jueves, febrero 19
Presentación de Oficio de escritor - 2ª parte
Lo que dije yo sobre mi libro:
Me he preguntado muchas veces de dónde surge la necesidad de
escribir, de expresarnos, en definitiva, mediante las formas de literatura (poesía
y ensayo, especialmente) que tienen por objeto ampliar nuestro conocimiento del
mundo, perfeccionar la realidad de nuestra conciencia. No tengo respuesta válida
para todos, pero sí que tengo la mía propia. Mis libros surgen de un malestar
interior, de un estado de sitio íntimo, de una soledad constante, antigua, de
carácter distintivo, de una conciencia que no acaba de comprenderse a sí misma
ni al mundo a su alcance.
La vida es un ejercicio de estilo, como bien demostró el viejo Queneau en Exercices de style, empeñado en la tarea de convertir la observación repetida de una nimiedad cualquiera en un objeto único de arte, en el presagio detonador de una explosión en la conciencia y los sentidos. He sentido muy a menudo ese milagro, esa inexplicable violencia muda de las palabras. Escribir es aparentar ser sus dueños, cuando en realidad no somos ni siquiera sus cómplices; somos sus víctimas principales.
Oficio de escritor, como casi todos mis libros, es un libro fronterizo, se mueve entre el ensayo y la autobiografía, entre la prosa poética y la reflexión filosófica, entre la memoria personal y la conciencia histórica. No sigue ninguna historia lineal ni propone ninguna tesis única: se construye como una obra en marcha, un largo monólogo interior en el que escribir y vivir se confunden hasta ser, en el fondo, una misma cosa. La misma.
El texto avanza por fragmentos, capítulos breves o menos breves y variaciones temáticas que dialogan entre sí como vasos comunicantes. A través de ellos, reflexiono sobre la conciencia, el lenguaje, el tiempo, la muerte, el amor, el sexo, la memoria, la ciudad, la vejez y, sobre todo, sobre el acto de escribir entendido no como profesión ni como vocación romántica, sino como una necesidad vital, a veces tranquila pero, muy a menudo, agónica.
La escritura aparece aquí como un gesto de resistencia frente al desgaste del mundo contemporáneo: la banalización del lenguaje, la pérdida del sentido esencial de las cosas (incluido el sentido del ridículo), el ruido mediático, la impostura cultural y el creciente desinterés colectivo por la experiencia interior. Frente a ello, el libro reivindica una mirada lenta, reflexiva y crítica, que no renuncia a nada (pienso en el difícil equilibrio ético entre el bien y el mal) y que asume, incluso, el fracaso final como parte ineludible del camino.
Uno de los ejes centrales del libro es la conciencia del tiempo. El pasado reaparece constantemente —la infancia, la juventud, los amores y desamores, los amigos, los muertos— no como nostalgia complaciente, sino como materia viva que sigue interrogando, con sus sombras, el presente. El futuro, en cambio, se muestra incierto, amenazado por la decadencia cultural, la deshumanización tecnológica y la fragilidad del individuo. En ese cruce temporal, escribir se convierte en una forma precaria pero obstinada de permanecer. De resistir.
El libro está profundamente enraizado en un espacio concreto —la calle Olmos, Palma, la isla u otros lugares en los que también he vivido— que funciona a la vez como escenario real y territorio simbólico. La ciudad, el barrio, los bares, los jardines y los desvanes se transforman en metáforas de la memoria, del exilio interior y de la identidad, siempre puesta en tela de juicio. El paisaje no es decorado: es conciencia encarnada.
En Oficio de escritor no hay complacencia ni voluntad de
consuelo. Hay, en cambio, una ética del pudor, una desconfianza hacia los
discursos dominantes y una defensa radical de la intimidad y la soledad como
últimos espacios de libertad. El libro no promete respuestas ni redenciones: sólo
ofrece preguntas, vacilaciones, imágenes y una voz que se expone sin máscaras
(o mostrando, a la vez, todas sus máscaras) consciente de sus contradicciones.
Finalmente, el libro, la obra, se asume a sí misma como algo inacabado. No busca un final definitivo, porque entiende la literatura —y la vida— como procesos abiertos, sometidos a revisión constante. Terminar un libro es siempre un gesto o una decisión provisional. Quizá una impostura. Lo importante no es llegar a parte alguna, sino seguir escribiendo hasta que el oficio de escritor acabe con uno y con todos; conmigo.
No escribí este libro para contar una historia, eso nunca lo he hecho, que para eso están los guionistas de Netflix, sino para pensar mientras escribía. Y para escribir mientras pensaba. En ese cruce —a veces incómodo y hasta peligroso— surgieron estos textos, organizados en fragmentos, capítulos breves o menos breves, variaciones y digresiones que no obedecen a un orden narrativo clásico, sino al ritmo peculiar de mi conciencia.
Oficio de escritor trata, ante todo, de escribir. Pero no del escritor como figura pública ni como personaje cultural (aunque hay en el libro algún ajuste de cuentas, como no podía ser de otra manera) sino del escritor como alguien atravesado por el lenguaje, malherido por él, dependiente de él. Escribir aparece aquí, no como un gesto heroico ni como una vocación salvífica, sino como una necesidad vital, a veces placentera y muchas veces dolorosa. Una forma de resistir al silencio, pero también una forma de habitarlo.
No es un libro optimista, pero tampoco es un libro cínico. Desconfío del proselitismo, de los grandes discursos, de las consignas, de las soluciones mágicas o sectarias, de la impostura cultural y del ruido contemporáneo. Defiendo, en cambio, la lentitud, el pudor, la duda y la introspección como formas posibles de resistencia. No pretendo convencer ni adoctrinar a nadie. Sólo plantear dilemas. Y acepto no tener ni idea de muchas de las respuestas.
El libro, pues, es una reflexión constante sobre el fracaso: el fracaso del lenguaje, el fracaso de la literatura, el fracaso de ciertas ideas de progreso, de cultura o de redención más o menos ideológica, religiosa o tecnológica. Si ha de venir la Inteligencia Artificial a salvarnos mal lo tenemos. Pero el fracaso no aparece como una derrota vergonzosa, sino como condición inevitable del obligado intento de llegar a ser quienes verdaderamente somos. Ojalá llegues a ser quien eres, decía Píndaro. Se escribe sabiendo que no se alcanzará la totalidad, que no se dirá todo, que algo quedará siempre fuera. Pero aun así, se escribe.
No sé quiénes serán los lectores de mi libro, si es que los tiene. Nunca lo he sabido con ninguno de los libros que he escrito. Pero sí sé desde dónde está escrito: desde una necesidad, desde una cierta obstinación y desde la convicción —cada vez más frágil, pero todavía firme— de que el lenguaje sigue siendo un lugar magnífico donde ser conscientes de nuestras limitaciones y posibilidades, donde vivir y pensar, donde resistir y, más aún, donde encontrar, a veces, un poco de verdad, si acaso un espacio modesto de veracidad.
Presentación de Oficio de Escritor - 1 º parte
Lo que dijo José Ramón del Canto:
PRESENTACIÓN DEL LIBRO EL OFICIO DE ESCRIBIR
DE JUAN PLANAS BENNASSAR (Drac Mágic, 19.02.26)
Empecemos por el título. El libro de Juan Planas quiere reflexionar sobre algo que está indisolublemente ligado a su vida: La escritura. Pero, más que hablar del “oficio” de escribir (recordemos que esta palabra viene de opus facere, “ejercer una obra” entendido como técnica, aunque hay referencias a este hecho en el libro), Planas reflexiona principalmente por la pregunta acerca de la esencia del escritor, acerca del misterio de la escritura y de la relación entre lenguaje, pensamiento y escritura. No intenta desvelar tanto el cómo, sino el qué.
El libro empieza parafraseando al Evangelio de San Juan Evangelista: invocando al Logos:
Al principio fue la palabra -dice: (o el Verbo o la luz creadora o cualquier otro tipo de magia, de voluntad de poseer, de dejarse llevar, de logos reencarnado para aplacar el caos y las tinieblas).
El Logos, la Palabra, es lo que nos salva del Caos (p. 11). Y en este proceso -resalta Planas- lo importante es el principio, y no el final, que como sabemos siempre acaba mal.
No tengo prisa, es cierto, en acabar este libro. ¿Por qué habría de tenerla? A cierta edad, casi a punto de alcanzar la séptima década de vida, uno ya no compite realmente contra el tiempo, sino que se deja mecer en su vorágine, se deja absorber por su poderoso vórtice, se deja vencer o convencer sabiendo que la existencia siempre acaba estando de parte de la suavidad, de la lentitud, incluso de la ternura, y que cualquier movimiento brusco, cualquier tipo de violencia irracional, podría desarbolarnos por completo. Ese naufragio, ese fracaso, en definitiva, no lo queremos atesorar en nuestro balance personal (nunca resuelto por completo) entre deseos cumplidos y deseos por cumplir. De los primeros surge la biografía, de los segundos, la bibliografía (p. 37.)
“De nuevo -dice- otra vez- comienzo a escribir este libro” (p. 11). Y es que lo importante, como -decía Cavafis del viaje de Ulises- no es la meta, sino el camino. En él quiere Planas demorarse, como Penélope en su telar. p. 13; p. 37 Para su fin, el autor, no sigue la estructura principio, medio, final. Se deja llevar…
………………
Algunas reflexiones sobre el Logos (y esto es una deformación profesional mía) pueden venir bien para situar la dimensión de este concepto: El amplísimo campo semántico de Logos puede rastrearse a partir de la raíz indoeuropea *leg, que significa, en un sentido general, «recoger (selectivamente)», “reunir”, “juntar”; por ejemplo, juntar piedrecillas para contar, y luego, propiamente contar. Y es así como de nuestro contar —de computare— por ejemplo números: uno, dos, tres, cuatro, etc., “contar” ha venido a significar contar cosas, narrar, “hablar”, «contar una historia”.
El Lógos es el Lenguaje, y éste, a su vez, es la Razón, la Razón del Mundo. Por ello Logos se ha traducido a veces por “Verdad”, algo que, como la Naturaleza, decía el filósofo Heráclito, en el siglo VI a.C., “….gusta de esconderse” (fr. 35) pero que, paradójicamente, el Logos logra desvelar. En la busqueda de la verdad está presente este juego. Se trataría de un principio o norma universal según la cual todas las cosas del mundo acontecen según la palabra. … El Logos de Heráclito es algo que está en la realidad, que dice cómo es esa realidad, y que, por ser común y universal explica la realidad. Logos, por tanto, es tanto una explicación lingüística, como una entidad real.… de ahí la pertinencia de su traducción al español por razón. Según Agustín García Calvo, es la razón razonando. Miguel de Unamuno, siempre tan atento a las palabras, era consciente de esta estrecha relación. Así decía:
La lógica deriva de lógos, que quiere decir verbo, palabra. Y quiere decir razón. Y razón, de rationem, deriva de un verbo, reri, que significa hablar. Hoy todavía, en catalán, enraonar y raonar quiere decir hablar. Y hablar es razonar, pensar...
Lo primero, pues, para Planas, es el Logos, el lenguaje- pensamiento. A partir de aquí se deduce un hecho: que escribir es un redoble, un desdoblamiento: ”escribir, dice Planas, detiene el pensamiento” (p. 23). La pretensión de Planas es
Escribir el libro, pensándolo, sin guión previo, sólo atendiendo a los conflictos y las circunstancia del oficio de escritor que coinciden conmigo (existencialmente, es decir, mientras escribo) en este instante de sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas en una página (y luego en otra) infestada de fieras solitarias, de plantas carnívoras, de conversaciones en las barras de alcohol de las tabernas donde me perdí igual que me encontré, donde me derrumbé igual que me reconstruí, empeñado en descifrar el críptico aullido de las alarmas de la soledad, la dorada lluvia primordial de los meteoritos fuera de órbita o las asfixiantes nubes tóxicas del tantas veces anunciado apocalipsis. Ah, el terrible apocalipsis, con sus jinetes y sus plagas, con sus laberintos perfectos y sus bestias ponzoñosas, sus profecías crípticas y sus tribus asustadas, encerradas en ellos.
…………..
Pero en el lenguaje se esconde una gran paradoja que Planas señala certeramente: no hablamos el lenguaje, sino que es el lenguaje el que nos habla a nosotros (de manera parecida a como Conciencia -dice también- “no es hablar, sino oir” (p. 71). El autor, por ello, sigue una voz interior:
Es curioso, de hecho no la oímos; sólo la pensamos o es ella la que nos piensa a nosotros, es difícil precisarlo, porque a veces parece de nuestro lado, como si fuera una especie de compañía amistosa, y, a veces, se nos rebela y parece disfrutar, entonces, llevándonos la contraria, reconviniéndonos duramente. (p. 65)
(…) La voz interior (que también podríamos llamar la voz de la conciencia) carece, en efecto, de timbre acústico alguno, es solo un tipo de lenguaje que fluye en alguna parte de nosotros, una sucesión de ideas o pensamientos que acaban formando una estructura conceptual que parece crecer y desarrollarse, como si fuera un cuerpo físico, hasta alcanzar sus límites o su cenit y trascender o evaporarse… (p. 66)
……………..
Por otra parte, decía también Heráclito, que, aunque la razón es común, “viven los más como teniendo un pensamiento privado suyo” (fr, 4). Y de aquí surge un problema que Planas cuestiona: ¿Cómo el escritor puede interferir en el propio discurso de la Razón? Juan intenta situarse en esa zona sub-consciente, en el dictado del pensamiento, sin interferencias propias o pedantes. Al menos en la medida en que se puede:
Un libro es un artificio hecho, sobre todo, con lenguaje, pero también con algunas ideas a modo de anzuelo, con espejos trucados, con frases trampa, con balas de fogueo, con juegos malabares, con capas de mentiras o verdades superpuestas, con filtros de luz casi imperceptibles, indetectables, para ofrecer, finalmente, un paisaje en apariencia lo más completo posible (p. 15.)
El libro, más que un soliloquio, consiste en reflexiones y conversaciones del autor consigo mismo, por una parte dejándose llevar; por otra enmendándose.
………………...
Pero, siempre se escribe también para alguien. Por ello el autor no se olvida del lector: una vez escrito y lanzado a la lectura -dice- “el buen lector reescribe los libros mientras los lee, les hurga las costuras, les encuentra los defectos y también las virtudes, toma buena nota de los hallazgos”. Mediante la razón común y el sentido común la escritura pertenece también a los lectores:
Es terrible enfrentarse al desconocido lector de un libro, de cualquier libro, de este mismo libro, por ejemplo. De hecho lo estoy escribiendo solo para mí mismo. ¿Es así? Creo que no, al menos no del todo, pero tengo serias dudas al respecto. Mi ego se hincha como un globo aerostático cuando sé que alguien lee mis libros y me gusta pensar, ya desde las alturas y bien a resguardo del vértigo, que alguien imagina, como si los estuviera viendo con sus ojos, los universos que describí o insinué con mis palabras. No obstante, es difícil coincidir en nuestras visiones finales, porque todos venimos de lugares distintos, tenemos experiencias diferentes y no esperamos lo mismo del paso lento o rápido de los días.
(…) ¿Cuántas veces habré vuelto sobre mis textos para comprobar que no describían lo que pensaba que describían, cuántas veces, en definitiva, tuve que rehacerlos porque me di cuenta de que ni yo mismo los entendía por completo! ¿Qué habrá querido decir en aquellos momentos de trance, de elevación, de vuelo fingido, pero vertiginoso, en que dejé fluir mis dedos sobre el teclado sin saber adónde me llevarían? (p. 16)
En todo caso: La escritura es la otra cara de la propia vida:
¡Cuánto se aprende, -dice- escribiendo y viviendo, a escribir y a vivir! ¡Cuánto se logra uno vaciar a la vez que se llena de sí mismo con los hallazgos que salen a su encuentro, como si fueran viejos amigos que ya lo olvidaron todo de sus vidas pasadas! p. 110
II
Si tuviera que encontrar un parecido, por la cadencia, el tono confidencial y otras similaridades, este sería, para mí, El libro del Desasosiego de Fernando Pessoa. Por ejemplo, si comparamos los micromundos de la Calle Douradores, en la Baixa lisboeta, donde vivía y trabajaba el poeta, calle muy presente en su vida, y la Calle Olmos, donde vive y escribe Planas y a cuya ventanas se asoma. Dice Pessoa:
Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de los millones de seres a quien
nadie conoce , y si supieran quién es, ¿qué sabrían?
dais al misterio de una calle constantemente cruzada
por gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas debajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y
cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo la carroza de todo por la carretera de nada. TABACARIA
Se trata de un sitio de vida, arte y trabajo:
Y, si la oficina de la Calle Doradores representa para mí la Vida, este segundo piso mío, donde vivo, en la misma Calle de los Doradores, representa para mi el Arte. Sí, el Arte, que vive en la misma calle que la Vida, aunque en un sitio diferente, el Arte que alivia de la Vida sin aliviar de vivir, que es tan monótono como la misma Vida, pero solo en un sitio diferente. Sí, en esta Calle de los Doradores comprende para mi todo el sentido de las cosas, la solución de todos los enigmas, salvo el de que existan los enigmas, que es lo que no puede tener solución.
Así describe la calle Pessoa, con sus objetos inertes y al tiempo vivos:
Los pormenores de la calle sin animación por la que muchos andan se me destacan con un alejamiento mental: los cajones apiñados en el carro, los sacos a la puerta del almacén del otro, y en el escaparate distante de la tienda de ultramarinos de la esquina, el vislumbre de las botellas de ese vino de Oporto que sueño que nadie puede comprar. Se me aísla el espíritu de la mitad de la materia. Investigo con imaginación. La gente que pasa por la calle es siempre la misma que ha pasado hace poco, es siempre el aspecto fluctuante de alguien, manchas de movimiento, voces de incertidumbre, cosas que pasan y no llegan a suceder.
Comparémoslo con estas palabras de Planas:
Hay muchas personas extranjeras recorriendo la calle Olmos como si hubiera algo que ver en la calle Olmos. Tengo mis dudas al respecto, más allá de los cinco olmos, sucesivamente talados y replantados, según las necesidades del tráfico urbano a lo largo de los años. (p. 40)
…………………….
La calle está, a veces, de fiesta. La engalanan, entonces, con las lágrimas de alguna virgen y la muchedumbre baila y bebe de este llanto prodigioso hasta que las horas se acaban y el camión de la basura se lleva todo a nadie sabe dónde. La calle, a veces, está demasiado atareada; parece, entonces, buscar descanso jugando a las chapas en Can Vinagre o languidecer sin disimulo alguno, profundamente, en las tiendas sin estanterías que los chinos han ido abriendo, una tras otra, sin atender a nungún análisis previo de mercado. Allí almacenan cajas con zapatos y zapatillas, con ropa de colores, con sombreros de paja, con algunos artilugios más increíbles e inútiles; cajas vacías que transportan de un lugar a otro sin que sepamos por qué lo hacen. Nunca nos lo dirán: dejaron su destino en otro lugar y empiezan a sospechar que nunca podrán regresar a casa. Esperando a Godot (o a Mr. Marshall)
Una calle que cumple la sentencia de Heráclito : “Camino arriba y camino abajo, es uno y el mismo:
La calle viaja de abajo arriba o viceversa; parece una alfombra de ladrillos verdes por la que tengo que pasar cada día, a por el pan, a por el agua, a por la sonrisa de alguna niña, a por el desenlace de alguna conversación que dejé inconclusa: las palabras quietas, montadas en el aire, inmóviles, a la espera de la brisa, del viento, de la tempestad que agita el árbol de la vida.
III
Este libro es una miscelánea donde cabe la memoria, o mejor dicho, la confesión (desde referencias a las discotecas a mitad de los 70’, donde el joven que descubría que no era bueno estar solo se disponía a chercher la femme a veces con resultados inesperados; o los Road Movie en seiscientos. Hay alusiones a Jacques Brel y Bruce Springsteen; especulaciones sobre la vejez y el Tempus fugit; alusiones a La Tierra Baldía de Eliot, Nietzsche y Lou Andreas Salomé o Bataille; Las bodas de Caná o de Camacho, Napoleón, Julio César o la Magdalena; hay también fragmentos en prosa que son pura poesía. Otras veces adopta el ensayo o el artículo periodístico de calidad (p. e. La vida en la isla, la Inteligencia Artificial, etc. Caben también las memorias de un bar (esa especie de habitación de nuestro hogar que todos tenemos, según decía Buñuel) -Un bar, para Planas, es una habitación propia: “porque acaba convirtiéndose en una especie de segundo hogar, una oficina informal, un lugar de acogida, un escritorio de urgencia, un refugio de supervivencia, un pequeño oasis en la selva diaria”; y hay otras memorias que son hijas del tiempo: en las que -dice- “ardo como el fuego” de manera parecida a como dice Antonio Gamoneda “arden las pérdidas”
METÁFORAS Y AFORISMOS
-Como buen platónico exclama: “Uno no sueña con lo que tiene, sino con lo que le falta” (p. 55)
-No sólo somos animales, aunque también luchemos por aparearnos, somo algo más en la escala evolutiva, un par de muescas más allá en el humeante revólver de la conciencia (p. 87)
-El amor es un largo viaje en el que somos polizones escondidos en un camarote de lujo con vistas a un inmenso iceberg blanco como la nieve o la muerte (p. 96)
-Pensar es otra cosa, se parece más a nadar contracorriente que a jugar al billar con unas cuantas ideas encadenadas, se parece más a romper salvajemente el tapete verde de la existencia que a mezclase entre flores y tahúres (p. 126)
-“Escribir -dice- detiene el pensamiento. Es mirar atrás: “ahí sigue la mujer de Lot”
-Me siento el último prisionero sentimental de una guerra que ya no hace prisioneros (p. 42)
…………………………
En último término, ¿Por qué se escribe?. Confiesa Planas:
Algunos escriben sólo por el placer de escribir; creo que son doblemente afortunados: escriben y, además, disfrutan haciéndolo. No se puede pedir mucho más en la vida. Otros, en cambio, escribimos porque sentimos la ineludible necesidad de hacerlo, porque enloqueceríamos si no lo hiciéramos y porque enloquecemos haciéndolo; pero ello no significa que siempre disfrutemos; en ocasiones, escribir nos duele como la peor de las heridas (p. 59)
EPILOGO
¿Pero qué son los libros, sino proyectos artificiales siempre dispuestos (en realidad, sumamente predispuestos) a que un nuevo lector (o uno viejo, no hay ningún problema con eso) los relea, los haga mejores o peores, los reescriba, los plagie, les prenda fuego por malditos o los arrincone, incluso, en el desván polvoriento de los juguetes rotos? Todo va a parar, hasta las cenizas, a ese desván polvoriento, pero ese lugar no es el final definitivo o no tiene por qué serlo. Para nada. En absoluto.
JOSÉ RAMÓN DEL CANTO.
lunes, diciembre 22
Sólo mis palabras
Acerca de Oficio de escritor: apuntes.
Escribir es eso, encontrar las claves ocultas de un universo cuyo funcionamiento desconocemos, atisbar en los grandes misterios como si fuésemos capaces de desvelarlos. Escribir es ser osados y, tal vez, un tanto arrogantes. Escribir es aparentar ser los dueños de las palabras, cuando en realidad no somos ni siquiera sus cómplices; somos sus víctimas principales.
Hay que saber sospechar de todo. La gente mantiene imposturas que, en ocasiones, son absurdas pero las repite, además, como si fueran una verdad voluminosa, una verdad absoluta. Pero hay un problema, las verdades absolutas no existen. Intentar demostrar que un escritor tiene su propia vida entre las páginas de sus libros y otra, del todo diferente, más allá de su escritorio, no es una mala idea general para un libro que no sé, con certeza, haber escrito. pero me gustaría haberlo conseguido. Ese libro se llamaría, en ambos casos, Oficio de escritor.
Es fácil caer y recaer en los tópicos, respecto a la libertad de los lectores y sus interpretaciones de lo leído, pero para eso están (los tópicos y también los lectores) y es tan placentero, en no pocas ocasiones, retozar en y con ellos... No obstante, no hay que dar la libertad a nadie y mucho menos si ese alguien es incapaz de tomársela.
No le corregiría ningún adjetivo a nadie respecto a mi libro. Hay desencanto, claro que sí. Pero también hay jactancia de lo conseguido, esperanza (improbable, es cierto) del porvenir, violencia ante algún cosas intolerables (la guerra, la explotación económica, entre otras cosas) y hasta más de un ajuste de cuentas. Cosas de escritores, ya sabes.
Entrevista sobre Oficio de escritor
Oficio de escritor en U.H.
Juan Planas: «Escribir siempre fue el presentimiento de una herida abierta e incurable»
viernes, noviembre 28
viernes, octubre 31
domingo, octubre 19
Entrevista en U.H.
Juan Planas: «Un buen diluvio nos vendría la mar de bien; lo necesitamos»
El poeta Juan Planas ha configurado un recorrido vital en el que sus escritos son hitos de su propia vida. Eso es su proyecto Biografía del deseo, del cual llega esta nueva entrega, Muerte por agua, en el que un gran diluvio amenaza a un grupo de ángeles que, cabizbajos, aguardan a un fin mientras repasan y recuerdan todo lo que les precede, los momentos que han vivido, disfrutado y la belleza que han visto.
miércoles, octubre 8
Entrevista en Okdiario / Baleares.
Sobre Muerte por agua y otros poemas (Colección
Plaquettes 2 – Biografía del deseo)
y Oficio de escritor (Ediciones La Lucerna, Palma, 2025) de Juan Planas Bennásar
No soy muy consciente de ello, pero así parece. Me ha
sucedido ya unas cuantas veces. Supongo que tendrá que ver con mi manera de escribir,
pero no es algo premeditado. Simplemente sucede…
* ¿Es Oficio de escritor el primer ensayo que publicas?
Quizá formalmente,
sí, pero mi literatura tiende a no ceñirse a los géneros literarios sino a
atender, casi de forma exclusiva, a mis propios límites y posibilidades. Y
Oficio de escritor (el título podría ser la sexta variante de Oficio de
Tinieblas, después de que C. J. Cela escribiera la quinta) es un ensayo, pero,
sin dejar de serlo, también es crítica social, con especial hincapié en la
modernidad asolada por las redes sociales, es dietario memorístico, es historia
literaria y también anecdotario personal, es poesía en prosa e introspección
filosófica, es psicología, lingüística, economía y hasta costumbrismo más o
menos sexual, es un repaso atento a la vida de un escritor: un libro en el que
lo esencial es cómo las diversas líneas de pensamiento y consciencia que he
seguido en la vida han acabado confluyendo en la hoja impresa. Vivir
escribiendo. O escribir viviendo. Al final es lo mismo.
* ¿Qué has querido expresar en estos libros?
Oficio de
escritor (Ediciones La Lucerna) en un viaje en el tiempo. un ensayo sobre todo
aquello, las bases filosóficas y sicológicas, que han sostenido y sostienen mi
vida de escritor. No sé si servirá a nadie de manual (la vida no tiene las
mismas instrucciones para todos) pero sí que aproximará a los lectores a un
paisaje personal y privado. He escrito, a ratos, desde el disimulo y la paz doméstica
del jardín de Epicuro, igual que intento alborotar mis propias ideas hasta
conseguir abandonarlas y cambiarlas por otras. Transformarlas, transformándome.
La vida da para cambiar de ideas muy a menudo. Es apasionante este caótico viaje,
que incluye, por supuesto, algún que otro ajuste de cuentas.
Muerte por agua y otros poemas se dedica a rebuscar en
las múltiples sensaciones que se obtienen al observar el mundo, es decir, al
convertirlo en objeto poético; es, desde luego, una mezcla de muchas
sensaciones a caballo entre el éxito y el fracaso, el olvido y la memoria, el
deseo y la necesidad o el placer y el dolor. Los temas habituales de la poesía.
* ¿Desde dónde se han escrito estos libros: experiencia o
imaginación?
Desde la realidad
pura y dura, como siempre. No soy un autor de ficción, aunque haya gente que lo
piense. En ambos libros está muy presente la fábula bíblica del diluvio universal
(mito presente en todas las culturas, no sólo en la nuestra) para ilustrar el
fin de una civilización que, por desgracia, está más predispuesta a repetir sus
errores, eterna y cíclicamente, que a otra cosa. Es cierto que intentamos
superarnos día a día y que dedicamos a ello muchas de nuestras fuerzas; esto añade
un sesgo optimista a nuestra existencia. No obstante, no estoy muy seguro de
que las mejoras que logramos vayan más allá del campo de lo personal y dudo que
alcancen, de forma significativa, el universo de lo colectivo.
Sucede sin embargo que en Muerte por agua la víctima del
diluvio es la humanidad y en Oficio de escritor, soy yo mismo, con todos mis
cambios a cuestas.
Para crear hay que destruir, pero sólo destruyendo no se
crea nada. El Padre (y los creadores a su imagen y semejanza que creemos ser y
no sé si somos) es destructor, como bien nos ilustra el viejo testamento, y esa
misma destrucción acontece en nuestra propia historia. Sumamos guerras
mundiales y locales, cruzadas sangrientas, muertes inocentes, injusticias
atroces y todo ello de un modo aparentemente natural, sin apenas razones de
peso ni motivos, sin explicaciones ni justificaciones morales. Está claro que
un buen diluvio nos vendría la mar de bien; lo necesitamos.
* Se trata de dos libros muy distintos, pero en ambos creo
que hay algunas dosis de violencia habida y por haber. ¿A qué se debe esta
virulencia?
Es cierto, somos
seres violentos. ¿Quién no rompería, de vez en cuando, el espejo del mundo o se
ahogaría en él como el buen Narciso, un prototipo de persona y personaje muy
común, por desgracia, en los tiempos actuales? No obstante, cuando se ponga a
llover de veras lo mejor es que, la lluvia, en vez de arrasar vidas humanas, viviendas
y campos de cultivo, arrase con la mentira, la vulgaridad y el ruido de las
redes sociales y con las demás perversiones derivadas de considerar la
información como equivalente del conocimiento. No son lo mismo, en absoluto… La
información se puede comprar, el conocimiento, no.
* Hablando de Oficio de escritor. ¿Se deja en algún momento
de escribir aun cuando no se escribe?
No, nunca. Estoy atrapado en ese silogismo.
* Desde Tales de Mileto hasta Heráclito. ¿Qué significa el
agua para ti en este poemario?
Higiene
necesaria. Vida, muerte y resurrección. Creación, destrucción, purificación, adaptabilidad.
Somos tanta cantidad de agua que lo que debiera preocuparnos, lo que debiéramos
vigilar es lo que no es agua en nosotros.
* ¿Cómo encaja este libro en tu obra completa, es decir, en Biografía
del deseo?
Hace un año empecé
una colección de plaquettes, diseñadas artesanalmente, por mí mismo, con la
intención de que mis poemas vayan viendo la luz al mismo ritmo con que los voy
creando sin tener que atender a las insalvables demoras del sistema editorial o
las necesidades del mercado. Obviamente estas plaquettes carecerán del apoyo de
las instituciones, de la atención de los críticos literarios y de las librerías
y ocuparán en el imaginario de mi biblioteca un último estante iniciático,
íntimo, personal. A su lado, mis otros libros y, muy en especial, Oficio de
escritor vienen a revestir lo que soy con lo que me gustaría ser. O viceversa.
No están tan claras las divergencias.
lunes, septiembre 29
Oficio de escritor - Juan Planas Bennásar (La Lucerna, 2025)
Acaba de salir de la imprenta (me dicen, aunque aún no lo he palpado y espero hacerlo hoy mismo) un nuevo libro, un ensayo, titulado Oficio de escritor. Lo presentaremos en unas semanas, aún no sé la fecha. Trata, según leo en La Casa del Libro, y yo no me atrevería a contradecirles:
jueves, septiembre 18
martes, agosto 19
Cuenta atrás para Oficio de escritor.
Ya está anunciado para el próximo día 25 de septiembre en tu librería favorita mi último libro, Oficio de escritor (Editorial La Lucerna, Palma, 2025), un ensayo sobre todo aquello, las bases filosóficas y sicológicas, que han sostenido y sostienen mi vida de escritor. No sé si os servirá de manual (la vida no tiene las mismas instrucciones para todos) pero sí que os aproximará a un paisaje personal y privado.
martes, agosto 5
domingo, julio 6
Muerte por agua y otros poemas
Hace un año y medio puse en marcha una colección de plaquettes, poemarios artesanales diseñados y editados por mí mismo, con la única intención de que mis nuevos poemas vayan viendo la luz al mismo ritmo con que los voy creando sin tener que atender a las lógicas e insalvables demoras del sistema editorial o de las necesidades del mercado. Obviamente estos libros carecerán del apoyo de las instituciones, de la atención de los críticos literarios y de las librerías y ocuparán en el imaginario de mi biblioteca personal un último estante iniciático, semioculto, íntimo, muy personal. Estas plaquettes (os lo digo de veras) sólo necesitan vuestro interés y vuestro apoyo, hipócritas lectores y amigos...
En 2024 saqué Los instantes del tiempo y un año y medio después sale Muerte por agua y otros poemas. Espero que os interese.
https://www.amazon.es/dp/B0FGV6X9R4
sábado, junio 7
Las flores muertas
Las flores muertas





























