebo que el paso del tiempo es una peligrosa arma de doble filo. En efecto. Hay que saber manejarse entre la realidad y el deseo, entre la resignación y el orgullo, entre la dolorosa certeza de que cada vez nos va gustando menos lo que vemos y la acuciante sospecha de que lo peor, posiblemente, aún esté por venir. Le daremos la bienvenida en cuanto llegue. Cómo no.
 Así las cosas, y aunque el paisaje nos parezca un páramo lunar, un desierto de lava o el espejismo de la bruma en una autopista al sol hacia ninguna parte, tendremos que volver a darle la bienvenida a Francina Armengol. Sin duda se la merece. No ha ganado ninguna contienda electoral, eso es cierto, pero sí que ha sabido manejarse con soltura, al parecer, entre las sonrisas esforzadas de los tahúres, el tira y afloja de los asesores de imagen y contenido, el regateo subterráneo en el zoco tropical de los pactos. Bienvenida.
 Con todo, hay que ser sinceros. Nos alegra librarnos de un nacionalista de bandera y manual, como Biel Barceló, en la presidencia del Govern. Nos alegra, también, que no nos gobierne, en primera persona, un político indefinido (y sin definir) como Alberto Jarabo. Nos aterra, en cambio, reconocer que Francina podría ser tan nacionalista e indefinida como ellos. O quizá más.
 

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martes, junio 23

Las generaciones


La Telaraña en El Mundo.
 
 A veces, regreso a la casa con jardín de la infancia y compruebo que los que ahora la habitan no conocen apenas ninguno de sus secretos, ignoran casi todo lo que allí se luchó, se amó o se dijo. Podría resumirlo, pero no lo haré. No tengo por qué dar ventajas a nadie. Me quedo, eso sí, con la terrible mirada de un joven gato doméstico, herido de muerte, junto a un matorral amarillo y blanco de margaritas. Ya conté esa vieja historia en alguno de mis poemas, o quizá en varios y desde muy distintos puntos de vista, pero tanto da. Ya no importa. Tampoco sería lo mismo.
 Nadie lee los poemas de los otros y, si los lee, no acaba de entenderlos, porque se le escapan los pequeños detalles y el pasado es un lugar real (o sea, de ficción) que no se puede revisitar sin perder de vista el mundo, sin asomarse tan adentro de uno, que es imposible no caer de bruces en ese pozo negro donde sólo existimos con nuestros recuerdos, con su anzuelo de hierro oxidado en nuestra garganta, con su tiempo detenido y vertical, anclado en nuestro frágil corazón palpitante.
 Así, o de forma muy similar, funciona el mundo o no funciona, pero persevera y hasta prevalece. Esta generación de ahora mismo sobre la tierra (como aquella a la que homenajeo con ternura por entre las luces y las sombras de la casa con jardín de la infancia) no verá satisfechas sus legítimas ilusiones y la próxima no sabrá reconocer el mérito de este ingrato trabajo, a contracorriente, de construir tan sólo a medias y destruir por completo. O de intentarlo, al menos.

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viernes, junio 19

El regreso de los troles


La Telaraña en El Mundo.
 
 Debo llevar unos quince años dando vueltas por internet. He navegado a pedales, a rastras y hasta en patera. He naufragado, pues, muchísimas veces sin darme por vencido, sin dejar de seguir buscando esas islas misteriosas, esos lugares paradisiacos (quizá fuera del espacio y el tiempo) donde reunirse con otros náufragos, compartir experiencias y aprender a sobrevivir, a dominar el lenguaje común del pensamiento y afrontar, así, la extraña conjunción del software y el hardware: el dilema alquímico de la forma y el contenido, la ética o la estética, que desde siempre he deseado resolver. En la literatura como en la vida.
 No existían, al principio, Facebook o Twitter y hasta el concepto mismo de las redes sociales era una quimera que apenas sí vislumbrábamos en nuestras refriegas contra el tiempo medido de las operadoras telefónicas. Vivíamos entre la empatía y el conflicto verbal de los grupos de noticias (o newsgroups) y la entrañable oscuridad de los canales del IRC Hispano.
 Vengo, pues, de un universo donde no había foro de discusión en que no cohabitaran los que daban lo mejor de sí mismos y los que sólo buscaban provocar y pescar, quizá, en el posterior río revuelto. Los troles eran, ya entonces, parte esencial de internet y, por lo visto, siguen siéndolo en nuestros días, ahora mismo. De momento, están haciendo estragos en el Ayuntamiento de Madrid. Habrá que ver cómo les va por Palma, la ciudad que ya rige José Hila, gracias al estar sin estar del todo, pero estando, de Podemos, sus marcas y asambleas.
 

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martes, junio 16

Pactos de pandereta


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé si dos medio alcaldes y un portavoz, que ya ha dimitido y se reconvertirá en primer teniente de alcalde o lo que las sucesivas asambleas de la marca Podemos vayan exigiendo, componen un paisaje consistorial a la altura de lo que una ciudad como Palma (de Mallorca, claro) necesita. El pacto entre PSIB, Més y Som Palma se ha revelado como un puzle donde lo esencial, más allá de los cortocircuitos ideológicos, ha sido marcar el territorio con los propios orines. Cómo humean, cómo hieden. No sé si nos merecemos esta izquierda y este nacionalismo de pandereta.
 Pero soy muy escéptico con las necesidades de las ciudades; sólo se trata, tal vez, de saber ordenar con un punto de humor y sentido común el tráfico y también las vistas, la línea difusa del horizonte recortada contra el mar y la marea de la especulación o la ineptitud, el grumo viandante de turistas y lugareños que surcan el cielo y el infierno que son todas las urbes y también Palma. Cómo no.
 Queda, sin embargo, lo más difícil. Saber driblarle el mal aliento a la crisis y, a la vez, aprovechar la inercia cuando el viento sople a favor de todos y lo mejor sea no intervenir, no molestar, y en esa dejación (en esa filosofía de burdel, ayuntamiento y civismo) encontrar el mejor y casi que el único antídoto contra las obsesiones ideológicas que dan en sacrificar el aquí y ahora de la existencia por los planes tribales de la lengua única, el tatuaje de las señas de identidad, la marca vergonzosa de la inteligencia, la educación y la libertad masacradas.

 

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viernes, junio 12

La receta de las urnas


La Telaraña en El Mundo.
 
 El acuerdo es que no hay acuerdo, pero como si lo hubiera. Podemos, Més y PSIB están a un paso de repartirse los cargos entre ellos o, en su defecto, de reintegrárselos al Partido Popular. Esto último, por supuesto, no sucederá bajo ningún concepto, porque se vertebre el no pacto que se vertebre, el primer y casi que único mandamiento común es descabalgar de las instituciones a las huestes, entre zombis y somnolientas, confusas y hasta insomnes, de Bauzá. Reconozcámoslo. Puede que la idea no sea muy brillante, en efecto, pero tampoco es ningún disparate. Bauzá y los suyos se lo tienen más que merecido.
 Es de esta manera, tan enrevesada y hasta literaria, que los catálogos y presupuestos ideológicos de nuestra mayoría nacionalista y de izquierdas (más allá del evidente absurdo de ese cóctel explosivo en el que ya ni reparamos, tal y como andan de desdibujadas las relaciones entre la realidad y el lenguaje) se calman y culminan, colman su propio balance y también su saldo. El poder es un ansiolítico milagroso que sólo precisa de la ilegible receta de las urnas.
 No sé muy bien, sin embargo, si ese mismo poder ansiolítico e ilegible podrá calmarnos también a nosotros. Nuestros balances no son los de la entregada y voluntariosa uniformidad nacionalista. Nuestros presupuestos son otros y si siempre estuvimos bajo mínimos, ahora mucho más. Será digno de ver, vernos a rastras por el subterráneo marginal de la existencia en busca de la verdad que no existe, salvo si crees en ella y no quieres ser apóstol de nada o nadie.
 

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martes, junio 9

La gente normal


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé muy bien qué significa ser normal o no serlo y ser, entonces, otra cosa; supongo que anormal, por así decirlo. Tendré que preguntárselo a Alberto Jarabo y a esa hipotética gente normal a la que encarna o dice encarnar. Leo una larga frase que la agencia Efe pone en su boca y casi que la silabeo con delectación sin intentar, por si acaso, deglutirla del todo. Tampoco quiero atragantarme. Dice o dicen que dice, porque podría ser una mala traducción del catalán: "Queremos un acuerdo de programa que nos debe convencer a todos y no un reparto de sillas, ya que somos gente normal que defiende a la gente normal en las instituciones más allá de a un partido".
 Me queda claro, pues, que la gente normal, según Jarabo y el doctrinario de Podemos, es la que crea un partido para defender a la gente normal y no a ese mismo partido. El viaje dialéctico no es muy sutil ni prolijo, sino todo lo contrario. Planea la dualidad conceptual del bien y el mal por entre las instituciones y los viejos conceptos de clase, ahora reconvertidos y simplificados hasta la caricatura. Viva la gente normal. Abajo la casta partidista, liberticida, burócrata, qué sé yo.
 Mientras tanto, observo el desolador panorama post electoral y, más allá de las secuelas apocalípticas del harapiento Mad Max, me quedo con la obviedad de que si, por ley, gobernase siempre el partido más votado nos ahorraríamos el denigrante espectáculo de estos pactos matemáticos entre perdedores más o menos ilustres y, tal vez, normales. Aunque eso es algo que nunca se sabe.

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viernes, junio 5

Poder y prepotencia


 
La Telaraña en El Mundo.
 
 Puede que el poder, así en abstracto, sea algo intangible. Una luz que nos proyecta contra el telón de los sueños o el muro de la realidad. Puede que el poder, así en abstracto, no sea más que un reparto de cargos, compromisos y retribuciones, una letanía moral sobre nuestros hábitos de comportamiento, la ancestral manera con que deshacemos los nudos de la vida o nos enredamos en ellos.
  La luz y los taquígrafos iban a dar paso, según el risueño Alberto Jarabo, a la minuciosa retransmisión en directo de las tortuosas, fidelísimas negociaciones de los pactos postelectorales. No ha sido así, pero tanto da. Es un alivio constatar que, para lo que hay que transmitir, ya les vale con Twitter y su mensajería ortopédica, su ortografía de urgencias y sus corolarios bajo mínimos. No queremos contagiarnos del estupor estoico de Armengol ante la prepotencia de Podemos. No queremos que nos venza la incredulidad de Biel Barceló ante la voluble teoría de las castas y el sí, pero no, transversal y ambiguo de los que buscan la ubicuidad ante todo.
 Pero así están las cosas. PSIB, Més y Podemos (o Som Palma, según corresponda) juegan a entenderse como si no fueran a hacerlo. Sus medidas de “coste cero” nos alegran, porque sería un crimen que nos tuviera que costar dinero convertir Palma, por ejemplo, en una ciudad antitaurina o en un paraíso del turismo gay. Nada menos. Ahora recuerdo que la única vez que estuve en nuestra Plaza de Toros fue cuando un mitin de Felipe González en pro de la OTAN. Hay que ver cómo cambian los tiempos.

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martes, junio 2

Libros, flores y tapas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Me parece que es muy de agradecer que este año los libros de la Fira del Llibre (los libros, pero también los libreros, los entes más o menos oficiales y pudientes y hasta los pobrecitos autores a la caza de algún fan despistado u enloquecido al que endosar, por fin, un afilado autógrafo) se hayan desparramado por entre los puestos de las flores y las terrazas de los bares de una punta a la otra de la Rambla en vez de apiñarse, como era casi una costumbre y también una especie de metáfora, unos con otros y todos entre sí. No hay nada peor que el espectáculo de la uniformidad convertido en escaparate, en simulacro de horizonte.
 Han cumplido, pues, los libros, los libreros, los entes más o menos oficiales y pudientes y hasta los pocos escritores que aún nos quedan, que son los de siempre diluidos, tal vez, por el espejismo de la discreción y el reemplazo voraz de las generaciones, han cumplido, decía, con el ritual de tender al sol su mercancía de ocio e introspección, de evasión o derrota contra el tedio, el ruido, la hermosa blasfemia de los mercados, el aroma (con lenguaje) de las flores, las tapas y los refrescos, la absenta cotidiana de quien viaja por abismos que empiezan donde el filo de las páginas convierte la tinta en sangre y el papel en piel, risa, clamor, nada.
 No se pierdan, el miércoles a las 18 horas, las presentaciones del Institut d´Estudis Balearics en honor de Cristóbal Serra. Por una vez que el IEB promociona algo que me interesa, no es cuestión de silenciarlo, sino todo lo contrario. Albricias.

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viernes, mayo 29

El gato de Cheshire


La Telaraña en El Mundo.

 El martes pasado les hablé de los pactos, de sus íntimas razones y su armazón, esa columna vertebral que todo lo aguanta, aunque sea a pedazos, retales, rotos. Pienso en una escultura de Calder o en un puente en ruinas de Calatrava. Voy de un extremo al otro y regreso. Me quedo pensando en el cadáver exquisito que somos y del que sólo nos libra alguna que otra sonrisa antropológica, la sonrisa del desencanto o la inteligencia, la sonrisa del gato de Cheshire, por ejemplo: ya no estamos nosotros ni está el felino, sólo resta en al aire una amplia sonrisa, la anónima sonrisa de todos.
 Vislumbramos, pues, lo más humano, cómico o trágico, de los pactos. Su ejecución a cara descubierta y sin más argumentos en la mano de los tahúres que una baraja de flores. En ese baile de máscaras se mezclan los números y conceptos, las fobias y filias, la siempre manipulable opinión de los electores. ¿Qué querremos nosotros, en fin, que los políticos dicen conocer y haber asumido?
 En las islas, el panorama pinta mal para todos, aunque peor para unos que para otros. Bauzá, por ejemplo, ha comprendido que su continuidad (a las duras y a las maduras, como repetía, sin pestañear, el domingo por la noche) no tenía ningún sentido. Cuando llega la hora de irse hay que marcharse, sin que se nos note el pánico. Armengol, en cambio, no parece haber entendido que su largo historial de alianzas con la ciénaga de la corrupción la ha inutilizado cara a un futuro que se desea regenerador y hasta brillante. Pese a lo que resulte de los pactos, claro.

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martes, mayo 26

Los pactos


La Telaraña en El Mundo.
 
 Nos guste o no, la vida es una sucesión melindrosa de pactos. Es cierto, no obstante, que muy a menudo querremos decir que no a todo y a todos, y que así lo haremos, en efecto, pero la rebelión nos durará poco, muy poco; al final, aunque sólo sea para sobrevivir, tendremos que pactar hasta con el mismísimo diablo para ir avanzando, mal que a trompicones y a tientas, en el alambicado universo de las cosas pequeñas, para ir reflotando, en fin, de tantas veces como acabamos zozobrando, de tantas ocasiones que nos estrellamos contra la realidad y sus fantasmas, la realidad y sus universos paralelos, la realidad y sus inexplicables espejismos.
 Es así, a base de pactos y componendas, como disfrazamos nuestras derrotas y las intentamos convertir en otra cosa. Sabemos desde casi siempre que, en la vida, lucen muchísimo las dianas fluorescentes, enormes y llamativas, como seductoras luces de neón en mitad de la noche más oscura; y es así como nos relucen en el horizonte las mayores abstracciones y los mejores artefactos conceptuales. No importa, en absoluto, que todo sea mentira. ¿Quién sabe, de hecho, lo que es verdad o mentira?
 Lo único cierto es que las urnas han dictado su inapelable sentencia política en las islas. La debacle del PP. El fracaso del PSIB. La ascensión de Podemos. La resurrección de MÉS. El fulgor del PI. El orto de Ciudadanos. Un paisaje, quizá ingobernable, que ahora deberán moldear unos y otros para que florezcan, voluptuosos y lascivos, los pactos; y que la fiesta de todos no decaiga. Sobre todo eso.
 

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viernes, mayo 22

Elecciones personales


La Telaraña en El Mundo.
 
 Repaso el calendario deportivo como si en el mando a distancia del televisor se escondiera algún mapa del tesoro, algún diagrama oculto, alguna revelación apocalíptica sobre la pasión o la indiferencia, sobre el enigma de la vida. Repaso sin prisas las hojas marcadas, minuciosamente, por la adrenalina o el cuajo de las diversas competiciones. El actual rugido afónico de la Fórmula 1. El desenlace matemático de la Liga. El deambular sudoroso del Real Mallorca. Las previsiones lógicas de la Champions. Roland Garros y Rafael Nadal. El Giro, el Tour, la Vuelta. Quizá, también, el Festival de Eurovisión. ¿Por qué no? Todo vale igual, cuando vale lo mismo.
 Pero lo bueno y hasta lo esencial de tanto acontecimiento más o menos deportivo o sinfónico, al margen de lo que nos pueda interesar personalmente, no es el hecho competitivo en sí mismo, sino su mecanismo cíclico y con vocación de eternidad. Los fracasos o éxitos de este año podrán ser vengados o ratificados, según corresponda, el año próximo y, si no, el siguiente o el otro. Indefinidamente.
 Repaso las columnas de la prensa, ese edificio en ruinas y en constante reconstrucción. Me asombra que algunos columnistas tengan el humor o la osadía de desvelar el sentido de su voto este 24 de mayo. Repaso las sucesivas elecciones de mi vida (que son todas las de la democracia, por supuesto) y no me encuentro con otra cosa que con decisiones personales de índole compulsiva y, quizá, azarosa. Apuestas un tanto suicidas por un futuro mejor que, a veces, se ganan y, a veces, no.

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martes, mayo 19

Dadaísmo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Repaso en la página web de este diario los encuentros electorales mantenidos con los candidatos de los partidos o agrupaciones que se presentan el 24 de mayo y así consigo, al fin, ubicar a los que aún se me resistían. «Guanyem» o «Som Palma», entre otros. Con lo que descubro gano muy poco. Me vence, eso sí, la recurrente sensación de que más de lo mismo es más de nada, nada que sumar y muy poco que perder cuando ya todo parece perdido.
 ¿Todo perdido? No creo. Cada cuatro años nos rencontramos con el hormigueo dialéctico de unos y otros. Con sus filigranas y cabriolas en el aire de todos. Con su vuelo bajo y nocturno, pero no indetectable. Sólo se trata, pues, de afinar las alarmas y permanecer vigilantes. De eso o de dormir a pierna suelta y que otros, nuestros hijos, por ejemplo, carguen con la pesadilla. Aún podemos elegir, pero no sé hasta cuándo.
 Con los partidos conocidos la situación no mejora. El goteo tísico de sus ideas nos aturde. Repiten regeneración y transparencia, anticorrupción, pacto social o renta básica como si balbucearan el «dadá» inicial del lenguaje. Podemos reírles las gracias o dejar que el paso del tiempo los delate y sepulte. Acumulan tantas promesas e incumplimientos que no sé cómo insisten en este esperpento de la verdad o la mentira convertidos en consigna, impostura, letanía, mantra. La soledad del corredor de fondo cuando le falla la brújula, en el caso de José Ramón Bauzá. O la añeja y sectaria sesión de frente populismo entre los gruesos labios de Francina Armengol. Es lo que hay.

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viernes, mayo 15

Orgías


La Telaraña en El Mundo.
 
 Cuando era muchísimo más joven y veraneaba, con la familia, en Cala Blava, tenía a la Playa de Palma por un lugar vulgar y ruidoso que, sin embargo, merecía la pena visitar, de vez en cuando, por aquello de las interminables fiestas que la lógica caprichosa del azar o, frívola, de la edad nos parecían tener siempre a punto. Las noches se nos alargaban tanto que hasta amanecían y la arena fresca y húmeda, entonces, nos recogía suavemente como a unos náufragos rotos de un tiempo que corría volátil y promiscuo, inconsciente, todavía, de sus límites y costuras.
 Pero es así, luego, en este instante de ahora, que recordamos las viejas historias pretéritas con varios signos de admiración, algún interrogante y no pocos puntos suspensivos. Nunca tuvimos conocimiento, por supuesto, de otra forma de diversión que no fuera fruto de nuestro esfuerzo, de nuestras propias ganas de comernos el mundo, de nuestro encanto (tan efímero, aunque aún lo ignorábamos) para cortejar todo lo que se moviese a nuestro alrededor, que no era poco.
 Debe ser por eso o, a fin de cuentas, porque algo hemos acabado aprendiendo con el paso marcial de los años, que se nos antoja sumamente repugnante y hasta vomitivo el cúmulo de revelaciones sobre las orgías de algunos policías y políticos o empresarios con cargo a la autoridad inmoral de los más fuertes y a la indefensión vergonzosa de los más débiles. Prostitutas. Menores. Sin papeles. O todo a la vez. Tanto en la Playa de Palma, como en Calviá, hay que hacer una limpieza tan ejemplar como higiénica.
 

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martes, mayo 12

Pablo y Albert


La Telaraña en El Mundo.
 
 
 Lo primero es situarse en las plácidas horas lentas de la noche en casa. La cena rápida de los niños: mañana aún hay cole si la huelga de la casta docente lo permite. En el mullido sofá virtual del espectáculo, que es una composición de lugar, un rebuscado plató televisivo con cámaras, acción, pocas luces y muchísimos efectos especiales, están sentados los hologramas de los líderes de Podemos y Ciudadanos; ellos no están, pero no importa. Esto es un juego litúrgico, un ejercicio de estilo donde lo que vale es enfrentar sus inmaculados perfiles estratégicos. Quizá, también, su aparente falta de hervor o su apetecible lógica suicida.
  De ambos se nos ofrece, sobre todo, su metódica y esforzada sonrisa, la que encandile a más gente aturdida o absorta, asombrada, abúlica, indignada o simplemente crítica con un discurso político que, cada vez, sostiene menos y peor la realidad que debiera arrullar y no arrulla. Será que no puede.
  A esos dos jovencitos relativos y treintañeros, Pablo Iglesias y Albert Rivera, uno los mira sin apenas ver casi nada. Parece mentira que ambos, con un discurso tan retórico y blandito, se hayan convertido, al parecer, en los personajes claves de un futuro político que se presagia convulso. Con tantas balas de fogueo, la realidad (o su parodia televisiva, su reflejo clónico en las redes sociales) se despereza para volver, enseguida, a la somnolencia. Es lo que tiene viajar hacia el futuro en un mullido sofá al que le chirrían los muelles y también las tripas. No hay viaje. No sé si hay futuro.

 

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viernes, mayo 8

Adán y Eva


La Telaraña en El Mundo.
 
 No sé si es algo común o sólo muy mío. Con los años, las pequeñas o grandes fobias y filias que reconocemos padecer y, sobre todo, haber padecido, parecen ir perdiendo peso y también entidad; se desdibujan y diluyen hasta convertirse en casi lo mismo. Sucede, pues, que acaba prevaleciendo, poco a poco, el principio de la terca realidad sobre el del fulgurante, volátil deseo y uno empieza a saberse situado en un mirador inverosímil y vertiginoso, en un balcón o puente colgante con las mejores vistas subjetivas del universo. Su espectáculo, no obstante, nos sobrecoge o aburre sin que sepamos muy bien por qué. Ni cómo.
 Miramos al mundo y se nos escapa, ahora, un indisimulable bostezo. Volvemos a mirar y, aunque nada haya cambiado, ahora la emoción nos desborda. Hablamos (o callamos) al margen de que casi nadie nos escuche, porque nosotros tampoco escuchamos a casi nadie y sólo pretendemos, tal vez, cumplir alguna que otra orden invencible que nos nace muy adentro, en algún lugar tan poderoso que no la podemos ignorar ni contradecir.
 Mientras tanto, leo que Adán y Eva han muerto. Eva, abatida y Adán, asfixiado, quizá. Son dos chimpancés. Dos antepasados escandalosamente próximos en la escala genética. Ellos también se descolgaron del viejo árbol bíblico del conocimiento del bien y el mal. Ellos tampoco recuerdan el lugar exacto donde la fruta prohibida nos abocó al hambre, la emoción o la abulia. A la pasión que nos hace semejantes, pero no iguales. Al miedo que nos convierte en asesinos y que, a la vez, nos asesina.

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martes, mayo 5

El disputado voto


La Telaraña en El Mundo.
 
 Si se confirma la dispersión general del voto, que presagian las encuestas, no es absurdo concluir que todos los partidos políticos de las islas (salvo UPyD, porque su antiguo líder, en el penúltimo momento, prefirió dimitir y dedicarse a la gloriosa complejidad estratégica del criquet o a los revolcones lingüísticos, en fin, de la filosofía pangermánica; y no sé si hizo bien o mal, ni me importa) tienen alguna que otra posibilidad de llegar, aunque sea por la vía interpuesta de los pactos y las componendas, las renuncias y las usurpaciones, a gobernar. O a disputar, al menos, su parcial, pero jugosa, subasta de cargos, su espejismo burocrático de vencedores y vencidos.
 Gobernar, ya se sabe, es tan sólo un pretencioso eufemismo dialéctico de otras muchas labores que no se citan, pero se sobrentienden, como son repartir y repartirse, a la vez, el pastel monstruoso, pero escaso, del dinero público y moldear, lo más ideológicamente que se pueda, el cada vez más globalizado (y sin embargo, uniforme: uniformado) espectro social de la existencia.
 La vida no avanza, me temo, hacia donde quisiéramos (sobre todo, si fuésemos capaces de formular correctamente ese deseo) sino hacia no sabemos dónde, porque tan sólo alcanzamos a seguirla de lejos y con la mirada. Nuestro tiempo es tan limitado e insuficiente que lo único que nos puede consolar, tal vez, es proyectar esa trayectoria desconocida en algún lugar remoto de nuestro cerebro y esperar que ahí nos podamos, algún día, reunir con el mundo. Y con nosotros mismos, claro.
 

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viernes, mayo 1

Catástrofes


La Telaraña en El Mundo.
 
 En no pocas ocasiones, observamos el lienzo ensangrentado y siempre vertiginoso de las numerosas tragedias que ocurren (y por cierto, no cesan) sin saber si el espectáculo del horror nos alcanza de lleno o si sólo nos roza. ¿Hasta dónde somos privilegiados espectadores y sólo eso? ¿Seremos capaces de subir al escenario cuando llegue la hora y alguien, quizá el destino o el azar, nos llame? No es fácil, en efecto, responder a este tipo de preguntas. No siempre nos será posible cuantificar un dolor aparentemente ajeno y quizá exótico y convertirlo, de alguna forma más o menos honesta, en una herida abierta en el propio costado. Cómo duele. O debería.
 Con todo, me da que lo único capaz de mudarnos la inexpresiva faz del mundo en convulsión y en agonía es añadirle algún que otro matiz de verosimilitud, un aire menos aleatorio y más reconocible, cercano, familiar. Será por eso, tal vez, que una tragedia obviamente menor (pero grave) como la del ferry «Sorrento», a muy pocas millas de nuestro presente y a menos, aún, de nuestro pasado, nos afecta incluso más que la devastación monstruosa e indescifrable en el lejano Nepal.
 Parece, pues, que los sentimientos se nos pegan como lapas a la piel y tiritan. Nos ponemos, entonces, su musculoso abrigo de frío y salimos a las calles a pasear tan desnudos y tan desvalidos que se nos trasparentan el hueso, el callo y hasta la vieja médula que da en sostenernos, una vez y otra, incluso cuando ya nos hemos caído y toca, cómo no, volver a intentar levantarse. Cuesta, pero no hay otra.

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martes, abril 28

El ombligo de los limbos


La Telaraña en El Mundo.

 Puede que lo intuyamos sin acabar de entenderlo. Vivimos al filo de una enorme burbuja que puede (y suele) explotar de vez en cuando. Así, por ejemplo, en mayo de 2010 un hombre, desde la soledad de su modesto adosado en los suburbios de Londres, empezó a colocar, mediante un programa informático de su cosecha, órdenes falsas en el mercado de Wall Street hasta provocar, en tan sólo cinco minutos, un cataclismo en la Bolsa de algo así como medio billón de dólares. No es mucho ni es poco, es sólo un síntoma.
 El imprudente pirata informático y ladrón de cuello blanco se llama Navinder Singh Sarao y es sólo una prueba viviente más (otra, aunque su futuro pinte entre rejas) de que la economía universal es como un viaje al limbo y a ninguna parte, un caligrama espantado de Mallarmé o Larrea, por ejemplo, coronado por un par de versos o exabruptos ilegibles de Antonin Artaud. Una especie de golpe de dados sísmico ordenado por un dios ebrio entre los sueños más profundos de los hombres. Nos cuesta muy mucho, al despertar, saber con exactitud qué cifras, cuáles, son las que nos definen y delimitan en este instante de aquí y ahora o de siempre.
 Voy, pues, de las abstracciones a las anécdotas y viceversa. Busco al azar de Google y me son devueltas algunas frases de Artaud que ya ni recordaba. Por ejemplo: «Allí donde unos exponen su obra, yo sólo pretendo mostrar mi espíritu». O «Toda escritura es una cochinada». Hay algo en esta escatología literaria que me reconcilia, a la vez, conmigo mismo y con el mundo. O sea, nosotros.

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viernes, abril 24

Las tablas de la OCB


La Telaraña en El Mundo.
 
 Parece que la Obra Cultural Balear se cree con derecho a algo más que voz y voto en el pozo mayúsculo y sin fondo de la política isleña. Les gusta enfocar la realidad con sus maltrechos prismáticos y exhibirnos sus alucinaciones como si sólo existiera el lodazal en el que viven, esa tullida caricatura de bochornosos intereses, ese empacho ideológico de países, más que imaginados, imaginarios, esa sonrisa cínica que cabalga gracias a la lluvia de comisiones y aranceles, sin olvidarnos de la inercia ancestral de quienes renegaron de sus singularidades históricas y culturales en aras del sol que más calienta. O así.
 No es de extrañar, pues, que la OCB demande a los partidos políticos que se posicionen, con vistas a las elecciones, sobre su abrasivo decálogo de compromisos lingüísticos. Hay que filtrar la voluntad política al hilo purificador de la sumisión a las sagradas tablas de la Ley de Normalización. Es decir, la institucionalización del catalán en todos los órdenes sociales.
 Así las cosas, es revelador que haya sido el PSIB de Francina Armengol el primer partido en firmar las tesis de la OCB. De Armengol ya se sabe lo que hay y, sobre todo, lo que no hay. Muy pronto, no obstante, otros vendrán a sumarse a la pira del fallido trilingüismo de Bauzá frente al monolingüismo identitario. Seguro que Més, PI, las marcas blancas de Podemos y hasta algunas facciones descarriadas del PP firmarán (o firmarían) muy a gusto. Sólo hay que atender, pues, y con no poca atención, a los que no firmen bajo ningún concepto. Ánimo.
 

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martes, abril 21

Larvas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Diríase, por desgracia, que la humanidad es una mala mezcla de gente con horribles monos naranjas y verdugos con aire marcial, dagas, puñales y capuchas negras. Los monos naranjas, en ocasiones, se transforman en harapos hechos trizas, en piel requemada al sol, en puro naufragio de sal y muerte anunciada frente a las costas, siempre lejanas y quizá ficticias, de la libertad o de sus sucedáneos. A su alrededor, los tiburones presienten la carnaza fresca y se arremolinan; hacen rechinar sus dientes, sus puños de metal o sus guantes blancos, blanquísimos, como parásitos en plena orgía de los sentidos, como buitres de una fe caníbal que sólo da en devorar la fe ajena y así hacerse fuerte.
 Observo el universo y casi que quisiera saltar del tren en llamas hacia ninguna parte; pero fuera del tren no parece haber ningún lugar exacto donde cobijarse, ningún claro de luz entre la humareda y las brasas donde reunirse, al fin, consigo mismos, ningún remanso donde dormir un breve sueño que no sea, necesariamente, el último. Mal lugar, también, ese lugar que no existe o que sólo nos vale como epitafio.
 Habría, pues, que huir por igual de las lápidas y de las sogas. De los puños de metal como de los guantes blancos, blanquísimos. Evitar el mercadillo infecto de los dioses menores y su dolorosa usura; su decrepitud de larvas que sólo pueden convertirse en monstruos, en lluvia torrencial y tóxica sobre las urbes donde, una vez, el hombre acertó a pensar y ya sólo balbucea cualquiera de sus múltiples y variadas ideologías de muerte.

 
 

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viernes, abril 17

El encierro electoral


La Telaraña en El Mundo.

 Resulta que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, se asustó de veras, aunque sólo le llovieran los inofensivos confetis y las octavillas, quizá, de la ira, cuando una joven activista alemana se le subió de un salto a las barbas esquilmadas de los balances, al filo gélido de los saldos inverosímiles y las básculas manipuladas por el déficit de los grandes números frente a la debacle doméstica de los números pequeñitos, los guarismos mínimos del día a día, las cuentas sin acabar de cuadrar en la ruidosa alcancía de los trabajos y las horas.
 Parece, en fin, que nos gustan mucho estos simbólicos sobresaltos por lo que tienen, quizá, de ejemplares y, a la vez, de inútiles. Nos gustan por lo que quieren demostrar (aunque no sé si lo demuestran, pero ese es otro tema) de ética y de impaciencia; de joven voluntad humana decidida a enfrentarse al viejo fatalismo que encarnan los que parecen mover los hilos invisibles del poder, la economía sonámbula de los pueblos, el plan anual y malcarado de la miseria.
 Salto de la mesa de Draghi al balcón de esta especie de San Fermín, con las reses tullidas y los pitones recortados, que son las próximas elecciones del 24 de mayo. Aquí el encierro transcurre entre el viaje descontrolado de los tránsfugas (en busca de alguna lista en alguna marca blanca donde medrar, al fin) y el trote cochinero de los cabestros de siempre. Creo que no me va a quedar más remedio que seguir corriendo hasta la inalcanzable plaza de mis sueños. O hasta el mismísimo matadero y más allá, aún.

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martes, abril 14

Voluntad de poder


La Telaraña en El Mundo.
 
 Decido ponerme al día en los penúltimos escarceos tecnológicos (por así llamarlos) del cine compartido en la red y me encuentro, de la mano inocente de algunos comentarios en la prensa generalista, con Wovie.tv y Popcorn Time. Se trata de una web bastante surtida y de un programa de código tan abierto como dudoso. Nada nuevo bajo el sol, salvo las ganas o la necesidad de seguir burlando el arco de las taquillas y el sudoroso hedor de las palomitas de maíz en los apretados multicines de hoy en día. Quizá el cine ya no sea lo que era, porque casi todos los estrenos se me antojan de una vulgaridad aplastante.
 Pero tampoco la política es lo que era. O lo que debería ser y no fue nunca. Me resultan vulgares (y hasta insultantes) las fugas masivas de personal más o menos cualificado que se producen en los partidos señalados por el descalabro electoral en las tablas de la ley que, en la actualidad, son las encuestas. Aquí el éxito o el fracaso son un voluble estado de ánimo y una obsesiva voluntad de poder; un abismo que se abre para unos y se cierra para otros sin más solución a la vista que la abolición o el arribismo.
 Las elecciones se aproximan no sé si a paso marcial o de vértigo. El espacio alrededor del PP y el PSOE va a ser ocupado por las catervas y legiones de Podemos y Ciudadanos. Por las múltiples marcas blancas de una izquierda sin más referentes que algunas dictaduras más o menos enloquecidas y la enésima refundación de una derecha que no acaba de sentirse conforme, ay, consigo misma y con sus circunstancias.

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viernes, abril 10

La defunción de UPyD


La Telaraña en El Mundo.
 
 Voy leyendo los múltiples partes de defunción de UPyD y no puedo sino quedarme pensativo. ¿Cómo es posible? Tengo (o he tenido) amigos en esa formación. Gente que ha merecido, alguna que otra vez, mi voto y a la que podría volver a votar sin mayores reparos o remordimientos. Es cierto, eso sí, que Rosa Díez (tan ambarina y angulosa, ella) nunca me ha gustado, pero tampoco le veo al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, un porte o bagaje mucho mejor. Será que ya ha llovido desde aquel desnudo suyo en los carteles de una Cataluña que siempre prefirió el rococó nacionalista al minimalismo exento y, quizá, inmaculado.
 Conviene que aclare, no obstante, que mi voto no vale nada; mi sentido práctico de la realidad es nulo y no creo en ninguno de los dogmas que los partidos políticos esgrimen al llamarnos a urnas. La verdad es que ni la economía ni la sociología (como tampoco sus variantes dialécticas y ontológicas, televisivas, de género o sexo y hasta zoológicas) me importan un comino. Estoy seguro que mi amigo (de Facebook, al menos) y cabeza visible de UPyD en Baleares, Johannes A. Von Horrach sabrá entenderlo.
 Lo que no creo que nadie entienda es que el trabajo de años, de repente, no valga para nada y Ciudadanos venga a sustituir a UPyD sin más razones que el caprichoso azar de un sarpullido mediático. Es por eso (entre otras cosas) que siempre miento cuando al salir de los colegios electorales me interrogan sobre el tacto rugoso de la papeleta de mis sueños. Esa papeleta no existe. Lo sé y lo saben ustedes. O eso creo.

 

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martes, abril 7

Mercaderes y artistas


La Telaraña en El Mundo.
 
 Suelo entrar en la Lonja igual que en un museo o un templo. Con cierto asombro y expectación. Como frotándome los ojos para que las imágenes se multipliquen y la mirada se me pierda por entre las ojivas góticas del cielo, las nubes de piedra y el aire a cónclave de mercaderes, a subasta de sudor y huesos. Ahí la humanidad intercambió sus dones y provocó, quizá, la ira de los más justos. Pero hace tiempo que ya no me recuerdo esa indignación en la sien, ese avivamiento interior, esa ebullición en el arco curvo y tenso, sostenido, de las palabras. Es una lástima, lo sé.
 Pero entro en la Lonja y me encuentro con una exposición (o instalación o lo que sea) de Rebecca Horn. Midiendo el cielo desde el fondo de un pozo. O “Glowing Core”. O unos espejos superpuestos. Varias calaveras deshabitadas. La vaga presencia teórica de Ramon Llull o de quien se quiera, en fin, sacar del sepulcro para dejar que se pudra al devenir de la tertulia, la representación o el artificio. Los muertos exquisitos siempre le dieron mucho juego al arte. O así.
 Pero vuelvo a entrar en la Lonja y me asomo a los pozos sin fondo no sé si del cielo, la tierra o de mí mismo y mido las distancias como quien se contempla sin verse y sabe que en los espejos no hay más ni menos que la propia vanidad; y sonrío o me aflijo con que el IEB se gaste, me dicen, veinte mil euros en esto y el cero metafísico del arte nos ocupe la Lonja durante seis meses como si la sangre se nos detuviera en las venas y a ver qué dice, entonces, nuestro maltrecho corazón. ¿Qué dice?
 

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viernes, abril 3

Viernes Santo


La Telaraña en El Mundo.
 
 Si entre nosotros parece que no dejamos de buscar líderes (y encontrar alimañas) que nos dirijan, cómo no vamos a buscarle a la creación entera un creador único, un rostro amable o cruel, pero responsable, que nos cobije cuando andamos perdidos y dé sentido al viaje ensortijado de los años que se suceden sin otra música que la de una solemne procesión bíblica: desde los albores del diluvio universal hasta la luz intermitente de una vela ante la que oramos, vacilantes, cuando ya nos empieza a faltar la fe y las palabras añoran su antiguo poder curativo, su empatía o hipnosis.
 No acaba de amanecer en esta noche oscura y de plomo en la que me revuelvo, inquieto, en mitad de mis sueños. Los encapuchados, con ruidosos y lacerados tambores, van recorriendo las calles como si se dirigieran, una vez más, a Getsemaní, ese jardín de olivos retorcidos, y una última oración les esperara allí, dos mil quince años después. Esa oración es la misma que sigue resonando, ahora, en mi recurrente insomnio de casi siempre. Qué poco han cambiado las cosas.
 Mientras tanto, hoy celebramos (a nuestra manera, por supuesto) el día de la Cruz. O el de la muerte que se acabará convirtiendo, finalmente, en la magnífica premonición de un sepulcro vacío. No obstante, no voy a buscar por ahí afuera las pruebas exquisitas de una fe que apenas sí conservo en mi interior; y no siempre, tan sólo a ratos. Hay algo en la naturaleza humana que nos empuja a nombrar todo cuanto desconocemos y hasta llamarlo Dios, en ocasiones, sin saber de lo que hablamos.
 

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martes, marzo 31

Doce años y un mes


Este blog acaba de cumplir doce años y un mes.

El viaje de la vida


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 A menudo, mis paseos diarios por Palma me llevan hasta la plaza de las Columnas, Pere Garau o Son Gotleu. Es la mejor forma, quizá, de reconocer los paisajes más castigados por la crisis, el zoco de los emigrantes, los exóticos lugares donde la cultura muestra su mestizaje y la civilización contiene el aliento y se convierte en otra cosa: una espera más allá de toda esperanza, una voluntad de supervivencia sin límites, el alarido silencioso de quien desea fundirse con las sombras para dejarse llevar, tal vez, por la inercia de todos.
 En ese cónclave de pueblos, sin embargo, no parece producirse fusión alguna. Los chinos, árabes, africanos, hindúes y latinoamericanos parecen vivir en compartimentos estancos. Incomunicados entre sí. Sus comercios son distintos. Sus restaurantes, otros. Y no se relacionan entre ellos, sino a través de nosotros, los asombrados indígenas de esta selva donde la ciudad resplandece como si el sol fuera de fuego y viajásemos en un avión sin más piloto que un suicida a los mandos. El viaje de la vida.
 En estas, y por aquello de las próximas elecciones, el candidato de MÉS, Antoni Noguera, apuesta por la creación de un eje cívico que una Pere Garau y Son Gotleu. La idea es buena. Una rambla peatonal permitiría que, desde las Avenidas hasta la mismísima cocina del infierno, el mundo fuera poniendo en orden el artificio rabioso de sus etnias y la presunta diferencia de sus culturas. Todo para que, al final, resplandeciera la verdad única de la soledad, la pobreza y el desvalimiento compartidos.

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viernes, marzo 27

“Aló, Jarabo”


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 El mando a distancia del televisor nos puede deparar cualquier cosa. Así, días atrás me topé con una entrevista (grabada) al líder de Podemos en Baleares, Alberto Jarabo, en una de las tertulias de Canal 4. Sus opiniones, tan insustanciales como su ingrávida sonrisa, tuvieron la virtud de rendirme al buen humor del escepticismo. Por desgracia, este hombre no se entera de nada. Será que la realidad es demasiado compleja como para abordarla sólo con consignas más o menos bienintencionadas.
 El caso es que era de noche y no tenía sueño. Sin embargo, las claves dialécticas de Jarabo me aproximaron, raudas, a la somnolencia. Les cuento algunas ovejas de su virtual rebaño. A falta de ideas propias, asamblearismo y redes sociales. Un indisimulado afán de control de los medios de comunicación privados. El corsé bien ceñido sobre los lomos escuálidos de la educación, la sanidad o el fisco. Todo muy público en una gran nación de funcionarios. El sector turístico bajo sospecha. Los sueldos (de los futbolistas, por ejemplo) limitados. O una auténtica inflación demagógica. Pero sigo.
 Una política suicida (en el actual Estado de Derecho) respecto a las viviendas vacías de los ciudadanos y las entidades bancarias. Pobrecitos los bancos. Todo para terminar con la propuesta de la retransmisión (streaming) en directo de todas las negociaciones entre los partidos. De ahí a un ubicuo "Aló, Presidente" en la mejor franja horaria de las televisiones (se entiende que públicas, claro) va un solo paso. Fue entonces cuando me fui a la cama.
 

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martes, marzo 24

Guía del paraíso


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 Según una encuesta del diario londinense The Times, Palma es la mejor ciudad del mundo para vivir. Está bien. Vale. Lo aceptamos, porque tampoco podemos refutarlo. Vivimos aquí desde el principio de los tiempos y, desde entonces, nos hemos sabido muy próximos al paraíso, en sus aledaños cálidos y prometedores, en su círculo espectral de elegidos a pesar de todo. A pesar de nosotros mismos, nuestra abulia esencial y nuestra condena íntima de todo lo provinciano, localista, vulgar o nefasto. Palma es, también, ese lugar que detestamos, hasta cuando nos subyuga.
 Hace un par de semanas vino a Palma un amigo sevillano. Me puse mi mejor disfraz de guía turístico y me ofrecí a enseñarle la ciudad en unas tres o cuatro horas. Nos encontramos en el Paseo del Borne y nos fuimos caminando hasta la Catedral. Estaba cerrada. De ahí nos llegamos a Cort, con su olivo y su fachada esquinera de pega, ese milagro arquitectónico, esa vergüenza funambulista de vigas metálicas sostenidas no se sabe cómo ni por qué o hasta cuándo.
 Después visitamos la Plaza Mayor, esa explanada de camareros y mimos mendicantes, y la Plaza de España. Entre ambos lugares, San Miguel nos acogió con su ir y venir urbano, su top manta y sus abigarrados comercios. Esta calle me recuerda a la calle Sierpes, me dijo, entonces, mi amigo, y me sonreí pensando que el paraíso está en todas partes y en ninguna; quizá, pues, lo mejor sea llevarlo muy adentro para que si nos falla, por algún motivo, todo lo que nos rodea, no nos falle, al menos, lo que sentimos. O así.
 

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viernes, marzo 20

Los delfines y la muerte


La Telaraña en El Mundo.
 
 Hay temas que se eternizan, a veces, porque el azar o el destino entran en conflicto y no logran ponerse de acuerdo. Pienso, por ejemplo, en el suicidio del entrenador de delfines de Marineland, José Luis Barbero, y en los posibles efectos colaterales de propagar en la ficción demagógica de las redes sociales un video más o menos real o manipulado. Auténtico o subjetivo. Desprovisto de matices e incertidumbres o saturado de suposiciones, primeros planos ambiguos, imágenes escogidas por no se sabe bien qué oscuros o diáfanos motivos.
 Puede que no seamos capaces de hallarle razones suficientes a la vida o a la muerte. O que, pese a intentarlo con fuerza, nunca logremos explicarnos de forma coherente las razones de la inercia de las células, el horror del piélago erizado de algunos de nuestros pensamientos y actos, el muro en blanco frente al que nos lamentaremos un instante antes de que una sábana blanca nos acicale. Al fin desnudos y para siempre.
 No tiene razón, sin embargo, SOS Delfines cuando califica de artificial la polémica sobre la autenticidad del video que realizaron sobre el maltrato de los cetáceos. Dicen que hay muchas otras horas de grabaciones que probarían lo que el video venía a denunciar. Es muy posible, en efecto, pero no sé si estos animalistas son, a fin de cuentas, unos perfectos irresponsables o unos auténticos extraterrestres. No es de recibo confundir el lento y tortuoso devenir de los trabajos y los días con la edición mutilada de su macabra síntesis, su corolario, su agónica verdad de parte.
 

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martes, marzo 17

Polvos y lodos


La Telaraña en El Mundo.

 Leo sobre toda suerte de dietas (del cuerpo, pero también del espíritu) mientras apuro el catálogo completo de mi pastillero médico y me subo a la báscula de cada día con la única obsesión de aligerar peso o esclarecer conceptos. Quizá no podamos aspirar a nada más que despojarnos de la asfixia harapienta de los tópicos, esos lugares comunes, mediocres, tóxicos, y bañarnos en las aguas revueltas de la realidad.
 Porque la realidad, en efecto, baja revuelta y en sus aguas hay un hilillo rojo de sangre, una profusa sucesión de persecuciones, secuestros y ejecuciones. A un fanatismo le sucede otro igual, pero de signo opuesto. Aparentemente opuesto. No es de extrañar, pues, que ahora sea fácil encontrar nostálgicas defensas, por ejemplo, de Sadam Hussein, Muamar el Gadafi o Reza Pahlevi, el sha de Persia, como si sus derrocamientos (tan artificiales y manipulados como sus llegadas al poder) nos hubieran traído la barbarie de Estado Islámico y grupos afines. No es así. O no del todo. Aquellos polvos, estos lodos. O viceversa.
 Parece, pues, que el mundo precisa de un equilibrio general que no tiene, porque nos toca bailar sobre un alambre muy fino y no hay otra forma de avanzar que hacerlo tambaleándose y retorciéndose (sobre nosotros mismos) intentando conservar la conciencia y hasta la compostura. Quizá la dignidad o esa última quimera, que da en pensarnos libres mientras rendimos culto a tanto paraíso perdido, a tanto sueño encapsulado en la tormentosa espiral genética que nos obliga a mantenernos erguidos. O casi.
 

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viernes, marzo 13

La clase media


La Telaraña en El Mundo.
 
 
 Resulta que se comparten archivos –ya conocen esa vieja y guerracivilista historia del cine español, la propiedad intelectual de la indigencia o la música corporativa y militante de los de casi siempre; a cualquier cosa se le llama cultura en nuestros días- de la misma forma que se comparten asientos en los vehículos privados sin más taxímetro que el precio al alza de la gasolina y hasta habitaciones sin más estrellas que la noche oscurísima de los lobos (los de Wall Street y Bruselas, los de Andorra) en las casas de cada cual para ir moldeándole la cintura del hambre a la crisis y salir adelante aunque sea a rastras y contra el fragor del universo.
 Hacienda, mientras tanto, intenta amordazar hasta la asfixia el espejismo dorado de la economía sumergida. No sé si saben lo que hacen o si sólo hacen lo que saben. Poca cosa. O quizá mucha. Una simplificación perversa, una maniobra de distracción, un error absurdo de cálculo contra una clase media que se ve señalada, a la vez, como el motor de la economía y el progreso, sin tener más horizonte que su renta menguante en los saldos rojos del capitalismo crepuscular en que chapotea.
 Igual sucede que toda la economía española (y también la europea: no hay mercado de trabajo, presión fiscal o políticas sociales únicas y comunes) es, aquí y ahora, un precario iceberg a la deriva, una peonza ebria y demacrada que viene huyendo, vapuleada, de los políticos de siempre y va camino, ay, del latrocinio globalizado de los que quieren sustituirlos. Podemos y Ciudadanos, por ejemplo.

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martes, marzo 10

La privacidad


La Telaraña en El Mundo.
 
 Repaso las portadas de la prensa y llego a la dolorosa conclusión de que, según parece, todos los teléfonos móviles (y sus correspondientes pilas íntimas de mensajes en aplicaciones como WhatsApp y similares) de la gente más o menos conocida o por conocer están, constante y ubicuamente, pinchados, intervenidos, minuciosamente auscultados.
 La verdad es que me cuesta mucho creer que eso es así. Me resisto a aceptarlo pese a que la batalla parece perdida e intuyo, incluso, que nunca sabremos, con certeza, si lo que se filtran son las goteras malolientes de la realidad desbordada y desbordante o su abono de parte, ese riego interesado que va escribiendo la historia. O rescribiéndola. Mal asunto, éste, el de la historia rescrita según se escrutan las líneas de una mano o se convoca a los muertos para que nos digan, en fin, lo que ya sabemos. ¿Qué otra cosa podrían decirnos?
 La privacidad pasa, entonces, por huir del escenario de la modernidad y las nuevas tecnologías, por abandonar el vértigo de los chats del infierno, las rápidas y desaliñadas grabaciones de la barbarie, el tuit inmisericorde con que el pensamiento libre se cuadra y se convierte en otra cosa, una consigna, un dogma, quizá un arma vírica y arrojadiza que intoxica al personal, desvía su atención o, mejor aún, la colapsa. Será por eso, tal vez, que desde hace tiempo sé que soy aproximadamente quien soy y no más ni tampoco menos. Desde ese lugar tan incierto miro al mundo, como a mí mismo, sin acabar de reconocerlo o reconocerme. Buena señal. Estoy seguro.
 

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viernes, marzo 6

¿Por dónde?


La Telaraña en El Mundo.
 
 La verdad es que no le encuentro la vena erótica a las voces en falsete de una pareja mallorquina discutiendo sobre si por delante o por detrás. Pensaba que esos viejos tabúes sobre lo que usted quisiera saber y no sabe, tal vez, sobre el sexo se habían solucionado durante los años ochenta o noventa; pero parece que no fue así y que el fin de siglo sigue extendiendo sus garras dialécticas hasta donde ahora estamos y más allá. Será, pues, que los años igual no pasan o pasan, tan sólo, para regresar cuando menos los esperamos, como si nada.
 Nunca he escuchado la radio de IB3. De hecho, nunca he escuchado ninguna radio y casi que me sorprende que la radio siga existiendo en la época del culto indisimulado a la imagen, a las verdades incontestables de YouTube y al paroxismo visceral de las tertulias televisivas: la omnipresente cámara que nos muestra las veinticuatro horas de nuestro día a día como si no tuviésemos otra cosa mejor que hacer que asomarnos a ese tragaluz donde sólo triunfan la ordinariez y la mentira, la casquería del espíritu, el neolenguaje orwelliano de las apariencias.
 Ahora podría aprovechar el hilo, estirarlo lo suficiente y hasta hablarles, quizá, de Podemos. Se habrán dado cuenta de que todo el mundo habla de Podemos. Pero no lo haré. Me siento escindido entre el lógico respeto hacia la indignación de la gente de la calle y la vergüenza ajena que me producen las burdas manipulaciones de su cúpula dirigente. Con ellos al mando no cabrá preguntarse, en modo alguno, si por delante o por detrás. Ay.
 

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martes, marzo 3

La Piedra Rosetta


La Telaraña en El Mundo.
 
 No parece que vaya a quedar mucho de nosotros. Ya no escribimos cartas que puedan sobrevivir, sudorosas y amarillentas, al paso del tiempo, sino emails y mensajes rápidos, volátiles susurros en la nube digital que nos envuelve. No imprimimos fotos, sino que las almacenamos en los sucesivos discos duros que se nos van rompiendo a lo largo de los años. No guardamos discos de vinilo sino mp3 o ni eso, simple música de consumo inmediato en el vivo y en el directo imaginarios de un par de programas informáticos.
 Yo mismo, hace unos meses, tuve que deshacerme de cientos de disquetes porque ya no tengo disquetera en el PC y, además, ya no existen aquellos venerables programas de edición de textos, básicamente bajo MS-DOS o Windows 3.11, con que solía escribirlos. Pronto haré lo mismo con los casetes y hasta con las cintas de video. La obsolescencia programada de soportes (y también de formatos) va reduciendo nuestro pasado a un montón de sombras indescifrables.
 En algo así pensaba este largo fin de semana frente a la Piedra de Rosetta en el Museo Británico de Londres. Su trilingüismo pétreo y rotundo ha sobrevivido al olvido, permitiéndonos descifrar conocimientos de incalculable valor histórico, cultural o artístico. Fue entonces, creo, que intenté hacerle una foto con el teléfono móvil y subirla, de inmediato, a Facebook, pero algo salió mal. Con la cuenta terminantemente bloqueada perdí, de golpe, unos quinientos amigos y me dije que la soledad también debía ser eso. No tener con quien compartir lo que se nos antoje.

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