LA TELARAÑA: emulsiones

viernes, agosto 15

emulsiones

La Telaraña en El Mundo.



No llueven medallas por goteo sino medallones por aspersión, grasientas tumefacciones repletas de facturas hinchadas como globos de ozono, alquileres teledirigidos, viajes de quimera en los que resulta difícil discernir si el destino era el sudor del trabajo o el del ocio. Siempre hay en el sudor un componente bíblico, una concesión a las esperanzas, una aproximación a los límites y hasta el rescoldo de un antiguo escalofrío. Será por eso –o por el lento placer de la vigilia- que me fascina este trasiego hacia los juzgados, ese vía crucis tardío, pero siempre aleccionador, que nos confirma que cada gobierno esconde otro paralelo en la sombra, en el lado oscuro de la contabilidad y la usura, en el lugar que siempre queda vacío, ese limbo de todos y de nadie, que uno no sabe con exactitud dónde situar, si en su médula oficial o en los arrabales piramidales, si en su cúspide o en su base más joven, en su criadero de nuevas generaciones hambrientas y, acaso, enloquecidas. Todo lo malo se contagia rápido y luego no se cura nunca.

En otro lugar –o en el mismo, porque todos los lugares son el lugar premioso donde se mece, tranquila, la palabra- se congregan las discrepancias de Josep Vidal, del Gremi d´Editors y Sebastià Serra, aún cabeza visible del IEB, al respecto de las subvenciones o las compras directas a las editoriales adictas. Todo sea por manipular el mercado. Ese problema lo solucionó, a su aire, Antonià Ordinas comprándose, como edil de Consell, los libros que sobraban en su librería. Así se edifica una biblioteca pública y se preserva el patrimonio. Esa ópera bufa bien podría cantarla Isabel Rosselló.

Con todo mi personaje del verano es el mensajero Pascal Henry. No está al alcance de todos marcharse sin pagar de los laboratorios de «El Bulli». Aunque después de atiborrarse de ninfas de algodón, espumas esféricas, croquetas líquidas, emulsiones y morphings no es extraño que sintiera irresistibles ansias de desaparecer. Dicho y hecho. Algún día he de probarlo.

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