Aunque lo suyo sea la física atómica, molecular y nuclear,
estoy seguro que Monserrat Casas
conoce a la perfección las revueltas de la dialéctica, su juego de contrarios
que se anulan, esquivan y complementan, que se niegan y afirman hasta
desaparecer en algún agujero negro. Quizá el de la razón o el de la impostura.
O ambos.
Pero lo más espectacular y sublime de la rectora de la UIB
es su prodigiosa ubicuidad. Es capaz de subirse, bajo palio, al estrado y de
dirigir los cánticos corales de los uniformados negros y verdes del gallinero;
de pertenecer, por derecho propio, al gremio de las autoridades y de ejercer como
«alma mater» de las ruidosas huestes convocadas desde el frondoso email de la Universidad
por ella o por sus allegados; de pedir en público «no más tumultos», sabiendo
que el que hubo en el arranque del año académico fue sólo el suyo. A esta
música tan completa sólo le falta el remix de sus declaraciones.
Aseguró haber vivido la dictadura y haber luchado para que
todos nos podamos expresar con palabras. Establecía así un más que ofensivo
paralelismo entre esos años de silencio y estos de recortes, penurias y
protestas. La historia no es su fuerte, pero sí la dialéctica, como ya dije. La
respuesta del Govern ha sido mantenerle la financiación prevista para 2013. No
hay nada como el tumulto para entenderse.
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