LA TELARAÑA

viernes, febrero 3

Oro en el estiércol

La Telaraña en El Mundo. 
Supongo que en política, como en casi todo, siempre se está a tiempo de caer todavía más bajo, pero el diputado del PSM-IV-ExM, Antoni Alorda, al comparar la actuación lingüística del Govern con el trato que Franco dio al catalán, lo tiene muy difícil. Casi que imposible y, además, no tengo intención alguna de acompañarle en su incendiario descenso hasta los infiernos. O más allá, que todo tiene su otro lado y es fácil encontrar una timba de tahúres si se la busca, con el ahínco suficiente, en el lugar más subterráneo. O por ahí.
Ya sé que no le será muy útil que le recuerde que el lodo es, de por sí, bastante espeso y que por mucho que lo siga ahondando se suele tropezar con tramos de piedra viva donde hasta los taladros, a veces, se atoran pero, por si no sucede así, luego resulta que a una capa de excrementos le sigue otra y, claro, huele fatal y el desenlace sólo pueden ser la asfixia y el plomo en las ideas; y hasta aquí llego, porque ya lo perdí de vista y lo supongo muy lejos, allá en el magma de la confusión. O del tedio.
Pero puede que no sea ese el destino que sueña Alorda. Igual es que más abajo -y él bien que lo sabe a estas alturas, ya, del viaje- siempre hay petróleo y alguna que otra subvención lingüística y hasta el paraíso perdido de los que sólo saben que medrar del erario público. ¡Y constitucional! O tal que así. Virutas de oro en la incierta pedrería del estiércol.

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jueves, febrero 2

Lenguas de la realidad

La Telaraña en El Mundo.

Pienso en las barbas del vecino a remojo. O en las mías. La actualidad tiende al gag y a la parodia. Lo que ocurre aquí o allá puede suceder en cualquier otra parte. Así, a Alejandrina Cabrera, candidata al consistorio de San Luis, Arizona, la han obligado a retirarse de las elecciones por su falta de fluidez en inglés. Es sólo una anécdota, pero no nos extrañaría que, en breve, alguien que no hable catalán resulte, también, del todo impresentable en Baleares. ¿Y si no hablase bien castellano? Bueno, sólo con recordar la oratoria de Cañellas, Matas o Antich ya nos vale. No. No hay problema.
No sé qué idiomas, cuáles, debieran ser precisos para subirse al pedestal del poder. Cuántos más mejor, pienso, pero igual yerro. Sería de ver un presidente que discurriera, quizá, en latín o griego -además de en alemán- pero que supiera explicar la realidad en el propio e indescifrable dialecto de lo real. Para ello no valen las lenguas muertas ni vivas. Ni el catalán ni el castellano. El lenguaje de la realidad es una mezcla de tantas voces que descifrar su gramática requiere de un don de lenguas que acaso ya no existe.
Habría, pues, que buscar un universo paralelo en el que vernos como si fuéramos otros. Y juzgarnos en él, aquí, como allá en San Luis, Arizona, donde más del 90% de la población es hispana y habla, de preferencia, en castellano. Ese lugar me resulta muy familiar. ¿No les parece?

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lunes, enero 30

Libertad y ortografía

La Telaraña en El Mundo.
  
Parece que los ridículos ciento cuarenta caracteres con que Twitter nos permite comunicarnos con el mundo pueden llegar a dar bastante juego. O mucho. Yo ya los había probado para enviar a todos -y a nadie- algún endecasílabo, varios pareados y hasta un terceto, bien que de arte menor y siempre respetando, por supuesto, la ortografía. Que no hay verso ni tampoco idea que sobreviva a los espasmos gramaticales de la mensajería telefónica, los foros de internet y, por lo visto, también del jurado popular que declaró «no culpable» a Camps.
Obviaré la sentencia, porque abrir un debate, aun y sabiendo que le esperan otras cuitas con la Justicia, sobre trajes, zurcidos y demás amiguitos del alma es casi de chiste si lo comparamos con el terrorífico historial de la banda de Munar, Matas o el derroche del Pacte. Pero lo del jurado sí que me indigna. Los hubiera encerrado a todos, porque no es recibo que entre nueve hombres sin piedad -o muy piadosos, según se mire- no hubiera ni uno capaz de poner las tildes donde toca o de hilar tres palabras seguidas sin mácula. Es de juzgado de guardia. Y nunca mejor dicho.
Pero andaba yo a vueltas con Twitter y con el nuevo intento de resucitar la censura en la Red según desde qué país envíe uno sus mensajes. Será, nos dicen, que hay que ser prudentes con las culturas ajenas y eso sí que es cierto. Pero algo más de respeto -o un respeto absoluto- para con la libertad de expresión -y para con la ortografía- tampoco estaría de más. En absoluto.

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sábado, enero 28

De huevos y trompetas

La respuesta al debate del sábado en El Mundo: ¿Cree que la oposición debería condenar los insultos al Govern por la lengua?

No. A falta de ideas, insultos y vejaciones. A falta de gramática, empujones, huevos duros y, a ser posible, mejor si podridos. A falta de cultura, subvenciones. A falta de educación, abucheos. Y a falta de casi todo, pancartas, manifiestos y hasta banderas. La feroz carnicería de la ignorancia siempre encontró en la lengua su plato preferido, su filete al dente -esa aberración gastronómica- o su filón inagotable. Pero ese es el menú telúrico de la oposición y así nos lo escriben, con tiza y tizón, en la pizarra territorial y patriótica -cuánto oxímoron- de las horas del tedio o del sobresalto. A todas horas, porque hay que ver cómo y cuánto chirría ese trazo repugnante y repulsivo, esa eterna monserga circular y paradójica de la lengua propia y la lengua común, de la lengua de todos y la lengua de nadie, de la lengua, en definitiva, mordida. O de la mordida de la lengua, que esa es otra y la misma, porque con la lengua única, ya se sabe. Todo son malentendidos.
Pero tanto da. Para el PSIB, el PSM y demás grupúsculos volátiles, condenar los insultos paralingüísticos a Bauzá, a Isern o al Govern en pleno, visto el barriobajero y negligente panorama general, sería algo así como condenarse a sí mismos y la verdad es que no anda esta oposición nuestra -y tan suya ella, claro- con la capacidad de autocrítica necesaria como para alcanzar esos niveles de contrición, de solidaridad o, simplemente, de buenos modales. En absoluto.
Cuando no se tiene nada en la mollera, nada en el saco de los proyectos, nada en los tranvías fantasmales hacia el futuro y nada -de nada- en parte alguna, lo mejor es armar el mayor ruido posible y ver si el terremoto se esparce y el temblor nos confunde y pensamos que alguna Gran Idea anda suelta -más allá del cosquilleo de la voz y las voces- y ese eco retumba en los tímpanos y nos los rompe de una vez por todas y para siempre, y acabamos sintiéndonos a gusto en el gran silencio turbador del fascismo, o de este curioso catalanismo, mientras atruenan las trompetas de Jericó y vemos que quien las alienta es el insigne rabino Miquel Segura -con la inestimable ayuda de la ubicua cofradía de la OCB- y se hunde, al fin, y aleluya, y albricias, el mundo entero desde las magníficas terrazas vacías de Es Born hasta los soberbios patatales de Sa Pobla. Pasando por Inca, claro. Y así anda el patio. De infumable.

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viernes, enero 27

Evocación del Borne

La Telaraña en El Mundo.

A la Asociación para la Revitalización de Centros Antiguos no le gustan las sillas, las sombrillas y las mesas de los bares o restaurantes en el Paseo del Borne. Pues vale. Podría preguntarles de qué bares o restaurantes hablan, pero eso es, quizá, lo de menos, porque alguno sí que hay, y hasta es muy posible que, como si por un milagro, unos cuantos más revivieran. ¿Y por qué no todos?
Ya me gustaría, aunque sólo fuera como ejercicio de ficción y estilo en los invernaderos de la memoria, rencontrarme con el Bar Formentor y el Miami, mis favoritos, o con el Antonio, donde, por cierto, nunca llegué a entrar. Tampoco estaría de más regresar al Yate Ritz y al Iska. Retomar las veladas tranquilas en la Granja Reus o volver a acodarme, por ejemplo, en el pequeño y cochambroso chiringuito, muy próximo a la Fuente de las Tortugas, donde tantas veces sacié el hambre. O quizá la sed. O ambas.
No sé si ARCA yerra o acierta. Ni si se quedó anclada en los años 60 o 70 y sigue pensando que un paseo no es el lugar idóneo para el bullicio de las terrazas y sí, en cambio, la pasarela ideal para que las parejas exhiban su amor solitario y las familias su natural exuberancia. Todo es posible. Mientras tanto, niños y jóvenes armados de patines, monopatines y no sé si hasta trineos, han convertido el Borne en una jungla intransitable. Salvo para los espectros, claro, de un mundo que ya no existe. Me temo.

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jueves, enero 26

Fuga de cerebros

La Telaraña en El Mundo.

Ignoro cuál debiera ser la definición correcta del talento. Me parece perfecto, eso sí, que un joven se licencie en matemáticas, informática, ingeniería o físicas. Cómo no. Pero a todas esas especialidades siempre les falta el grado añadido -quizá personal- de la formación humanística, la del arte y la literatura, la filosofía o la historia. Y viceversa, porque hay mucho ilustrado en letras, y sobre todo en según qué lenguas, que es incapaz, no ya de resolver una integral o cuadrar un círculo, sino de entender qué utilidad práctica pueden tener ese cálculo o ese funambulismo metafórico.
Quiero decir, pues, que hay en cada especialidad, y en todas, su punto de gloria pero también de flaqueza. Que el rumor tembloroso de las aulas universitarias -y qué decir si son las de la UIB- no acaba de parecerse al ruido chirriante de las calles. Que la vida no sólo transcurre por donde quisiéramos o nos gustaría sino, asimismo, por otros muchos lugares. Casi que infinitos.
Pero mientras tanto, la estadística -que no acaba de ser tanto una contabilidad pura como un álgebra de la situación social- nos dice que unos 16.000 talentos mallorquines andan de fuga por el extranjero en busca de oportunidades y empleo. De la i+D+I aplicada a la realidad de las cosas y al pragmatismo más cruel, pero básico. Primero comer y luego filosofar. O resolver integrales y cuadrar círculos, que no sé si es lo mismo.

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lunes, enero 23

Los archivos perdidos

La Telaraña en El Mundo.

La noticia semanal fue la clausura de Megaupload por parte del FBI, justo el día después que Internet ensayara -apenas un aviso de lo que puede sobrevenir- un cierre intermitente en protesta por las leyes antipiratería en los EEUU. O sea, aquí mismo. Vale que cerrar una suerte de metrópoli suspendida en el aire, por muy caótica que la imaginemos, no nos parezca gran cosa, pero en las urbes hay edificios y casas y habitaciones y armarios con cajones y, en ellos, uno puede guardar lo que se le antoje. Es lo que tiene existir en según qué lugares. Un simple apagón y todo es nada.
Se acepta, claro, que el fin de Megaupload era descargarse películas -como «Los Descendientes», que acabo de ver y es un bodrio, o «Los Idus de Marzo», también con Clooney y que es mejor-, pero podía usarse como refugio de alquiler para guardar -allí, en el arcón de una nube invisible- nuestros datos más secretos, nuestra identidad en fotos, videos y documentos. Todo un tesoro.
Será, tal vez, que nos falta espacio aquí abajo o que el polvo nos vence y la señora de la limpieza ya no quiere venir a ratos perdidos y la casa es una ruina y a la caja fuerte le faltan dientes y no cierra y hoy me mudo -ya quisiera- y a ver cómo traslado todo esto. Dan ganas, pues, de dejarlo en la nube y que sea lo que Dios quiera. O no, porque las nubes -como los bonos patrióticos del Govern- siempre acaban escampando y Dios, aquí, son el FBI, el Stop Online Piracy Act (SOPA) o los políticos de turno. Cualquiera se fía.

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sábado, enero 21

Sobrevivir al horror

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Cree que se deben perseguir penalmente los políticos manirrotos?

No. Claro que no, salvo que se quiera eliminar de la faz de la tierra a toda la casta política que en la historia es o ha sido, lo que no sería ninguna mala idea, por cierto. Pero me temo que no es en eso en lo que piensa Cristóbal Montoro, cuando nos habla de exigir responsabilidades penales a la miríada de gestores públicos que incumplan la Ley de Estabilidad Presupuestaria -como si fueran las mismísimas Tablas de la Ley, oigan- sino todo lo contrario. Dejarnos en las manos presuntamente limpias de un contable aséptico, de un ente neutral -quizá con las neuronas digitales y el alma de silicio- que vaya colocando las monedas, los fajos y las sacas en el lugar exacto donde más les crujan, de placer, los estómagos agradecidos a las agencias calificadoras de la actual infamia, a Standard & Poor´s, a Moody´s o a Fitch Ratings. O a cualquier otro golpista financiero que pueda andar por ahí escondido; y seguro que hay muchos y que el Ministro de Hacienda debiera conocerlos mejor que nosotros.
Vale ya, pues, de fórmulas magistrales y de ojos ubicuos que todo lo ven y que, al instante, lo juzgan y condenan, como si nos quisieran introducir en una segunda parte de la pesadilla de Orwell, la que no escribió él, y estamos, quizá, escribiendo nosotros, porque las cosas no funcionan así y el mundo aún no es un lugar ajeno a la lucha entre la búsqueda del paraíso y el hallazgo del infierno, entre la inercia de los errores y el arrebato de las pasiones, entre el viaje a ninguna parte y la demora en el laberinto de una turbulenta lucha contra un medio, desde siempre, hostil y un contenido, nuestro interior, mucho más sobrevalorado y frágil de lo que pensábamos. O no. No está, de hecho, tan vacío como algunos quisieran. En absoluto.
Pero hay algo de vacío adentro, sí, y también hay indignación. Mucha. Y un cúmulo atronador e indigesto de leyes que ya debieran velar -esa es la teoría- por la absoluta transparencia administrativa de los gobiernos y, sobre todo, de los desgobiernos. Simplificar su funcionamiento no estaría de más, pero reducir la gestión política a presentar un balance cerrado y, así, perfecto, sólo es una anécdota económica en un mundo repleto, también, de otro tipo de necesidades y sentimientos, de arte, de horror, de belleza o de azar. De esas anécdotas vivimos sin saber si podremos sobrevivirlas. Pues debiéramos.

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viernes, enero 20

Lo sagrado y lo profano

La Telaraña en El Mundo.
  
Es uno de mis temas preferidos. El parentesco paradójico entre lo sagrado y lo profano, que es así como lo plantean, pese a convertirlo, las más de las veces, en una ópera bufa donde los símbolos pierden su significado y acaban esbozando -náufragos y a la deriva- el erial vacío de una página en blanco. Sólo eso. O ni siquiera.
La mallorquina Rossy de Palma, Alaska, Pablo Rivero, Mario Vaquerizo o Bimba Bosé, entre otros, no son nadie o son quienes son. Mucho ruido y no sabría decirles si alguna nuez. Pero al artista -o así- canadiense Bruce LaBruce le valen -y sobran- para la provocación de su nuevo espectáculo, «Obscenity». Ya no sé a quién le escandaliza o conmueve que alguien se disfrace de ángel, monja o cura para componer, en resumen, el lado más prosaico de una imaginería que tan sólo atiende al fetiche y al tabú -como a la cruz y al látigo de la penitencia- para dejarlo en paños menores. Nada que ver con la desnudez desarbolada de lo sagrado, de lo que tiembla, de dolor o éxtasis, cuando intentamos nombrarlo.
Pero vivimos días de simulacros, que repiten de continuo y que, por eso, ya sólo nos producen el «déjà vu» del hastío. Hasta Alaska -por su nombre de pila, Olvido- se atreve a desnudarse, como si para doce homenajes, en Interviú. Tiene valor. Su desnudez es la penúltima prueba de una decadencia ante la que cerrar los ojos es una total pérdida de tiempo. Ver para creer.

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jueves, enero 19

Amanece, que no es poco

La Telaraña en El Mundo.

Casi que sólo se trata de saber interpretar el porqué de algunas algaradas -chirriantes, pero sólo eso- para saber qué hacer con ellas. Con la exigencia administrativa del catalán o con la guasa del «Sant Sebastià Literari» de los que ni aceptan unos Premios Ciutat de Palma bilingües. No sé si reír o tomar nota. O si seguir como si nada, de peregrinaje por el estrecho pasillo de los abucheos y la fiesta.
Porque no todo son sólo cosas de la OCB. Qué va. Bauzá e Isern tienen un enemigo interior -pretérito, pero también presente- y aun otro, ubicuo, que sólo se desvanece cuando la niebla se retira y clarea el rocío de las ideas. En ese lento amanecer estamos, porque, para la agitación, sobran con veinte personas y un par de pancartas que salgan en la foto -chirriantes, pero sólo eso- y que den juego, después, a los tertulianos de esa barra triste -como de bar aterido- que acaba siendo la suma interpuesta de lo que se dice que se dice -ese requiebro- y la decisiva aquiescencia doctoral de alguna sección metalingüística de la UIB.
Pero, mientras tanto, y quizá porque no hay balanza que escape -sin insidias- al equilibrio, la audiencia de IB3 se ha duplicado desde que se emiten -como primera, pero no única, opción- las películas en castellano. Es lo que tiene la libertad cuando se alía con la lógica. Que lo lógico es elegir sólo cuando te dejan elegir. Y si no, que con su pan se lo coman.

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lunes, enero 16

Preparando las fiestas

La Telaraña en El Mundo.

A veces hago las cosas que les digo que hago, pero no siempre. A veces sólo las pienso y las dejo para otra ocasión, que nunca llega. O las imagino, porque merece la pena mezclar futuro y pasado y aceptar que el presente es, de hecho, inenarrable. Hay días, pues, que visito bibliotecas -la de Can Sales, por ejemplo- para atender al silencio y a alguna lectura urgente. Pero el catálogo de las bibliotecas públicas es el que es y no el que yo quisiera y encontrar lo que busco es azar y providencia. Siempre salgo, de entre los anaqueles, con el ánimo exaltado.
Pero también visito -o lo pienso o imagino- templos e iglesias, cuando no ofician misa, para sentarme en sus frías tablas de madera y sentir, claro, el silencio o merodear por entre las criptas, como un turista ávido de una salvación que, quizá, no exista. Es lo de menos, porque siempre nos queda la belleza y pasión -o las sonrisas y lágrimas- de las efigies y celosías. Está la luz y la sombra. Su paz o su guerra. Y puede bastar con saborear ese dilema para saberse conformes.
Entenderán, creo, que ya esté buscando algún lugar donde refugiarme de la vorágine festiva de Sant Sebastià y, sobre todo, de la obsesión por convertir plazas y calles en un martirio sin más cruz, ni menos, que el crepitar de las hogueras y el rapto, siempre cruel, de una verbena y un botellón ubicuos. Me temo que sólo volveré a Palma para cuando el Aiguafoc. Siempre me gustó ese sarpullido de color contra la oscuridad de la noche. Pese al ruido.

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sábado, enero 14

El muñeco y su ventrílocuo

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Cree que Matas miente cuando se desmarca del contrato de Alemany?

  
Sí. Uno no llega a Presidente sin tener alguien que le escriba, que le palie el silencio -cuando no el vacío- mental en la solemnidad morbosa e incómoda de las grandes ocasiones, que le llene de ripios y latinajos las horas muertas de las páginas, los márgenes estrechos entre la realidad y la ficción, el eterno discurso del poder frente a las cajas resonantes de los micrófonos y altavoces, el calor y el color de los medios, la música ventrílocua del apaño y la figuración como formas -quizá deformes- de vida. ¡Y vaya vida!
Con todo, lo cierto es que el Presidente -así en mayúsculas y, siempre, en tercera persona- da la cara y hasta exhibe el sudor líquido y la sonrisa esforzada de los que se saben elegidos para la gloria, pero con eso no basta. En absoluto. Alguien ha de poner la voz, como si en un playback de los cuarenta principales, donde lo que importa no es el pequeño detalle ni el bordado a base de ganchillo y filigranas, de noble erudición o de discutible inteligencia, sino la vulgaridad absoluta y asfixiante del chascarrillo general, porque todos bailan y relucen, además, de brillantina, abrevan cava y hasta sonríen -que hay cámaras atentas, por favor- pero absolutamente a nadie le importa un ápice si la cosa va de luces o de sombras. El muñeco y su ventrílocuo particular no son la misma persona, pero sí que son -o, al menos, encarnan- el mismo personaje. Y es que aquí sólo vale el espectáculo, el show continuo, y Jaume Matas es la estrella rutilante y el periodista Antonio Alemany -todo un prodigio de ubicua e ilustrada versatilidad- su primer fan y su primer crítico. Así da gusto.
Pero no puedo despachar en cuatrocientas palabras lo que los jueces tendrán que averiguar buceando -si saben, si pueden, si quieren- entre miles de folios y decenas de testigos. Tendrán que ser ellos los que dictaminen si Matas miente cuando se desmarca de la parte administrativa -ese gran peñazo- que siempre conllevan las extrañas relaciones de la Administración con sus administrados. O viceversa. Me temo que existe un mundo en el que vivimos todos, o casi todos, pero que también existe otro mundo en el que sólo parecen vivir unos pocos. Ambos son el mismo mundo, por supuesto, pero hay que ser -o estar hecho- de alguna pasta muy especial para saber moverse, con cierta soltura, entre ambos. Y yo no sé. Ni puedo. Ni tampoco quiero.

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viernes, enero 13

El espejo y las tijeras

La Telaraña en El Mundo.
  
Sucede que entre el Gobierno y las autonomías planea un enorme cuervo con las alas desplegadas: el cielo sombrío del déficit. Amenaza, pues, tormenta y aunque todos abran sus paraguas, parece que también nos va a hacer falta una buena provisión de pararrayos. El conseller Pep Ignasi Aguiló hace, también, sus cuentas y mezcla futuro y pasado con el deseo de no tener que sufragar un déficit, el del 2011, que aunque de Antich y sus socios, es el punto de partida de la actual legislatura y nuestra fotografía más real, a día de hoy. Es lo que tiene heredar pesadillas y querer convertirlas en sueños.
Pero la resaca aprieta y duele mirarse al espejo, cuando el despertar se convierte en un juego de luces sucias como sábanas tras una batalla. Quizá de amor, pero quién sabe. En Cataluña, sin ir más lejos, se entretienen mirándole los pliegues al alba sin verles otra cosa que la justificación -ahora financiera- de una independencia que les vale como eterna maniobra de distracción. Pero no necesitamos que nos distraigan, sino que nos seduzcan. Y no lo logran. Es una lástima.
Mientras tanto, la música la ponen los brazos afilados de unas tijeras que son las de podar velintonias, cuando uno preferiría dedicarse a los bonsáis. Cómo chirrían sus cuchillas y cuánto duele, después, el paisaje en ruinas de tantos proyectos abortados. La Febed cierra. Can Weyler languidece. Y esto es sólo el principio.

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jueves, enero 12

De juicios y rebajas

La Telaraña en El Mundo.
  
Ya sé que son días de rebajas y juicios ejemplares, de luces de neón y sonrisas a destiempo, como ojos que nos guiñan no se sabe qué, pero se imagina. A cierta edad uno ya se imagina lo que sea, pero se sigue sonrojando con la impostura de algunos. O muchos. Son días de pago a crédito y sudores fríos, de estrados repletos de arrogancia y carreras en busca del máximo tanto por ciento de descuento, como si en pos de un milagroso recorte en el precio o en la condena, tan artificiales ambos.
Será por eso que nos alivia que el mercado, como los juzgados, aparquen su hábito de ocultarnos su trama íntima y aireen, sin pudor alguno, sus gangas y saldos -o sus sombras chinescas- para cuadrar unas cuentas que, a veces, no acaban cuadrando nunca.
Pero no todo es ir de escaparates o juicios. Ayer supe que, hace tres semanas, en la calle San Miguel, una joven perdió una funda de 30x30 cm. Lo sé, porque colgó un pulcro folio relatando su contenido: unos pendientes, un móvil, una webcam, una cámara y unos discos duros con información sobre su tesis, nos dice, y, ay, nos añade, con todas las fotos de su vida. Ignoro si ya la recuperó o si, al contrario, nadie la llamó aún para decirle: encontré tu vida y te la devuelvo. Ojalá sea lo primero, porque perder las imágenes ateridas de toda una vida es como perder la vida entera en el interior de una niebla aún más fría, si cabe, que el olvido. O el robo.

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lunes, enero 9

La vida en un pasquín

La Telaraña en El Mundo.

En una fotocopia del tamaño de un naipe puede caber el universo entero. Por una de sus caras hay unas breves frases sobre la Sanidad Pública española, sobre que es una de las más baratas y mejor valoradas del mundo occidental y sobre que su coste es idéntico, al parecer, al fraude fiscal de las empresas. Unos sesenta mil euros. Eso pone y a uno le asaltan las dudas sobre si le faltan ceros a esa cifra o si les sobra optimismo a los linotipistas. De seguro que ambas cosas, porque la sostenibilidad de una de las bases del Estado del Bienestar, como es la Sanidad, no parece que se resuelva con una simple ecuación de primer grado. Ya nos gustaría que así fuese.
En la otra cara, el texto mengua y da paso a los diagramas. Una balanza perturbada por el peso del dinero -con sombrero de copa y habano- respecto a la salud y dos convocatorias. Una, en contra de los recortes sanitarios, para el próximo 14 de enero, y otra, un «Toma la Calle», negro sobre blanco, contra su privatización, para el día siguiente. Firman, al alimón, Tú Su+, #Movimiento 15M y Attac Mallorca.
Tiene su no sé qué de orgullo indomable y de hombría justiciera y, acaso, paradójica -como si de cowboys en un mundo de aliens- eso de salir en manada a tomar la calle, de vez en cuando, para proclamarse indignados hasta la médula y más aún, hartos de todo, hartos hasta de estar hartos, uno a uno y todos juntos, sin que nadie sepa, por cierto, cómo librarse de tanta hartura. Pero están hartos. Todos lo estamos. Seguro.

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sábado, enero 7

Olor a cuerno quemado

La respuesta al debate del sábado en El Mundo: ¿Cree que Pastor utiliza el catalán para ajustar cuentas con Bauzá?

Sí. O eso es lo que parece desde afuera, desde la lejanía monótona y leve del observador que, incrédulo, observa los movimientos estratégicos de las avejentadas tropas y comprueba que el despliegue de Antoni Pastor no puede ser sino labor de desgaste y asalto, de guerrilla entre callejas y callejones, de huestes perdidas y en duermevela -como soldados insomnes de una guerra antigua- por entre los túneles subterráneos de la lengua convertida, de nuevo, en trampa y cobijo, en madriguera y nicho, en danza ritual e intermitente de alucinados, en tumulto de termita y carcoma, de caza nocturna y perversa. En pleno apagón de los sentidos. Contra natura.
Para qué querrá Bauzá enemigos, si hasta las supuestas amistades le florecen rancias y ásperas y allá donde la crisis no llega -y miren que parece que se va extendiendo como una especie de lepra de otro tiempo- sí florece, sin embargo, el rígido sortilegio de la Ley de Normalización Lingüística y de la risible controversia entre méritos y requisitos, el dolor sin anestesia ni cura posible -salvo cirugía completa- en la pelvis contrahecha de una administración sin apenas nada que administrar, la joroba monstruosa de una columna vertebral que asemeja un espantapájaros retorcido y espantado, las argollas oxidadas de una libertad difícil que algunos, además, se empeñan en que no llegue nunca. Y no, no llegará y en esas estamos. O seguimos estando. Es lo habitual. Lo de siempre.
Será por eso -o por indiferencia y hastío ante el nivel teatral del actor de esta ópera bufa- que yo no le otorgaría mucho valor al revuelo que se cuece. Ya apesta a cuerno quemado. A recocido de ropa vieja. A cocina del infierno. Y es que el decorado siempre es de pega, cuando el guión se escribe fuera de lugar y de tiempo. Antoni Pastor puede opinar, por supuesto, lo que el cuerpo le pida o más aún, lo que su propio delirio le exija. Nadie le juzgará mal por ello. En absoluto. Faltaría más. Pero lo que no puede es hacerlo desde el interior mismo del partido que le procura sustento, vara de mando y hasta una vicepresidencia en plaza, sea eso lo que fuere. No hace falta recordarle las promesas del PP con las que se presentó, como cómplice o comparsa, a las elecciones. Pero si ahora no le gustan, con dimitir y buscar acomodo donde le plazca nos parece más que suficiente. Rectificar es de sabios, o de lo que sea.

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viernes, enero 6

Los pozos negros

La Telaraña en El Mundo.

Un 43% de los acuíferos de las Islas son algo así como un pozo negro, una mezcla de sal, mugre y nitratos, un fermento de agua envenenada. Sobre ese lodo nos sostenemos o navegamos a la deriva, como náufragos, y casi basta con abrirle una mínima brecha a la tierra para que nos alcancen el mal olor y las náuseas. No es una metáfora. O sí. Parece que vivimos en un vertedero de escombros -y de ilusiones baldías, también- y eso es algo que se repite, casi mecánicamente, en todas las esferas de la existencia. Levantamos las alfombras y ahí escondemos el polvo y los flecos de la corrupción o hasta la corrupción entera. No extraña, pues, que vivamos entre dunas.
Luego uno golpea el suelo con sus zapatos y percibe el temblor de un eco subterráneo, un infierno de mares de azufre que jamás descansa ni duerme. Se revuelve de continuo y brota, de vez en cuando, en los titulares de la prensa como en las pesadillas de un cuerpo social que sólo consigue conciliar el sueño a intermitencias. O nunca.
No me creo casi nada de lo que nos cuentan. No me creo que los gobiernos de Matas o Camps -y muchas entidades más- hayan confiado tanto en Urdangarin por el único hecho de ser quien es. O quien era. Nadie se hace rico solo, sino al contrario. El dinero viaja zigzagueando por entre los abrevaderos ocultos -esas negras ciénagas- donde tanto los que dan como los que reciben se acaban, siempre, rencontrando.

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jueves, enero 5

Genoma y linaje

La Telaraña en El Mundo.
  
Recrear un atlas genético de los apellidos catalanes no debiera ser ninguna estupidez, sino algo muy serio, si lo financia el Institut de Estudis Catalans y lo realizan tres profesores de la Universidad Pompeu Fabra. ¡Y sin que nadie de la UIB, que yo sepa, se haya sumado al evento! Pues ya es raro. Aun así, entre los hechos y la diana sólo media la bruma y un ácido temblor donde se diluye la idiosincrasia del cromosoma «Y» con el ritual del apareamiento entre los portadores de una escogida lista de apellidos más o menos habituales en Cataluña, Valencia y Baleares: la tríada de los Países Catalanes. Acabáramos.
Será que cuando algo no existe es cuando más hay que buscarlo. Con ahínco y medios. ¿Cómo si no? Como si fuera el Arca perdida de la Alianza, del Pacto, del Convenio o de Yahvé. Con una fe tan ciega que nos reviva a Göring y Rosenberg. Al olvidado Lavrenti Beria. O a alguien, en fin, no tan feroz, pero sí más iletrado. Es el sino de estos días de indigencia cultural que, pese a todo, no cambiaríamos por otros. Faltaría más.
He repasado la lista de los cincuenta apellidos con que trabajan y el mío no aparece. Ello explicaría mi falta de raíces, mi torpeza indecorosa en el manejo de la noble lengua catalana y mil otros defectos que, por pudor, no enumero. Con todo, el día que me encuentren en alguna lista, en la que sea, avísenme, que me doy de baja de inmediato. Y con urgencia.




 PD. Gracias a @AnDuMon por darme a conocer la noticia.


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lunes, enero 2

La cuesta de enero

La Telaraña en El Mundo.

Quizá debería empezar el año con el sí es no -o viceversa- de las medidas de ajuste económico del Gobierno de Rajoy. Podría, pero no. Leo la referencia del Consejo de Ministros de 30 de diciembre y me quedo atascado. No consigo ir mucho más allá de los nombramientos de Borrego y Rodríguez. La risa y las lágrimas -de la propia risa- me lo impiden. Resulta que a los ministros cesantes -a Blanco, como a Pajín y a Ángeles Sinde, que va a salirse, al final, con la suya- les cayó en gracia la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III.
Pero hay más. Zapatero se vuelve a su terruño, si es que opta por el retiro y por relamerse las heridas, con el collar de la Orden de Isabel la Católica colgado al cuello. ¡Lo que no daría por esa foto con el simulacro envenenado del toisón por corbata! Sí, ya sé que ese reparto de orlas y galones es puro sortilegio floral. Pura inercia administrativa. O impunidad obscena. El «quid pro quo» de la suerte.
Uno va, por ejemplo, calle Olmos arriba, sin más, y se tropieza con los mil y pico independentistas indignados de la Plataforma 31D, mientras otro, en cambio, sólo se topa con unos borrachos con esmoquin alquilado, matasuegras y confetis. Pero es lo mismo. O casi. Y ya que no podemos elegir ciertas cosas, lo mejor es tomarlas como vienen, sin inmutarse. Al fin y al cabo, hoy mismo nos va a tocar subir, todos juntos, esa cuesta -la de Olmos, la de Moyano y hasta la de enero- como si nos fuera la vida en ello. Igual nos va.

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domingo, enero 1

Buenos días, 2012

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sábado, diciembre 31

El Rey está desnudo

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Cree que la imputación de Iñaki Urdangarin afectará a la imagen de la Casa Real?

Sí. Está claro que este es un país tan fascinante como extraño. Eso ni se duda, porque salta a la vista y porque su peculiar resplandor -como si fuera una especie de capa taurina- reluce tanto que casi nos ciega. Es cierto que embestir, sí embestimos, pero hay que ver, también, cómo nos torean. Somos algo así como un cónclave ambiguo -o un cóctel explosivo- de intereses e identidades dispersas -un ente incierto y bastante abstracto, a qué negarlo- donde nadie parece tener la menor vocación monárquica, pero donde nadie, a la vez, critica ni pone en tela de juicio el papel integrador y de moderación que representa Don Juan Carlos; y mucho más, ahora, cuando la clase política y la clase económica, si no son la misma, ya se bastan y sobran para copar, casi de forma exclusiva, nuestra infinita capacidad de indignación. O quizá más.
Nos gustan, pues, los símbolos, y eso es bueno. O no lo es, pero tanto da, porque nos gustan y seguirán gustando, pese a todo, las alegorías y ya que no pudimos gozar de los pechos de la libertad guiándonos hacia las guillotinas -lo de la Segunda República sólo fue un agrio simulacro que, desde luego, nos costó demasiado caro- bien está que nos concentremos en los avatares de la sangre azul y en los juegos estratégicos de la heráldica para acabar llegando -como era de esperar y temer- al desastre astral y hasta galáctico de las conjunciones entre princesas y plebeyos. Cosas de la química o el destino. De la educación sentimental o del deporte de la figuración y la usura. No es lo mismo jugar bien al balonmano que representar, con un mínimo de decoro, el papelazo de Duque consorte. En absoluto.
Estoy seguro que a Don Juan Carlos le van a doler hasta los higadillos con la que ha armado -y con la que se barrunta que armará- su yerno Iñaki Urdangarin. Y hasta es posible que tanto ruido llegue a Palacio y que el Rey tenga que salir en público, decididamente desnudo, a decirnos que está desnudo. Que esto es lo que hay. Que las instituciones sufren de plagas y que, como las civilizaciones, pasan épocas de esplendor y de ruina. Que todo se tambalea de vez en cuando y que hasta rueda, con estrépito, por los suelos. Pero todo eso, de hecho, ya lo sabíamos. Si la Justicia obra con justicia y Urdangarín expía todas sus penas, el Rey podrá volver a vestirse. Y si no quiere, da igual. Desnudo también nos gusta.

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viernes, diciembre 30

Cumpleaños y balance

La Telaraña en El Mundo.
  
Pasa que hoy cumplo años, que es como decir que oscilo entre una sonrisa de asombro e incredulidad y un humor de perros. No me caben las velas en la tarta. No quepo -es un por decir- en el pozo de mi gozo. No me reconozco la edad en las arrugas, como túnicas, del espejo, pero sí en el crujir destemplado de los huesos; creo que es ahí -en ese lugar impreciso- donde más me duele el paso del tiempo y, sin embargo, no acabo de saber a ciencia cierta de qué tiempo estoy hablando, si del racimo de mis recuerdos -algo ensortijado y voluble- o si de la enredadera que debo ser, tal vez, para los que hace medio siglo y un lustro que me conocen. Demasiada botánica para un jardín tan barroco y surrealista. O quizá no.
Ahora me recuerdo con diecisiete años en una calle y un pub de Valencia. O con apenas veinte entre las manos vertiginosas del Dr. Bacci o los libros de Cristóbal Serra. Siempre con versos a medio escribir y con artículos taladrados por las teclas de una vieja Olivetti y las nubes blancas, como copos de nieve, del típex. Pero a un paraíso le sucede siempre otro.
Resulta que hoy cumplo años y el año, como es habitual, casi ya se acaba. Debería hacer, pues, balance de libros y viajes, de amores o placeres y, quizá, hasta de políticos y lingüistas en fulgurante y definitiva quiebra. Pero no pienso hacerlo. No quiero estropear mi sonrisa de asombro e incredulidad. Ni mi humor de perros.

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jueves, diciembre 29

Pesadilla en Gomila

La Telaraña en El Mundo.

Parece, en fin, que los territorios que abandonamos los ocupan, con el paso del tiempo, nuestras pesadillas. Será porque siempre vamos dejando atrás algo nuestro, por si se nos ocurriera regresar, o porque la vieja cinta de Moebius de la memoria nos acaba jugando malas pasadas y todo cuanto fuimos o hicimos -esa suma de ficciones que creíamos guardar en riguroso secreto- lo acaban siempre reviviendo, aunque sea muy a su manera, los que nos suceden.
En cosas así de confusas y melancólicas, acostumbro a pensar las pocas veces que en los últimos lustros he atravesado la zona de la Plaza Gomila y alrededores, que fue donde muchos vimos cumplidos algunos de nuestros primeros sueños y hoy es sólo el lugar en ruinas de unas pesadillas que, por extrañas y ajenas, casi ni reconocemos. Hay que ver qué fácil olvidamos lo que no nos interesa recordar.
Pero resulta, o eso me dicen, que un par de bandas se han adueñado del lugar y que, allí mismo, tras una pelea ruidosa e inverosímil, la Policía celebró la Navidad -es un por decir- con una multitudinaria redada. Me hablan de sudamericanos y dominicanos, pero para mí que sólo son los espectros o las pesadillas, ya lo dije, que dejamos ahí, adormiladas, y que despiertan, de vez en cuando, y arman la de San Quintín. Quizá resulte un consuelo saber que algo se revuelve en donde estuvimos y que se seguirá revolviendo, aún más, si por azar regresamos.

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miércoles, diciembre 28

Publicidad en el metro de Londres

Ya iba siendo hora de internacionalizarse:-P


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lunes, diciembre 26

Crónica de los días

La Telaraña en El Mundo.

Cuando uno supera, y hasta quizá con buena nota, la cena de Nochebuena y la comida de Navidad ya empieza a estar un poco del otro lado, es decir, del que asume como normal que hoy mismo -no por azar, el «Boxing Day»-, la familia vuelva a reunirse a manteles y a sacarle punta e hilo al montón de embrollos -toda una madeja- que tantas y tan sucesivas celebraciones, de seguro, generan. No es fácil desearse mutuamente, y unas dos o tres mil veces, los mejores augurios, la felicidad más enorme y la prosperidad más opulenta.
Pero es así como se nos lleva la inercia, con deseos y esperanzas que son llamaradas de un fuego que nos acompaña todos los días del año y más aún, siempre. No hay deseos sin carencias y si los deseos son monótonos, las carencias son aburridísimas. Quizá puro hastío o, en su defecto, una especie de gran indiferencia que no parece de este mundo aunque, por supuesto, lo sea.
Pero los días pasan rápidos y pronto se nos descolgará el viejo barbudo -ese impostor que maneja su éxito, igual que Munar nuestro dinero y su asfalto- de la inexistente chimenea de leña y tendremos tiempo para noticias con sorna y torniquete, para horas de espera y cabalgata, para noches de fin de año -con estandartes o sin ellos-, para quimeras, en fin, más próximas a la realidad que a la ficción. Y ese Rubicón, aunque nos deje alguna que otra herida, también nos dejará su marca de satisfacción en la piel, en la sonrisa, en el alma. Y en el cuerpo cansado. O, quizá, muy cansado.

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sábado, diciembre 24

Sol, playa y torbellinos

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Cree que la elección de un ministro de Canarias para Turismo perjudica a Baleares?

No. Para nada. ¿Con Jaume Matas de Ministro de Medio Ambiente, en la última legislatura de Aznar, la cosa olía diferente por estas Islas? ¿Empezó a oler a lavanda y fresas salvajes, quizá, cuando se vino a gobernarnos en persona, con la ayuda de Maria Antònia Munar, año 2003 y sucesivos? Pues no. O eso creo, porque no es fácil distinguir entre una cloaca y otra. Y si el primer gobierno de Antich, con la inevitable Munar a cuestas, ya apestaba lo indecible, el de Matas, también con Munar de abanderada, siguió apestando como si no hubiera brisa alguna capaz de renovar el estanque dorado de las aguas muertas. O el Nilo del asfalto. No preciso acudir a la hemeroteca, porque hay olores que nunca se olvidan y sobra con atender a cuanto ocurre, aún, en los juzgados. Y ni importa, por supuesto, que mi pituitaria -con tanto hedor sucesivo- ya no sea la que fue. Quizá esté para el arrastre. Hastiada. O inservible. Rota tras un permanente estado de alarma. Tiesa. Momificada y tullida. Abúlica. Asertivamente flemática.
No le veo, pues, ningún problema a que alguien nacido en Canarias, y apellidado Soria, se dedique a sacar adelante ese ente difuso y casi virtual en que acaba convirtiéndose el Turismo, cuando lo que importan son las cuentas globales y no las del chiringuito de turno. Hay un sol rojo y una especie de palmera negra sobre una playa amarilla -o algo así- en el logo alucinado de Joan Miró, que no sé si es el de la marca actual de España, pero sí que es, al menos, el único que recuerdo. En esa imagen se insinúa un torbellino; pero el sol, la playa y hasta la palmera son de todos. De Las Palmas y de Palma, de Palma de Mallorca, por supuesto.

Pero hay más. José Manuel Soria no sólo es Ministro de Turismo sino que también lo es de otros sectores importantes, como son Industria y Energía. Nada menos. No nos vendría mal espabilar en esos dos temas -como en tantos otros- para no tener que andar mirando los cielos como náufragos sedientos de buen tiempo y de turistas de piel blanca, si no albina, y gaznate ávido de vino y rosas. No nos sobrarían algunas pinceladas de cordura administrativa y, sobre todo, de I+D+i, que no es ninguna fórmula exótica o cuántica, sino el mejor salvavidas en caso de tormenta, de terremoto, de tsunami. No están los tiempos como para ir dejando cabos sueltos y tumbarse, encima, a la bartola. O eso me temo.

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viernes, diciembre 23

Solsticio de Invierno

La Telaraña en El Mundo.

«Si las puertas de la percepción se purificaran, todo se le aparecería al hombre como es: infinito», escribió -acaso muy optimista- William Blake y, dos siglos después, Aldous Huxley tomó esa cita como pretexto y punto de partida para indagar, en primera persona, si el efecto de algunas sustancias químicas -o alquímicas- le abrían o cerraban esa percepción de la realidad que tanto nos cuesta asir. Miramos alrededor y parpadeamos; y cada pestañeo se nos antoja un resquicio por el que se filtra la luz magnífica -o letal- de alguna metáfora. Eso creo, pero quién sabe si es así.
Hace unos días -como consecuencia del Solsticio de Invierno- se podía contemplar desde Es Baluard el eclipse del Sol a través de los rosetones enrojecidos de la Catedral de Palma. Un prodigio visual al que no asistí, quizá porque había que madrugar más de lo que acostumbro. O porque no me apetecía rencontrarme con el terrorífico «Bou» de Calatrava.
Algo así, de contradictorio e indeciso, nos pasa con la Navidad. Pregunté a varios amigos y casi que en todos vi crecer, a la vez, la mueca del fastidio y la media sonrisa de la nostalgia. El ejemplo nos vale para recordar que hubo un tiempo en que la arquitectura, las matemáticas y la astrología formaban parte del mismo misterio y se confabulaban para que las puertas de la percepción -siquiera un instante- se abrieran tan sólo para los elegidos; y luego se cerraban.

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jueves, diciembre 22

El guiñol navideño

La Telaraña en El Mundo. 

Arrogarse una representatividad cualquiera y ponerse, luego, el mundo por montera suelen ser casi lo mismo. Un acto de exaltación de la propia jeta y ombligo, una manifestación paradójica -y paródica- de la secta y sus fieles, en la que poco importa lo que ocurra, porque sólo cuenta exhibirse y, más aún, ser vistos. ¡Ah, sí, ser vistos y, a ser posible, hasta glosados! Vaya orgasmo en las páginas de la prensa adicta o en las líneas y ecos convulsos de las televisiones y radios afines. Todo un espejismo a borbotones, toda una farsa a raudales, todo un esperpento en marcha. Algo sublime.
Me refiero, claro, a los fastos de la OCB y a la entrega de no sé qué Premios 31 de Diciembre, su fiesta nacional o la nuestra, su imperio de subvenciones, su orla de sonrisas ilustres o, quizá, descarriadas, su nómina de escogidos, su música de fondo, su eco de siempre. ¿Qué hacía ahí Monserrat Casas, se supone, supongo, que representando a la UIB? ¿Y qué hacía mezclada con los grandes patrones -Armengol y compañía- de la nave que va, eso es seguro, pero que no llega, ni por asomo, a la UNED?
Pero la Navidad ya está aquí. Ya reluce. Ya repica. Nada mejor, pues, que completar este breve guiñol navideño con la peregrina imagen de Miquel Nadal comprándole tres mil entradas a Pere Serra para visitar -es un por decir- Can Prunera. Viva el turismo cultural. Y la madre que nos parió. Felices Fiestas a todos.

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lunes, diciembre 19

Parábola del Bosón

La Telaraña en El Mundo.

He releído varios textos sobre el Bosón de Higgs. Vaya fracaso. Sigo sin entender nada, salvo que, sin él, el Universo y nosotros andaríamos flotando en un mar de átomos, neutrones, neutrinos, hadrones y no sé cuántos otros entes más, que -a su vez- tampoco existirían sin ese Bosón esquivo. Se rumoreaba en la Red que los científicos lo descubrirían un día de estos, pero no. Lo pospusieron a 2012. Será que se liaron con el calendario Maya o que aprecian sus puestos de trabajo. Ambas cosas. O ninguna.
Lo cierto es que me hallo en un circulo vicioso donde cuanto diga sólo demuestra mi ignorancia. Pienso, ahora, en Wittgenstein y casi que entiendo por qué escribió su «Tractatus» y lo concluyó diciendo: «De lo que no se puede hablar, mejor es callarse». Pues sí. ¿Podría habérselo ahorrado? Pues no. Siempre hay que dar un gran rodeo para volver al punto de partida y sonreír con alivio.
A menudo me pregunto si las creencias propias son fruto de la fe o de la voluntad. Tampoco lo sé, pero sí sé que si quiero creer en algo, creo, y si no, no creo. Es así de simple. O complejo. De racional o absurdo. De humano. Pero, sea como fuere, no pasa nada, porque el mundo sigue siendo el que es, al margen de lo que yo predique, atisbe o interprete, de lo que atrape en unas pocas palabras, que una rápida música de viento se lleva hacia no sé dónde y ni importa. Es en ese desprendimiento y esa pérdida donde me acabo, siempre, rencontrando. ¿Y el célebre Bosón? Pues por ahí andará. Creo.

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sábado, diciembre 17

El sistema y sus vicios

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Ofrecería a Caparrós la renovación?

No. Hay que ver la estruendosa manía que tienen algunos -o que tenemos, quizá, todos-de hacer cábalas a largo plazo, cuando todo pende, de hecho, de un hilo finísimo y casi que se sustenta, si se sustenta, tan sólo porque a alguna extraña conjunción de elementos, más o menos gravitatorios, fortuitos y abstractos, les da por ahí o eso nos parece. Basta luego un mal soplo, una mala tarde, un gol que no llega o que llega tarde y llega mal, para que todo se vaya al garete y de lo dicho no quede nada y de lo previsto sólo reluzcan sus cenizas: el campo de las ilusiones repleto de rastrojos, el césped en llamas de barro revuelto, las gradas desiertas y la institución en el alero con las mejores vistas al abismo y la bancarrota. De eso sabe mucho el Real Mallorca, en su ya larga historia repleta de jugadas imposibles y de victorias y derrotas rocambolescas. El juego y la ley pírrica de su espíritu.
Debe de ser por eso, por una o dos victorias por la mínima y por algún que otro empate fuera de tiempo, que Caparrós se ha convertido -después de un par de meses en que no superó ninguno de los registros de Laudrup, salvo los negativos- en una opción cargada de futuro. Pues vale. Pero no. Mucho mejor y práctico, mucho más económico y sostenible se nos antoja ir poco a poco, temporada a temporada y hasta partido a partido, que embarcarse en una renovación hasta 2014, que aunque no esté tan lejos -eso sí que es cierto- no significa otra cosa que hipotecarse por capricho y sin que venga a cuento. Salvo Héctor Cúper -que yo sepa- no es muy corriente que los entrenadores del Real Mallorca se vayan sin cobrar hasta el último euro de sus suculentos contratos y eso, hoy en día, no es plan. ¿Es que ya no se acuerdan de Manzano? Seguro que sí.
Otra cosa es que Caparrós nos guste por su hábil manejo de la cantera. Pero esa virtud, incuestionable, no hace sino resaltar el vicio del sistema en sí mismo y en sus aledaños: la puerta siempre abierta al negocio, al mercado subterráneo de los intermediarios, al hacinado motín de los usureros, a la densa niebla de una subasta vergonzosa y vergonzante. Hay que cerrar esa puerta. Sólo entonces, lo normal sería que todos los canteranos acabasen en el primer equipo. Por lógica, por ética, por economía y, también, como premio a una proximidad familiar -y seguro que fiel- que ya nadie valora. Es una lástima.

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viernes, diciembre 16

Ciudadano Fortunio

La Telaraña en El Mundo.

Casi lo único que conocía de Fortunio Bonanova era su protocolaria firma, en la Revista Baleares, de un Manifiesto Ultraísta que siempre me resucita a Borges o Sureda y que consistía, en resumen, en una serie de posturas éticas y estéticas, tan obvias y urgentes, que ni precisaban -entonces como ahora- de aprobación o firma alguna. El mundo al servicio del arte y no al revés. La renovación de los medios de expresión. La metáfora como elemento básico. La creación por la creación y tantas otras cosas por las que siento -a qué negarlo- un gran cariño.
A todo esto, la «Mallorca Film Commission» ha presentado el documental «Citizen Bonanova», a la sombra de «Ciudadano Kane» de Orson Welles -ahora en una plaza de Son Gotleu- y del propio Fortunio, siempre perfecto en su papel secundario, pero ineludible, de mallorquín con ganas de ver mundo. De comérselo, incluso. Todo un mito en estos días de resignación y, quizá, abulia.
Lo del cine en Mallorca debiera ser un filón inagotable. Este año, que ya acaba, se realizaron aquí 10 películas, 4 series y 40 eventos televisivos. Y yo sin enterarme. Algo debe de estar fallando, pues, en este tinglado, si ninguna de esas producciones tuvo el detalle de incluir la estatua que la SFM encargó para una estación de tren inexistente o, en su defecto, utilizar a Osvaldo Frías, cantándole un tango a la ensimismada cúpula de UM, como banda sonora. Qué menos.

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jueves, diciembre 15

Pesadillas y espejismos

La Telaraña en El Mundo.


A veces, uno se levanta -muy a su pesar- con el rescoldo a cuestas, y medio prendido, de alguna pesadilla que parece, aunque nos cueste creerlo, haber sobrevivido a la tormenta de las primeras luces del día. No es muy habitual, pero sucede; y es entonces cuando el mundo de los sueños y el de las cosas se entremezclan y confunden: son, siquiera en un breve lapso de tiempo, el incómodo lugar donde el temblor onírico de algún eco interior y la obligación de atender a la realidad danzan al compás de una misma música.
No sé cuál es, pero tanto da. A algunos les pueden valer la OCB y Al-Mayurqa en Ona Mallorca. A otros no. Será que esa música no existe o no es única ni convoca a todos por igual. Y hasta puede que sea mejor elegirla como si al azar. Ahora, por ejemplo, escucho «Brain Damage», daño cerebral, una venerable canción de Pink Floyd. Sólo dura unos minutos. Como la lectura de estas líneas, más o menos.
Pero hay que aprovechar las imágenes y asirlas como si fueran reales. Por vez primera, Maria Antònia Munar me pareció, en su reciente cita con el juez, una persona de carne y hueso y no un cadáver exquisito. Un ser cargado de años y arrugas, y quizá de pesadillas, y no un atentado ambulante contra el buen gusto, una mujer corriente y no un rompecabezas de soberbia, poder y vanidad. Ya se sabe que el tiempo no cura nada. Pero siembra espejismos. Sólo está por ver cuál es la cosecha.

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lunes, diciembre 12

De la usura y Belice

La Telaraña en El Mundo.

Leo, como por azar, que Urdangarin pretendía desviar cinco millones más a Belice. Cinco millones más. De euros. Nada menos. Estas cifras sí que dan qué pensar y no las quimeras que uno forja cuando desea, sin éxito, parecer solemne. Pero hay cosas que, sin duda, se me escapan. Estoy seguro -y segurísimo de no poder comprobarlo nunca- que el día que gane o me llueva, cómo si no, un mísero millón de euros no intentaré conseguir otro. ¿Para qué? ¿No basta con esa cantidad -o con menos- para vivir tan tranquilos, para hacer lo que, de verdad, nos guste y mirar el paisaje como si fuéramos, al fin, el árbol solitario, pero en buena compañía, que siempre soñamos ser?
Pero igual yerro y un millón llama a otro y a otro y jamás se llega a la cifra definitiva porque, alrededor o adentro, siempre hay algo o hay alguien que quiere medrar con nosotros y ya se sabe lo frágiles que somos y lo débil que es la carne y lo poco que abultan, de hecho, unos millones de aquí y otros de allá. Ah, qué teatral la nauseabunda ubicuidad de la mierda.
Pero algo se me escapa, ya lo dije. Y quizá sea el peculiar gusto de algunos por cultivar la ostentación y asociarse con la usura. «Con usura no tiene el hombre casa de buena piedra» decía Ezra Pound en su Canto XLV. Ni casa ni palacete real. O sea, auténtico, añado. Por eso, y mientras tanto, acaricio las más de mil páginas de los Cantos como si fueran fajos de billetes de un valor incalculable. Y lo son y están a mi alcance. En mis propias manos.

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sábado, diciembre 10

Reseña de Los Lugares del Sitio en el Dominical de Última Hora

Muchas gracias a Neus Canyelles.


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La hora de la flexibilidad

La respuesta al debate de los sábados en El Mundo: ¿Está de acuerdo en que los hoteles obsoletos puedan convertirse en viviendas?

Sí. Todo se edifica -y se sostiene- sobre las ruinas de lo que le precedió en el tiempo. Pasa con la cultura y el arte, con el conocimiento y las ciencias, pero también con las ciudades y los edificios. Pasa, sobre todo, con las civilizaciones -que van mutándose como quien se quita una piel y se pone otra y entonces habita la nueva porque la vieja ya se le caía a tiras y no lucía un ápice o no había por dónde cogerla- y así, cualquier fotografía completa de la realidad debería incluir esa enorme sucesión de estratos superpuestos, de pieles desechadas, de huesos convertidos, primero, en astillas y, luego, en polvo, de trajes apolillados con el doloroso estigma de una elegancia difícil y quizá astrosa, ya fuera de toda moda. Pasa con todo, ya ven, pero no hay que tomarse, a veces, las cosas tan al pie de la letra.
No se trata -o no, al menos, en estos tiempos de crisis, de agobio personal y de malos augurios- de abandonarse sin remisión al rutinario, y demoledor, placer de destruir por destruir, sino, tal vez, y sin que sirva de precedente, de hacer todo lo contrario. Hay que saber detenerse, siquiera un instante, ante el paisaje -vaya panorama, en efecto- e intentar reciclar todo aquello que aún pueda ser reciclado, de apurar hasta el máximo la no siempre obvia ni, tampoco, visible, utilidad de las cosas, de sacarles un nuevo jugo si ya se secó el anterior, de injertarles vida -es decir, esperanza- allí donde quepa, en una fisura cualquiera, en una perspectiva olvidada, en el lugar inventado que siempre acaba encontrando el ojo que busca un nido donde celebrar, de la mejor de las maneras, un último escorzo de la inteligencia, un guiño, una danza redentora. Lo que sea.
La reconversión de los hoteles obsoletos -que es de lo que aquí se trata- en viviendas no parece, en absoluto, una mala idea, pero hay que mantener las formas -las legales y las otras- y cumplir a rajatabla con las exigencias de calidad y, sobre todo, de buen gusto. Un hotel envejecido es sólo el síntoma de un fracaso. O la prueba de un cambio de gustos. Nada, pues, que no pueda ser reconducido hacia lo que la sociedad necesite con mayor urgencia. Si hoteles nuevos y relucientes, hoteles nuevos y relucientes. Si viviendas asequibles y dignas, viviendas asequibles y dignas. Por una vez que la Ley se vuelve flexible es hora -ahora, como siempre- se saber ser flexibles.

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viernes, diciembre 9

Apocalipsis ciclista

La Telaraña en El Mundo.

Todos y, desde luego, Murphy, lo sabemos: si algo puede salir mal, saldrá mal. O como dice el corolario a la ley de Chisholm: cuando parece que ya nada puede ir peor, empeora. No se me rían, o no mucho, porque con frases así se puede acabar perpetrando todo un tratado sobre la conciencia del lenguaje, su intencionalidad más o menos oculta y hasta sobre el armazón filosófico del mundo en que vivimos. Es decir, sobre aquello que desconocemos, pero cuya sombra intuimos que nos acecha y ronda. Al menos, si no nos atropella, que esa es otra.
Pero hay cosas que superan todas las expectativas. Así, si Aina Calvo consiguió, con sus carriles bici, apretujar peatones, biciclos, coches, taxis, autobuses y mudar las Avenidas en el lugar donde anduvimos al borde de un ataque de nervios, no es menos cierto que los cambios viales de Mateo Isern han dado paso a un apocalipsis ciclista.
No sé muy bien qué ha ocurrido, pero el ciclismo más extremo -carreras de obstáculos humanos en San Miguel y Sindicato, descensos olímpicos en Olmos, derrapes de circo en el Borne y sus aledaños- ha convertido Palma en el oasis perfecto donde quemar gomas sin más freno que el pánico y el estupor general. Me dicen que, en Febrero, una nueva ley pondrá coto al asunto. Me acuerdo de Murphy y Chisholm. Tiemblo. Suerte que me queda la Paradoja de Silverman: Si la Ley de Murphy tiene que salir mal, saldrá mal. Que así sea.

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jueves, diciembre 8

Los lunes al sol

La Telaraña en El Mundo.

Con tanto alterne, y supongo que despilfarro, entre días festivos y laborables uno tiende a no saber distinguir si la algarabía o el silencio sepulcral en las calles -según proceda- son fruto de alguna catástrofe paranormal o simple constatación de que la gente se ha ido a otra parte. A la playa, a la nieve, al bosque en llamas de la memoria o al del olvido. A un paisaje con vistas a Standard & Poor's o a la desolada cuenta corriente.
Quizá cualquier sitio sea bueno para irse y hasta para volver. Hoy sí, mañana no y vuelta a empezar mientras dure el puente y andemos atrapados en un repetido viaje a ninguna parte. Algo así como Bill Murray en el Día de la Marmota. Puro delirio. O no. Los días se repiten tanto como las frases; incluso las que se quieren solemnes, como las de Ramón Socias, mezclando los 33 años de la Constitución con la hora, no sé si simbólica, de la cruz y el calvario de los derechos amenazados por la crisis. Nada de recortes en Sanidad, Educación y Trabajo, vino a decir. Y dijo bien. Seguro.
Pero me da que el Derecho al Trabajo también lo consagra la Carta Magna, como bien lo confirman, me temo -y no, no es guasa- los cinco millones de excepciones que hacen cola en las oficinas del INEM, ese ente que, según la web del SEPE, ya no existe. Nada existe para muchos, salvo los lunes al sol, sean o no, festivos. Que no suelen serlo y, entonces, duelen más. Queman. Laceran.

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lunes, diciembre 5

Utopías y debacles

La Telaraña en El Mundo.

Europa (y no América) siempre fue la mejor de las utopías. Y el euro, quizá, el mejor remedio contra la enfermedad o mutación genética de los nacionalismos. Pero ahora todo eso empieza a estar en entredicho. Europa vuelve a parecer un inmenso campo de batalla por donde transita el espectro encadenado de las Grandes Guerras, una evocación de desembarcos y muros en la memoria, un acerado laberinto de identidades difusas, que sólo renacen cuando se alcanzan -y hasta superan- los límites de la catástrofe. O la barbarie.
Igual ese es el problema de los sueños. Que la luz del alba los mutila y que el dinosaurio hambriento de la realidad sigue ahí, inmóvil y con las fauces abiertas. Soñamos, todos, que la democracia era el ágora griego y que ya tocaba revivirlo, pero el nubarrón ácido de la usura se posó sobre nosotros y empezó a descargar su lluvia de deudas, su déficit virtual de activos, su metafísica prima de riesgo, su lacra inverosímil de especulación y su desenlace, cruel y estúpido, de paro y crisis. Y de esa pesadilla no se sabe cómo se despierta. Si se despierta.
En Inca, una reciente campaña publicitaria rescató las antiguas pesetas para el comercio cotidiano. ¿Sólo es eso, publicidad, o es un augurio, quizá, de lo que se avecina? El euro parece encarnar, cada vez más, lo que nos separa y no lo que nos une. Es lo que tiene adoptar los mismos símbolos en escenarios diferentes. Que no significan lo mismo. O peor aún. Que acaban por significar lo contrario. O nada.

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sábado, diciembre 3

«No era això, companys…»

La respuesta al debate de los sabados en El Mundo: ¿Cree que el Govern de Bauzá incumple su promesa de libre elección de lengua?

Sí. Un partido político no debería convertir sus promesas electorales, con la mala fama que tienen y la indecorosa alcurnia que exhiben, en dudosas armas arrojadizas con las que cazar votos y sumar adhesiones para, cuando llega la hora difícil de la verdad consumada, empezar a añadirles matices y rémoras, disyuntivas y contorsiones, embargos y plazos, medidas cautelares y toda esa letanía de recortes y demoras -lengua común o propia, donde sólo vale la materna- que nunca se sabe a dónde conducen porque el camino se eterniza y los tiempos cambian, corren, vuelan, y ya nada es lo que era y mira, esto es lo que hay y ya veremos qué sucede luego y si sucede y cómo y cuándo y sí y no y puede ser y hasta, quizá, lo sea, pero ahora no hay forma de aclararse porque la voluntad inicial se ha convertido en otra cosa y con la inercia ya se sabe, la vida son los ríos que van a dar a la mar y allí -no hay prisa- nos encontraremos. Si hay suerte, claro. O sea, que no. Rotunda y definitivamente, no. Esto no es serio ni coherente.
Lo venía avisando UPyD y los hechos, tozudos, se empeñan en darles la razón. La política lingüística del Partido Popular en las Islas ha sido, hasta la fecha, un quiero y no puedo, un revolotear tibio y perezoso por entre dos aguas, la de la asfixia consentida de la inmersión y la de la respiración asistida, muy de vez en cuando. Casi con disimulo y como con miedo al qué dirán. Es lo que tiene navegar a pecho tatuado por un mar de dudas y vacilaciones. Que a cada vaivén de la marea le sucede el abordaje del pánico y vuelta a empezar, como los cangrejos. El barco sigue inmóvil en mitad de ninguna parte y apenas si se vislumbra la costa entre la niebla, la hipnosis y los cánticos que llegan de un país imaginario donde, como se sabe, habitan las sirenas. Esos monstruos bellísimos.
Lo dijo, creo, la catedrática sueca Inger Enkvist y lo escuchó, casi puedo jurarlo, el conseller de Educación, Rafael Bosch. No se estudia matemáticas o química para salvar a las matemáticas o la química. No se estudia inglés, español o catalán para salvar a esas lenguas. ¿Por qué habría, pues, que perseverar en cursos de primeros auxilios, más o menos encubiertos y subvencionados, cuando lo que toca es formarse en la lengua que sea, o en todas las lenguas posibles, con el único fin de salvarse a sí mismos cara al futuro? Pues eso.

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viernes, diciembre 2

Indignados y masones

La Telaraña en El Mundo.
  
Hay otra Historia al margen de la memoria y otra Memoria, también, más allá del sumario de las crónicas oficiales. Hay un enorme catálogo de anécdotas flotando entre ambos lugares o, mejor aún, en su interregno especular, ígneo y, quizá, mutante, en su indefinido espacio común: ese que frecuento más que ningún otro, porque prefiero transitar por sobre las arenas movedizas, aunque me acaben engullendo lentamente, que caer, de golpe, en la trillada trampa de las alfombras rojas. O del color -e impostura- que sean.
Por ello, en vez de diseccionar o trasladar cadáveres, con su oblicuo manto de rencor e ideología a cuestas, me dejaré llevar por dos libros que ayer se presentaron en Palma. Uno de ellos, la novela «Nada es verdad, ni mentira» de Paco Piquer, me trae buenos recuerdos. La edité hace siete años en mi biblioteca digital «Puertas Abiertas». Allí sigue. Pero lo valioso es ahora poder auscultar cómo cambia un libro desde su primera versión hasta que llega a las librerías. Esa odisea personal es algo impagable.
En el otro, «Un triángulo masónico», Román Piña Homs nos narra los secretos azarosos -o no- de Francesc Seguí, Miguel Cayetano Soler y Juan Bautista Picornell. Convendría que buena parte de la indignación actual echara la vista atrás, tan sólo un par de siglos, para corroborar que no hay revolución posible sin el estallido simultáneo -poético e ilustrado- del conocimiento.

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jueves, diciembre 1

La camisa de fuerza

La Telaraña en El Mundo.

  
La vena escéptica me guiña sus pálpitos y casi me obliga a dejar por imposible lo que me resulta indescifrable. Será que aquí -como en tantos otros lugares- hay que jugar con las alucinaciones de los demás como si fueran propias. Y al revés. Agarrarse a la máxima de que la verdad existe, porque todo apunta convenir lo contrario; y en ese desprecio a la razón tan sólo asoman los dientes rancios de la inopia. Mejor que prosigan, pues, devorando silogismos como si fueran hipótesis. Nada nuevo. Otra vuelta de tuerca desdentada, otro giro fallido. Otro traspiés.
Por eso las sentencias del TSJB, como las del TC, caen en el saco roto de una realidad que ni se inmuta. La abogada Antonia Gomila ha conseguido que los jueces invaliden la inmersión lingüística donde más duele, en el derecho de los padres a elegir la llamada «lengua de primera enseñanza». La que no pude escoger para mi hijo y la que -si Bauzá no se aplica- tampoco escogerá él para los suyos. Cuando los tenga. Y si los tiene.
Las leyes siguen naufragando contra los arrecifes de la realidad, como la barca del amor en tiempos de Maiakovski. O sea, ayer mismo, hoy, también mañana. No acaba de resultar muy plástico levantarse al alba -o al mediodía, porque la noche encierra un eco húmedo de sangre y cristales rotos- y sentir que una camisa de fuerza te mantiene preso. Dan ganas de pegar alaridos. Los doy. Los damos. Pero no pasa nada.

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miércoles, noviembre 30

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lunes, noviembre 28

Metáfora de los zombis

La Telaraña en El Mundo.

El zapeo, a veces, nos depara alguna sorpresa agradable. «The Walking Dead», por ejemplo, hace unos días. Dije agradable y dije bien, porque aunque el aspecto de los zombis de esa serie televisiva no sea plato de buen gusto, sí que nos resultan, de hecho, muy reconocibles y actuales. No es raro tropezarse, en un mundo tan ebrio como el nuestro, con gentes que viven -o desviven- de modo similar a esos espectros desnortados, aunque lo disimulen mostrándosenos con el porte distinguido que otorgan los lujosos relojes de pulsera, los elegantes abrigos de paño y los trajes de exquisito -y seguro que sangriento- corte. Uno diría, pues, que no son zombis, sino consejeros áulicos de alguna gran empresa, de cualquier multinacional o de un gobierno autonómico al uso. Transversal y agónico, claro. Pero no es así. Son zombis.
Zombis con los bienes embargados y una corte de abogados alrededor. Zombis que dan por buenas las prácticas habituales de falsear actas o que se escudan en los informes forenses para eludir la justicia. Zombis que vaciaron las arcas de un tesoro que no era suyo para convertirlo, quizá, en una faraónica pirámide de números rojos. Illesport. Nóos. Can Domenge. Cosas así.
Pero es cierto. Son muy golosas algunas metáforas. Y pocas lo son tanto como la de una humanidad errante de aquí para allá, y en manadas, sin más razón que calmar un hambre atroz e insaciable. No me tomen al pie de la letra, o sí. Yo hago casi como ellos. Tengo un hambre infinita de palabras.

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