El problema de la IA.
Estoy leyendo bastantes opiniones en contra de la utilización de la IA para pergeñar textos literarios, novelas, ensayos, libros con Premios así de mayúsculos y demás situaciones un tanto ridículas y quizá indignas. Hay circunstancias que no admiten demasiadas alternativas. Un autor que se valore y tome en serio su propia obra no puede dejar que la IA le escriba un libro. Si así lo hace lo único que demostrará es que la IA escribe mejor o igual que él. Adiós a ese impostor / escritor.
Si hago historia, recuerdo que -por poner un único ejemplo y no extenderme en lo obvio- Borges se inspiraba leyendo la Enciclopedia Británica y los mitos nórdicos. Yo lo hacía ojeando una mucho más modesta, la Espasa-Calpe de veintitantos tomos que me compré a plazos porque regalaban un equipo musical compacto que sonaba como una lata de sardinas. Recuerdo que la dejé pronto de lado, porque era demasiado voluminosa e incómoda de manejar. La sustituí por los dos tomos del María Moliner y los muchos libros que suelo tener esparcidos sobre la mesa para buscar alguna palabra o idea cuando me atasco. Más tarde llegó Google y las páginas webs más o menos especializadas y todos adoptamos su rapidez y la facilidad y extensión de las búsquedas para documentar lo que escribíamos. La Enciclopedia Británica y todas las demás a un clic de nuestro mouse. Imposible renegar de eso.
Ahora ha llegado, y está claro que piensa quedarse entre nosotros, la IA. Su papel puede ser el mismo que Google si la utilizamos para temas que no sean de creación. Me explico, la IA escribe muy mal, fatal, siempre bajo unos parámetros tan reconocibles y homogéneos que dan risa. Pero la IA analiza con bastante rigor técnico los textos, corrige incoherencias de manera lógica y domina temas de formato y errores gramaticales con una rapidez que asusta. Para eso es útil, tanto o más que lo fue y lo sigue siendo Google o Bing.
Creo que tras el alboroto actual la solución a todas estas discusiones llegará poco a poco y consistirá en aceptar y asumir la existencia de la IA (y de las IAs más avanzadas que vendrán) y aprender a usarlas para facilitarnos lo único que ellas no pueden ni podrán hacer nunca, la creación literaria.
















