LA TELARAÑA: La culpa no siempre es ajena

sábado, octubre 23

La culpa no siempre es ajena

La respuesta al debate del sábado en El Mundo: ¿Cree que Zapatero trata mejor a Canarias que al 'gobierno amigo' de Antich?


No. Quiero pensar que mis lectores –que, por cierto, en el dudoso caso de que los tenga, no son míos, sino de este diario- no esperan de mí otra cosa que la opinión más traviesa y oblicua posible, el discurso más híbrido en el tiempo y el espacio, las alocuciones más dadas a la inmersión en el universo de los significados múltiples y acaso ambiguos, dispares, pero relacionados. Eso intentan mis líneas. Creo que el lector ya es adulto –o debiera- y tiene sus propias opiniones sobre los hechos que aquí se tratan. Yo sólo puedo aliñarlas con unos pocos adjetivos y metáforas y puede que así -eso es cierto- las refuerce, rebaje o contradiga. Pero tanto me da. La opinión del lector es siempre soberana.

Con todo, la mejor manera de conocernos íntimamente –y de valorar la salud olímpica, o no, de nuestro raciocinio- es examinar, con rigor y asepsia, cómo interpretamos, no lo nuestro, sino, al contrario, lo más ajeno y alejado, lo que calificaríamos, sin temor alguno, de exótico. Las Islas Canarias no son, desde luego, un mal lugar donde perderse, pero voy a ir aún más lejos. Estoy leyendo la compilación de artículos del historiador valenciano Francisco Fuster García sobre los EEUU. El libro se titula «América para los no americanos» y lo acaba de publicar Ediciones Idea, una editorial, vaya por Dios, canaria.

No les resumiré, por supuesto, el notable trabajo de Fuster. Léanlo y disfrútenlo. Lo importante, ahora, es corroborar, con él, que todo cuanto nos produce asombro, placer o enojo depende, sobremanera, de nuestros propios prejuicios. Hace falta una mirada limpísima –sino virgen- para atisbar, a través de las apariencias, qué está sucediendo, qué se mueve o balancea, qué torbellino amenaza con engullirnos o qué sueño –o infección- con contagiarnos.

Hablar de Zapatero y sus propósitos, y hacerlo de la forma más higiénica posible, no es tarea fácil. Al revés. Pero estoy seguro de que al presidente le importa el mismo comino Canarias que Baleares. La política sólo sabe de números y apoyos, elecciones y presupuestos. Y mientras esto siga así –y seguirá, merced a la Ley de Hont- lo único cierto es que Canarias tiene un número de diputados que puede ser decisivo y Baleares no lo tiene. Y no hay más. Zapatero no busca perjudicarnos. Busca sobrevivir en el cargo, aunque le ayude, y mucho, lo poco -o nada- que nosotros mismos nos ayudamos. Así nos va.

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2 Comments:

Blogger Francisco Fuster Garcia said...

Muchísimas gracias, Juan. La frialdad y la perspectiva que permite la distancia es la mejor forma de analizar los objetos: esa es - o debería ser - la primera regla de todo buen historiador, de todo buen analista. Auque no he aplicado ese consejo en el caso de mi libro, me gusta mucho una cosa que decía Oscar Wilde cuando le preguntaban por la crítica literaria. Decía Wilde con su ironía intransferible que cuando nos piden opinión o crítica de un libro deberíamos hacerla prescindiendo de la lectura del propio libro, pues esta lectura podría influir en dicha opinión, mediatizando nuestro juicio.

No he estado nunca en EE.UU (tengo la extraña sensación de que el día que vaya se me caerá el mito - como me ha sucedido con tantos y tantos lugares - y dejarán de asombrarse). De Canarias, y por desgracia, lo más cerca que he estado ha sido a través de la voz de Vanessa (la editora del libro) y el resto de la amable gente de la editorial. Como tú bien dices, no es mal lugar para perderse y - de paso - perder de vista a Zapatero y su troupe.

Un abrazo fuerte (y sin prejuicios).

23 de octubre de 2010, 11:38  
Blogger Juan said...

De nada, Francisco. Tu espléndido libro merecía mucho más espacio del que dispongo, pero bueno... Por cierto, no sabía poco, Wilde;-P

Un fuerte abrazo!

23 de octubre de 2010, 16:11  

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