LA TELARAÑA: el bálsamo

viernes, mayo 25

el bálsamo

¿Dónde situar el hecho poético? ¿En qué universo y qué lugar de ese universo? ¿En un lugar íntimo y privado o, al contrario, en uno público y compartido?

Apreciamos su irrupción. Ni es tan grande como sería tópico convenir, ni tan pequeño como para no considerar significantes sus múltiples ramificaciones, su fragmentaria estructura. Nuestra arrogancia tiende a otorgarle algunas cualidades que igual no tiene. Su estructura, por ejemplo. He aquí el concepto ideal para empezar a establecer relaciones entre el caos y la lógica, entre los entramados visibles e invisibles –la hilazón, el engranaje de los átomos- y el ambiguo resultado final.

Las parábolas judeocristianas y la dialéctica marxista se fundieron hace tiempo –y ahí siguen- en un abrazo historicista que asemeja el de una boa. Ese universo comprimido quiere estallar, tiene ansias de hacerlo porque, a imagen y semejanza nuestra, desea sobre todo sobrevivir, perpetuarse, liberarse incluso. Liberarse, de qué. ¿De su ser, incluso a intermitencias? ¿De su no poder dejar de ser? ¿De su ser otro? Tras estos malabarismos, el estropicio de la razón marca la línea de salida, el lugar del estallido inicial, la emulsión de las primeras burbujas de vida en el légamo primordial.

Podemos asistir boquiabiertos a ese experimento de prueba y error, de tubo de ensayo y alambique, de sístole y diástole artificiales, de respiración asistida. También podemos observar que, desde adentro, el espectáculo es el mismo que desde afuera. Esta visión del espectador empeñado en convertirse en protagonista del lienzo es la primera revelación que debiera hacernos desistir del empeño. ¿Qué podría salvarnos de la fascinación hacia el otro que no somos? ¿Serlo, tal vez? Aquí sólo la indiferencia ofrecería una puerta de salida, que obviamente ni siquiera usaríamos. Ya fuimos ese otro, ya estallamos juntos una vez. Ya estuvimos afuera y adentro. Y aquí seguimos. ¿En el dintel, bajo el umbral de la percepción pero no, desde luego, en ella? Ese lugar de privilegio anula cualquier voluntad de contemplarse —es decir, de repetirse. Multiplicarse. Regresar.

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1 Comments:

Blogger Luis Amézaga said...

La suma de perspectivas. Un lienzo. Alguien mirando el lienzo, alguien mirando al que mira el lienzo...así en una espiral continua.

25 de mayo de 2007, 11:38  

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