LA TELARAÑA

jueves, julio 8

Texto Nº 3

Un relato de Nuria de Febrer de Olives

UN TROZO DEL ALMA

Estaba a punto de dar por finalizado el último cuadro. Sólo faltaban un par de detalles y estaría listo. La plaza estaba a rebosar aquella mañana. Los turistas iban y venían, se paraban, miraban las obras de los artistas que allí mismo, en la calle pintaban, compraban algún cuadro o lámina y continuaban su paseo.

Aquella mañana habían sido muchos los que se habían parado frente a “El resplandor” y como hipnotizados habían quedado cautivados por su belleza. Al preguntar el precio, sin embargo, se iban cabizbajos. Llevaba días con ella y era la obra más trabajada que Giusseppe había realizado a lo largo de sus cansados 50 años.

De grandes dimensiones y con una luminosidad espectacular “El Resplandor” era sin duda su obra estrella. No sabía que número hacía de su colección, pues pintaba en la calle y allí, en la mismísima parisina plaza de Montmatre, vendía sus cuadros a alguno de los múltiples turistas que por allí pasaban cada día.

Giusseppe siempre había pensado que más que el dinero que obtenía por un cuadro le importaba quién lo compraba. Deseaba que el adquiriente lo hiciera por su belleza, por su conexión con la obra, por su amor por el arte. Deseaba que el comprador fuera consciente de lo que adquiría y que lo hiciera dando el valor que él creía se merecía la pieza en cuestión, sabiendo que la obra era el fruto de una intensa abstracción mental del artista para captar aquél tono, aquél rayo minúsculo de luz u aquella expresión de un rostro cualquiera..

Un hombre aparentemente de origen hispano se detuvo ante “El Resplandor”. Iba perfectamente trajeado y peinado como si acabara de salir de un escaparate de trajes hechos a medida. Miró al pintor con aire de superioridad y le pidió el precio del cuadro. Giusseppe no respondió, no soportaba la arrogancia de los nuevos ricos que no entienden de arte y que sólo buscan un objeto con el que blanquear dineros hechos a costa de los demás.

- Le ofrezco 5.000 € por el cuadro– dijo el hombre con la confianza de obtener la complacencia del artista. –Seguro que es mucho más de lo que nunca ha cobrado por un cuadro– añadió displicente.
- Esta obra vale mucho más de 5.000 €, señor- respondió Giusseppe humillado por el tono de aquellas palabras. -30.000 € es su precio- añadió.
- ¿30.000 €?, ¿Usted sabe lo que dice? No olvide que estamos en plena calle, ¡no tiene usted ni categoría para exponer en una galería de arte!
- He dicho que 30.000 € es su precio-, añadió Giusseppe deseando que su maniquí viviente desistiera de sus intenciones de adquirir la obra .
- Se está riendo usted de mí, señor. Le pago 10.000 €, es mi última oferta.
- No señor, no está a la venta por 10.000 €. Tiene usted multitud de cuadros a la venta en unos metros a la redonda por 10.000 € y por mucho menos. Adquiera esas obras.
- No le entiendo, le he dicho que quiero este cuadro ¿lo comprende?
- Yo le he respondido que no está a la venta.

Giusseppe no tenía para abonar la pensión que en tres días debería pagar a su casera, ni siquiera dinero para cambiar el viejo caballete en el que desde hacía años colocaba sus lienzos, pero no podía venderle a un hombre vacío y arrogante un trozo de su alma, todavía incandescente, todavía viva.

© Nuria de Febrer de Olives


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